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Las paradojas del foro de la iberósfera
Estos encuentros han permitido conformar una identidad transnacional que supera las fronteras nacionales, por medio de definiciones comunes acerca de inmigración, delincuencia e identidad nacional presentadas ante el hartazgo ciudadano como “sentido común”.
Hace no mucho tiempo, cuando aún se decía que la tierra era redonda y Canadá solo era culpable de todos los males en la satírica de South Park, las redes políticas transnacionales eran básicamente prácticas de la izquierda y el centro, con una internacionalización menor entre sus símiles de derecha.
A excepción de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés), fundada en 1964 como expresión del sector republicano estadounidense más tradicionalista, orientado hacia la expansión del libre comercio, las distintas internacionales partidarias promovían programas trasnacionales coordinados, muy distintos a las reuniones de derechas cuyo eslogan principal era la prioridad nacional.
El ascenso de las nuevas derechas, a la que Cas Mudde denomina “cuarta ola” radical, cambió las cosas. No solo por su creciente acceso al poder que en Europa la tienen como segunda y tercera fuerza política (en algunos países es la primera), y en América al frente de varios gobiernos; sino también por el interés de formar bloques internacionales suficientemente flexibles para difundir ideas y tácticas compartidas, aunque sin comprometer acuerdos coyunturales.
Los “foros” son hoy un espacio privilegiado para las nuevas generaciones políticas, claramente diferentes a las “Cumbres” que dan cita a máximas autoridades internacionales en ejercicio. En el mundo clásico el fórum correspondía al lugar al aire libre (una plaza pública) junto a la ciudad, donde se instalaba el mercado para comerciar, pero también servía para debatir temas comunes y realizar juicios. En el siglo XX pasó a ser sinónimo de conferencias de personas congregadas para tratar un asunto de interés, y en la era digital se adoptó para designar al sitio donde se intercambian mensajes. De esa tradición emergieron el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, en 1971, así como diversas reuniones de distintos colectivos de izquierdas y centro.
Para responder a la profunda transformación del sistema internacional que modificó las condiciones con que las izquierdas desplegaron su acción política durante el siglo XX, el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, junto con el Partido Comunista de Cuba convocaron al primer Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe, celebrado en la ciudad de São Paulo del 2 al 4 de julio de 1990, con 48 partidos y movimientos políticos provenientes de 14 países latinoamericanos y caribeños. Fue el origen del Foro de San Pablo, con la enseña de confrontar al neoliberalismo del orden monopolar.
Casi tres décadas después, en 2019 (cuando ya la “ola rosada” estaba retrocediendo), un grupo de personalidades políticas, sociales y académicas latinoamericanas y del sur de Europa se dieron cita en Puebla, México, para compartir una agenda progresista de desarrollo social e integración subregional y productiva para un mundo ya en transición.
Estos fueron los modelos (más dúctiles, menos dependientes de burocracias partidarias, con presencia de movimientos y líderes) que replicó VOX al liderar la Carta de Madrid en octubre de 2020. Se trata de un alegato opuesto a la influencia de las izquierdas (agrupadas bajo el rótulo de “comunismo” y movimientos “totalitarios”), acusadas de atentar contra los valores de la prosperidad personal y colectiva, así como las libertades individuales.
Simultáneamente, se pretendió unificar a movimientos conservadores y derechas del espacio luso-hispanohablante mediante el concepto de “Iberósfera” (una adaptación de la “anglósfera” de concertación estadounidense, australiana, canadiense, neozelandesa y del Reino Unido), que enfatiza un área cultural de primacía. Esta perspectiva homogeneizadora latinoamericana colisiona con uno de los principios de los tradicionales partidos conservadores y nacionalistas: la defensa de la soberanía frente a la interferencia externa.
Adicionalmente, esta organización transnacional en expansión y con encuentros en Bogotá, Lima, Buenos Aires, Asunción y esta semana en Santiago de Chile, cuenta con el respaldo financiero de la Fundación Disenso, el think tank del partido Vox dirigido por Santiago Abascal.
El año pasado un estudio encabezado por Lisa Zanotti identificó los principales temas del foro: soberanía nacional y seguridad, oposición al socialismo, al globalismo y las ideologías de izquierda y la defensa de la libertad, derechos y libertades civiles. También se plantearon restricciones al pluralismo y los derechos de las minorías.
Estos encuentros han permitido conformar una identidad transnacional que supera las fronteras nacionales, por medio de definiciones comunes acerca de inmigración, delincuencia e identidad nacional presentadas ante el hartazgo ciudadano como “sentido común”. Pero el mismo concepto de cooperación transnacional plantea una paradoja, ya que implica coordinación internacional centralizada, chocando con las ideas nacionalistas. A la clásica tensión implícita entre nacionalismo y transnacionalismo, en esta versión cohabitarán la narrativa soberanista sobre espacios nacionales y protección fronteriza con la exigencia de alineamiento cerrado a una potentica.
Sin duda era una oportunidad para escuchar a Santiago Abascal referirse al rechazo de la administración Trump del español en Estados Unidos y a la doctrina “Donroe” que delimita esferas de influencias, con efectos adversos para la Iberósfera. Su presencia en el debate en el Congreso de Diputados de su país por la crisis de Ceuta lo impidió, pero sigue siendo una ocasión para atender los discursos de sus participantes respecto de la cuestión venezolana, antes motejada de dictadura (sin duda lo era como mínimo desde 2015) y como lo sigue siendo a ocho meses de la operación “Resolución Absoluta” sin perspectivas de cambio a corto plazo.
Finalmente, la visita del presidente Javier Milei a Chile para concurrir al Foro y reunirse con el presidente Kast será también una gran oportunidad para tratar un tema que preocupa a este lado de la cordillera: la soberanía nacional sobre el Estrecho de Magallanes.
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