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Grammy: Los viejos rockeros se imponen sobre las nuevas tendencias

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U2 al ganar los principales galardones musicales de la 48 versión de los Grammy, demostró que los viejos rockeros no están decadentes.


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El triunfo de U2 en la 48 edición de los Grammy demostró que los viejos rockeros nunca mueren, aunque a la hora de lucirse en la gala musical llamaron más la atención los cuerpos de las bellezas del rap, el hip hop o el pop.



La entrega de los principales galardones musicales en EEUU fue un «dejá-vu» en el que U2, los perennes favoritos de la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación, transformaron sus cinco candidaturas en cinco victorias.



Entre los premios figuran el de mejor canción del año, por «Sometimes You Can’t Make It On Your Own», y mejor álbum del año por «How To Dismantle An Atomic Bomb», además de otras tres victorias en la categoría de rock.



Su dominio llegó al escenario del polideportivo Staples de Los Angeles con el sello más típico del auténtico rock: todos los componentes de esta banda irlandesa estaban vestidos de negro de pies a cabeza y en el caso del líder del grupo, Bono, sin quitarse en ningún momento las gafas de sol.



«Más precioso que los premios es el regalo que nos han permitido, que nos han dado la oportunidad de seguir haciendo nuestra música», declararon desde el escenario.



La victoria de U2, que aumentó a 22 el número de premios Grammy ganados a lo largo de su carrera, no está libre de críticas.



«Con el desplante a Kanye West, los votantes demuestran su desconexión», atacó este jueves en titulares el diario «Los Angeles Times».



El ataque frontal está dirigido no tanto contra el grupo de rock, sino contra la habilidad de los 12 mil miembros de la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación de ir con los tiempos.



Sin poner en duda la calidad de U2, la crítica está furiosa de que por segundo año consecutivo la organización haya dejado de lado al principal fenómeno musical de lo que va de siglo XXI con su desplante al polémico rapero Kanye West.



«Su fuerza revolucionaria sigue la tradición de Sly Stone», añade el diario, que compara a West con el padre de la fusión musical de pop, rock y funk en 1968 a quien, por cierto, la Academia tampoco reconoció en su día.



Con ocho candidaturas a los Grammy, el autor de «Late Registration» tan sólo se llevó tres galardones, todos ellos en la categoría de «rap».



Se trata del segundo desplante consecutivo a West, quien el pasado año también se quedó sin los principales galardones pese a sus diez candidaturas.



Si la Academia no apostó por reconocer los avances musicales, tampoco se dejó llevar del sentimentalismo y dejó a la diva de ascendencia venezolana Mariah Carey sin su pronosticado triunfo.



La cantante, que ha conseguido recomponer su carrera y vender más de cinco millones de copias de su último álbum, «The Emancipation of Mimi», tan sólo obtuvo tres galardones de sus ocho candidaturas y todos ellos forman parte de la popular «pedrea» que se concede fuera de la ceremonia oficial.



Con un total de 108 premios a repartir, es difícil no llevarse alguno, aunque precisamente esto le pasó al legendario Paul McCartney.



Pero si el clásico color negro del rock se impuso en el escenario, un colorido mucho más vivaz dominó en la alfombra verde que conducía a la ceremonia.



Aunque se fue con las manos vacías, todas las miradas se las ganó una embarazadísima Gwen Stefan quien, vestida de tigresa, se ganó hasta el beso en la tripa de un Bono de rodillas delante de tal belleza.



La cantante de hip-hop y a veces actriz Beyoncé monopolizó la elegancia con un vestido ajustado de color ocre mientras que la intérprete de ascendencia cubana Christina Milian asombró no tanto por sus temas de «R&B», sino por la cantidad de carne que mostraba su vestido a tiras de Max Azaria.



En el caso de Alicia Keys, su ritmo alternó la audacia y la elegancia con un vestido negro que Giorgio Armani se diseñó especialmente, donde el mejor adorno era su pronunciado escote.



Un desfile de modas mucho más audaz que las elecciones musicales y del que se contagió hasta María Shriver, la esposa del gobernador de California y astro de cine Arnold Schwarzenegger, cuando llegó con un tatuaje temporal en el pecho en el que se podía leer «Inspi(red)».



EFE

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