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Bárbara Hernández en Sirena del hielo: “Por ser mujer, muchas veces tendría que hacer un poco más” BRAGA Crédito: Ulises Yañez Lizana.

Bárbara Hernández en Sirena del hielo: “Por ser mujer, muchas veces tendría que hacer un poco más”

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María Ignacia Olave Hola
Por : María Ignacia Olave Hola Periodista de El Mostrador
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La nadadora extrema chilena presenta Sirena del hielo, un libro autobiográfico en el que aborda la presión de abrirse camino en un deporte históricamente masculino, el miedo al fracaso y la importancia de reconocer la propia capacidad.


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El agua fría puede desencadenar una respuesta de choque en el organismo y dificultar la respiración y el movimiento. En temperaturas inferiores a los 15 °C, la inmersión repentina puede provocar un choque por frío. Bárbara Hernández Huerta, en cambio, ha construido su trayectoria deportiva enfrentando aguas gélidas y travesías de ultradistancia sin traje de neopreno, ni protección térmica artificial.

Conocida como la “Sirena del Hielo”, la nadadora extrema chilena ha convertido el frío en parte de su oficio. En mayo de 2026 se convirtió en la primera chilena en ingresar al International Marathon Swimming Hall of Fame (IMSHOF), uno de los principales reconocimientos internacionales de la natación de larga distancia. En agosto del mismo año, sumó otro hito al completar la Doble Triple Corona de Natación en Aguas Abiertas, convirtiéndose en la segunda mujer del mundo en conseguirlo.

Sin embargo, detrás de las horas de entrenamiento, los récords y las hazañas deportivas hay una historia que no siempre se ve desde la orilla. Una marcada por las dudas, la necesidad de demostrar sus capacidades y una pregunta que la acompañó desde niña: ¿existía una mujer chilena capaz de alcanzar logros como los que escuchaba contar sobre los grandes nadadores?

Esa inquietud es parte de Sirena del hielo, el libro autobiográfico en el que Hernández revisita su trayectoria, pero también las experiencias personales que le permitieron construirla.

“Creo que lo que faltaba por mostrar era esa autenticidad, era mostrarle a las personas que también me da miedo, que también me frustro, que también ha sido un camino muy muy muy a pulso, que no ha sido fácil, pero que vale la pena”, cuenta en conversación con El Mostrador Braga.

Psicóloga de formación, Hernández decidió escribir sobre aquello que no necesariamente aparece en los registros deportivos: las emociones, las pérdidas, las personas que la acompañaron y las veces en que tuvo que cuestionar sus propias capacidades.

La nadadora también quería acercarse a quienes siguen su carrera y que, a través de las redes sociales, le hacen preguntas sobre sus experiencias. Su intención era que la historia pudiera dialogar con personas que no necesariamente practican deporte, pero que conocen la dificultad de perseguir un sueño, atravesar una pérdida o comenzar de nuevo.

“Creo que es un libro no solo para deportistas, o solo para mujeres, o solo para nadadores, sino que cualquier persona que tenga un sueño, que quiera hacer un emprendimiento, que sepa lo que es perder personas que amamos mucho, o que ha tenido que cerrar puertas para poder construir camino, se va a sentir de cierta forma identificado, espero”, señala.

Crédito: Web.

De buscar referentes a convertirse en uno

En el libro, Hernández recuerda las historias que su abuelo le contaba sobre el nadador chileno conocido como el “Tiburón” Contreras. Mientras escuchaba sus hazañas, comenzó a preguntarse si existía alguna mujer chilena con una trayectoria semejante. La respuesta que encontró entonces fue desalentadora: no conocía a ninguna “tiburona” que pudiera representar ese horizonte.

Años después, esa niña que buscaba una referente terminó convirtiéndose en una deportista reconocida internacionalmente. Sin embargo, asumir ese lugar no fue un proceso automático, ni estuvo exento de dudas.

“Parte de lo que cuento en el libro creo que es algo también muy femenino, muy nuestro, por alguna razón: muchas veces nos es mucho más fácil sostener a otras, potenciar a otras, acompañar a otras y otros, que hacernos cargo y decir: ‘Oye, a lo mejor yo sí tengo lo necesario’”, reflexiona.

Para Hernández, acompañar a otra persona en la consecución de un sueño puede resultar menos doloroso que exponerse al fracaso propio. Si alguien más no lo consigue, explica, la frustración no se experimenta de la misma manera que cuando es una misma quien se arriesga.

Su propio recorrido implicó pasar de esperar que otra persona demostrara que era posible a preguntarse si ella podía abrir ese camino. Esa convicción también debió abrirse paso entre las dudas sobre el lugar que ocupaba su disciplina. Al practicar un deporte que no es olímpico, Hernández ha tenido que defender el valor de su trabajo y explicar por qué merece apoyo y reconocimiento.

“Entender y resolver qué es lo que te hace a ti única y distinta y por qué tú mereces ese apoyo, esa visibilidad, ese acompañamiento, eso tienes que resolverlo tú antes de salir a pedirlo a cualquier otra persona”, sostiene.

La nadadora reconoce que no siempre estuvo segura de merecer ese espacio. Sin embargo, con el tiempo comprendió que no podía esperar a que otros validaran su trayectoria antes de reconocerla ella misma. Sus logros, plantea, también son el resultado de un equipo y de un trabajo realizado bajo estándares profesionales.

La exigencia de demostrar más por ser mujer

“Entendí también que, por ser mujer, muchas veces tendría que hacer un poco más y siempre mejor”. La frase, escrita en su libro, resume una experiencia que Hernández asegura seguir enfrentando.

La nadadora describe situaciones en las que sus resultados han sido atribuidos a la suerte o a las condiciones del entorno, en lugar de reconocer su entrenamiento y sus capacidades. Recuerda que, cuando comenzó a competir en aguas abiertas, llegar entre los primeros lugares de una clasificación general podía despertar cuestionamientos.

“Siempre era: ‘La suerte, como que la corriente te ayudó’. Nunca eres tú, nunca fue tu entrenamiento, ni tu fuerza, ni tu visión. No, siempre el universo te ayudó”, relata.

La experiencia no se limita al deporte. Para Hernández, las mujeres se enfrentan a barreras similares en distintos ámbitos profesionales, especialmente cuando buscan ingresar a espacios históricamente masculinizados. En su caso, ha debido aprender a reconocer los comentarios que buscan restar valor a sus logros sin permitir que esas discusiones desplacen el foco de su trabajo.

Sin embargo, su respuesta ha sido apostar por el profesionalismo y la rigurosidad. Eso implica, incluso, renunciar a una hazaña cuando las condiciones de seguridad no están dadas o cuando un cruce no puede completarse de acuerdo con los criterios establecidos.

Para Hernández, la línea entre perseguir un objetivo y dejarse llevar por el ego puede ser delgada. Cancelar una travesía, aunque implique una enorme frustración, también forma parte de cuidar el trabajo construido durante años.

La nadadora recuerda especialmente la cancelación de una primera expedición a la Antártica, una decisión que califica como terrible. Aun así, sostiene que no está dispuesta a transar en la seguridad ni en la validez de sus logros. “Como nos ha costado tanto, no es una posibilidad”, dice sobre la opción de falsear información o incumplir las condiciones que dan legitimidad a una hazaña deportiva.

En ese sentido, su trayectoria no solo ha consistido en demostrar que puede nadar distancias extremas, sino también en defender que el trabajo detrás de cada logro sea reconocido con seriedad.

Reconocer la vulnerabilidad también es una forma de fortaleza

La imagen de una mujer capaz de nadar durante horas en aguas gélidas puede asociarse fácilmente con la resistencia y la autosuficiencia. Sin embargo, uno de los temas que Hernández aborda en su libro es precisamente el costo de creer que una persona debe poder resolverlo todo por sí misma.

Desde su formación como psicóloga y su experiencia personal, cuestiona la idea de que pedir ayuda sea sinónimo de fracaso. Recuerda que, durante sus años universitarios, le llamaba la atención escuchar a compañeros y compañeras describirse desde una exigencia permanente: si no podían con todo solos, sentían que no servían o que habían fracasado.

La psicoterapia también le permitió revisar esa manera de entender la fortaleza.

“Tal vez sí puedo con todo sola, pero ¿en verdad lo quieres? ¿Cuál es el precio de eso? ¿Y cuánto te aleja el resto?”, plantea.

Para la nadadora, aprender a sostenerse y resolver dificultades de manera autónoma puede ser necesario en ciertos momentos. En otros, sin embargo, el paso más difícil consiste en reconocer que necesita apoyo, contención o compañía.

La clave está en no convertir una forma de enfrentar la vida en una regla inamovible. “La rigidez es el gran problema”, sostiene, al explicar que las personas necesitan adaptarse a las circunstancias y revisar sus propias maneras de actuar a lo largo del tiempo.

La vulnerabilidad, desde esa perspectiva, no invalida los logros deportivos ni personales. Por el contrario, permite comprender que detrás de una hazaña también hay dudas, vínculos y decisiones que no siempre resultan como se esperaba.

Esa dimensión es una de las que más le interesó rescatar al escribir Sirena del hielo. Cuando recuerda sus logros, explica, su atención no se queda únicamente en la distancia recorrida o en el récord obtenido, sino en las personas que hicieron posible el camino.

“Entender que soy la que soy porque he tenido la fortuna de estar rodeada de esa gente linda”, dice al recordar a quienes la acompañaron durante su trayectoria y las historias de su familia que pudo reconstruir mientras escribía.

Una hoja de ruta para las mujeres que vienen después

Hacia el final del libro, Hernández plantea su deseo de dejar una hoja de ruta para quienes vengan después, especialmente para las mujeres que alguna vez pensaron que cumplir aquello que les pedía el corazón era imposible.

Su mensaje no consiste en asegurar que cualquier sueño puede alcanzarse sin importar las circunstancias. Más bien, invita a buscar espacios donde sea posible compartirlo, recibir apoyo y comenzar a darle forma.

“Que tenga el coraje de compartirlo en voz alta, en esos espacios que son espacios seguros”, dice.

La nadadora advierte que no todos los entornos reciben los sueños de la misma manera. A veces, las personas más cercanas pueden reaccionar con escepticismo o desalentarlas. Por eso, propone buscar comunidades que ayuden a transformar una aspiración en un primer paso concreto.

También llama a reconocer que las condiciones materiales importan. Hablar de perseguir los propios deseos no puede significar ignorar las responsabilidades familiares, las dificultades económicas o las jornadas laborales que dejan poco tiempo disponible.

Por eso, plantea que el camino puede comenzar por algo más acotado: encontrar un espacio propio, disponer de tiempo para una misma o descubrir qué hay detrás de aquello que se desea.

“Yo creo que la importancia de creer que sí nos merecemos un sueño, nos merecemos una vida más bonita, nos merecemos ese descanso que vivimos tan esquivo, es lo que vale la pena”, afirma.

Para Hernández, incluso los sueños pueden cambiar de forma. Lo que una persona imaginó inicialmente quizá no sea exactamente lo que necesita para sentirse realizada. Ser flexible y hacer las paces con aquello que no pudo ser también puede abrir nuevas posibilidades.

“Yo parto de la base que de verdad nos merecemos una vida más bonita, sobre todo la gente a la que tanto le cuesta o que tan mal lo ha pasado”, dice.

Crédito: Cedida.

Los sueños que todavía quedan por cumplir

Hernández no considera que la publicación de Sirena del hielo ni sus reconocimientos deportivos marquen un punto final. Entre sus próximos objetivos está acercar los deportes de mar y montaña a más personas en Chile, aprovechando las posibilidades que ofrece el extenso litoral del país.

“Uno de mis grandes sueños es que este sea un deporte al que los chilenos tengan cada vez más acceso”, sostiene.

También quiere regresar a la Antártica, explorar nuevos desafíos en aguas abiertas y llegar al Ártico. A eso suma la idea de escribir un cuento para niños inspirado en el imaginario de la Sirena del Hielo, además de continuar colaborando con fundaciones vinculadas al medioambiente y al trabajo con niños.

En paralelo, le gustaría que su historia pudiera llegar a lectores de otros países y culturas, y seguir vinculada al International Marathon Swimming Hall of Fame, donde aspira a contribuir a una mayor presencia femenina y latinoamericana.

Al hablar de lo que viene, vuelve a una idea que atraviesa el libro: los logros no se explican únicamente por quien aparece en la fotografía o recibe el reconocimiento, sino también por las personas que acompañan el proceso.

Cuando recuerda sus inicios, Hernández vuelve mentalmente a una piscina escolar oscura y fría, donde imaginaba tiburones, medusas y peces mientras nadaba. Hoy, al mirar hacia atrás, se pregunta si su sueño siempre estuvo ligado al mar.

“Creo que mi sueño entonces siempre fue el mar, como que tal vez no tenía como darle un nombre, pero creo que era el mar”, recuerda.

La niña que buscaba una mujer capaz de alcanzar las hazañas que escuchaba de su abuelo terminó construyendo su propio camino. Ahora quiere que otras mujeres puedan encontrar en esa historia una posibilidad, no una fórmula que deban repetir, sino una invitación a reconocer sus deseos, buscar apoyo y atreverse a construir una vida propia.

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