CULTURA
Crédito: gentileza de Martín Burgos
Presentan por primera vez en Chile el libro “El arte del exilio”
El libro del argentino Martín Burgos será lanzado este jueves en el Museo de la Memoria, en el marco del encuentro “Infancias vulneradas, memorias del exilio y del retorno” de Chile, Argentina y Uruguay.
Un ensayo autobiográfico sobre su exilio en Francia presentará este jueves en el Museo de la Memoria el economista argentino Martín Burgos.
Se trata de “El arte del exilio” (LOM, 2023), que será presentado por primera vez en Chile.
El lanzamiento será en el Museo de la Memoria, el jueves 8 de octubre, a las 17:40 horas, en el marco del encuentro “Infancias vulneradas, memorias del exilio y del retorno” de Chile, Argentina y Uruguay, que realiza del 8 al 10 de octubre la ONG Hijos del Exilio.
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– ¿Cuál es el origen de este libro?
– Este libro surgió en el 2019 después de la lectura de otro libro de otro hijo del exilio (“La caja Topper”, de Nicolás Gadano) que tuvo una trayectoria muy distinta porque él terminó siendo un militante de la derecha neoliberal acá en Argentina. Era un libro crítico como había visto ya varios en hijos del exilio, de desaparecidos, de militantes en distintas partes del mundo que escribían libros criticando a sus padres.
Estas cosas me molestaban bastante porque se instalaba una relato sobre los setenta desde la cuestión personal, el racconto desde el interior, desde la intimidad de una militancia que a veces, claro, puede llegar a afectar algunos aspectos familiares porque son objetivos que a veces pueden llegar a estar disociados.
– ¿Su experiencia fue diferente?
– Yo tuve una vivencia totalmente distinta y una lectura distinta de lo que pasó en los años 70 en Argentina, en América Latina en general y entonces quería contar un poquito esa perspectiva. A medida que fui escribiendo, pasé de esa reacción inicial a un texto que empezó a tomar vida propia y en verdad lo que terminó pasando es que terminó siendo una explicación de mi relación con Argentina.
Yo nací en el 76 en Argentina, me fui al año y medio a vivir a Francia donde las noticias que llegaban desde la Argentina eran muy pocas y entonces el libro es un poco como un niño imagina la patria nativa, cómo se la imagina y cómo construye ese ideal de patria con lo poco que podía llegar a decir los padres, con algunas noticias que llegaban como las guerras de las Malvinas del 82, con la poca información que llegaba hasta Francia como obviamente el Mundial 86.
Aparecían algunas cosas que me ayudaban a entender un poco esa patria que era tan lejana. Bueno, después ya avanzando un poquito, fui hilando otras cosas como mis primeros viajes a Argentina, el conocimiento de la familia ampliada, primos, abuelos, algo que obviamente en Francia no tenía. Así se fue armando el libro.
– ¿Qué época abarca este libro?
– Este libro arranca con la historia de mis padres, como ellos entran en la militancia, bastante corta, porque no es un libro sobre los años 70, sino más bien sobre lo que ocurrió ya en los 80, 90 y llega hasta el 2001.
El corte en 2001 fue toda una discusión porque yo vuelvo del exilio, vuelvo a vivir a Argentina en el 96, ya a los 20 años. Yo no conocía ni siquiera el himno argentino, por cómo me había hecho argentino, por fuera de las instituciones escolares. Tenía mi propia interpretación de lo que era ser argentino, pero no podía cerrar el libro ahi, porque la vuelta hubiese quedado incompleta.
Preferí cortar en el 2001 con todo lo que fue la crisis y toda la revuelta popular de esos años, que fue bastante particular, porque queda claro que los primeros años del 96 al 2001, uno trata de entender, de conocer esa patria. Pude hacer varios viajes y yo creo que eso también era parte de ese proceso de “desexilio” se podría decir. Eso lo quise incorporar también a estas páginas. Es un libro que se estructura cronológicamente: la primera parte hasta los 10 años. A los 10 años hago mi primer viaje a Argentina, entonces ya empieza a tener un poco más de carne, si se quiere, esta patria imaginada.
Y después bueno, un poco como mis padres son del norte de Argentina, de Tucumán y Catamarca, después hay toda una parte en que yo voy conociendo cada vez más la gran ciudad de Buenos Aires, que es donde terminamos viviendo cuando volvemos en el 96. Y bueno, efectivamente después de la vuelta un poquito son los viajes a la Patagonia, al norte para conocer un poco el país que conocía en fotos. Me acuerdo de una revista francesa dedicada al turismo donde hubo una edición especial sobre Argentina. Ahí pude conocer un poco más en fotos y después pude ver lo que era efectivamente.

Lyon, quai de Saone, circa1983. Gentileza de Martín Burgos.
– ¿Cómo definiría el impacto del exilio en la segunda generación, los hijos de los exiliados?
– Hubo muchas formas de vivirlo. Efectivamente, alguno podría decir que al ser un poco el exilio de nuestra generación, que éramos niños, un poco consecuencia de cuestiones que se nos escapaban, la decisión de nuestros padres de ser militantes, la represión que se desató en los años 70 en la región. Eso, bueno, a alguno le pudo haber parecido injusto en el sentido que ellos no asumen la decisión que tomaron sus padres y efectivamente puede haber traído algún cuestionamiento. Pero yo creo que en general, si uno lo mira más como una familia, como una comunidad, yo no puedo decir que haya sido alguien que haya malvivido su exilio.
A veces decimos el chiste que nos fuimos de vacaciones un largo tiempo. Hay algo de eso, pero tiene muchos impactos negativos:
no pudieron terminar sus estudios aquí, nos alejamos de la familia y los afectos. Hay familias que se quedaron en el exilio y en general gran parte empezaron a volver en Argentina en el 83. Durante los años 80 fueron volviendo a pesar de las condiciones económicas difíciles que dejaba la dictadura, a pesar de muchas cosas, fue más fuerte el lazo. Obviamente que te une estas tierras, mientras que otros fueron prolongando un poquito más hasta los 90 su vuelta y muy pocos volvieron un poco más adelante. 1996 es una fecha muy lejana como para venir y no hay tanta gente que haya vuelto tan tarde. Entonces, en un punto nosotros tenemos un proceso de retorno bastante particular.
Creo que depende también en qué momento vuelve uno. Está claro que hay gente que volvió en los años 80 y entonces vivió lo que fue la crisis de Alfonsín, lo que fue el auge del neoliberalismo y varios hijos del exilio abrazaron esas ideas y les pareció bien la concepción del “mercado” como una concepción positiva para el país, a pesar de la propia historia de sus padres. Y otros como nosotros, que vinimos ya cuando el neoliberalismo estaba haciendo estragos, y sacando conclusiones de esas consecuencias negativas.
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– En su caso, ¿como lo ha marcado haberse criado en el exilio?
– Haber sido criado en Francia tiene sus lados positivos y negativos, en el sentido que cuando llegás lo hacés como cualquier otro
inmigrante, vivis en los barrios populares junto a los inmigrantes magrebíes con muy poca formación. Y de a poquito, lo que le pasó a mis padres, por ejemplo, que ellos fueron escalando en las categorías socioprofesionales, fuimos mudándonos a barrios cada vez mejores.
Hay como toda una trayectoria ahí del inmigrante “modelo” que nosotros seguimos. Entonces, con mi hermano pudimos beneficiarnos de una buena trayectoria educativa. Me parece que eso fue algo que nos aportó y que fue importante para nosotros. Eso termina siendo algo importante cuando volvemos a Argentina, pero obviamente nos falta toda una parte que es todo lo que es la pregunta de que no sabemos la historia argentina.
Llegábamos acá, no conocíamos lo básico de la historia argentina, muy poco de los procesos reales de los años 70, lo que había pasado, salvo algunos relatos personales de mis padres. Entonces es todo un desafío en ese sentido. Y haberse criado en otro país es literalmente ser extranjero. Cuando llegamos acá en el 96, llegamos como cualquier inmigrante, como puede haber hoy por hoy rusos que vienen a Argentina porque lo vieron a Messi, bueno, un poco lo mismo nos pasó a nosotros viendo a Maradona. Cuando llegamos éramos de otro mundo, unos extraterrestres. Tuvimos que aprender un montón de cosas de nuevo y volver a adaptarnos.
– ¿Qué importancia tiene para usted presentar este libro en Chile?
– Cuando nosotros estábamos en Francia, naturalmente se fue dando una comunidad latinoamericana, porque obviamente había exiliados de Chile, de Uruguay, de Argentina. La represión que hubó en América Latina en ese momento fue generando una ola de exilio y nos reencontramos en otros lugares. Además de los amigos latinoamericanos que hicimos en Francia, el libro se terminó editando en la editorial chilena Lom, lo cual le da un matiz extraordinario.
El director de Lom (Paulo Slachevsky) también vivió en el exilio en Francia, yo creo que eso también nos permitió conectar con alguna historia personal y entonces, efectivamente, se pudo editar el libro ahí en Chile y se distribuyó también en Argentina, obviamente. Entonces, de esa forma, ese recorrido latinoamericano del exilio, cuando uno arma comunidad ahí en Francia, terminó redundando en una publicación que termina siendo latinoamericana, de los dos lados de la cordillera, y eso es un plus innegable. Venir a presentarlo en Santiago es algo que quedaba pendiente y que tenemos la posibilidad de hacerlo.
– Este libro se presenta en el marco de un encuentro de hijos del exilio de Chile, Uruguay y Argentina. ¿Qué importancia tiene, a su juicio, este tipo de encuentro?
– Para mí generar comunidad entre los hijos del exilio del Cono Sur termina siendo algo bastante natural en el sentido que son cosas compartidas. En el exilio hemos armado una comunidad latinoamericana, son vivencias que tenemos en conjunto y que obviamente es casi natural encontrarse y seguramente habrá mucho más de común entre un exiliado chileno y argentino en Francia que entre cualquier chileno y cualquier argentino.
Tenemos el conocimiento en común de una tercera cultura que nos acerca y que nos permite hacer más lazos. Esa triangulación al fin y al cabo es clave. En el exilio se van borrando esas diferencias, entre los hijos de los exilios sigo teniendo muchos lazos con muchos que han quedado en Francia, sean argentinos, uruguayos, chilenos. Me parece que es algo que perdura a pesar de los años.
Además me da gusto poder presentar el libro junto a otro libro que hicieron de la agrupación de hijos del exilio en Argentina que es “Sapos de otro pozo”, también un lindo título para una cartografía colectiva de las infancias en el exilio. Es un proyecto que se armó en paralelo a mi proyecto de libro más personal, pero que obviamente tiene puntos de conexión porque me parece que se empieza a conocer las historias de los hijos del exilio, que empiezan a salir un poco más.
Sobre todo se permite salir un poquito de ese lugar un poco incómodo que tenía el exilio en los años 80 para nuestros padres, donde siempre había esa discusión muy absurda vista a la distancia entre los que se exiliaron y los que habían desaparecido. Creo que está bien volver sobre estas cuestiones. Si bien el exilio en términos jurídicos podemos decir que termina cuando termina la dictadura militar que te obligó al exilio, en términos personales son cosas que siguen existiendo más allá de esas fechas: son vivencias, memorias, cicatrices, cuestiones felices, cuestiones más tristes, depende un poco de cómo lo puede llevar cada
una, cada uno. Esa multiplicidad de vivencias hace que el libro colectivo permite dar cuenta justamente de las múltiples dimensiones que puede llegar a tener un exilio y las múltiples formas de vivirlo.
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