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Créditos: El Mostrador.
Mujeres que abren camino: la transformación silenciosa en industrias históricamente masculinas
Cada vez más mujeres irrumpen en sectores históricamente masculinos en Chile. Desde la salmonicultura y la minería hasta la tecnología, su presencia crece con fuerza, desafiando estereotipos y transformando culturas laborales que hoy reconocen el valor de la diversidad y la equidad.
En Chile, las mujeres continúan abriéndose paso en industrias históricamente asociadas a los hombres. Según datos del Consejo del Salmón (2024) y de los observatorios sectoriales, en la salmonicultura la participación femenina alcanza poco más de un tercio del total de colaboradores directos; en la minería, llega al 23,1%, de acuerdo con la Alianza CCM-Eleva (2025); y en el sector tecnológico, vinculado a los centros de datos y la infraestructura digital, ronda el 18%, según el informe Mujeres en Tecnología LATAM 2023 de Generation Chile.
Si bien las cifras aún revelan una brecha persistente, en los últimos años la participación femenina ha ido en aumento, impulsando un cambio silencioso que comienza a tomar fuerza en todo el país. Según comenta Diana Kruger, profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez y especialista en empleo y equidad de género “hoy casi una de cada tres gerencias está ocupada por mujeres y cerca del 20% de los cargos en directorios también”, explica. Sin embargo, advierte que los avances en rubros más masculinizados son más lentos, en parte porque todavía hay pocas mujeres en carreras técnicas o profesionales vinculadas a esas áreas.
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En el extremo sur, la salmonicultura se ha convertido en una de las principales fuentes de empleo femenino en zonas rurales y costeras. Desde Aysén, Valentina Godoy, bióloga marina y trabajadora de AquaChile, representa parte de esa transformación. Vive en Quilpué, en la Región de Valparaíso, y cada dos semanas viaja a la Patagonia para cumplir su turno en el centro de cultivo donde se desempeña.
“En el centro de mar, Estero Sur de Aysén nos encargamos de la gestión de residuos y el bienestar animal ¿cómo lo hacemos? Me encargo del control de la alimentación, registro de datos y también de tareas en terreno, como revisar los módulos o extraer mortalidad, según las condiciones del mar”, comenta. “No hay dos días iguales, y eso te obliga a adaptarse y mantener una actitud positiva”.
Godoy, es la menor de tres hermanos y la única mujer, reconoce que ingresar a una industria mayoritariamente masculina no fue fácil a pesar de vivir con puro hombres en su casa. “Al principio puede ser un desafío, pero con el tiempo uno aprende a conocer a sus compañeros, a entender su ritmo y a encontrar el equilibrio donde el respeto y el trabajo en equipo hacen que todo fluya”, dice. Respecto a la diferencia del trabajo con el resto del equipo, asegura que las mujeres “enfrentamos limitaciones físicas, pero las compensamos con organización, planificación y atención al detalle. No se trata de competir, sino de complementarnos”.
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La industria salmonera emplea a más de 70 mil personas en Chile y es el segundo producto de exportación del país. Aunque las mujeres siguen concentradas en plantas de proceso, cada vez son más las que, como Valentina, asumen funciones técnicas, logísticas o de supervisión en terreno. “Lo que más valoro es ver cómo el número de mujeres ha ido creciendo. Hoy las ves liderando sectores, manejando embarcaciones o coordinando faenas. Eso demuestra que el talento no tiene género”, señala.
Más de dos mil kilómetros al norte, en Calama, Kassandra Bórquez vive una experiencia similar, pero en un entorno completamente distinto. Administradora de empresas de profesión, madre de un niño de cuatro años y la menor de cinco hermanos —todos trabajadores de la minería—, ingresó al rubro gracias al programa Creciendo Juntas de Veltis Latam, empresa que entrega servicios especializados para la continuidad operacional en la industria minera. “Vi una publicación en redes sociales, pensé que era mentira, pero terminé entrando junto a otras 25 mujeres”, recuerda. “Hoy trabajo en el área de ripio, revisando materiales que llegan a cada mantención y manteniendo la bodega actualizada. Ha sido una experiencia buena, con compañeros que me apoyan y una empresa que me ha dado oportunidades que en otros lugares no habría tenido”.
En Chile, la minería emplea a más de 250 mil personas, y aunque el porcentaje de mujeres ha crecido en la última década, aún se mantiene bajo. “El tema de la seguridad es lo más complejo”, dice Bórquez. “A veces uno se cree de goma, pero acá hay que estar atento a cada detalle. Eso se lo tiene que tomar en serio”. Actualmente estudia Ingeniería en Minas y espera seguir creciendo en la industria. “Me gusta lo que hago, me siento cómoda y quiero seguir avanzando. Este trabajo me ha permitido desarrollarme y también estar presente para mi hijo”.
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En otra industria clave para el desarrollo digital del país, los data centers se han transformado en el corazón que sostiene nuestra vida digital. En medio de ese universo de servidores y sistemas eléctricos, trabaja Camila Scholz, analista de infraestructura en Ascenty, una de las empresas de infraestructura de este tipo más grande de América Latina y parte de Chile Data Centers, gremio que hoy reúne a cerca de 60 empresas del rubro en el país. Desde su llegada, Camila ha sabido abrirse camino en un entorno históricamente masculino. “La mayoría de mis compañeros han sido respetuosos y confían en mis capacidades sin mirar en menos por mi género”, comenta. Su ingreso al rubro se dio gracias a la recomendación de un colega, pero ha sido su constancia y curiosidad por aprender lo que la ha consolidado en su rol.
Camila reconoce que el mayor desafío de su trabajo ha sido adentrarse en el mundo de la electricidad, un campo técnico que exige precisión y aprendizaje continuo. Aun así, describe su jornada en el data center como cómoda y agradable, un espacio donde puede crecer profesionalmente y aprender en temas que hoy son clave de esa industria. Eficiencia energética, certificaciones internacionales, gestión responsable de recursos como el agua, que son pilares fundamentales en la operación de los centros de datos modernos. “Cada mejora en infraestructura busca optimizar el consumo y reducir el impacto ambiental, demostrando que la tecnología puede avanzar de manera responsable”, comenta. “Me veo en diez años en un puesto con mayor grado y responsabilidad, pero siempre dentro de un data center”, agrega con convicción.
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La incorporación de mujeres a industrias tradicionalmente cerradas plantea transformaciones más profundas que las puramente laborales. Para la economista Diana Kruger, profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez y especialista en empleo y equidad de género, el mercado laboral chileno ha cambiado de manera sostenida, con más mujeres en puestos de decisión, incluso en sectores históricamente masculinos.
Kruger destaca que el cambio no ocurre por inercia, sino por compromisos explícitos de las empresas. “Lo importante es que las organizaciones reconozcan las barreras internas que frenan el desarrollo femenino y promuevan liderazgo, redes y programas de capacitación”, señala. Según la académica, cerca del 30% de las empresas del país ya está aplicando medidas de este tipo.
Más allá de la equidad, subraya que existe evidencia clara sobre los beneficios de la diversidad. “Los equipos con presencia equilibrada de hombres y mujeres toman mejores decisiones, son más creativos y eso se traduce en mejores resultados”, dice. “No se trata solo de justicia social, sino también de eficiencia económica”.