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Actor de “Hangar rojo”: “¿Cómo vamos a seguir adelante si no analizamos nuestros traumas?”

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista El Mostrador
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La película es sobre un militar opuesto al golpe de 1973. Él es interpretado por Nicolás Zárate, que retrata a un personaje lleno de dudas, en medio de una situación donde se mezclan fanáticos golpistas con funcionarios erráticos, temerosos y resignados. Se estrena el 15 de noviembre en Netflix.


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“Hamlet”, de William Shakespeare, fue el personaje que rondó por la cabeza del actor Nicolas Zárate durante la filmación de la película “Hangar rojo”, que se estrena el próximo 15 de noviembre en Netflix.

Zárate interpreta en la película el papel del capitán de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) Jorge Silva, quien se debate en cada momento sobre qué hacer en medio del golpe militar contra el gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende, y finalmente salva la vida a dos jóvenes detenidos con unos panfletos.

Muy lejos del maniqueísmo, la cinta revela los distintos grados de reacción de Silva y sus camaradas de armas en medio de la difícil situación: desde los más afiebrados partidarios del derrocamiento del mandatario socialista, pasando por aquellos que dudaban y los que finalmente se opusieron, como Silva.

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Zárate es actor del emblemático Teatro Ictus y ha recibido numerosos premios en festivales de todo el mundo por su actuación.

Su personaje es un militar rígido, contenido, que parece actuar sin convencimiento a lo largo de una jornada consistente en detener y torturar ciudadanos, en una cinta que fue elegida por la Academia de Cine para representar a Chile en los Premios Goya, que se entregan el próximo 28 de febrero.

Origen

El actor cuenta que llegó a la cinta luego de un productor le mandara el guión, porque estaban buscando a personajes para otro rol.

“Leí el guión y me encantó, quedé fascinado. Estaba muy bien escrito el viaje del personaje, la tensión que se generaba. La primera sensación que tuve era cómo esta olla a presión en algún momento va a explotar, pero no explota”, cuenta a El Mostrador.

El intérprete habló entonces con el productor y le preguntó su ya estaba cerrado el casting para el rol principal. Le respondió que  lo estaban viendo, y él le dijo que quería ser ese personaje, y si no, ninguno.

“Después me enteré con Juan Pablo, el director, que estuvo siete años buscando el protagonista, y que no lo encontraba. Fue bien mágico, porque en la noche de ese día me manda un audio el productor Juan Sabatini, diciéndome que el director estaba fascinado, que justo me había visto en una obra en el Teatro Ictus, en una obra que también hablaba un poco de la época, ‘La primavera con una esquina rota'”, recuerda.

Sallato le dijo que se juntaran y la conexión fue inmediata: “la verdad es que a los diez minutos nos estábamos abrazando, porque ambos teníamos el mismo punto de vista de la película, lo que él quería con la visión que yo tenía del rol, del guión en total. Compartimos muchos pensamientos políticos, estéticos, y eso fue bien mágico, y me dijo a los diez minutos, ‘eres tú’. No hice un casting”.

Crédito: Cedida

Disyuntiva moral

Al ser consultado sobre cuál era esa visión compartida, explica que se refiere a “entender una obra no solo desde lo que se ve, no solo desde lo que se lee en primera instancia, sino lo contundente que puede haber detrás de eso”.

“Es una película que narra un caso particular, súper humano. Es súper universal en ese sentido, porque es muy particular: la historia de alguien que está en una disyuntiva moral, ética”.

A ambos además les interesa cómo este filme “dialogaba con el presente actual, porque hablamos mucho de política actual en ese sentido con Juan Pablo, y nos dábamos cuenta que hablar en el fondo de una película, de una historia pasada, es también para poder comprender tu presente, para poder intentar construir un presente y pensar también el país de alguna manera”.

“En el fondo nos hizo mucho sentido cómo esta película dialoga con nuestro presente actual, que es súper violento, que los discursos fascistas vuelven a surgir, que vuelven a aparecer narrativas de odio y narrativas que se vuelven legítimas nuevamente. Hablamos mucho de eso, en el fondo no sabíamos qué iba a pasar con la película, no sabíamos si iba a tener este resultado, no pensábamos en el resultado, solo pensábamos como en lo que sentíamos necesario de hacer, y quedábamos muy de acuerdo que queríamos hacer cosas con sentido, películas u obras”, afirma.

“Él me contaba también la perspectiva, cómo se lo imaginaba estéticamente, y eso a mí también me hizo mucho sentido. Pero esto fue como las primeras intuiciones, y yo que me dejo llevar harto por esas primeras intuiciones. Cuando leo un guión, al final siempre vuelven a aparecer. Aparecen después de otro lugar, un poco más trabajado, más pensado, más ensayado, después de que uno hace ya el trabajo más técnico: estudiar el rol, estudiar las Fuerzas Armadas, etcétera. Pero esa primera intuición siempre se mantiene”.

El mundo militar

Zárate ya conocía los casos emblemáticos de los militares constitucionalistas, como los generales René Schneider (Ejército), Alberto Bachelet (FACh) y Carlos Prats (Ejército).

El primero fue asesinado por un comando de ultraderecha en 1970 por negarse a impedir la asunción de Allende; el segundo murió en la Cárcel Pública en marzo de 1974 por oponerse al golpe militar; y el tercero fue asesinado por la DINA, la policía política del dictador Augusto Pinochet, en septiembre de 1974 en Buenos Aires por las mismas razones.

“Sí sabía que antiguamente la milicia no estaba tan polarizada como hoy, que había militares de izquierda, había militares también apolíticos, y en el fondo el rollo era mantener lo que dice la Constitución: cuidar al pueblo, cuidar la patria, todo este lado súper honorífico que tienen las Fuerzas Armadas, que obviamente después de la dictadura se cortó y se polarizó ideológicamente. La milicia que tenemos ahora está cooptada por ese espacio ideológico más de derecha. Pero no tenía idea la cantidad de militares que fueron perseguidos, torturados, encerrados, exiliados por sus propios camaradas”.

También menciona “Disparen a la bandada” (2002), el libro de Fernando Villagrán en el cual está inspirado la película, y que cuenta su historial, la del capitán Silva y también otros numerosos suboficiales y oficiales de la FACh detenidos tras el golpe.

Zárate además ya había interpretado a un militar en “…Y de pronto el amanecer”, de Silvio Caiozzi, “pero estaba en las antípodas de este rol: era un militar sádico, violento, terrible, muy maquiavélico”.

En esta ocasión “yo tuve que obviamente estudiar, me entrevisté con un militar, también cuando hicimos la película ya teníamos instructores militares que nos ayudaban, eran argentinos. Un instructor nos explicaba cómo tomar un arma, todas esas cosas”.

“Eso uno lo tiene que saber muy bien para poder profundizar más en lo humano, para profundizar más en los roles, en las situaciones que te toca vivir, en las angustias, en este caso del rol que está en esta situación límite, una situación de duda, una disyuntiva ética súper fuerte: convertir la Escuela de Especialidades en un lugar de tortura y detención, o no, o resistirse a aquello”.

El actor se entrevistó con militares que también conocieron al capitán Silva, como al capitán Raúl Vergara, aunque a Silva no porque falleció dos meses antes que empezara el rodaje de la película.

“Estudié en base a una investigación bien exhaustiva, una entrevista súper larga que le hicieron a él, el guionista y el director. Trabajé con sus audios, con el libro ‘Disparen a la bandada’, por supuesto”.

Así conoció “esta manera de mirar la vida de los militares, que siguen siendo militares eternamente hasta la muerte. Creen mucho en la milicia. Vergara me decía: ‘yo soy milico y voy a morir milico’. Y creen en la institución. Están en desacuerdo con los milicos golpistas en este caso, (‘ellos cagaron nuestra institución’), pero siguen creyendo en la milicia como tal. Y ahí te das cuenta de dos cosas súper distintas”.

Crédito: Cedida

“Yo que vengo de familia de izquierda donde los milicos son malos, son parte del terror. Entonces esta película también me hizo ver a mí todos los grises que hay en las distintas instituciones, en las distintas personas. Eso fue súper revelador también para mí,  empezar a contar esta historia que es súper poco conocida y que también es necesaria de saber. Las cosas no son sólo blanco y negro. Dentro de la institución había militares que se opusieron al golpe y que fueron héroes en ese sentido, pero para nosotros la idea de la película no es retratarlos como héroes, sino que retratar, en este caso, a un capitán como alguien profundamente humano”, comenta.

Entonces, una de las labores principales para él como actor fue cómo lidiar con este carácter, “porque me hablaron mucho del carácter del capitán, que era un carácter bien parco, una persona bien seca, bien ruda”.

El desafío fue “cómo, dentro de eso, genero esa humanidad. Cómo, dentro de esta parquedad, como es con la mujer, cómo es cuando se hace amigo de Hernández, con este personaje del cabo, cómo empieza a filtrarse la humanidad en este lugar. Además tenemos que pensar cómo era ser militar en esa época, personas que quizás con el contacto con las emociones un poco más vedado. También la época: ‘los hombres no lloran’, imagínate eso siendo militar. Entonces, es súper interesante cómo generar pequeñas micro fracturas de esa cáscara para poder ir viendo esa humanidad que contiene”.

Porque claramente “El hangar rojo” no es una película maniquea, de buenos y malos.

“No, es que ya basta de eso. En la vida no es tan así la cosa. Hay momentos. Yo siempre he sido creyente que uno tiene que tomar siempre una posición, un punto de vista, pero justamente el rol del actor, que es lo que me toca a mí, sin duda como artista uno puede llegar y decir, ya, voy a representar esto y lo quiero representar, qué sé yo, con un punto de vista. Eso no quiere decir que uno no tenga un punto de vista, pero las cosas son más complejas. Más que haya buenos o malos, sino que la humanidad es así: uno, en distintas situaciones, en distintos contextos, cambia, cambia la manera. Y en general en los roles que me tocan hacer, que me han tocado hacer en cine también, de repente uno tiene que apelar a esa humanidad”.

Zárate recuerda cuando interpretó a un sicópata en “El Tila: fragmentos de un psicopata” (2015), de Alejandro Torres.

“¿Qué hubiera pasado si él hubiera nacido en una casa con plata y hubiera tenido las posibilidades de vivir su arte? Muchos psicólogos te pueden decir, no, iba a ser igual un psicópata, pero quizás su planteamiento con respecto al mundo hubiera sido distinto. Son hipótesis que uno plantea, pero esa hipótesis siempre tiene que estar en el mundo del actor. Uno tiene que, más que entender el rol, tratar de vivirlo, de hacerse parte de uno”.

“Por eso, cuando uno mira demasiado prejuicio un personaje, empieza a ocurrir esto: se cierra de sentido, entonces existe el bueno y el malo, entonces se representa el malo, entonces, más que vivir o representar lo que estás haciendo, estás mostrando el malo, y eso desde mi punto de vista no corresponde a lo que debería ser el arte de actuar”.

Hamlet

Al ser consultado sobre si hay alguna película o alguna actuación que lo haya inspirado para construir este personaje, Zárate no duda.

“Sí, trabajé con una obra que estuvo todo el rato presente en mí, cuando estábamos ya armando la película, cuando estábamos grabando, y en el estudio previo, estuvo todo el rato aquí en mí, como en el hipotálamo: estaba ‘Hamlet’, de Shakespeare”, responde.

“Trabajé mucho con una cosa intuitiva, porque si te fijas, Hamlet está toda la obra en un espacio de decisión. ¿Le hace caso a la jerarquía, que es el padre? ¿Qué mejor imagen de que el fantasma del padre va a hablar de la lealtad? En este caso, para el capitán Jorge Silva, la lealtad a la institución, que vendría a ser el padre. ¿Que le dice el padre? Que tiene que vengar a su muerte. Y  Hamlet está toda la obra en esa zona angustiosa, en esa zona límite que es: lo hago o no lo hago, ser o no ser. Está toda la obra en eso. Y en Shakespeare eso está dicho en los monólogos que tiene Hamlet”.

En su caso, en el caso de “Hangar rojo”, todos esos monólogos son internos.

“Entonces todos esos monólogos se juegan desde la interioridad, desde la profundidad del rol, pero estaba muy presente eso. Al final, en el caso de la película, que fue el caso real, no le hizo caso a la institución, no le hizo caso al padre y previno una tragedia. Después tuvo que él vivir su propia tragedia, pero previno una otra tragedia. Lo que yo siempre pienso en Hamlet es que si Hamlet no lo hubiera hecho caso al padre, se casa con Ophelia y se va feliz de la vida. Pero le hace caso al padre y termina todo trágico. Esa fue una obra que me inspiró, que me mantuvo ahí bien pendiente”.

El director Juan Pablo Sallato y el actor Nicolás Zárate. Crédito: EFE

La razón de los premios

La película se ha mostrado en varios festivales y Zárate se ha ganado varios premios por su interpretación. ¿A qué atribuye ese éxito?

“Yo lo atribuyo a la época, al momento álgido que estamos viviendo como sociedad, no solo en Chile, sino que a nivel global. Hay un síntoma social de violencia donde los discursos fascistas vuelven a adquirir relevancia y en todos lados”, responde.

“Nos pasó que en Berlín, en Alemania, en España, con la gente que hablábamos, nos dábamos cuenta de cómo dialogaba esta película con el presente que estamos viviendo. Hace mucho sentido hoy en día, porque esos discursos se están volviendo a poner sobre la mesa. Y esta película justo lo que hace es generar… se vuelve disruptiva en ese sentido”.

También porque propone que desde adentro también se pueden hacer cambios.

“Desde adentro también puedes tener el poder de no apretar el gatillo, el poder de poner una duda sobre lo que te está diciendo el sistema que hay que hacer. Estamos viviendo en una época donde hay un genocidio andando, donde estos discursos de poner un muro acá, una zanja… Nadie se cuestiona el hecho de la zanja, sino que se cuestiona cuánto va a costar la zanja”.

“Nadie pregunta, ‘oye, ¿es humano lo que estamos diciendo’, ¿está bien poner una zanja? Eso ya pasa a segundo plano. Nos empezamos a preocupar de cuánto va a costar o el muro o la zanja. Y eso a mí me parece profundamente violento”.

 

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En cuanto a la cinta en sí, Zárate destaca los planteamientos político y estético de la película.

“La dirección de foto es buenísima, el arte de la película es buenísimo, la actuación está súper bien, la dirección es buenísima, el mundo sonoro es genial, también ganó un premio el mundo sonoro. Todos los distintos departamentos se conjugaron para poder hacer una película bella. El montaje de la película también tuvo premios, con Sebastián Blanco y la Valeria Hernández, que también fue increíble eso porque el director propuso y promovió mucho algo que era probar cosas”.

“Nos permitió mucho la libertad de crear, de ser creadores. Entonces, yo creo que todos los departamentos de esta película se sienten muy creadores de la película también. Y esa es la genialidad que yo creo del director, de Juan Pablo Sallato, que permite que todos sintiéramos que estábamos creando algo, que estábamos haciendo una obra de arte. Y todos los departamentos trabajaron en ese sentido. Cuando filmamos la película en Mendoza, se generó mucho eso: vivíamos juntos, estábamos en un hotel, nos levantábamos, tomábamos desayuno, pensábamos en la película”, señala.

Fue “una película que se dialogó mucho, que se pensó mucho. Igual a veces uno hace esas cosas y no funciona. Yo creo que eso confluyó en la película que hicimos y que la ha ido tan bien. Nosotros también estamos impactados. Son 19 premios ganados. Súper difícil”.

Las sensibilidades que toca la cinta también quedaron patentes por el hecho de que la FACh no quiso facilitar sus instalaciones para la filmación, por lo cual la misma se debió trasladar a Mendoza.

Crédito: Cedida

“Hay dos Chiles, siempre he sentido eso. Después de la dictadura quedó fracturado el país. Hay una mitad que quiere recordar, que necesita, que sabe que hay que recordar para poder construir un mejor futuro. Y hay otro espacio, con una narrativa creada por la derecha, que es de dar vuelta a la página. Pero yo creo que tenemos que seguir pensando eso, tenemos que seguir hablando de estos temas, sobre todo hoy, porque, ¿cómo vamos a seguir adelante si no analizamos nuestros traumas?”, se pregunta.

“Es lo mismo que pasa a uno cuando uno tiene que hacer terapia: tienes que pensar en tu padre y tu madre, si no, no te vas a sanar. Entonces, un país que no ve sus traumas para atrás, es un país que no encuentra la sanación. Hay todavía gente que está buscando a sus desaparecidos. No podemos seguir adelante con tan poca empatía. Yo creo que es esencial tener empatía por el sufrimiento y para poder construirnos mejor. Y no tiene que ser como más violencia. No, es para construir un mejor futuro. Que podamos dialogar entre nosotros, que podamos pensar el país. Es un poco tratar de volver a creer en nosotros. Eso es lo que nos está faltando, volver a creer en que sí podemos construir una mejor sociedad”.

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