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Créditos: El Mostrador.
Liderazgo femenino gana terreno: menos del 30% en la cima, pero redefine cómo deciden empresas
Aunque aún son minoría en la alta dirección, las mujeres están impulsando un cambio estructural en las empresas, instalando un liderazgo basado en la colaboración, la confianza y la toma de decisiones en entornos de incertidumbre, en línea con las nuevas exigencias del mundo laboral.
Aunque aún ocupan menos de un tercio de los cargos de alta dirección, las mujeres están impulsando una transformación profunda en la forma en que se lidera al interior de las empresas. Más que su presencia en el C-suite, su influencia se refleja en un cambio de paradigma en la toma de decisiones, cada vez más orientada a la colaboración, la confianza y la gestión de la incertidumbre.
En un escenario laboral atravesado por la transformación digital, la irrupción de la inteligencia artificial y nuevas demandas en materia de talento, los modelos tradicionales de liderazgo comienzan a quedar atrás. Según el informe “Mujeres que deciden”, elaborado por Adecco Chile, la participación femenina alcanza un 29% en el C-suite a nivel global y un 33,5% en cargos de senior management, de acuerdo con datos de McKinsey. Sin embargo, su impacto va más allá de estas cifras.
“Hoy las organizaciones no necesitan líderes que tengan todas las respuestas, sino que sean capaces de tomar decisiones en entornos donde muchas veces no hay certezas. En ese escenario, vemos que el liderazgo femenino está marcando una diferencia relevante, porque incorpora variables como la colaboración, la escucha activa y la capacidad de sostener conversaciones difíciles”, explica María Fernanda Taborda, jefa de Servicio & Selección de Adecco Chile.
El reporte recoge experiencias de líderes de diversas industrias —desde recursos humanos hasta minería— y evidencia un patrón común: el liderazgo se desplaza desde el control hacia la confianza. En lugar de estructuras jerárquicas rígidas, hoy se imponen estilos que promueven la autonomía de los equipos, la responsabilidad compartida y una toma de decisiones más consciente de su impacto organizacional.
Este giro cobra especial relevancia en un contexto donde, según el World Economic Forum, el 39% de las habilidades laborales cambiará hacia 2030. La adaptación, por tanto, no solo pasa por incorporar tecnología, sino también por redefinir cómo se lideran los equipos.
“Uno de los principales hallazgos es que las decisiones que marcan la trayectoria de liderazgo no ocurren en escenarios de certeza, sino justamente cuando no hay garantías. Muchas mujeres líderes coinciden en que avanzar sin sentirse completamente preparadas, priorizar el propósito por sobre la estabilidad y entender que no decidir también tiene consecuencias, son elementos clave en su desarrollo”, agrega Taborda
A esto se suma un desafío crítico: la confianza. Solo un 16% de los trabajadores declara confiar plenamente en su empleador, según estudios internacionales, lo que sitúa al liderazgo como un factor clave para reconstruir el compromiso al interior de las organizaciones.
En ese contexto, el liderazgo femenino destaca por integrar resultados con gestión humana, incorporando variables como el desarrollo de personas, la cultura organizacional y la sostenibilidad del negocio. Además, promueve entornos donde el error se asume como parte del aprendizaje, favoreciendo la innovación y la mejora continua.
“Mientras más avanzan la tecnología y la automatización, más relevante se vuelve el componente humano del liderazgo. La capacidad de escuchar, generar confianza y movilizar a los equipos hacia un propósito común será cada vez más determinante para el éxito de las organizaciones”, sostiene la experta de Adecco.
Desde la firma advierten que no se trata de una tendencia pasajera, sino de una transformación estructural del mercado laboral. En un entorno cada vez más complejo, donde las decisiones deben tomarse con rapidez y menor margen de error, los modelos basados en el control, la jerarquía y la toma de decisiones aislada pierden vigencia.
Así, más allá de la brecha de participación, el liderazgo femenino comienza a consolidarse como un referente para el futuro del trabajo, al proponer una forma de dirigir más estratégica, adaptable y centrada en las personas.
“Las mujeres no solo están ocupando espacios de liderazgo, están redefiniendo su naturaleza. Y en ese proceso, están instalando una forma de tomar decisiones que probablemente será la que predomine en las organizaciones en los próximos años”, concluye María Fernanda Taborda.