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Brecha previsional femenina: los desafíos comienzan mucho antes de la jubilación Yo opino Créditos: AGENCIA UNO.

Brecha previsional femenina: los desafíos comienzan mucho antes de la jubilación

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Melissa Soto
Por : Melissa Soto Subgerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Penta Vida.
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Durante los últimos meses se ha observado un cambio relevante en el comportamiento previsional de las mujeres chilenas. Cada vez más están postergando la decisión de pensionarse, impulsadas, entre otros factores, por los incentivos incorporados en la reforma previsional, como la compensación por mayor expectativa de vida. Es una señal positiva, porque retrasar la jubilación suele traducirse en mejores pensiones al permitir acumular más ahorro y financiar una menor cantidad de años de retiro.

Sin embargo, detrás de esta buena noticia existe una realidad que merece la misma atención: las mujeres siguen llegando a la jubilación con trayectorias previsionales considerablemente más frágiles que las de los hombres.

Las cifras más recientes de la Superintendencia de Pensiones son elocuentes. En marzo, la densidad promedio de cotizaciones de las mujeres que se pensionaron llegó al 46%, el nivel más bajo desde 2020. En contraste, los hombres alcanzaron una densidad de 65%, ampliando la brecha a 19 puntos porcentuales, la mayor registrada por el organismo.

Este indicador refleja cuánto tiempo una persona cotizó efectivamente durante su vida laboral. Y ahí radica uno de los principales desafíos estructurales del sistema: muchas mujeres interrumpen sus cotizaciones para asumir tareas de cuidado, enfrentan mayores períodos fuera del mercado laboral o desarrollan trayectorias con mayor informalidad y empleos de menor estabilidad. El resultado es un ahorro previsional más bajo que termina acompañándolas durante toda la etapa de jubilación.

La reforma previsional incorpora avances importantes para reducir parte de estas diferencias. La compensación por mayor expectativa de vida y el Beneficio por Años Cotizados (BAC) representan un reconocimiento a desigualdades históricas que afectaban especialmente a las mujeres. No obstante, estos instrumentos, por sí solos, no pueden corregir décadas de menor participación laboral o de cotizaciones intermitentes.

Al mismo tiempo, siempre existen espacios para perfeccionar los incentivos. Mientras la compensación por mayor expectativa de vida promueve que las mujeres posterguen voluntariamente su jubilación para acceder a un mayor beneficio, el BAC considera únicamente los años cotizados hasta el cumplimiento de la edad legal de pensión. En la práctica, esto significa que una mujer que decide seguir trabajando y cotizando después de los 60 años continúa fortaleciendo su ahorro previsional, pero esos años adicionales no incrementan los años considerados para acceder o mejorar este beneficio. Esta discusión cobrará aún más relevancia considerando que, a partir de 2028, el requisito de años cotizados para acceder al BAC aumentará progresivamente para las mujeres, pasando desde 10 hasta 15 años. En ese contexto, resulta pertinente evaluar mecanismos que permitan reconocer también las cotizaciones realizadas después de la edad legal, de manera que todos los incentivos previsionales apunten en la misma dirección: fortalecer el ahorro y fomentar una mayor permanencia en el mercado laboral formal.

Por eso, la conversación sobre pensiones no puede comenzar cuando una persona está próxima a jubilarse. Debe iniciarse mucho antes, cuando aún existen oportunidades para fortalecer el ahorro previsional y tomar decisiones que impactarán directamente en la calidad de vida futura.

También es fundamental avanzar en educación previsional. Muchas personas desconocen cómo influye la densidad de cotizaciones en el monto de su pensión, qué beneficios entrega hoy la reforma o cómo distintas modalidades de pensión responden a necesidades financieras diferentes. Contar con información clara y oportuna permite tomar decisiones más conscientes y aprovechar mejor las herramientas disponibles.

Cerrar la brecha previsional femenina requiere una mirada de largo plazo. No basta con mejorar las condiciones al momento del retiro; también debemos asegurar que, durante toda la vida laboral, las mujeres tengan las mismas oportunidades para ahorrar, cotizar y construir una pensión que les entregue tranquilidad y autonomía en la vejez.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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