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Menopausia: estudio revela cambios bruscos en la salud de los huesos, el hígado y los riñones BRAGA Créditos: El Mostrador.

Menopausia: estudio revela cambios bruscos en la salud de los huesos, el hígado y los riñones

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Un estudio que analizó más de 300 millones de pruebas de laboratorio identificó cambios bruscos en la salud ósea, hepática y renal en torno a la última menstruación. Algunas alteraciones hormonales comenzarían entre 12 y 15 años antes.


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Una investigación que analizó más de 300 millones de pruebas de laboratorio identificó cambios bruscos en distintos indicadores de salud en torno a la última menstruación. El trabajo también sitúa el inicio de algunas alteraciones hormonales entre 12 y 15 años antes de ese momento.

La menopausia podría implicar una transformación del organismo más abrupta de lo que se había descrito. En lugar de una transición gradual, un estudio publicado en 2026 en la revista Nature Medicine plantea que, a escala poblacional, esta etapa se asemeja a un “precipicio” fisiológico, con cambios pronunciados en decenas de indicadores de la salud femenina.

La investigación, liderada por el biólogo de sistemas Uri Alon, del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, analizó más de 300 millones de pruebas de laboratorio de más de un millón de mujeres. Según recoge El País, sus resultados muestran que las variaciones asociadas a la última menstruación abarcan desde las hormonas sexuales hasta la salud ósea y distintos parámetros del hígado, los riñones y la sangre.

El trabajo también identificó señales anteriores a ese momento: algunas hormonas comienzan a cambiar entre 12 y 15 años antes de la última regla, un intervalo más amplio que el descrito en investigaciones previas.

Una técnica astronómica para observar la transición

Uno de los principales obstáculos para estudiar la menopausia es que los historiales médicos rara vez registran la fecha de la última menstruación. Por ello, los análisis suelen organizarse según la edad de las pacientes, aunque esta transición no ocurre al mismo tiempo para todas: algunas mujeres la experimentan a los 45 años y otras a los 53.

Al agrupar esas trayectorias por edad, los cambios pueden parecer más graduales. Para abordar el problema, el equipo recurrió a la “deconvolución”, una técnica utilizada en astronomía para corregir las imágenes borrosas del telescopio espacial Hubble después de que se detectara un defecto en su espejo en 1990.

“Parecía gradual, pero era casi un efecto óptico”, resume Silvia P. González, presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, quien no participó en la investigación.

El método desarrollado por el equipo, denominado YoGlen, utiliza la distribución de la edad de la menopausia en la población para reconstruir los cambios que quedan difuminados al ordenar los datos por edad. No determina cuándo ocurrió la menopausia de cada participante ni predice su evolución individual: estima una trayectoria promedio de la población.

Cambios en los huesos, el hígado, los riñones y la sangre

La investigación utilizó dos grandes fuentes de información. La primera fue la encuesta de salud estadounidense NHANES, con cerca de 36.000 mujeres evaluadas entre 1999 y 2022. La segunda correspondió a los registros de la aseguradora israelí Clalit, que cubre a la mitad de la población del país e incluyó a 1,3 millones de mujeres de entre 30 y 70 años, seguidas entre 2004 y 2024.

En la muestra estadounidense, 52 de los 90 parámetros analizados registraron cambios bruscos en torno a la última menstruación. Además de las hormonas sexuales, se observaron variaciones en la densidad ósea, las enzimas hepáticas, la función renal, el colesterol y la osmolalidad de la sangre, relacionada con su concentración de sales.

También aumentó el plomo en la sangre. Una posible explicación es que, al perder masa, los huesos liberen parte del plomo que habían almacenado.

Los resultados de Israel y Estados Unidos mostraron una alta concordancia, con una correlación de 0,89 en una escala en la que 1 representa una coincidencia perfecta. Para comprobar que los cambios no fueran un efecto del algoritmo, los investigadores aplicaron el mismo procedimiento a hombres, simulando una “menopausia” a los 50 años. En ese caso, no apareció un salto comparable, sino una evolución gradual asociada al envejecimiento.

La mayoría de las variaciones identificadas apuntó hacia un mayor riesgo de enfermedad. La excepción fueron los indicadores de hierro y glóbulos rojos, que mejoraron con el cese del sangrado menstrual y la consiguiente disminución de la anemia.

Tras la última regla, los datos también mostraron una aceleración de la osteoporosis, superior a la observada en hombres de la misma edad, así como de los infartos y los ictus. En salud mental, se identificó un aumento transitorio de la depresión: durante el año posterior a la menopausia, el 19% de las mujeres de la muestra estadounidense presentó depresión moderada o grave, frente al 11% registrado en los años posteriores.

Las señales hormonales aparecen con años de anticipación

El estudio identificó cambios tempranos en tres hormonas. La antimülleriana, utilizada como indicador de la reserva de óvulos, aceleró su descenso unos 15 años antes de la última menstruación. La hormona foliculoestimulante comenzó a aumentar alrededor de 14 años antes, mientras que el estradiol, un tipo de estrógeno, disminuyó unos 12 años antes.

Estas señales se sitúan aproximadamente siete años antes de lo descrito por investigaciones previas, como el estudio SWAN.

“Adelanta la ventana de prevención a los 40 años”, afirma González.

Sin embargo, Alon advierte que los resultados todavía no permiten utilizar estos análisis como un reloj individual. Las fluctuaciones hormonales propias de la perimenopausia dificultan trasladar una trayectoria poblacional a la situación particular de cada mujer.

Terapia hormonal: diferencias que requieren más investigación

El equipo también comparó a mujeres que utilizaban terapia hormonal de la menopausia con aquellas que no recibían este tratamiento. Entre las usuarias, los cambios fueron menos pronunciados, especialmente en los indicadores vinculados con los huesos, el hígado y los riñones.

En total, 39 de los 80 parámetros evaluados mostraron diferencias entre ambos grupos. La tendencia se repitió en más de 9.000 mujeres israelíes a las que se les había recetado la terapia.

El carácter observacional del estudio, sin embargo, impide atribuir esas diferencias únicamente al tratamiento.Las mujeres que acceden a la terapia hormonal podrían tener un mejor estado de salud previo o recibir una atención médica más completa.

“No hay nada que sustituya a un ensayo clínico aleatorizado”, admite Alon, cuyo laboratorio prepara una investigación de ese tipo para evaluar la terapia hormonal antes de la última menstruación.

Como opinión personal, y no como una conclusión del estudio, el investigador sugiere realizar una densitometría hacia el final de los 30 años o a comienzos de los 40, con el fin de contar con una referencia de la densidad ósea.

González insiste en distinguir los resultados generales de las experiencias individuales: “Ese precipicio es una medida de la población, no lo que le pasa a cada mujer el último día de su regla”. Y agrega: “La menopausia de cada mujer es como una huella dactilar, personal e intransferible”.

El equipo de Alon prevé ahora aplicar el mismo método al estudio de la pubertad, otra etapa marcada por cambios hormonales.

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