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Más allá del estrés: qué puede provocar la caída de pelo en mujeres BRAGA Crédito: El Mostrador.

Más allá del estrés: qué puede provocar la caída de pelo en mujeres

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La caída de pelo en mujeres puede relacionarse con cambios hormonales, deficiencias nutricionales y problemas de salud. La doctora Manuela Salas explica por qué identificar la causa es clave para elegir el tratamiento adecuado.


La caída del cabello en mujeres puede responder a distintos factores que no siempre son evidentes. Los cambios hormonales, las alteraciones de la tiroides y las deficiencias nutricionales están entre las posibles causas, por lo que identificar el origen del problema es clave antes de iniciar un tratamiento.

A diferencia de la pérdida capilar masculina, que suele asociarse estrechamente con factores genéticos y hormonales, en las mujeres el problema puede tener distintos orígenes y más de uno puede estar presente al mismo tiempo. Por eso, identificar la causa resulta clave para determinar qué medidas pueden ayudar en cada caso.

Manuela Salas, jefa del Área Médica Capilar de Clínica Terré, advierte que “muchas pacientes llegan a consultar pensando que la caída del cabello es únicamente un problema estético o que se debe al estrés. Sin embargo, el pelo también puede reflejar cambios que están ocurriendo en el organismo. Por eso, antes de iniciar cualquier tratamiento es fundamental investigar qué está provocando esa caída y entender que muchas veces hay más de un factor involucrado”.

Cambios hormonales y caída del cabello

El embarazo, el posparto, la perimenopausia y la menopausia son algunas de las etapas en que las fluctuaciones hormonales pueden modificar el ciclo de crecimiento del cabello. En el posparto, por ejemplo, puede producirse una caída temporal asociada a los cambios hormonales posteriores al embarazo. Durante la transición a la menopausia y después de ella también pueden presentarse variaciones en la densidad y la calidad capilar.

A estos factores se suman condiciones como el síndrome de ovario poliquístico y las alteraciones de la tiroides, que pueden influir en la salud del cabello. La presencia de estos cambios no significa que todas las mujeres vayan a experimentar una pérdida capilar, pero sí muestra por qué es importante considerar los antecedentes y la etapa de vida de cada paciente.

El cabello pasa por fases de crecimiento, reposo y caída. Cuando ese ciclo se altera, puede aumentar la cantidad de pelo que se desprende, disminuir la densidad o producirse un adelgazamiento progresivo de las fibras.

Crédito: El Mostrador.

Falta de hierro, dietas restrictivas y otros factores nutricionales

La alimentación también puede influir en el crecimiento capilar. Las reservas bajas de hierro y las deficiencias de determinados nutrientes pueden afectar el funcionamiento del folículo piloso, mientras que las dietas restrictivas pueden contribuir a una ingesta insuficiente de elementos necesarios para el organismo.

Por eso, frente a una caída persistente, no basta con centrarse únicamente en los productos que se aplican sobre el cuero cabelludo. La evaluación puede requerir revisar los hábitos alimentarios, los antecedentes de salud y la presencia de posibles deficiencias o alteraciones hormonales.

“El folículo piloso necesita condiciones adecuadas para producir un cabello saludable. Cuando existen deficiencias nutricionales, cambios hormonales o determinadas enfermedades, ese proceso puede verse afectado. Por eso, tratar únicamente el cuero cabelludo sin investigar lo que ocurre en el resto del organismo puede significar que estamos dejando fuera una parte importante del problema”, explica Salas.

La especialista subraya así la importancia de establecer un diagnóstico antes de decidir qué tratamiento seguir, ya que las medidas necesarias pueden variar según el origen de la pérdida capilar.

El impacto emocional

La pérdida de pelo no solo tiene manifestaciones físicas. Cuando disminuye el volumen capilar o el cambio se vuelve visible, también puede afectar la autoestima, la seguridad personal y la percepción de la propia imagen.

Esta dimensión emocional se suma a la preocupación por encontrar una explicación y una solución al problema. Sin embargo, atribuir automáticamente la caída al estrés puede dejar fuera otras causas que requieren evaluación, como las alteraciones tiroideas, las deficiencias nutricionales o los cambios hormonales.

Por eso, abordar la pérdida capilar implica considerar tanto los síntomas como el contexto de salud de cada mujer, en lugar de asumir que todas necesitan el mismo tipo de intervención.

El diagnóstico debe ser personalizado

El abordaje de la pérdida capilar depende de los factores que la provocan y del tipo de alopecia que pueda presentar cada paciente. Entre las alternativas utilizadas en medicina capilar se encuentra el plasma rico en plaquetas, que se obtiene de la propia sangre y se aplica en el cuero cabelludo.

También se investigan terapias regenerativas basadas en células madre mesenquimales, aunque su eficacia y seguridad para tratar la pérdida de cabello todavía requieren mayor evidencia clínica. La disponibilidad de una intervención no significa que sea apropiada para todas las pacientes: su indicación debe considerar el diagnóstico, la evidencia disponible y los posibles riesgos y beneficios.

“Lo importante es entender que no existe una solución única para todas las mujeres. Hay pacientes que necesitan corregir una deficiencia nutricional, otras requieren estudiar un problema hormonal y algunas pueden beneficiarse de tratamientos específicos para su tipo de alopecia. El primer paso siempre debe ser un diagnóstico adecuado”, enfatiza la doctora.

De esta manera, las opciones terapéuticas deben evaluarse individualmente. Según la causa identificada, el abordaje puede centrarse en corregir una deficiencia, estudiar una condición de salud o indicar un tratamiento específico para el tipo de pérdida capilar.

¿Cuándo consultar por la caída del cabello?

Aunque la caída diaria forma parte del ciclo natural del cabello, existen cambios que justifican una evaluación médica. Entre ellos están la pérdida abundante que persiste durante varias semanas, la disminución progresiva del volumen, el ensanchamiento de la partidura y la aparición de zonas con menor densidad.

También conviene consultar cuando la caída comienza después de cambios hormonales importantes, dietas restrictivas, enfermedades o periodos de estrés intenso, especialmente si persiste o se acompaña de otros síntomas.

“Mientras antes identifiquemos la causa, mayores posibilidades tenemos de indicar un tratamiento adecuado. Lo fundamental es no normalizar una pérdida progresiva del cabello ni comenzar a consumir vitaminas o utilizar productos sin saber realmente qué está ocurriendo”, concluye Salas.

Reconocer estas señales y buscar orientación profesional permite investigar el origen de la pérdida capilar y evitar tratamientos que no respondan a las necesidades de cada mujer.

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