CULTURA
Créditos: Tengo Miedo torero
Otilio Castro, actor: “El teatro es entrega artística generosa, la televisión es más individualista”
MORI Recoleta recibe el reestreno de “Tengo miedo torero”, adaptación de la novela de Pedro Lemebel, dirigida por Claudia Pérez.
El regreso a los escenarios de la emblemática novela de Pedro Lemebel, Tengo miedo torero (2001), bajo la dirección de Claudia Pérez, se ha consolidado como un fenómeno de público que ya tiene varias funciones llenas en Teatro Mori Recoleta. Para el actor Otilio Castro, la vigencia de esta puesta en escena no es casualidad, sino el reflejo de una sociedad que reencuentra sus espejos en la historia.
“Estamos en un momento político que es muy parecido al momento que había cuando la obra se escribió y cuando se estrenó. Para mí es como volver a la esencia del teatro que yo empecé a hacer hace muchos años atrás, o sea, el estar en una escenografía corpórea tridimensional o cuatridimensional, digamos, de madera, metal, que se pueda mover, que se pueda tocar”, señala el destacado actor.
A diferencia de las producciones contemporáneas apoyadas en pantallas digitales, el montaje rescata el valor de la madera, el metal y las proyecciones rústicas sobre la misma estructura. Sobre el mensaje central de la obra, Castro enfatiza que trasciende el conflicto político para poner en el centro la afectividad humana.
“Es una obra que habla del amor, fundamentalmente del amor, aunque sea una obra que plantea un conflicto político, un conflicto también social de discriminación, pero entrega un mensaje de amor absolutamente positivo, sea de la tolerancia, de la aceptación de que vivamos con la gente de nuestro alrededor queriéndola y no pretendiéndola cambiar”, sostiene.
El teatro como “la madre”
Reconocido hace más de dos décadas por su versatilidad en actuación principalmente en televisión Otilio Castro reivindica el teatro como el espacio fundamental de formación de cualquier intérprete, definiéndolo como la verdadera prueba de fuego del oficio.
“El teatro es como la madre de todo, o sea, el actor que no hace teatro tiene muchas carencias. El teatro nos enfrenta con el público a diario, con la espontaneidad, con la posibilidad de equivocarte y de poder solucionar esta equivocación sobre la marcha”, explica.
Asimismo, el actor cuestiona el individualismo de las pantallas y destaca que el hecho teatral es esencialmente un trabajo de equipo.
“En teatro sale el colectivo. Tu actuación depende de la persona que te tira las luces, depende de la persona que te tira el sonido, depende de la persona que corta los boletos, del compañero que está al lado apoyándote y tú apoyándolo a él siempre y de la persona que hace el aseo en el teatro para que esté bien. El teatro es una entrega artística generosa, completa, y la televisión es más individualista”, afirma.
Respecto a su aproximación interpretativa, Castro se aleja de los métodos que obligan al sufrimiento o a la asimilación traumática del personaje, abrazando la actuación desde su acepción en inglés y en francés (play y jouer).
No hay que olvidar que la actuación es un juego. Uno tiene el privilegio de poder entrar y salir de los personajes y eso hay que aprovecharlo para tener una actuación fresca, sana, que sea espontánea”, asegura.
Esa concepción lúdica de la actuación le ha permitido a Otilio Castro encarnar roles opuestos de forma simultánea a lo largo de su carrera y también en Tengo miedo torero.
“Estaba haciendo de sapo de la CNI en Los 80, estaba grabando en la mañana y paralelamente una teleserie en el 7 yo hacía un personaje de comedia que era un conserje en un condominio, y era muy gracioso. Entonces vivía las realidades paralelas ahí y en la noche, los días viernes y sábado, me tocaba algunas veces cantar en restaurantes, en bares. Entonces no podía llegar a cantar con la cara de ese torturador”, comenta.
Recortes y prejuicios
Al referirse al financiamiento estatal y los recurrentes recortes presupuestarios para el sector cultural, Castro recurre a una enseñanza académica para graficar la fragilidad histórica del gremio.
“Yo tenía un profesor que me decía, en relación con el teatro, que el teatro era un enfermo a punto de morir, pero que nunca va a morir. Y yo diría que las artes en general son eso, porque siempre reciben el presupuesto más mínimo que un Estado pueda entregar, porque no lo ve como una necesidad espiritual”, dice.
El actor señala que existe un castigo ideológico hacia los creadores de parte de ciertos sectores políticos que prefieren estigmatizar el contenido de las obras en lugar de valorar su aporte histórico. “Yo noto que hay aquí un sesgo bastante bastante marcado como de tener castigar a la cultura por el pensamiento ideológico más que por lo que entrega. Entonces de repente vemos que estamos castigando a los cineastas porque son de izquierda y porque hacen películas relacionadas con el 11 de septiembre… no lo ven así, lo ven como ‘ah, no, es que siempre están mostrando el problema del 11 de septiembre’. Entonces es un sesgo demasiado marcado”.
“Se acaba de inaugurar un teatro hermoso, sinfónico de la Universidad de Chile, un teatro maravilloso con todos los niveles a nivel mundial y vemos que no va a tener presupuesto para su mantención. Entonces hay una contradicción brutal”, agregó.
Revisa las funciones en el sitio web de Teatro Mori.
Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.