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Créditos: Cedida.
Salud sexual: cada cuerpo importa
En el Día Mundial de la Salud Sexual, la World Association for Sexual Health nos invita a reflexionar bajo el lema “Every Body”, una expresión que pone en el centro a cada persona y al cuerpo que habita.
Hablar de cuerpos cuando hablamos de salud sexual es especialmente relevante. Nuestros cuerpos no permanecen iguales durante toda la vida, crecen, cambian, envejecen, pueden gestar, enfermar, recuperarse y experimentar transformaciones que modifican también la manera en que vivimos nuestra sexualidad.
Desde la matronería somos testigos privilegiados de muchos de esos cambios. Acompañamos a adolescentes que comienzan a conocer su cuerpo; a personas que buscan decidir si quieren o no un embarazo; a quienes transitan por la gestación y el puerperio; a mujeres que experimentan los cambios del climaterio y la menopausia; y también a personas mayores cuya sexualidad muchas veces continúa siendo invisibilizada.
Sin embargo, durante mucho tiempo la atención en salud sexual se ha concentrado principalmente en aquello que debemos evitar: embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual, violencia o enfermedad. Todos ellos son aspectos fundamentales de nuestro trabajo, pero la salud sexual no termina ahí.
También significa poder conocer nuestro cuerpo, tomar decisiones informadas sobre él, establecer nuestros límites, consentir, expresar afecto, experimentar intimidad y vivir nuestra sexualidad de una manera segura y satisfactoria.
Esto plantea un desafío importante para quienes trabajamos en salud.
No todos los cuerpos llegan a nuestros servicios en igualdad de condiciones. La edad, el género, la discapacidad, las condiciones socioeconómicas, las experiencias de violencia, las barreras de acceso a la atención e incluso los prejuicios de quienes entregamos atención pueden determinar qué personas pueden ejercer plenamente sus derechos sexuales y cuáles continúan quedando al margen.
Por eso, la matronería tiene un rol que va mucho más allá de la anticoncepción o la reproducción. Implica generar espacios de atención donde una adolescente pueda preguntar sin temor a ser juzgada; donde una mujer pueda hablar sobre dolor o disminución del deseo después del parto; donde el climaterio no sea entendido como el término de la sexualidad; y donde una persona mayor pueda hablar de intimidad, placer o prevención de infecciones de transmisión sexual con la misma legitimidad que cualquier otra persona.
Reconocer cada cuerpo también significa abandonar la idea de que existe una única forma correcta de vivir la sexualidad.
Nuestro desafío como matronas y matrones es acompañar las distintas etapas de la vida entregando información basada en evidencia, promoviendo autonomía y consentimiento, previniendo enfermedades y violencia, pero también reconociendo dimensiones de la salud sexual que históricamente han recibido menos espacio, como el bienestar, la intimidad y el placer.
Cuidar la salud sexual significa reconocer, respetar y acompañar cada uno de esos cuerpos durante toda la vida.
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