CULTURA
Cultura: la agenda más pobre del Gobierno
Sin leyes para mostrar, excepto fiascos (Feria de Frankfurt, Bienal de Venecia, Bafona), el único hito es el Día de los Patrimonios. “El pecado de la soberbia se mezcló con el de la ignorancia y fue sazonado con demasiada ideología y el resultado ha sido entre malo y pésimo”, critica Pablo Dittborn.
Este sábado el Presidente Gabriel Boric realizará su tercera Cuenta Pública, pero hay un sector que parece tener escasas expectativas al respecto: el mundo de la cultura.
Boric ya está en la segunda mitad de su mandato y, más allá de citar ocasionalmente al poeta Enrique Lihn, su administración está muy lejos de haber colmado las expectativas que había en el sector cuando ganó la elección presidencial de diciembre de 2021.
Desde las “transformaciones democratizadoras en la institucionalidad actual” o un colegio artístico por cada región del país, por nombrar solo dos promesas de su programa de cultura durante la campaña, no es que quede poco o nada, aclaran desde el mundo cultural, el problema es que nunca se inició nada.
Decepción
Ya lo dice la Biblia (San Mateo 7, 16): “Por sus frutos los conoceréis”. Frutos que, en el caso de la cultura, el Gobierno no tiene para mostrar. Por eso hoy las críticas abundan.
“Teníamos muchas más expectativas, recordemos que las promesas del plan del Gobierno eran esperanzadoras, pero quizá los reiterados cambios en el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio revelaron las dificultades que hay para llevarlas a cabo”, admite Alex Chellew, presidente de la Asociación de Pintores y Escultores de Chile (APECH).
“Ha habido falta de innovación, de revisión de los programas tradicionales frente a nuevas realidades y una importante falta de gestión. El programa del Presidente Boric contemplaba un trabajo cercano con los distintos actores culturales de la sociedad civil, el que brilló por su ausencia. El pecado de la soberbia se mezcló con el de la ignorancia y fue sazonado con demasiada ideología, y el resultado ha sido entre malo y pésimo”, dispara por su parte el editor Pablo Dittborn, uno de los pesos pesados del mundo editorial nacional.
Boric apuntó a alcanzar al 1% del presupuesto en cultura, pero la cifra sigue estancada en el histórico 0,3%. La Ley del Patrimonio sigue parada en el Congreso, igual que el Estatuto del Trabajador Cultural, y la concursabilidad continúa penando como el principal mantra de financiamiento de los artistas. En suma: nada cambió.
Así las cosas, el Mandatario parece asomarse al mundo de la cultura solo cuando es el Día de los Patrimonios, como ocurrió el último fin de semana, síntoma de algo más profundo: en realidad, al Gobierno parece no importarle la cultura. Por algo el Ejecutivo demoró dos años en ingresar su primer proyecto de ley para el sector, apuntan los críticos.
“La ausencia del Estado en esta materia obedece a la poca importancia que se les otorga a las culturas como un elemento tan importante para transformar la realidad”, admite Isabel Gómez, presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Chile (SECH).
Tres ministros y los fiascos
La realidad habla por sí sola. El hecho de que en dos años haya habido tres ministros, tan distintos entre sí –sostienen observadores de la cultura–, significa que el Gobierno nunca tuvo un norte claro. Aquí el ejemplo resulta evidente. La primera ministra fue Julieta Brodsky, quien por años trabajó en el proyecto Trama, que tenía como objeto visualizar la precariedad de los trabajadores culturales. El acento entonces se pensó ahí: mejorar la realidad del trabajador cultural. No funcionó.
Luego, con la proximidad de los 50 años del golpe de Estado, se pensó en una conmemoración en grande, entonces se puso a un director de televisión, Jaime de Aguirre, a cargo del ministerio. No funcionó.
Después recurrieron a la receta conocida, la del rostro de TV para no hacer mucho ruido, y se llevó a la actriz Carolina Arredondo al cargo, quien hizo un trabajo impecable durante la campaña presidencial. Todavía está por verse si deja alguna huella o si será más de lo mismo.
Y entre todo ello abundaron los fiascos, como el rechazo a la Feria del Libro de Frankfurt, luego revertido parcialmente; la fallida gestión de la poeta Gladys González; la pérdida del pabellón original en la Bienal de Venecia; y las oportunidades desaprovechadas, como la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, que fue sazonada por polémicas innecesarias, como la renuncia del entonces coordinador Patricio Fernández Chadwick.
“Uno se pregunta si acá hubo inexperiencia o simplemente soberbia de algunos en creer que se podía refundar el trayecto del sector cultural en Chile”, dice el diputado Alejandro Bernales (PL), expresidente de la Comisión de Cultura de la Cámara Baja.
También están los conflictos pendientes, como la situación no resuelta del Ballet Folclórico Nacional (Bafona), que ya lleva más de un año y cuyos integrantes ni siquiera han sido recibidos por la actual ministra Arredondo.
Otro frente es de los sitios de memoria, que reclaman un financiamiento por ley que les evite tener que mendigar fondos a última hora, como denunciaron este año, cuando varios anunciaron su cierre por los recursos negados por el Ministerio de Hacienda en el marco de un programa del área.
“Creo que la crítica que se la hecho en términos generales al Gobierno también se puede aplicar a cultura: falta de experiencia y excesiva suficiencia. Lamentablemente, en cultura parece haber sido más grave que en los otros ministerios“, indica la directora del Observatorio de Políticas Culturales (OPC), Bárbara Negrón.
Esta es un área que se vio especialmente afectada luego de la pandemia y que “requiere un impulso a través de una mirada estratégica a largo plazo que no podemos seguir posponiendo”, señala el senador Sebastián Keitel, presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara Alta.
“Al debe”
Para el senador Keitel, “el desempeño del Gobierno ha estado al debe”.
“A más de dos años de administración, no se ha cumplido con las expectativas que generaron durante la campaña y, en algunos casos, incluso hemos retrocedido. Por lo mismo, creo que es importante volver a retomar la urgencia de responder a las necesidades del sector”, afirma el parlamentario.
Para muchos, el problema es que el Gobierno no sabe qué quiere hacer con la cultura.
“La principal falencia es no lograr instalar un horizonte estratégico”, sintetiza al respecto la gestora cultural Tehani Steiger, expresidenta de AdCultura.
Desconexión
Un ejemplo de la desconexión con el mundo cultural es la ausencia del Gobierno en lo relacionado con el reciente fallecimiento del pintor Guillermo Núñez, Premio Nacional de Artes Plásticas 2007, según una carta abierta en circulación.
“Hay y sigue habiendo en el medio artístico y cultural un enojo por la falta de presencia del Gobierno, como mínimo unas condolencias públicas del Presidente de la República por un Premio Nacional o al menos de la ministra de Cultura, que privilegió otras actividades más mediáticas”, señaló la carta iniciada por el reconocido pintor Alejandro “Mono” González.
“Cuando muere un artista nacional, un Premio Nacional, en este caso Guillermo Núñez, lo mínimo que debe hacer un Gobierno es hacer llegar condolencias públicas y la televisión chilena mencionar al menos unas palabras, pero le dedican a la cultura narco más minutos que a la verdadera cultura de todos los chilenos”, se queja el presidente de APECH.
La presidenta de la SECH habla de una falta de sintonía con las necesidades reales de la gente.
“El pueblo le otorga mucho sentido y valor a sus culturas, sus artistas y trabajadoras y trabajadores de las artes. Cada vez que se han abierto espacios ínfimos de participación, el pueblo se ha manifestado”, señala Isabel Gómez.
El problema del Mincap
Sin duda un factor clave es el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (Mincap), una cartera reciente, aún en proceso de rodaje, que para especialistas como Pablo Chiuminatto, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hace lo que puede a partir de un diseño estructural deficiente y poco flexible.
“Lo he dicho antes: hay que reformar el ministerio para que esté enfocado en un proyecto a largo plazo. No se trata solo de la gestión de un presupuesto anual. Es urgente fortalecer las instituciones que dependen de esa estructura y que desde ahí se asegure una bajada a los grupos de interés”, afirma.
Para el académico, actualmente esto es al revés: los grupos de interés (gremios, representaciones sindicales, entre otras entidades) están más cerca de los ejes de toma de decisiones que los propios servicios nacionales y entidades estatales dependientes de las subsecretarías.
“Es difícil imaginar que un Gobierno quiera detener esa máquina. Los funcionarios hacen lo que pueden, el sistema que los integra está mal diseñado y quien está liderando esos equipos está obligado por la estructura. Por eso es que, cada vez que entran en crisis, en vez de reformar el ministerio, buscan echar a la máxima autoridad. Es un síntoma”, asegura.
Sequía legislativa
A la hora de hablar de legados, hay poco que mostrar. Si el mundo del trabajo puede hablar de las 40 horas y la salud, con la ley corta de las isapres, cultura tiene poco y nada que mostrar. Al contrario.
De hecho, según un informe de abril del Observatorio de Políticas Culturales (OPC), de 86 proyectos de ley encontrados, un 55% no tuvo movimiento. Es más: el año pasado esta cifra llegó a 88%, la peor desde 2013.
En efecto, el primer año de Gobierno el Presidente Gabriel Boric no presentó ni una sola iniciativa.
“No es secreto que el ministerio demoró dos años en ingresar su primer proyecto de ley (Ley de Artesanía). Desde la comisión alertamos muchas veces sobre esta situación, lo que nos llevó a preferir trabajar en proyectos relacionados con el Ministerio Secretaría General de Gobierno y la ministra Vallejo, quien dio un excelente trato a la comisión, muy por el contrario a sus pares de Cultura en esa fecha. Hoy esa situación ha cambiado en la comisión y la ministra Arredondo ha cumplido con el ingreso de proyectos y ha marcado presencia con los diputados que integramos la comisión”, afirma el diputado Bernales.
Asimismo, según el mismo reporte del OPC, tras dos años de Gobierno, en total hay apenas tres nuevas leyes para cultura.
Primero, la legislación que asimila a las entidades que prestan servicios culturales a las sociedades de profesionales, permitiendo mantenerlas exentas del pago de IVA; y segundo, el convenio de coproducción cinematográfica y audiovisual entre Chile y España, ambos ingresados por el actual Ejecutivo.
La tercera ley aprobada incorpora al Pueblo Selknam entre las principales etnias indígenas reconocidas por el Estado. Se trata de una moción ingresada en 2019.
Asimismo, hay varios proyectos anunciados en el programa de gobierno de Apruebo Dignidad que aún no ingresan a tramitación. Algunos de ellos son la Ley de las Artes Visuales, la Ley de Archivos, la Ley para un nuevo Sistema de Financiamiento y del Estatuto para Trabajadores de la Cultura. Además, la nueva legislación para el Patrimonio continúa sin movimiento.
Causas
Las causas de la parálisis pueden ser múltiples, enmarcadas en el corrimiento de la agenda hacia la derecha tras la victoria del Rechazo en el plebiscito constitucional de 2022, y hoy dominada por la seguridad y la criminalización de la migración, la inexperiencia del Ejecutivo y la división del oficialismo en dos sectores: por un lado del PC y el Frente Amplio y, por otro, sectores ligados a la ex Concertación.
“Me parece que el propio Gobierno ha reconocido, no solo en cultura, que está en un proceso más bien de evaluación formativa. Desde que se creó el ministerio cada Gobierno es apuntado como el responsable absoluto de la cultura en Chile, y eso es parcial. La realidad de la cultura y las artes es compleja y son muchos los niveles en los que se manifiesta, además, según la región del país que integra a partir de un sistema nacional. En todos estos años, desde que era Consejo de la Cultura, se ha construido una institucionalidad a lo largo de Chile y eso es lo que hay que fortalecer. El tema de los fondos concursables no es todo”, señala el profesor Chiuminatto.
No es el único que apunta a la inexperiencia del Ejecutivo en la materia.
“Siento que había poco conocimiento del funcionamiento interno del Ministerio de las Culturas. También poca vinculación con las demandas internas del Mincap y ni hablar del abandono de la agenda legislativa que recién se está retomando”, comenta el diputado Bernales.
El futuro
En cuanto al futuro, algunos opinantes mantienen la esperanza. “Hay una pequeña oportunidad, muy pequeña, fundamentalmente por el escaso tiempo y por la poca decisión política de producir un cambio importante en el Ministerio de las Culturas”, sostiene el editor Dittborn.
“A mi juicio habría que orientar, preferentemente, las políticas y los recursos al mercado interno y, dentro de este mercado, también de forma prioritaria, a los actuales y futuros consumidores de cultura, por sobre las industrias culturales. El propósito debe ser que los ciudadanos disfruten más su vida por poder acceder a bienes culturales”, dice.
Para Chiuminatto es fundamental que puedan diseñarse lineamientos de largo plazo y que se logre un trabajo en común con los sistemas nacionales, dependientes de las subsecretarías, que integran esa orgánica compleja.
“Eso espero sinceramente, no creo necesario más inestabilidad después de los estragos de los años de pandemia y pospandemia”, subraya.
Finalmente, en el frente legislativo, hay algunas iniciativas que han logrado avanzar, como la que fortalece la publicidad en el Consejo de Monumentos Nacionales o la Ley de Artesanía, “pero proyectos como la nueva Ley de Patrimonio no se han promovido con la suficiente fuerza por diferencias al interior de la misma coalición”, advierte el senador Keitel.
“No obstante, tengo la convicción de que lograremos revertir esto, si nos ponemos a trabajar de manera coordinada con el Ejecutivo en sacar adelante los proyectos que se encuentran en la comisión desde hace mucho tiempo”, concluye.
En eso coincide con el diputado Bernales: “Tengo la expectativa de que se dará vuelta la mala impresión del primer tiempo del ministerio y que se dará cumplimiento a los compromisos realizados al mundo de las artes y las culturas. Se perdió tiempo valioso en avanzar en materia legislativa, como la Ley de Patrimonio, pero con la llegada de la ministra Arredondo podremos recuperar ese tiempo valioso”.
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