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Jóvenes LGBTIQA+ y espacio público Yo opino Créditos: El Mostrador.

Jóvenes LGBTIQA+ y espacio público

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En este mes del orgullo, queremos llamar la atención sobre los distintos modos de habitar la ciudad y, especialmente, los espacios significativos y de memoria. El 27 de marzo de 2012 Chile se conmovió con la muerte de Daniel Zamudio. Él, de 24 años, era parte de la comunidad LGBTIQA+ y falleció luego de un violento ataque ocurrido en el parque San Borja, ubicado en el centro de Santiago. Hoy, a más de 14 años de ese trágico evento, el parque cuenta con un memorial ubicado donde Daniel fue encontrado. 

En la actualidad, quienes son jóvenes universitarios de la comunidad LGBTIQA+ que frecuentan el centro de la ciudad, aseguran sentirse cómodos a la hora de expresar su género y demostrar cariño frente a sus pares. Los datos de nuestra investigación en curso revelan que, para el entorno directo de estas personas, no necesariamente existe un rechazo hacia la diversidad sexual y de género. El acceso a la educación universitaria parece haberles dado más certezas, permitiéndoles expresarse con mayor libertad y seguridad.

Otro de los aspectos que nos llamó profundamente la atención al entrevistar a estudiantes LGBTIQA+ es el reconocimiento que le dan a las luchas de generaciones anteriores. Resulta que identifican que su situación actual es, en gran parte, fruto de los esfuerzos del pasado por conquistar mayores derechos para la comunidad. Sin embargo, dentro de las respuestas asoma un dato lamentablemente sorprendente: pese a los avances, aún sienten miedo al moverse por las calles de Santiago.

Esto ha generado que deban tomar medidas especiales a la hora de utilizar el espacio público. Para protegerse, reducen al mínimo (o eliminan completamente) cualquier expresión de género fuera de la norma, como moverse con delicadeza, tener un tono de voz agudo en el caso de hombres trans, o mostrar una actitud ruda y comandante en el caso de lesbianas. Otras formas de cuidarse consisten en relacionarse con sus parejas y pares en la forma más tradicional posible, donde solo demostraciones de cariño entre sexos “visiblemente” diferente son aceptadas. En calles y espacio públicos que se ubican en barrios amigables con las disidencias, como lo son los lugares de moda, cosmopolitas y multiculturales, las preocupaciones de jóvenes LGBTIQA+ bajan, pudiendo expresarse con mayor libertad y como realmente se sienten. Sin embargo, con dolor, indican que el violento ataque que acabó con la vida de Daniel en el centro de la ciudad, cercano a aquellos lugares, les recuerda permanentemente que no existen espacios públicos seguros para ellos.

El memorial a Daniel Zamudio, para muchos puede pasar desapercibido como uno más de los sitios de memoria que existen en la ciudad y que nos hablan de dolores pasados y, en muchos casos, olvidados. No obstante, para jóvenes LGBTIQA+, este memorial es un lugar vivo que, por un lado, reproduce traumas y miedos y, por otro, es una luz de esperanza. 

Dada la creciente hostilidad frente a quienes nos parecen distintos, estos sitios de memoria nos invitan a una reflexión y a un ejercicio en torno a la aceptación y la tolerancia como ejes primordiales que sustentan la vida en comunidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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