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viernes, 16 de noviembre de 2018 Actualizado a las 18:23

En su libro de viajes describió a los norteamericanos como "animales"

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Los encontronazos de Dickens con Estados Unidos

por 15 febrero, 2012

BBC Mundo
Los encontronazos de Dickens con Estados Unidos
Cruzó el Atlántico y las cosas no eran como las imaginaba. Su disgusto desencadenó críticas, y éstas llevaron a una gruesa disputa entre el novelista y el país que lo había recibido como un héroe. Según él Washington era el hogar del: "desagradable engaño electoral, los manejos a escondidas de las autoridades; y los ataques cobardes a los adversarios, con periódicos difamatorios como escudos, y bolígrafos contratados para ser dagas".
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En su visita a Estados Unidos en 1842, el novelista inglés Charles Dickens fue recibido como una estrella de rock. Pero el viaje pronto se tornó agrio, asegura el reportero de la BBC Simon Watts.

En el día de San Valentín de 1842, Nueva York albergaba uno de los más grandes eventos que la ciudad había visto jamás, un baile en honor de Dickens.

El escritor tenía sólo 30 años, pero obras suyas como Oliver Twist y Los Papeles Póstumos del Club Pickwick ya lo habían convertido en el escritor más famoso del mundo.

La alta sociedad neoyorkina alquiló el recinto más grande la ciudad, el Park Theatre, y lo decoró con arreglos florales y pinturas en honor al ilustre visitante.

Había incluso un busto de Dickens colgando de uno de los balcones del teatro, con un águila que parecía planear sobre su cabeza.

Dickens y su mujer, Catherine, bailaron casi toda la noche en compañía de 3.000 invitados.

"Si llego vivir hasta ser viejo", dijo el novelista en una cena al día siguiente, "las escenas de esta y otras noches resplandecerán tan brillantes en mis opacos ojos como lo hacen ahora".

Pero una visita que había empezado tan bien, rápidamente cayó en una amarga disputa.

Fans entusiastas

Como comprometido reformista, Dickens quería usar su viaje para averiguar si la democracia estadounidense era una mejora sobra la clasista Inglaterra victoriana.

El novelista disfrutó particularmente de Boston, el primer puerto donde paró.

Sus anfitriones miraban con asombro como se adentraba con gusto en las calles nevadas, leyendo en voz alta los carteles de los negocios.

Pero, poco a poco, el entusiasmo de sus seguidores estadounidenses comenzó a desbordarlo.

Cuando el barco de Dickens hizo una parada en Cleveland, se despertó con la sorpresa de que un grupo de caballeros miraban fijamente a través de la ventana de la cabina mientras su mujer estaba acostada en la cama.

"Si salgo a la calle, soy seguido por una multitud", se quejó Dickens en una carta.

"No puedo beber un vaso de agua sin tener 100 personas mirando dentro de mi garganta cuando abro la boca para tragar", decía.

"Animales"

El novelista estaba particularmente irritado por los estadounidenses que intentaban hacer dinero gracias a su fama.

En Nueva York, la joyería Tiffany's había hecho copias del busto de Dickens y se decía que un barbero había intentado vender cabello del escritor.

También estaban los modales de los estadounidenses con los cuales Dickens estaba obligado a compartir comidas mientras viajaba por el país.

En su libro de viajes Dickens los describe como "animales" a la hora de cenar, que "arrancan los sacramentos sociales" y que sólo les queda "la mera satisfacción de las apetencias naturales".

Cuanto más se juntaba con ellos "más cuenta se daba de que los estadounidenses no eran lo suficientemente ingleses", explica el profesor Jerome Meckier, autor de Dickens: An Innocent Abroad.

"Empezó a encontrarlos autoritarios, presuntuosos, vulgares, insensibles y sobre todo codiciosos", explica.

"Saliva color tabaco"

Dickens había planeado estar una semana entera en Washington para ver si la alta política estadounidense colmaba sus grandes expectativas.

Visitó el Capitolio, se encontró con políticos y concurrió a la recepción matinal del Presidente John Tyler en la Casa Blanca.

Sin embargo, a esa altura Dickens estaba de tan mal humor que su recuerdo más duradero de la ciudad eran los escupitajos de tabaco que vio en las calles.

"Washington puede ser llamada el cuartel central de la saliva color tabaco", expresó Dickens en American Notes. "La cosa en sí misma es una exageración de asquerosidad, que no podía ser superada".

Sobre los políticos, Dickens concluyó que, como cualquiera en Estados Unidos, estaban motivados por el dinero, no por ideales.

"Estoy decepcionado", escribió en una famosa carta. "Esta no es la república que imaginaba".

Washington, según Dickens, era el hogar del: "desagradable engaño electoral, los manejos a escondidas de las autoridades; y los ataques cobardes a los adversarios, con periódicos difamatorios como escudos, y bolígrafos contratados para ser dagas".

Ediciones piratas

A esta altura de su viaje, los estadounidenses estaban tan disgustados con Dickens como él lo estaba con ellos. Y el asunto tiene hoy mucha actualidad: la propiedad intelectual.

En 1842, no había leyes internacionales de copyright. Entonces, los estadounidenses podían leer los trabajos de Dickens gratis en ediciones piratas.

Una vez que el autor vio qué tan popular era en los Estados Unidos, se dio cuenta de que virtualmente podía duplicar sus ingresos si sus seguidores en América del Norte empezaban a pagar por ello.

"Soy el más grande perdedor vivo por la legislación actual", se quejó en sus cartas. Y abordó el asunto con su audiencia estadounidense con el mayor tacto posible.

En cenas literarias, él argumentaba que la ley de derechos de autor ayudaría a escritores estadounidenses de la misma forma que lo había ayudado a él.

Pero la prensa fue contra él, acusándolo de mezclar placer con negocios.

"Estamos mortificados y apenados de que sea culpable de semejante falta de delicadeza", dijo el New York Courier and Enquirer, el periódico más popular de aquél entonces.

"La prensa entera de la Unión estaba predispuesta a ser su fuente de elogios, pero él hizo que aquellos que estaban reunidos para honrar su genio se fijen también en su bolsillo", se podía leer.

La visita de Dickens a Estados Unidos acabó con ambas partes acusándose mutuamente de ser vulgares y estar desesperadas por el dinero.

"Traidor"

A su regreso a Inglaterra, Dickens publicó dos libros sobre su visita a Estados Unidos.

Además del libro de viajes American Notes, satirizó al país cruelmente en una parte de Martin Chuzzlewit, su siguiente gran novela.

Para la prensa estadounidense, los libros eran una difamación del país. "Somos descritos como una raza mugrienta y glotona", se leía en un furioso artículo del Courier and Enquirer, que era editado por James Watson Webb.

"Los estadounidenses recibieron a Dickens en su país como un héroe", dice el profesor Meckier, "y luego había una sensación de que era un traidor".

"Luz plateada de sol"

Para algunos estudiosos de Dickens, su pelea con Estados Unidos marcó un cambio significativo en su obra.

"Dickens tuvo una experiencia traumática allí", explica Meckier. "Se volvió menos radical, menos optimista, y rebajó su visión de la naturaleza humana".

Dickens expresó su visión más oscura del mundo en novelas como David Copperfield y Casa Desolada.

Pero a pesar su disgusto con los estadounidenses, estos libros se vendieron tan bien allí como sus obras anteriores. Y fue la duradera popularidad en el país lo que eventualmente acabó con la disputa.

Hacia el final de su vida, Dickens empezó a gozar de mucha popularidad por protagonizar lecturas frente al público de obras como Un cuento de navidad.

Envió a alguien a evaluar si el público estadounidense reaccionaría tan bien como en Inglaterra. Después de recibir informes favorables, volvió a cruzar el Atlántico en 1867 y 1868.

Dickens no debía preocuparse sobre cómo sería recibido.

"Decir que la audiencia lo seguía con placer difícilmente expresa el interés con el que estaban pendientes de cada palabra", escribió el Boston Journal.

"No era Dickens, sino la creación de su genio, lo que parecía vivir y hablar ante los espectadores". Casi todos los críticos de Dickens en Estados Unidos se rindieron ante sus presentaciones, y la disputa terminó definitivamente.

"El segundo viaje de Dickens era necesario para despejar cada nube y cada duda", dijo el New York Tribune, "y para colocar su nombre con todo esplendor en la luz plateada del sol de la admiración estadounidense".

BBC Mundo

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