Publicidad
Déficit de hierro en el embarazo: el impacto silencioso en la salud materna y el desarrollo del bebé BRAGA Créditos: El Mostrador.

Déficit de hierro en el embarazo: el impacto silencioso en la salud materna y el desarrollo del bebé

Publicidad

La falta de hierro durante el embarazo puede afectar la salud de la madre y el desarrollo cognitivo del bebé. Especialistas advierten sobre la importancia de detectar a tiempo la anemia y mantener niveles adecuados de este nutriente clave durante la gestación y el postparto.


El Mostrador Fuente Preferida

El hierro es un nutriente esencial para el organismo y cumple un papel clave en la salud materna y el desarrollo de los hijos. Permite transportar oxígeno en la sangre, aporta energía, favorece la concentración y contribuye al funcionamiento del sistema inmunológico. Durante el embarazo, además, adquiere una relevancia aún mayor debido a su impacto en el adecuado neurodesarrollo del feto.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 3 mujeres en el mundo presenta anemia y, al menos, la mitad de los casos está asociada al déficit de hierro. Las mujeres son especialmente vulnerables a esta condición debido al aumento de los requerimientos de hierro en distintas etapas de la vida, principalmente durante la menstruación, el embarazo y el postparto.

El organismo obtiene hierro principalmente a través de la alimentación y lo almacena en forma de ferritina, una reserva que puede medirse mediante exámenes de sangre. Niveles bajos de ferritina pueden ayudar a diagnosticar anemia, condición caracterizada por la disminución de glóbulos rojos o hemoglobina, reduciendo así la capacidad del cuerpo para transportar oxígeno.

Durante el embarazo, las necesidades de hierro aumentan considerablemente tanto para la madre como para el bebé. Entre el segundo y el tercer trimestre, el feto comienza a demandar hierro para procesos fundamentales de crecimiento y desarrollo cognitivo. Esta exigencia puede elevar los requerimientos maternos hasta 10 veces por sobre los de una mujer no embarazada, haciendo que, en muchos casos, la alimentación y la suplementación oral no sean suficientes.

En el postparto, la demanda continúa. La madre debe recuperar sus reservas de hierro y asegurar un aporte adecuado a través de la lactancia, un proceso fundamental para la nutrición del recién nacido. Sin un control adecuado, esta situación puede afectar tanto la recuperación materna como el desarrollo del bebé.

La evidencia también advierte sobre las consecuencias a largo plazo del déficit de hierro. Un estudio sueco (1987–2010) 1 demostró que la anemia temprana en el embarazo se asocia a un mayor riesgo de trastornos del espectro autista y retraso intelectual en los hijos. Estos efectos se intensifican en contextos socioeconómicos vulnerables, donde la alimentación y el acceso a controles médicos suelen ser más limitados.

Pese a su impacto, los síntomas del déficit de hierro suelen confundirse con el cansancio cotidiano o minimizarse. Entre las señales más frecuentes se encuentran la fatiga extrema, palidez, mareos o falta de aire, dificultad para concentrarse, uñas quebradizas y caída del cabello.

La absorción oral de hierro es limitada, de aproximadamente 1 a 2 mg al día, por lo que muchas veces no basta para corregir déficits importantes en poco tiempo. En esos casos, la administración intravenosa se ha consolidado como una alternativa segura y eficaz, especialmente cuando los tratamientos orales no funcionan o no pueden utilizarse, permitiendo reponer rápidamente los niveles de hierro.

“El hierro no es solo un nutriente, es un puente hacia un embarazo más seguro. Cuidar los niveles de hierro es cuidar la vida que está por llegar”. En el marco del Mes de la Madre, el llamado es a conversar con el ginecólogo, ginecóloga o matrona, medir los niveles de hierro y priorizar el bienestar durante el embarazo, con el objetivo de vivir esta etapa con mayor energía, confianza y tranquilidad.

Publicidad