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Inédito: captan señal de radio que viene de un exoplaneta CULTURA|CIENCIA Crédito: DW

Inédito: captan señal de radio que viene de un exoplaneta

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Por : DW Emisora internacional de Alemania
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A 63 años luz de la Tierra, un gigante gaseoso ha dejado escapar el susurro que los astrónomos llevaban décadas esperando: la primera señal de radio atribuida directamente a un exoplaneta.


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Los exoplanetas llevan más de tres décadas resistiéndose a revelar sus secretos. Sabemos que existen desde principios de los noventa, pero escuchar sus señales ha sido otra historia. Durante todo este tiempo, los radiotelescopios han rastreado el cielo en busca de emisiones procedentes de esos mundos lejanos, sin conseguir distinguir la voz de un planeta de la de su estrella. Ese silencio, por fin, parece haberse roto.

Un equipo internacional, liderado por Kevin Ortiz Ceballos desde el Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian, ha presentado lo que describe como la primera detección de emisiones de radio atribuidas directamente a un exoplaneta. Se trata de Beta Pictoris b (β Pictoris b), un gigante gaseoso descubierto en 2008 y situado a poco más de 63 años luz de la Tierra.

Una señal de radio, no un mensaje alienígena

Antes de que cunda la emoción por un posible contacto extraterrestre, conviene aclarar lo obvio, y es que no lo es. La señal no tiene nada que ver con una civilización tratando de comunicarse, sino con auroras, el mismo fenómeno que ilumina los cielos polares de la Tierra y que también genera las célebres ráfagas de radio de Júpiter. 

En β Pictoris b ocurriría algo parecido, aunque bajo la influencia de un campo magnético extraordinariamente intenso. Este canalizaría partículas energéticas hacia las capas altas de la atmósfera, donde su interacción podría dar lugar a emisiones aurorales como las detectadas por los radiotelescopios.

El radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, captó las emisiones de radio del exoplaneta Beta Pictoris b durante cuatro sesiones de observación.Imagen: CSIRO/Xinhua/picture alliance

MeerKAT capta las radioauroras de otro mundo

El hallazgo se apoya en observaciones realizadas con el conjunto de radiotelescopios MeerKAT, en Sudáfrica, durante cuatro sesiones distintas entre 2025 y 2026. En ellas, los astrónomos captaron una emisión persistente, además de breves ráfagas que se repetían. Estas últimas presentaban una marcada polarización circular, una característica que apuntaba a su posible origen auroral.

Detrás de estas emisiones estaría la llamada inestabilidad del máser de ciclotrón de electrones (ECMI), un mecanismo que los astrónomos ya conocen por las radioauroras de planetas de nuestro Sistema Solar, como Júpiter.

Quedaba, sin embargo, el problema de siempre: ¿cómo saber si la señal nace en el planeta o en la estrella que lo alberga? La clave estuvo en los cuásares, objetos extremadamente lejanos que sirvieron a los investigadores como referencias para afinar sus mediciones.

Según explica Phys.org, gracias a ellos pudieron localizar las emisiones con suficiente precisión para identificar a β Pictoris b como su origen y descartar tanto a su estrella como al vecino planeta c, según detalla también ZME Science.

Pero identificar su procedencia era solo el principio: las ondas de radio también ofrecían una forma de medir la intensidad del campo magnético del planeta, como un auténtico magnetómetro a distancia.

¿Cómo medir el campo magnético de un planeta lejano?

En este tipo de emisiones aurorales, la frecuencia máxima de las ondas de radio está relacionada con la intensidad del campo magnético que las genera: cuanto mayor sea ese límite, más fuerte debe ser el campo. En β Pictoris b, los radiotelescopios registraron señales de hasta 3,5 gigahercios, el extremo superior del intervalo observado con MeerKAT.

A partir de estas señales, los investigadores calcularon que el campo magnético en la región donde se originan las emisiones alcanza al menos 1.250 gauss, una intensidad muy superior a la de Júpiter y unas 2.500 veces mayor que el valor aproximado de medio gauss registrado en la superficie terrestre. Se trata, además, de un valor mínimo: el campo podría ser todavía más intenso.

Según señalan los autores en su estudio disponible en arXiv, es la primera vez que se mide directamente la intensidad del campo magnético de un exoplaneta.

¿Por qué esta vez sí se detectaron las señales?

Los astrónomos llevaban años intentando captar estas emisiones, pero las búsquedas anteriores no habían dado resultados.

En 2022, una campaña con el Very Large Array terminó sin detecciones y, en 2024, otro intento centrado en el propio β Pictoris b tampoco encontró señales. Sin embargo, había una diferencia importante: mientras que este último estudio exploró frecuencias de entre 250 y 500 megahercios, las nuevas observaciones con MeerKAT abarcaron un intervalo más alto, de 0,85 a 3,5 gigahercios, según el estudio.

El planeta, además, reúne características que lo convierten en un objetivo especialmente interesante. Con una masa entre 10 y 12 veces superior a la de Júpiter y un campo magnético extraordinariamente intenso, completa una vuelta sobre sí mismo en apenas ocho o nueve horas. Esta rápida rotación podría contribuir a alimentar sus emisiones aurorales. A ello se suma su separación aparente respecto de la estrella, que permitió a los investigadores localizar con precisión el origen de las señales.

Según explica ZME Science, los investigadores también consideraron otras posibles fuentes de energía, como el viento estelar o la interacción con una hipotética luna, similar a la que existe entre Júpiter y su luna Ío. Sin embargo, los cálculos revelaron que ninguno de estos mecanismos, por sí solo, aportaría la energía suficiente para explicar la potencia de la señal.

Desde Carnarvon, Sudáfrica, las antenas de MeerKAT usaron cuásares lejanos como referencia para precisar el origen exacto de la señal.Imagen: Wang Lei/Xinhua/IMAGO

Una nueva ventana a los exoplanetas

El resultado, todavía sin revisión por pares, abre una nueva vía para estudiar el magnetismo de los exoplanetas, una propiedad que hasta ahora no se había conseguido medir directamente en estos mundos.

Conocer la fuerza magnética de estos mundos también puede aportar pistas sobre su posible habitabilidad. De ella depende, en parte, cómo responde la atmósfera de un planeta al viento de su estrella y hasta qué punto puede conservarse frente a sus efectos.

El equipo ya tiene la mirada puesta en otros siete gigantes repartidos en cinco sistemas cercanos, a la espera de que la próxima generación de radiotelescopios, entre cinco y siete veces más sensibles, pueda ponerlos al alcance de la misma técnica.

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