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Sobre la conveniencia de adherirse al A3C
Revisado todo el material disponible relativo al A3C se llega a la conclusión de que no es un acuerdo vinculante, que no implica ceder soberanía, no implica pasar a llevar leyes nacionales, no implica un mando único de los norteamericanos, ni tampoco implica enviar o recibir tropas de otros países.
Chile recientemente se incorporó al Escudo de las Americas y prontamente deberíamos hacerlo al acuerdo conocido como A3C (Americas Counter Cartel Coalition). La coalición americana contra los carteles tiene como objeto la neutralización o destrucción del crimen organizado transnacional que opera tanto en Norteamérica, como en el Centro y Suramérica. Estamos hablando de un problema complicado común a todos los países de la región, objetivo que por lo demás coincide con una de las prioridades del gobierno, la seguridad pública y el combate al crimen organizado.
La adhesión al Escudo de las Americas generó ruido en su minuto debido a que algunos estimaban que no sólo tenía como focos la seguridad, economía, coordinación multilateral y aspectos políticos, sino que podía implicar cesiones de soberanía, protección de intereses de los Estados Unidos de América por sobre los otros países adheridos, y limitaciones en materias de minerales críticos, inversiones tecnológicas estratégicas chinas en materias de procesamiento, almacenamiento y transmisión de datos como sería el caso del llamado “cable chino”. Al final, despejados los mitos y preocupaciones, y producto de nuestro interés principalmente en materias de seguridad pública, fuimos adelante y firmamos, no sin recibir profundas críticas que tienen más relación con el disgusto de muchos con las formas del presidente Trump, la forma en que se relaciona con las Américas y con el resto del mundo.
El martes 27 de octubre de 2026 se realizará en República Dominicana la próxima reunión del A3C. Eso fue lo acordado en la reunión a la que asistió en Panamá el ministro de Defensa Nacional Fernando Barros. Hasta ahora sólo se había firmado un acuerdo de intenciones. Para el 27 se supone que deberíamos confirmar nuestra incorporación o definir si vamos a quedarnos fuera, lo que no suena lógico considerando que el A3C tiene un sólo propósito, el derrotar al crimen organizado transnacional. De seguro, si le pregunta al Presidente Frei sobre esta materia, estará de acuerdo con incorporarse, tal como lo hizo respecto del Escudo de las Américas. Al A3C quizás le falla la estética, pero no es más que eso.
Revisado todo el material disponible relativo al A3C se llega a la conclusión de que no es un acuerdo vinculante, que no implica ceder soberanía, no implica pasar a llevar leyes nacionales, no implica un mando único de los norteamericanos, ni tampoco implica enviar o recibir tropas de otros países. En resumen, no tiene, en apariencia, aspectos negativos que observar.
Al parecer la percepción de ser un tema negativo viene de la reunión de Panamá y las posibles interpretaciones incorrectas del concepto denigrativo del “Patio Trasero”, algo que el secretario de Guerra de los Estados Unidos de América, el honorable Pete Hegseth, no indicó, ya que habló del “patio trasero compartido” “(common shared backyard), como también de que en esa reunión se les recomendara a los países aumentar su inversión en defensa a rangos del 2–3% del PIB.
Enreda que este esfuerzo el A3C esté siendo liderado por el Comando Conjunto Sur (Southcom), un comando militar regional que se reporta con la estructura central del sistema de defensa de los norteamericanos. Ellos manejan este tipo de iniciativas a través de los militares, más aún cuando los objetivos a abatir son declarados y clasificados como organizaciones narco-terroristas. No implica que el FBI, la DEA y otras organizaciones no participen; al contrario, lo hacen y muy activamente, pero la doctrina americana que declara a los carteles y organizaciones criminales transnacionales objetivos militares hace que sea lo militar lo que prima y lidera.
El que sea Southcom quien lidera enreda las cosas en países como Chile. El contacto natural de ese mando es el ministerio de Defensa Nacional. La única responsabilidad que tiene el Ministro de Defensa en materias de seguridad pública es disponibilizar tropas para los estados de excepción constitucional, la protección de infraestructura crítica o fronteriza, y la responsabilidad que pueda tener sobre la Directemar de la Armada de Chile, organización que es la autoridad marítima nacional y por ende responsable por la función de policía marítima. Las otras policías reportan al Ministerio de Seguridad y la persecución penal está en manos del Ministerio Publico, organización que también puede disponer de las policías. Nuestras fuerzas armadas no tienen nada que ver en el tema excepto en lo indicado anteriormente, lo que hace pensar que este tema no debiera ser de Defensa, sino del Ministerio de Seguridad Pública o, en su defecto, de la Cancillería, la responsable por el manejo de nuestras relaciones exteriores.
Tampoco ayuda al A3C el hecho de que se piensa que es lo mismo que la iniciativa conocida como “Lanza del Sur”, la responsable de eliminar narcolanchas en el Caribe y en las aguas del Pacifico centroamericano. No podría estar más alejado una de la otra, ya que la lanza es controlada y manejada sólo por Southcom, obedeciendo a intereses nacionales de los Estados Unidos.
Tampoco ayuda que sea un tema que no gusta a la oposición, en una realidad en que el ejecutivo tiene otras prioridades, no estando dispuesto a ir al sacrificio por algo en que ven aspectos positivos, como la ayuda en inteligencia y logística para el desarrollo de sus planes antinarcóticos y criminales, y cuando tiene su propio acuerdo de Santiago del 26 de mayo, que firmó junto al Perú, la Argentina, Bolivia y Ecuador, con la posterior incorporación de Paraguay y Uruguay, para actuar coordinadamente en materias de combate al crimen organizado transnacional, una iniciativa independiente, pero que se vería beneficiada por la ayuda que vendría de A3C.
Claramente este analista recomienda la incorporación de Chile al A3C, dejando muy claro -y aunque sea redundante con lo incluido en la documentación ya conocida- las necesidades de que la soberanía nacional e independencia de los mandos, así como que tampoco seremos forzados o obligados a realizar operaciones que van contra nuestra legislación, o que se nos vaya a solicitar concurrir con tropas al extranjero o recibir en territorio nacional.
Podemos entrenar a los que lo soliciten, podemos compartir inteligencia y medios logísticos, podemos coordinar las operaciones, pero no más que eso. De seguro, Southcom estará de acuerdo, porque no tener a Chile le da mala publicidad al acuerdo A3C. Chile es un país serio y respetado, al que se quiere adentro.
Finalmente, para el 27 de octubre deberemos indicar que vamos a hacer. Pedir más tiempo no aplica. La oferta es muy clara y provechosa para el interés nacional en materia de seguridad pública. Se entiende la mala publicidad que tiene por estos lados acuerdos como el Escudo de las Américas y el A3C, pero claramente un análisis racional indica lo ventajoso de incorporarse. No hacerlo es una mala decisión, irracional por decir lo menos, además de difícil de justificar ante la opinión pública. El único beneficiado de una no incorporación al A3C sería el narco criminal.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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