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China y EEUU: el futuro que nos espera Opinión Archivo

China y EEUU: el futuro que nos espera

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Eugenio Rivera Urrutia
Por : Eugenio Rivera Urrutia Director ejecutivo de la Fundación La Casa Común.
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China produce un 70% de los drones, vehículos eléctricos, baterías de iones de litios y células solares. Tiene más robots industriales que el resto del mundo combinados y en medicina ha superado a EEUU en el número de ensayos clínicos registrados.


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Evans Osnos es un periodista estadounidense que vivió en China entre 2005 y 2013 ejerciendo como jefe de la oficina de Beijing para el Chicago Tribune y luego escribiendo para The New Yorker. Es autor, entre otros libros, de The Age of Ambition (con el que ganó el Premio Nacional del libro de 2014). El 3 de agosto publicó un excelente artículo titulado The Future, made in China”, en la revista The New Yorker. Creo de gran interés sintetizar y comentar este artículo para alimentar varios debates en marcha en nuestro país.

El primero de ellos está relacionado con la competencia tecnológica entre EE.UU. y China. El segundo, tiene que ver con las transformaciones del capitalismo y la posibilidad de que el marxismo pueda dar cuenta de estos fenómenos y, el tercero, con el desarrollo que están alcanzando las transformaciones tecnológicas, en particular la IA, y cómo ello empieza a transformar nuestras formas de trabajo y vida.

El avance de China es extraordinario. La compañía BYD ha superado a la Tesla de Elon Musk como la mayor empresa productora de autos eléctricos. Junto a ella hay otras 100 empresas trabajando en el sector. En julio del 2026 la empresa Moonshot liberó un modelo de IA cuyo desempeño es comparable con sus competidores estadounidenses, sobre la base de una fracción de sus costos. China produce un 70% de los drones, vehículos eléctricos, baterías de iones de litios y células solares. Tiene más robots industriales que el resto del mundo combinados y en medicina ha superado a EE.UU. en el número de ensayos clínicos registrados.

Para hablar de capitalismo y de explotación en los términos marxistas es indispensable profundizar, entre otras, en las características de las empresas plataformas y de las fábricas de la era de la IA. Osnos cuenta en el artículo su experiencia en la  fábrica de autos más famosa de China, la “Hyperfactory”, del tamaño de 100 canchas de fútbol, construida en 14 meses por Xiaomi: “Un guía nos condujo en carritos de golf hasta unas instalaciones enormes, con tan pocos trabajadores a la vista que uno podría pensar que era un día festivo. Los coches son construidos por 700 robots, agrupados en intrincadas formaciones coreografiadas controladas por gruesos haces de cables. Las piezas nuevas llegan a bordo de 127 carritos autónomos, que emiten un sonido de ‘¡Abran paso!’ a los humanos que se cruzan en su camino. Según la empresa, un coche terminado sale de la línea de producción cada 75 segundos”.

La fabrica fue recientemente visitada por Jim Farley CEO, de Ford, quien la describió como “Lo más humillante que he visto en mi vida”.

Pero los robots no están solo presentes en las grandes empresas, sino que su presencia se expande a todas las áreas, y China ha construido nueve robots industriales por cada uno que se ha instalado en EE.UU., se expanden a la cultura pop.

A principios del 2025, se organizó una media maratón en que competían humanos y robots, la cual fue ganada fácilmente por los primeros. No obstante, un año después, “un humanoide de color rojo brillante, que balancea un par de brazos delgados para mantener el equilibrio, venció a los 12 mil competidores humanos y rompió el récord mundial”. Osnos relata además cómo en diversos locales comerciales y empresas existen robots que prestan una serie de servicios.

Enfrentamos, en consecuencia, no una simple automatización, tampoco la mera sustitución de trabajadores por robots, que podría ser tema de un debate respecto de la teoría del valor marxista. Las transformaciones aluden a una nueva sociedad en que los humanos conviven de múltiples maneras con empresas donde casi no hay humanos, en que la IA presenta una autonomía cada vez más preocupante y se comparte toda la vida cotidiana con robots (recordar los problemas de la “amistad” entre niños y adultos con sistemas de IA).

Del mismo modo, y como efecto de la disminución del ritmo de crecimiento de la economía, más de 200 millones de personas en China (equivalente más o menos al 27% de la fuerza de trabajo del país) han ingresado a la “economía gig” (un sistema laboral de libre mercado en el que las empresas contratan a trabajadores independientes para tareas o proyectos flexibles y de corta duración, en lugar de empleos a largo plazo), 20 millones de los cuales trabajan como conductores de delivery.

Personas entrevistadas por Osnos que han trabajado tanto en Silicon Valley como en China encuentran fuertes similitudes: el valor del cambio veloz, el poder de los ingenieros y las odas a la humanidad que enmascaran la impaciencia con los seres humanos reales, entre otras. La gran diferencia radica en que los ingenieros estadounidenses se focalizan sobre el potencial transformador de lograr la inteligencia artificial general y sobre la cascada utópica (o distópica) que podría seguir. En cambio las firmas chinas tienen objetivos más inmediatos; tienen menos capital y poder computacional, debido en parte a los controles estadounidenses de las exportaciones de los chips más avanzados, por lo que se focalizan en impulsar los productos de uso diario.

Osnos constata que, como EE.UU., China no está inmune al miedo por la desaparición de puestos de trabajo y potenciales convulsiones sociales, pero como señala Fan Li (ex empleado de Microsoft y Amazon que luego de regresar a China creó una empresa que tiene como objeto integrar AI en las fábricas tradicionales) ellas serán más fuertes en EE.UU., porque existe una mayor participación de trabajos de cuello y corbata y el modelo chino, por su parte, provocará una proliferación de talento, uso y datos, hasta que ocurra algo terrible. Entonces, tal vez las cosas cambien, pero la gente olvida las cosas en la era de las redes sociales.

Según Osnos, el desarrollo chino no ha estado libre de errores, pues el colapso del mercado de propiedad inmobiliaria del 2021 dejó 90 millones de casas y departamentos vacíos. Legiones de estudiantes universitarios entrenados para trabajos de cuello y corbata entraron en un mercado de trabajo cada vez más orientado hacia la fabricación de alta tecnología (la tasa oficial de desempleo de jóvenes alcanza 21%). La participación de las personas que esperan que sus niveles de vida mejorarán cayó a 28%, eso es la mitad de quienes pensaban así al principios de siglo

Desde fines de los ’70 del siglo pasado, “la ilusión de la ingeniería social” planteó que para aumentar el ingreso per cápita había que gerentear el aumento de la población, prohibiendo a la población tener más de un hijo. La campaña fue “exitosa”: mientras que en EE.UU. la tasa de natalidad por mujer en 2024 había caído a 1,6 niños por mujer, en China alcanzó una cifra de 1 niño. En la actualidad se ofrecen todo tipo de subsidios para revertir este declive; no obstante no hay avances en este campo, según concluye Emma Zang, citada por el periodista, debido a que “la barrera real no es el costo de criar un niño, sino la convicción de que la paternidad no tiene sentido en un futuro que se siente incierto y una inversión que no vale la pena”.

El autor analiza las tensiones entre la libertad económica y el control político, enfatizando su impacto en la sostenibilidad del sistema chino. Es obvio que el desarrollo chino de los últimos 30 años y el curso que ha seguido EE.UU., incluidas la políticas de la administración, que como indica Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, han conducido a que el sistema internacional que EE.UU. construyó después de la Segunda Guerra Mundial y que lideró con frecuencia en su propio beneficio, “está definitivamente muerto e irrecuperable”, lo que habla a favor del modelo chino.

No obstante, China enfrenta dificultades para construir algo semejante a lo que está llegando a su final. Las relaciones con Europa son conflictivas, pues la competencia china está afectando gravemente a las principales industrias de Europa, lo que empieza a “despertar” a ese continente. En tal sentido, el citado Leonard señala que lo que viene es un desorden, “una selva en la que cada país se cubre las espaldas, se arma, subvenciona, acapara y busca puntos de estrangulamiento para sacar partido”, o, como dice Suisheng Zhao de la Universidad de Denver contiene los ingredientes de una “lucha hobbesiana de todos contra todos propia del siglo XXI”, según señala el reportaje.

Una pregunta crucial es la relativa al rol que se le asigna a la tecnología y en el caso de los tecno oligarcas de los EE.UU., la respuesta es clara: el desarrollo tecnológico libre de ataduras, sujeto solo a la auto regulación, generará un crecimiento tan dinámico que permitirá resolver los problemas de la escasez y con ello los problemas políticos asociados… esta perspectiva, según Osnos, no difiere sustantivamente.

En su opinión, los líderes chinos desde hace tiempo creen “que la tecnología puede ayudar al Estado a superar el desorden de los problemas humanos. Xi, que tomó prestada la imagen de Stalin de las herramientas ideológicas como ‘ingenieros del alma humana’ ha expandido el alcance del gobierno en la vida privada en el nombre de promover el comportamiento ‘civilizado’ (En Guangzhou la IA está ayudando a disciplinar a los residentes que no separan la basura de alimentos de la basura regular, posteando sus fotos en la estación de exposición)”.

Por otra parte, la empresa Langxin presentó el “sistema de mejora del entrenamiento en reconocimiento de emociones” que calcula a través del análisis de microgestos la proporción de sentimientos positivos y negativos. Desarrolla también un “sistema comprehensivo de alerta temprana de riesgos” para escanear estudiantes, utilizando data combinada de las clases, dormitorios, gastos información sicológica que asigna alertas de color rojo, amarillo o azul.

En el contexto del análisis descrito y teniendo en cuenta lo que ocurre en los EE.UU. de la segunda administración de Donald Trump, Osnos pareciera  tener razón cuando afirma que la competencia entre ambos superpoderes parece menos choque entre sistemas en competencia y más una carrera entre grupos oligárquicos pequeños (círculos cerrados de hombres con un poder inmenso sobre el futuro de todos los demás).

En China, “Xi intenta orientar la tecnología hacia la obediencia y el crecimiento. En (EE.UU.), Trump y sus aliados han puesto por delante el desarrollo de la IA por sobre las preocupaciones acerca de los riesgos: “Tenemos que hacer crecer esa criatura y dejar que prospere”, dijo Trump al presentar una estrategia de IA en 2025. “No podemos frenarla con normas absurdas”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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