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Crisis por los decretos: el malogrado debut del vocero
el episodio dejó también al descubierto las fracturas que se han agudizado entre el partido Republicano y las colectividades de Chile Vamos. Karla Rubilar fue durísima con la decisión de Rabat, y para qué decir la pelea de barrio protagonizada por Squella, Larraín (UDI) y Cruz Coke (Evópoli).
A estas alturas, pareciera ser que el gobierno ha consolidado un extraño instinto autodestructivo. La crisis mayor que está enfrentando ahora -la que está lejos de terminar- ha dejado en evidencia al menos cinco conclusiones preliminares: En primer lugar, la aguda falta de pericia política del gobierno. A ello se suman las inconsistencias entre el relato de campaña y la realidad, el estilo de liderazgo ausente del presidente Kast, la falta de empatía con las víctimas y mala gestión de crisis, y las fracturas entre el partido gobernante y Chile Vamos.
Vamos en orden. El gobierno llegó el 11 de marzo al poder con la promesa de marcar un cambio de estilo en la gestión. Mientras eran oposición, instalaron una crítica dura de la conducción del gobierno de Boric. Lo tildaron de “amateur”, de “poco eficiente” e incluso se llegó a decir que el presidente era un “alumno en práctica”, en alusión a su juventud -36 años al asumir- y por no contar con el título de abogado. Este sería el pilar que provocaría el giro definitivo para lograr las promesas que generaron una tremenda expectativa en la población, subiendo de 23% a 58% en segunda vuelta.
El gabinete inicial del mandatario lo constituyó mayoritariamente gente joven, proveniente de la actividad privada y con muy poca experiencia política. Y claro, batiendo un récord desde el retorno a la democracia, apenas a los dos meses y ocho días, tuvieron que abandonar el gobierno dos ministras claves: la de Seguridad –“yo no tengo un plan”, dijo dos días antes- y la vocera Sedini, un cargo clave para comunicar el cambio de etapa. Luego vendría la bochornosa salida de la ministra Natalia Duco y las de los subsecretarios de Ciencias, de Seguridad, de la Mujer, de Hacienda -por el test de drogas-, de Deportes y hace unos días de la Segegob. ¿Cuál fue la razón de estas salidas? Las diferencias con ministros sin experiencia política. Además, 46 seremis han renunciado a sus cargos.
En la crisis de los decretos tenemos de protagonistas a dos jóvenes abogadas recién egresada en la primera línea -de seguro el hilo se cortará por acá- y a un ministro que, pese a ser considerado uno de los más dialogantes, tomó una decisión sin revisar lo ocurrido en el gobierno anterior. El principal y único argumento de Rabat fue que se había apegado a la “ley y la Constitución”, una explicación carente de todo juicio y análisis político, considerando la gravedad de los hechos y más aun sabiendo la forma de proceder de sus antecesores.
Por cierto, el hecho que después de que explotara la crisis -gracias a un medio de comunicación que lo filtró- el mismo Rabat saliera a decir que habían detenido los decretos, dejó en evidencia que había otro camino posible: recurrir a los tribunales y pelear los casos, tal como lo hicieron antes Larraín (Piñera) y Gajardo (Boric).
Otro elemento importante es el relato de Kast durante la campaña. El hoy mandatario fue enfático en al menos dos debates, afirmando que “nunca violadores y abusadores de niños” recibirían algún beneficio en su gobierno. También señaló que el no sería “buenito” con los delincuentes, ironizando el discurso de Jara. La ciudadanía ve resultados concretos y no distingue las explicaciones legales y menos la letra chica. En esta crisis las personas se quedan con que se perdonó a abusadores y violadores de menores y con que, delincuentes que estaban en la cárcel, gracias a la decisión del gobierno, están hoy en su casa. Por lo demás, varios medios de comunicación se encargaron de rastrear a los beneficiados y encontrar a casos escalofriantes con víctimas de 5,11, 13 y 14 años, además de un ex DINA acusado de torturar a cinco detenidos desaparecidos.
Lo que no ha pasado desapercibido es la ausencia del presidente en este impasse, cultivando el estilo que ya le es habitual: plano, distante y lejano en momentos en que todo aconsejaría un actuar inmediato para controlar daños. De hecho, la duda que quedó instalada desde un primer momento fue si Kast estaba en conocimiento de la firma de los decretos. Si no sabía, Rabat tendría que haber puesto su cabeza para rodar de inmediato, dejando al presidente libre de culpa. Si sabía, el hecho es más grave. El problema es que acá quedó la duda, porque al menos durante las primeras 72 horas el mandatario solo se limitó a levantar el dedo como expresión de respaldo ante la insistencia de la prensa. Un gesto bastante pobre para la gravedad de los hechos.
Y si hay un damnificado importante en esta crisis es |Gonzalo Arenas. El nuevo vocero de gobierno -el tercero en siete meses- debutó con esta papa caliente. Su primer día en el cargo habló de “manipulación política” cuando le preguntaron por el caso, sin disimular su incomodidad. Sin embargo, en su segundo día como vocero cometió un error político-comunicacional más delicado.
Enredado en la búsqueda de papeles comparó dos decretos, uno firmado por Gajardo y el otro por Rabat, rematando con que “el resultado es exactamente el mismo”. Cuando un vocero compara peras con manzanas es porque entiende poco del tema o es porque busca generar una interpretación que no corresponde con la realidad. Ojalá sea lo primero, porque la verdad es que la diferencia está en que Gajardo peleó los casos en la Corte de Apelaciones y luego la Suprema, y finalmente debió firmar resignadamente el decreto. Y ya sabemos lo que hizo Rabat…
Arenas se mostró incómodo -tuvo mala suerte con el debut, reconozcámoslo- defendiendo la posición esa de “cumplimos con la ley y la Constitución”, pero sin abordar lo de fondo: la aberración que significa entregar beneficios a delincuentes que cometieron delitos intolerables para la sociedad.
Sin ninguna empatía ni palabras de apoyo o comprensión hacia las víctimas, el nuevo vocero se mantuvo firme en un relato racional y frío. Tuvo la oportunidad de mostrar una cara distinta del gobierno –“no estamos contentos” es realmente pobre- y marcar distancia con el estilo parco y legalista con que se presentó Rabat. Punto perdido para Arenas, que de seguro debe haber dejado muchas dudas en La Moneda de cómo enfrentará momentos difíciles. Como me comentó un dirigente de Chile Vamos “llegué a extrañar a Alvarado en la vocería”… mucho decir.
Una crisis mal manejada, con contradicciones -si no tenían otra opción, ¿por qué pararon los decretos 48 horas después? -, falta de empatía con las víctimas, vocería débil, ausencia del líder principal y con un relato de campaña que se cayó brutalmente. Y por cierto, este impasse entrega una señal desalentadora para quienes han sido víctimas de estos delitos intolerables, porque desalienta a denunciar a delincuentes como el médico que había abusado de cinco menores y que recuperando la libertad puede atacar nuevamente a otras menores de edad.
Y para finalizar, el episodio dejó también al descubierto las fracturas que se han agudizado entre el partido Republicano -el soporte del gobierno- y las colectividades de Chile Vamos. Karla Rubilar fue durísima con la decisión de Rabat, y para qué decir la pelea de barrio protagonizada por Squella, Larraín (UDI) y Cruz Coke (Evópoli).
El senador republicano le lanzó un dardo envenenado al exministro de Justicia de Piñera con un brutal “qué valioso habría sido tener vigente esta ley en la época de Paul Schafer, ¿no crees Hernán?”, en alusión al apoyo que el exministro brindó a Colonia Dignidad. Por cierto, estas disputas no son nuevas en el oficialismo y no pintan nada bien.
¿Y José Antonio Kast?
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