CULTURA
Créditos imagen: Joaquín Madrid
Las fotografías que nadie quiso y Vico Moreau convirtió en memoria colectiva
La artista inauguró su primera individual en Quintero con 26 acuarelas que rescatan imágenes anónimas para hablar del olvido. Se puede visitar hasta este domingo.
Hay fotografías que nadie quiso. Imágenes en blanco y negro que terminaron en ferias libres, desprendidas de sus dueños originales, sin nombre ni contexto. Victoria Moreau —Vico— las recoge, las observa y las pinta. El resultado son acuarelas que no buscan restituir una identidad perdida, sino ofrecer algo distinto: una forma de permanencia compartida.
Formas de recordar es la primera exposición individual de esta artista visual y reúne 26 obras realizadas a partir de ese archivo encontrado. Escenas de paseos familiares, viajes en tren, cumpleaños y fotos de curso que, lejos de pertenecer a alguien en particular, se convierten en espejos de una memoria colectiva. La muestra se inauguró el 4 de junio en Casa Estación de Quintero, con curatoría de Nathalie Goffard, y podrá visitarse hasta el 21 de junio.
Lo que atrae a Vico de estas imágenes es, precisamente, su condición anónima. “No busco pintar a esas personas en particular como si fuese un encargo; busco pintar ‘un alguien'”, explica. Me gusta imaginar las escenas que aparecen en las fotografías: qué habían estado haciendo antes de ese momento, qué música escuchaban, si eran hermanos, amigos o una pareja. Al perder la imagen su contexto original, aparecen muchas más posibilidades narrativas.”
Ese desprendimiento del contexto no es una pérdida, sino una apertura. La curadora Nathalie Goffard identificó en el proceso de Vico un tránsito relevante: desde una aproximación más documental hacia una que abre posibilidades y escenarios posibles. No se trata de registrar, sino de imaginar desde el presente, entendiendo que cada vez que recordamos también reinterpretamos y reescribimos.
Suspender el olvido
Muchas de las fotografías que Vico utiliza fueron descartadas o abandonadas. Ya nadie las quiso, ya nadie las atesoró. En ese gesto de volver a mirarlas y darles un nuevo lugar, la artista dice dialogar con la idea de la “segunda muerte” que planteaba el artista Christian Boltanski: la que ocurre cuando ya no queda nadie que pueda reconocer a quienes aparecen en una fotografía.
“Mi trabajo intenta, de alguna manera, suspender momentáneamente ese olvido, y reconocernos en la historia de nuestro entorno”, señala. “Al pintarlas no intento devolverles su identidad específica, sino ofrecerles otra forma de permanencia. Me interesa que esas escenas se transformen en experiencias compartidas.”
La memoria, sin embargo, no es un archivo fiel, y eso también está en el centro de la propuesta. “Nunca recordamos exactamente los hechos tal como ocurrieron. La memoria es caprichosa, omite, transforma y completa los vacíos a su pinta. En ese sentido, recordar tiene mucho de imaginación”, dice Vico. Por eso no le interesa reproducir fielmente las fotografías de referencia, sino intervenirlas desde el color, la composición o la fragmentación: acercarse a la experiencia del recuerdo más que al documento. “La pintura me permite alejarme del registro documental y acercarme a algo inestable, cambiante y profundamente subjetivo”, agrega.
La exposición propone distintas maneras de recordar: de forma difusa, fragmentada o intensificada por el color. En ese sentido, la memoria aparece no tanto como un registro fiel del pasado sino como un proceso inestable y frágil, siempre en construcción.

Créditos: Joaquín Madrid
La acuarela como lenguaje inestable
La acuarela, técnica central de la muestra, no es una elección casual. Vico la describe como una especie de trabajo en equipo: “Yo propongo algo, observo cómo responde el material y, a partir de eso, tomo nuevas decisiones.” Esa imprevisibilidad —la del agua, la del pigmento que se expande por el papel— dialoga directamente con la inestabilidad de la memoria. Ambas están hechas de capas, superposiciones, algunos recuerdos más nítidos y otros más borrosos.
Al mismo tiempo, la exposición tensiona las ideas preconcebidas sobre la técnica. Históricamente la acuarela ha sido percibida como menor o conservadora dentro del campo artístico, asociada a formatos pequeños. En Formas de recordar, Vico despliega distintos tamaños y escalas, expandiendo sus posibilidades formales y narrativas. “Busco utilizarla como una herramienta contemporánea y válida para observar nuestro mundo”, señala. Para ella, esta primera muestra individual marca también un punto de inflexión como pintora: “Es la primera vez que mi trabajo se presenta de manera autónoma y articulada, y me permite mostrar la versatilidad de la acuarela como lenguaje contemporáneo.”
La microhistoria también es memoria
Las fotografías que Vico rescata retratan momentos aparentemente simples: paseos a la playa, cumpleaños, fotos de curso, viajes familiares. Escenas cotidianas que, sin embargo, tienen una enorme capacidad de generar identificación. “Históricamente las fotos domésticas solían reservarse para ocasiones especiales, eran recursos limitados, no como ahora que tenemos cientos de fotos en nuestros teléfonos. Creo que por ello estos registros hablan de formas colectivas de relacionarnos y construir memoria”, reflexiona.
Desde ahí, Vico abre una pregunta más amplia sobre qué memorias merecen ser preservadas. “En Chile existe una preocupación necesaria y urgente por la memoria política y por las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura cívico-militar; aún hay mucho por reparar. Sin embargo, también me pregunto qué lugar ocupan las otras memorias: las de la vida diaria, los afectos, los encuentros familiares y las pequeñas experiencias compartidas”, reflexiona. No se trata de una dicotomía, sino de un complemento: ambas son pilares fundamentales para construir identidad y proyectar un futuro colectivo.
“La ternura es necesaria”, dice Vico. Y ocurre, justamente, al descubrir elementos de la propia historia en la fotografía de un completo desconocido. Si alguien dice “mi abuela tenía una foto así” o “nosotros también veníamos en tren a la playa”, para ella el trabajo se completa. La exposición invita a eso: a reconocerse en escenas comunes y a activar recuerdos propios, recordando que la memoria colectiva también se construye desde lo pequeño y lo íntimo.
Formas de recordar se podrá visitar hasta el 21 de junio en Casa Estación de Quintero (Av. Latorre 85).

Créditos: Joaquín Madrid
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