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Óscar Martínez y el ascenso de Bukele: “Tiene que haber una autocrítica inclemente de la izquierda” CULTURA

Óscar Martínez y el ascenso de Bukele: “Tiene que haber una autocrítica inclemente de la izquierda”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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El periodista salvadoreño estuvo en Chile para presentar su libro “Bukele, el rey desnudo”, donde mediante un prólogo y seis textos breves describe al presidente que, en sus palabras, acabó con el Estado de derecho.


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Al final, el periodista Óscar Martínez (El Salvador, 1983) se exilió, después de años escribiendo en el sitio El Faro sobre el poder autocrático del presidente Nayib Bukele, sobre su vínculo con las pandillas, la corrupción y graves violaciones a los derechos humanos.

Bukele (El Salvador, 1981) fue elegido en 2019 y a pesar de que la Constitución prohibía expresamente la reelección, asumió un nuevo mandato en 2024. Este mes su partido Nuevas Ideas (NI) lo designó candidato para buscar un tercer mandato de seis años en las elecciones de febrero próximo.

El escenario es El Salvador, el país más pequeño de Centroamérica, un poco más grande que la Región de los Ríos, pero casi con la cantidad de habitantes de Santiago de Chile. Un país con una historia de revoluciones y dictaduras sangrientas que recuperó la democracia recién en 1992 y adoptó el dólar en 2001 para acabar con la inflación. Que según el Banco Mundial en 2015 tuvo 106 homicidios por cada 100 mil habitantes y en 2023 cayó a 8 (Chile registró 6 ese mismo año), una de las razones de la popularidad de Bukele no sólo en su país, sino en todo el mundo.

Martínez ha estado de gira, y también en Chile, con su libro “Bukele, el rey desnudo” (Anagrama, 2026), donde mediante un prólogo y seis textos breves describe el “fenómeno Bukele”.

Un fenómeno que, a su juicio, es producto de un fracaso colectivo de líderes de la izquierda del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como la derecha de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) por igual que, tras el fin de la guerra civil de El Salvador (1980-1992), fueron corruptos por igual. Una guerra civil donde el enfrentamiento entre el Estado con una guerrilla terminó en un “empate técnico” y unos Acuerdos de Paz que no lograron consolidar la democracia como herramienta para lograr un país en paz. Y así llegó Bukele.

Paz sin justicia

“La primera es que los acuerdos de paz no fueron acuerdos integrales, es decir, fueron acuerdos políticos de los comandantes de la guerra, de los dueños del país y de los comandantes de la guerra. Y los acuerdos se basaron en esos acuerdos políticos: cómo meto al Ejército los cuarteles, cómo convierto a la izquierda guerrillera en un partido político, cómo creo instituciones como la Policía Nacional Civil, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, cómo despartidizo ciertas instituciones, acuerdos políticos de sobrevivencia de infraestructura democrática”.

El problema es que “no fueron acuerdos sociales ni económicos, no hubo redistribución de la riqueza. La gente pobre siguió siendo cada vez más pobre. No hubo un pacto social de reconstrucción del tejido. La gente que se mataba se seguía odiando. Se mataron durante 12 años. No hubo reparación para muchas víctimas, no hubo planes de apoyo para muchos excombatientes. Entonces El Salvador empezó su paz siendo una paz muy violenta”.

“La gente que había agarrado un fusil durante años entendió que no debía dejarlo. Mucha gente enterró sus armas en El Salvador. Se depusó algunas armas, pero mucha gente que no estaba convencida enterró sus armas individual o colectivamente, un grupo de cinco, de 10, de 15 guerrilleros que decían, ‘no me la creo, viejo’. Y entonces el país quedó muy armado y muy desesperado”.

En esa reconstrucción política “se olvidaron mucho de la gente y entonces mucha gente que eran militares, que eran guerrilleros, empezaron a armar bandas de asaltos. Asaltaban camiones en las carreteras, asaltaban lo que fuera, empezaron a secuestrar a empresarios pudientes para cobrar rescates. Por eso se tuvo que crear, con financiamiento de los grandes empresarios, la unidad antisecuestro, pero al mismo tiempo no hubo una repartición económica”.

Además, “el país pasó a ser un país mucho más caro porque en teoría se estaba reconstruyendo. No hubo una repartición equitativa de las tierras, no hubo una reforma agraria potente, no pasó gran cosa en términos económicos. Le dieron una casita alguno y en un programa de de vivienda para combatientes, algunos les dieron casa y tal, pero hasta ahí llegó. Vos podés decretar el fin de una guerra, pero no puedes decretar una paz, esa se construye con el tiempo”.

Llegada de pandillas

El segundo problema, para Martínez, fue el tema de las pandillas: niños y jóvenes que migraron a Estados Unidos para huir de la guerra civil, y que Estados Unidos deportó de regreso tras el fin de la misma, con un agregado: durante su vida en el país norteamericano se habían convertido en pandilleros. Algo que Martínez abordó en su libro “El niño de Hollywood” (2024).

“En esos años donde estábamos tan distraídos viendo cómo reconstruir un país, los gringos nos hicieron una de las inyecciones más letales. Muchos de los migrantes de la guerra se habían ido California huyendo de la de los reclutamientos forzados, principalmente del Ejército. Cuando llegan allá, en lugar de encontrar un lugar de paz, que es lo que buscaban, encuentran el guetto de pandillas más grande del mundo: pandillas latinas, supremacistas blancos, asiáticos, negros. Y ninguna aceptaba a los nuevos llegados, la nueva migración. Entonces, crearon la Mara Salvatrucha, un grupo de muchachos roqueros con pelo largo que la formaron para defenderse. Muchos de esos muchachos venían de pelear en la montaña con un fusil Fal, no eran niños que andaban con una pistola 38. A sus años ya habían matado en la montaña. Entonces, la MS se hizo la pandilla más violenta del sur de California en poco tiempo. Y cuando Estados Unidos lo detecta deporta a 4.000 pandilleros”.

El fracaso de los políticos y la llegada de las pandillas formaron entonces un cóctel explosivo.

“La gente empezó a madurar una decepción esperando una paz y una democracia que nunca llegaba. Hubo una promesa que no se materializó”.

Para Martínez, sin duda, en términos políticos El Salvador entonces estaba mejor que ahora.

“En términos de administración, por ejemplo, había más había contrapesos, aunque no fueran los más sanos, pero la Asamblea estaba repartida. La Asamblea era un órgano con el que negociaban, no al que le mandaban lo que hacer. La Corte de Cuentas era corrupta, pero estaba repartida y a veces hacía un juicio de cuentas real a un político. La Sala de lo Constitucional llegó a ser muy buena en algún momento, llegó a tener magistrados independientes que hacían su evaluación independiente de si violabas o no la Constitución. El Tribunal Supremo Electoral que estaban los partidos metidos ahí, pero pero al menos había había varios partidos metidos, es decir, nadie lo controlaba todo. Había que negociar, había que llegar a consensos, había esa esperanza de que llegando a consensos mejorara la democracia”.

Sin embargo, “afuera” de esos círculos la realidad era otra: mucha gente vivía en guettos gobernados por pandillas, que extorsionaban, violaban y asesinaban, y eran un Estado paralelo. Una crónica de 2011 de El Faro lo ilustra bien: se llama Yo violada.

“Durante un año, un reportero sigió a una muchacha que para entender cómo era la el mandato de las pandillas. A esa muchacha le dijeron que iba a ser el regalo de cumpleaños de un pandillero. Le dijeron, “bañate, acicalate y llegá que te vamos a violar.” Eso hizo ella. Se levantó, se bañó, se peinó y fue a que la violaran. No tenía otro opción, no tenía quién decirle eso. Así era el control de las pandillas. Si te querían violar, vos tenías que caminar a tu violación”.

¿Y por qué el gobierno toleraba esa situación?

“Por desidia, porque no le interesaba, porque lucraba o porque no podía enfrentarlo. Yo creo que inicialmente porque no se enteraron. Inicialmente no le dieron importancia. Eran unos muchachos deportados que no les parecían graves. Veníamos de una guerra y que algo te pareciera grave era difícil, una guerra que en niveles de crueldad y de violencia militar superó a las torturas inflingidas en Argentina y en Chile. Aquello era sistemático y masivo”, responde.

“Esos muchachos empezaron a entrar a las cárceles arrastrados por delitos menores y en las cárceles empezaron a ser parias porque representaban una cultura criminal que no era respetada, pantalones tumbados, tatuajes, esa cultura californiana aquí en ese Salvador parecía de pocos hombres rudos. Y les fue muy mal. Los violaban hasta que empezaron a llegar más y más y más y más. En el 99 se toman la primera cárcel. El 99 esel primer motín. Asesinan a los miembros de las otras bandas carcelarias y dicen, ‘bueno, ahora ya estamos aquí'”.

En el Estado “lo vieron tarde, no lo quisieron ver, porque no había una policía experta, porque la policía todavía estaba en disputa entre el poder entre derecha y izquierda de cómo controlamos a los comisionados, cómo nombro a mi guerrillero, cómo nombro a mi militar”.

Además “las autoridades durante muchos gobiernos llegaban ahí más por complicidad política que por capacidades técnicas. Entonces, a lo largo del tiempo hubo muchos inútiles en cargos donde no tenía que estar inútil. Y estos inútiles no entendían, no comprendían, no tenían la menor idea, no entendían de nuevas violencias ni las nuevas guerras. Ellos solo sabían de lo que había pasado y vivían en un pasado pétreo, siempre muy enfrascados en un combate político contra la derecha contra la izquierda, la izquierda contra la derecha, entre esos símbolos tratando de ganarle terreno al otro, no estaban concentrados realmente en arreglar los problemas del país. Estaban concentrados en mantenerse en el poder y eso no lo digo retóricamente, así era. No les importaba tanto arreglar las cosas, importaba más mantenerse en el poder”.

Eran “discusiones de la Guerra Fría que cada vez en el país tenían menos sentido y que sobre todo a la gente le importaba una mierda. Si vos te decías comunista o demócrata, socialista, nada, la gente no le importaba eso. Llegó un momento de desesperación, la miseria fue muy grande, la pobreza era muy grande y esas discusiones ideológicas que nunca llegaron a la gente, empezaron a constituir categorías que a la gente solo le parecían payasada”.

Surgimiento de Bukele

Es en ese caldo de cultivo que Bukele inició su carrera, justamente en el FMLN, como alcalde de un pequeño municipio capitalino llamado Nuevo Cuscatlán en 2012, que lo llevaría a la alcaldía de San Salvador en 2015.

Para ello fue clave su padre Armando Bukele, un exitoso empresario de publicidad que hizo muchas campañas políticas, pero además tenía “concesionarias de las motos Yamaha, un montón de negocios, terrenos, finca”, pero que además se financió su propio programa de televisión, “Aclarando Conceptos”, “donde él hablaba de lo que él quería durante horas. Era él la cámara fija y él diciendo hablaba sobre la Biblia o si quería hablaba sobre la izquierda”.

En esa empresa de publicidad política entra Bukele a trabajar a los 18 años.

“Supongo que ahí aprendió las técnicas no solo de cómo vender, sino de cómo negociar internamente con políticos y un poco la infraestructura”. Y se metió en política, contra la opinión de su padre.

“Prácticamente compra la candidatura a una alcaldía menor. No es que pague a nadie. Lo que dice es: “yo me financio mi propia campaña” en el municipio donde él mismo residía.

“Es un municipio que, para serte honesto, pocos salvadoreños sabíamos que existía, aunque está muy cerca de la capital. Es una zona donde convive vive una pobreza rural muy grande en cafetales y tal y condominios para mega ricos como Bukele. Bukele vive en un condominio que se llama Los sueños, rodeado por militares y por guardias privados y donde no puedes entrar de ninguna forma, con canchas de paddel adentro y cosas así”.

Y fue en ese municipio de Nuevo Cuscatlán que “Bukele empieza a destacar porque empieza a dar muchas entrevistas, porque es un tipo elocuente, porque es un tipo que hablaba de una manera diferente a cómo hablaban los comandantes guerrilleros, que seguían tratando de hablar como Fidel Castro. Bukele cambia esa lógica y además aparece con un look completamente distinto, con unos trajes a la medida. Construye una imagen y llama mucho la atención, pero además sí tenía un mensaje en aquel momento muy fresco, si por fresco entendemos, distinto a los aires que soplan. Es decir, hablaba diferente, era más directo, se reía en cámara. Entonces, los canales le daban mucho espacio a un alcalde que no tenía ninguna trascendencia a nivel nacional
y también supongo, pero esta es una suposición, no tengo cómo demostrarlo, que como funciona El Salvador habrá comprado muchos espacios en televisión para aparecer”.

“En El Salvador funcionan opinadores prepago que van a los canales y eso sí está demostrado que funcionan. Entonces, supongo que él habrá invertido un poco en estar en la escena mediática todo el tiempo y logra que el FMLN lo voltee a ver con interés y que la población lo voltee a ver con interés. Empieza a aparecer en los índices de popularidad de los políticos salvadoreños, y eso hay que reconocérselo siendo un alcalde de un municipio completamente intrascendente, como uno de los políticos queridos”.

“Él lo logra por su cuenta, con su inteligencia y con sus recursos. Pero en ese año, en el 2012, cuando él entra a política, ocurre otro hito en la carrera de Bukele: el FMLN en el gobierno desde 2009 hace un pacto con las pandillas. ¿Por qué? Porque pensaba que no podía reducir los homicidios de otra forma. Pacta beneficios carcelarios. Beneficios carcelarios que te dejaran, por ejemplo, coger con tu mujer. Había pandilleros que tenían 15 años de no tocar a una mujer o de no abrazar a sus hijos, o que te dejaran ilegalmente también que entraran prostitutas a las cárcel, que eso también pasó. Pero esos son pactos no oficiales”.

Uno pactos no oficiales que fueron divulgados por El Faro y el gobierno tuvo que admitir, aunque “se inventó que era un pacto entre la iglesia y las pandillas, y del gobierno era solo mediador. Es mentira. Era un pacto que nos lo contó el general que lo hizo on the récord. Luego lo regañaron. Ahora está preso”.

Y en ese marco, en medio del declive del gobierno del FMLN, llegan las elecciones de 2015, donde Bukele resultaría electo como alcalde de la capital y Salvador Sánchez Cerén, un viejo comandante guerrillero, como presidente.

“Y le pagan a las pandillas ya no como gobierno, sino como partido, un de millón de dólares para que muevan el voto a favor de ellos dos. Lo paga la derecha y la izquierda, solo que a la derecha la engañaron, recibieron un dinero y no los apoyaron. Hemos publicado videos de las negociaciones. Todo esto está sobredocumentado y logran el triunfo. Sánchez en gana. Bukele gana por 6000 votos en la capital. Yo he cubierto 10 años pandillos. Te garantizo que las pandillas te pueden dar 6.000 ó 20.000 votos en la capital con facilidad. Bukele gana la alcaldía de San Salvador como socio de asesinos”.

Sin embargo, “el FMLN al ver las encuestas y ver que la gente repudiaba todo aquello que sonara un pacto con los criminales, se deshace de ese pacto y nos conduce al año más violento de la posguerra del Salvador, 2015, con 106 homicidios por cada 100,000 habitantes. Pero Bukele es inteligente y huele que no va a terminar bien con el FML porque no le van a dar lo que realmente quiere, lo que siempre quiso desde que entró política, ser presidente de la República. Bukele sabe que el FMLN intuye que no le van a dar la candidatura. Todavía le está luchando la presidencia para el 2019. Evidentemente no se le iban a dar, pues el FMLN no dejaría que un muchacho pijo llegara a la candidatura presidencial. No es su naturaleza. Entonces, él fuerza su expulsión del FMLN y lo logra y el FMLN estúpidamente lo expulsa por tirarle una manzana a una concejal. Pero Bukele había mantenido el pacto con las pandillas, lo mantuvo, supo que era importante y que iba a ser importante. Y ese pacto lo utiliza en las elecciones de 2019. Yo creo que igual hubiera ganado en la por voto popular sin el apoyo de las pandillas. Va a ser un misterio para la historia qué tantos votos le dieron las pandillas en esa elección, porque Bukele barrió con todos los demás partidos, es decir, consiguió más votos que todos los demás juntos”.

¿Había gente en el país que tenía alguna idea o que avizoraba que preveía que se iba a convertir en lo que es hoy?

“Sí, hubo periodistas que siempre dijeron, ‘este tipo va hacia allá, este tipo es autoritario, no respeta las instituciones'”.

El fin de las pandillas

Martínez además cuenta que “una vez que él gana, lo que se vende al mundo es que él terminó con el tema de las pandillas”.

“Acabó con las pandillas tal como las conocíamos. No existen más esas grandes corporaciones criminales que durante al menos dos décadas y media nos asesinaron de una forma brutal. La pregunta es, ¿cómo y a qué costo? ¿Y cómo lo hizo?”.

Primero “pactó durante ocho años con ellas”, algo que El Faro reveló publicando entrevistas con líderes pandilleros y documentos internos del gobierno, pero que también se ha ventilado en juicios en Estados Unidos, cuyo Departamento de Estado incluso “sancionó a los dos funcionarios de Bukele que dirigieron los pactos”.

Sin embargo, hubo desavenencias. Y las pandillas reclamaron de la forma en que lo saben hacer: matando. En ese periodo Bukele “toleró dos masacres. Hubo una masacre de como 47 personas en un fin de semana. No sabemos por qué estaban protestando los criminales de esa manera tan brutal. Hubo otra de 51 en un solo fin de semana”.

“El punto es que Bukele al verse en tantos titulares, ya no como el salvador del país, sino como un país de una de las masacres más violentas en un solo fin de semana, del que tenga memoria. América Latina en toda este década, en todo este siglo, lo que va de siglo, Bukele decide, y en eso es muy determinado, a dar un giro de timón”. Y le “ordena” a la Asamblea aprobar “un régimen de excepción”, esto en 2022.

“Básicamente implica que los ciudadanos tengan menos derechos, mucho menos derechos y los policías y los militares más prerrogativas. Y ahí se acabó el estado derecho”.

Cárcel en El Salvador en 2020. Crédito: BBC

El infierno de las cárceles

El Faro estima que actualmente hay unas 120 mil personas presas en El Salvador, un 2% de la población, y la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, según Statista.

No todos son pandilleros. De hecho, hay muchas personas inocentes, capturadas por tener que cubrir un cupo o por la competencia de las delegaciones de quien encarcelaba más pandilleros. “Capturaron a quien fuera”, en palabras de Martínez. Muchos han muerto, incluso gente como Alejandro Muyshondt, ex asesor de seguridad nacional de Bukele, arrestado y muerto en 2023, como se narra en el libro de Martínez  Y muy pocos han salidos de las prisiones.

“Nosotros hemos entrevistado a 27 de los sobrevivientes. Te voy a poner ejemplo, en una cuadra del centro de San Salvador, donde está llena de vendedores ambulantes que venden tomates o chucherías o lo que sea, la pandilla no iba quitándole dinero a uno por uno. La pandilla tenía una ruleta. Le decía a una mujer, “señora Juana, usted va a recoger la extorsión esta semana”. El pandillero no se iba a exponer a andar. Y esa señora no estaba recogiendo la extorsión porque quería, estaba recogiendo porque si no le pegaban un tiro en la cabeza. Y a esa señora se la llevaron presa. Esa señora era víctima de las pandillas”.

En las cárceles muchos mueren porque “la tortura en las cárceles es sistemática”.

“Los custodios, los policías, los militares, todos han comprado el discurso de que la persona encarcelada es pandillero y él no ciudadano. Les pueden hacer lo que quieran, sea una señora de 60 años o un tipo tatuado en la cara, como los que Bukele le enseña al mundo. Adentro de las cárceles están quebrándole los huesos a todo el mundo. Estas son cárceles de tortura. Hace un par de meses un grupo de expertos de Naciones Unidas analizó la evidencia, la poca que hay, y dijo que había todos los indicios para creer que en las cárceles del Salvador se están cometiendo crímenes de lesa humanidad”.

“De ahí no salís o salís a morirte, como nos ha pasado con varia gente que hemos podido entrevistar, antes de que por las secuelas de lo que les pasó ahí, mueran, languidezcan una semana, y mueran”.

¿De qué depende su liberación?

“Depende, eso es bien confuso. Bukele sustituyó al 33% de los jueces e impuso algunos y así ha seguido. Ahora ya llevará más del 50%. Hay muchos jueces en el exilio, al juez que decide y que se hace pública su decisión contra los designios de la dictadura. Por ejemplo, los jueces que en los primeros meses del régimen liberaban a alguien porque le llevaban a 22 muchachos sin evidencia alguna, sin tatuaje ni antecedente. Y Bukele salía diciendo, qué terrible lo que acaba de hacer este juez, y ese juez terminaba o fuera de la magistratura o terminaba en un pueblo refundido en la frontera con Honduras”.

Esa discrecionalidad salió a la luz cuando uno de los muchos hermanos del presidente, Ibrahim, publicó en redes sociales en respuesta a un tweet de un periodista que “es mentira que no liberamos gente. La primera dama y yo somos parte de un comité que decide a quiénes liberar”.

“Es decir, ya es random la cosa. El hermano del presidente, del dictador, que no tiene ningún cargo político, y la primera dama, que anda inaugurando arbolitos de Navidad y cosas así, al parecer están decidiendo a quién liberar. Él dijo que estaban depurando unas listas. ¿Por qué ellos? No sé quizás si era si es verdad lo que dijo Ibrahim: porque les da la gana”.

¿Es decir, que Bukele se ha convertido como en una especie de Luis XIV?

“No hay un contrapeso en el país”: domina la Asamblea y también la Fiscalía, en palabras de Martínez: “todos los fiscales de la unidad antimafia que investigaban la enorme corrupción de Bukele durante la pandemia y sus pactos con pandillas, todos están en el exilio, salieron con nocturnidad antes de que los agarraran. Bukele sustituye al fiscal que lo investigaba y impone a este títere que existe hoy”.

En suma: “la sociedad crítica no tiene una posibilidad en ese país”.

El presidente Nayib Bukele. Crédito: Archivo

Exilio

Finalmente, le llegó el turno al propio Martínez, en 2025.

“Mira, era muy difícil. Es decir, a nosotros Bukele nos acusó en cadena nacional de lavado de dinero. Su director del organismo de inteligencia del Estado nos acusó de tráfico de personas y de ser parte de pandillas. Incluso llegó a inventarse casos de abuso sexual que en El Faro supuestamente habíamos cometido tumultuariamente”, relata.

“Nosotros teníamos seguimiento de los organismos de inteligencia del Estado todo el tiempo. Los policías rondaban nuestras casas todo el tiempo. Habíamos tenido que salir en varias ocasiones por amenazas. El Estado nos intervino con (el programa espía) Pegasus durante 17 meses a 22 miembros del periódico y lo publicamos: analizamos los teléfonos con (ayuda de) la Universidad de Toronto, todos estaban infectados”.

Después empezó otra etapa: “la etapa de perseguir a nuestras fuentes. Su obsesión era quién les habla a estos… Y esa etapa fue muy larga. Perdimos muchas fuentes. Tuvimos que renunciar a muchas fuentes para no exponerlas. El periodismo se hizo más caro, porque antes nos reuníamos en un café con alguien, y sespués de eso había que alquilar un Airbnb que tuviera parqueo subterráneo para que un carro entrara y después nosotros reunirnos. Entonces lo que antes te costaba dos cafés, luego empezó a costarte un Airbnb por noche, después empezó a ser fuera del país, ya la gente no nos quería hablar adentro. Te decían, ‘veámonos en Ciudad de Guatemala’. Entonces, ya te costaba un viaje en carro de seis horas. Y así fue”.

Las denuncias no sólo eran en el sitio, sino además comenzaron a multiplicarse en las redes sociales, uno de los terrenos favoritos de Bukele. Una entrevista de El Faro en Youtube logró dos millones de vistas en pocas semanas.

“Le inundamos el terreno suyo por excelencia, que es el terreno de la mentira, el de las redes sociales, donde él dice lo que le da la gana. Y no podía cambiar la narrativa”.

Una denuncia “desató el mes más violento de todo su dictadura, en mayo del año pasado. Encarceló a todo el mundo, mató a alguna gente que estaba encarcelada, capturó a Ruth López, la principal activista anticorrupción que sigue presa a día de hoy en un juicio secreto, decretó la Ley de Agentes Extranjeros, que es una ley para asfixiar económicamente a cualquier organización que reciba fondos de afuera del país, organización o individuo. Y a nosotros nos acusaron de diversos delitos”.

El 6 de junio de 2025, Martínez estaba con un grupo del periódico en San José de Costa Rica. Se disponía a regresar el día siguiente a El Savador, cuando un diplomático pidió hablar con ellos.

“Nos dice, ‘mañana van a ser capturados en el aeropuerto de San Salvador, ya hay un despliegue policial, no viajen’. Luego corroboramos la información, tuvimos incluso los planes de inteligencia policial. A mi hermano y a mí nos iban a implantar cocaína en las maletas. (…) Después de eso ya nos enteramos formalmente de que había siete expedientes en la Fiscalía, listos para capturarnos por agrupación ilícita, por considerar que al entrevistar a pandilleros nosotros nos convertimos en pandilleros y son pandilleros a los que el gobierno mismo liberó”.

Martínez alude a Charli, líder de una facción del Barrio 18, capturado semanas después de que el régimen iniciara y liberado después.

“Él fue uno de los principales socios de Bukele durante años. Supongo que Bukele pensó que liberándolo podía tener un socio para algo que necesitara en el futuro. El tipo nos contó toda la historia y bueno, desde ahí estamos fuera. México, en Guatemala, en otros países, la gente anda regada por el mundo”.

Imagen de El Salvador. Crédito: Getty Images

Bukele para rato

¿Hoy Martínez sabe cómo seguirá esta historia?

“Creo que Bukele va a seguir en el poder un buen tiempo. No tiene ganas de irse todavía. Ya dijo que quiere quedarse 10 años más. Ya está todo modificado, el Tribunal Supremo Electoral, las elecciones mismas, el sistema de conteo de votos, la oposición está aplastada por el yugo de la persecución. La prisión política es masiva en el país. Pero esto no lo digo yo. Hay un informe de Human Right Watch que documenta la prisión política, juicios secretos a todo el mundo. Ahorita mismo si Bukele no ganara o dejara de ser popular, si Bukele no ganara, no dejaría que otro gane”.

“Entonces, ¿qué creo que va a pasar? Que esto va a durar un rato más. Creo que Bukele, a pesar de que ha encarcelado a dos de cada 100 salvadoreños, aún no ha mostrado su lado más violento. Creo que cuando Bukele deje de ser popular, vamos a ver la verdadera violencia de un hombre que tiene todo el poder”, advierte.

“Ahora mismo, ¿por qué empezaría a palear a la gente si tanta gente aún le aplaude? Cuando esa gente deje de aplaudir y empiece a reclamar, van a ver de que están hechas las dictaduras. No lo digo con alegría, pero así va a ser esa gente. Va a volver a probar de qué están hechas las dictaduras, están hechas de garrote, se van a volver a dar cuenta y lo van a padecer en carne propia”.

¿Cómo se explica que siga siendo popular no sólo en su país, sino también en el resto del mundo?

“Ignorancia”.

Y dice que cuando un taxista en Bogotá o un peluquero dominicano en New Jersey le han dicho que les gusta Bukele es por un reel que han visto que no dura más de tres minutos.

“No lo digo con desprecio. Ignorás la mayor parte de la historia. Has visto un fragmento de propaganda, lo has comprado porque te ha gustado, porque queres ver a mucha gente presa y con eso has construido un idilio. Pero entonces sos una persona ideal para los dictadores y y los autoritarios propagandistas. Sos una persona fácil de seducir. Ves un video de 3 minutos y crees que sabés y vas por el mundo diciendo que sabés, pero no sabés, sos ignorante”.

Bukele visitó Argentina en 2024 y se reunió con su homólogo Javier Milei. Crédito: DW

Zeitgeist

Obviamente, Bukele es parte de un espíritu de época, “en el sentido de hay una de decepción con la democracia y surge esta persona”, desde Donald Trump a Keiko Fujimoii,  pasando porAbelardo de la Espriella y Javier Milei.

“Hay una lógica de gente que parezca fuerte y que desprecie los rasgos de la democracia, que diga que los contrapesos son una pérdida de tiempo. Sí, lo hay. Creo que también eso responde a que la democracia hay que repensarla, ¿no?”.

Martínez también advierte que si bien muchos  “dicen que van a replicar el modelo Bukele, parece que están hablando de un arquetipo, pero no hay arquetipo porque él ha ido dando tumbos por el mundo”.

“Escoge el Bitcoin, después renuncia y pide un préstamo al Fondo Monetario Internacional. El modelo Buukele tiene una sola regla: todo el poder un hombre. Esa es la única regla. Todo el poder, no medio, no el 90%, todo. Si te quiere preso hoy, hoy vas preso. Te quiere condenado mañana, mañana te condeno”.

Desafíos a la izquierda

En ese marco, ¿cuál es el desafío para los defensores de la democracia?

“Yo creo que lo primero que deberían de hacer es identificar todos el vasto conjunto de ineficiencias que el estado no le resolvía a la gente.Yo recuerdo cuando (Salvador) Allende decía, ‘el problema es que el Estado no le resuelve los problemas a la gente. Hay que cambiar el modelo'”, analiza.

“Primero identifiquen todo aquello en lo que la cagaron, porque y no solo los demócratas y los progresistas llevan años tribunando buenas ideas en cócteles y cuartos con aire acondicionadas, años teniendo los organismos internacionales que trabajan en nuestros países años teniendo que hacer 10 cócteles y 40 putas reuniones para tomar una decisión en las que se gastan más dinero en los cócteles que en la decisión”.

“Eso es por poner un ejemplo muy caricaturesco. Ha sido un progresismo en sus élites, que son las que controlan la plata del progresismo, demasiado fresa (cuico) y demasiado acomodada y demasiado inútil. ¡Imagínate qué tan malo habremos hecho que a la gente le repugna ahora escuchar sobre derechos humanos! No sólo le repugna, les parece naif, les parece estúpido, ‘¿de qué estás hablando? ¿De los derechos de los criminales? ¿De eso me estás hablando?'”.

“Hay una desconexión, indolencia y también una serie de discusiones dentro de la izquierda como si estuvieran en la Guerra Fría,
de que si vos sos comunista, y ya nadie le importa esa mierda, nadie le interesa”.

¿Y qué hacer con las redes sociales, uno de los campos dominados por la ultraderecha?

“Yo le recomendaría que aprendan de lo que hace Bukele, a quienes son políticos, aprendan y traten de generar un método para contravenir ese discurso con argumentos reales. sacando las lecciones que puedan sacar. Vengo ahora de ver a una gente en España que plantea eso, estudiemos a los famosos en redes sociales, no les copiemos el contenido, no les copiemos el alma de lo que dicen, pero sí copiémosle los mecanismos, en lugar de salir de nuevo marchando adelante con un himno como si fueran los años de la Unión Soviética. Podrían hacer algo más creativo y hay algunas izquierdas que lo están intentando, pero de momento ahorita mismo tiene que venir una autocrítica inclemente de la izquierda y del progresismo, y tiene que ser rápida porque tienen que hacer algo ya antes de que América Latina esté toda poblada de trumpcitos y bukelitos. No tienen dos años, no tienen un año, no pueden hacer asambleas como si fueran los años 70. Tienen que reconocer en qué la cagaron ya y tienen que hacer algo diferente”.

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