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Por una orientación más chilena del ahorro Opinión opinión

Por una orientación más chilena del ahorro

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François Meunier
Por : François Meunier Economista, Profesor de finanzas (ENSAE – Paris)
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Sí, le conviene al chileno tener una buena pensión, aunque para ello su ahorro se coloque en el extranjero. Pero también le conviene tener buenas empresas y buenos empleos mañana para sus hijos, y así asegurarles pensiones mejores y más sostenibles en el tiempo.


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Chile tiene la particularidad de ser un país de ingreso medio que genera un ahorro (obligatorio) considerable para las necesidades de sus jubilados. Y, a falta de oportunidades de inversión doméstica, algo más de la mitad de ese ahorro (56% a julio de 2026) está invertido en el extranjero. El grueso se destina a acciones de empresas extranjeras (36%), mientras que solo un 9% irriga a las empresas chilenas, es decir, cuatro veces menos.

Pues bien, la tendencia es creciente y probablemente incluso se acelerará, como lo indica el gráfico que sigue. En efecto, la reciente reforma previsional eleva la tasa de cotización del 10% del salario al 16,4% hacia fines de 2030, lo que implica un flujo neto de ahorro en los fondos que crecerá más o menos en la misma proporción, pasando así a cerca de US$ 12 mil millones al año.

Con un marco institucional inalterado, es seguro que las oportunidades de inversión para los fondos en Chile no seguirán ese ritmo. La proporción de activos colocados en el extranjero podría superar el 70%.

¿Qué hacer? No hay más que tres salidas

Uno, ampliar el número de empresas que cotizan en bolsa, pues los fondos de pensiones prefieren invertir en activos líquidos. De ahí el proyecto de reforma de los mercados financieros que impulsa, con razón, el Gobierno. Pero aquí el camino es largo. Es muy difícil hacer vivir un mercado accionario para pequeñas o medianas empresas. Y muchas empresas ya listadas o a listar están controladas por bloques accionarios mayoritarios (es el caso de las filiales cotizadas de los grandes grupos extranjeros), lo que deja un flotante escaso en el mercado.

Dos, ampliar fuertemente la proporción que los fondos de pensiones pueden invertir en activos no transados en bolsa, llamados “alternativos”. Esto puede referirse a infraestructura, autopistas, puertos, redes eléctricas, fondos de capital privado, etc. Propuse recientemente que los fondos pudieran invertir en Codelco, que enfrenta un peligro existencial si no invierte fuertemente en el corto plazo y que necesita para ello un aporte de capital importante. Esta podría ser, por lo demás, la vía hacia una eventual apertura bursátil.

Probablemente se necesitaría una ley para ello, pero que contaría con el respaldo de la población si se pone por delante la soberanía nacional y las necesidades del crecimiento. Quizás también habría que prever una garantía de liquidez de los fondos, asegurada por el Estado, si la proporción de lo no transado se volviera demasiado importante.

Hay la tercera vía, que cito con cautela por ser muy herética en el ambiente intelectual hoy dominante: ampliar el compromiso del Estado en el apoyo directo a la economía: ayuda pública a la I+D, al capital de riesgo, a sectores industriales como la energía, incentivos fiscales a la inversión en equipamiento de productividad, etc. Lo que antes se llamaba una “política industrial”, con reglas estrictas, algo cuyo monopolio no deberían tener China ni Estados Unidos, y que la Unión Europea empieza a redescubrir, ella que se ve relegada en la carrera por la innovación y el crecimiento.

Esto implicaría probablemente un mayor nivel de deuda pública, deuda que sería adquirida por los fondos de pensiones. El Estado se endeuda más y paga gastos financieros, pero son los chilenos quienes perciben los intereses. Muchos países, sobre todo en el pasado, financiaron así su crecimiento.

Se escuchan a menudo dos objeciones a la idea de reducir la proporción de activos extranjeros.

Objeción 1: Chile no está corto de financiamiento si así lo quiere, ya que los inversionistas extranjeros están a la espera, listos en la puerta. Basta con volver el país atractivo, fiscal y regulatoriamente (y, algo que a menudo se olvida, con una mano de obra bien formada). Dejo este punto importante para una próxima columna.

Objeción 2: es más rentable y menos riesgoso, en su conjunto, invertir en el extranjero que en Chile. La reducción iría entonces en contra del interés financiero de los actuales jubilados.

En primer lugar, las cifras muestran que la rentabilidad de la inversión extranjera directa en Chile es mayor que la rentabilidad de las inversiones de cartera chilena al exterior.

Enseguida, buena parte de la rentabilidad de las colocaciones en el extranjero se debe a la depreciación tendencial del peso frente a las demás grandes monedas. En el caso del dólar, esta fue, por ejemplo, de un 40% entre el fin de 2016 y sept. 2026 (de $667 a $931), es decir, un 3,5% anual. El simple deslizamiento de nuestra moneda aporta entonces cerca del 1,7% de rentabilidad (la mitad) a los fondos de pensiones. Incluso si ha jugado a favor de Chile en el pasado, el riesgo cambiario es importante. ¿En qué medida, además, el flujo de ahorro que sale al extranjero no contribuye, perversamente, a depreciar el peso y así justificar esa misma salida?

Por último, se necesita una visión dinámica de la rentabilidad. Sí, le conviene al chileno tener una buena pensión, aunque para ello su ahorro se coloque en el extranjero. Pero también le conviene tener buenas empresas y buenos empleos mañana para sus hijos, y así asegurarles pensiones mejores y más sostenibles en el tiempo. Las estrategias de rentista rara vez son las más prudentes.

Canalizar en mayor medida el ahorro de los chilenos hacia el desarrollo de Chile debe convertirse en un punto importante de la agenda política.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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