CULTURA
Pietro Del Soldà, filósofo: “Necesitamos abrirnos a lo imprevisible y a lo desconocido”
El filósofo italiano llegará a Puerto de Ideas y brindará sendas charlas este sábado y domingo. En conversación con El Mostrador, reflexiona sobre la incertidumbre, la aventura, la convivencia y el papel de la filosofía para comprender una sociedad.
Este viernes inicia una nueva versión de Puerto de Ideas Valparaíso. Uno de los invitados es el filósofo italiano Pietro Del Soldà, en diversas charlas propondrá reflexionar sobre las formas en que hemos construido nuestras propias barreras y la posibilidad de derribarlas a través del pensamiento, el diálogo y la apertura a lo desconocido.
“Vivimos dentro de un muro que, en parte, hemos construido nosotros mismos: con nuestros miedos, la ansiedad de tener que demostrar continuamente algo, la competencia elevada a ley natural, el culto narcisista de un Yo que promete libertad y que, sin embargo, a menudo se comporta como un tirano”, plantea en conversación con El Mostrador.
Del Soldà es filósofo, locutor de la radio italiana RAI Radio3 y profesor de Filosofía de las Relaciones en la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad Sapienza de Roma. Su trabajo explora los vínculos entre los pensadores clásicos y los principales dilemas del presente, acercando la filosofía a preguntas que atraviesan la vida cotidiana. Entre sus libros se encuentra La vida fuera de uno mismo. Una filosofía de la aventura, publicado en español por Tusquets en 2023.
El pensador propone que la filosofía no debería permanecer encerrada en los espacios académicos ni limitarse a una reflexión abstracta sobre el mundo. Por el contrario, puede convertirse en una herramienta para comprender la realidad y encontrar nuevas maneras de vivir.
“La filosofía, si la devolvemos a su naturaleza originaria de «saber que busca la mejor manera de vivir», puede aportar muchísimo hoy, sobre todo a las nuevas generaciones”, sostiene.
En un escenario marcado por la polarización y la fragmentación social, Del Soldà destaca especialmente la capacidad de la filosofía para poner en diálogo distintas formas de pensamiento. A su juicio, el problema de las sociedades contemporáneas no es solamente la confrontación de opiniones, sino la dificultad para escuchar y reconocer las perspectivas de los demás.
“Por eso, practicar la filosofía es la única estrategia verdaderamente eficaz para contrarrestar la polarización de las opiniones y la consiguiente fragmentación de la sociedad y de la política en burbujas, o cámaras de eco, donde solo se alimentan la agresividad, la rabia, la incomprensión y la violencia”, explica.
Para el filósofo, recuperar esa capacidad de diálogo también implica repensar la idea de comunidad. Aunque los pensadores de la Grecia clásica defendieron la conciencia individual, el pensamiento crítico y la libertad, también reconocieron que la existencia humana está profundamente ligada a la vida colectiva.
Del Soldà recuerda la definición de Aristóteles del ser humano como un “zoon politikón”, un animal político, y advierte que hoy esa dimensión parece estar perdiéndose entre el individualismo extremo y las concepciones de comunidad que excluyen a quienes son diferentes.
“Lo más importante que debemos tener presente es esto: la convivencia no es solo un instrumento para realizar nuestros objetivos; es el fin de la existencia, aquello que da sentido a la vida”, afirma.
La aventura como una forma de libertad
Otro de los ejes centrales de su pensamiento es la relación que establecemos con la incertidumbre. En una sociedad que busca anticipar los acontecimientos, reducir los riesgos y mantener el control, Del Soldà propone recuperar la capacidad de aventurarse y encontrarse con aquello que no conocemos.
“Hoy «seguridad» es la palabra clave de la política. Las personas se sienten menos seguras y existe también una gran necesidad de certezas a las que aferrarse frente a un mundo que nos cuesta comprender y que a veces parece un mar embravecido, cuyas olas nos impiden ver el horizonte”, señala.
Sin embargo, considera que esa necesidad de certezas puede terminar limitando nuestra experiencia de vida. La apertura a lo desconocido, plantea, ha sido fundamental para la evolución humana y sigue siendo necesaria para descubrir otras posibilidades de existencia.
“Debemos aprender a convivir con la incertidumbre, dejando atrás ese deseo de controlarlo todo —desde los recursos naturales hasta las relaciones sentimentales— que solo produce desastres”, sostiene.
Su concepción de la aventura no se limita a los grandes viajes ni a las experiencias extraordinarias. Del Soldà recupera el sentido de la palabra desde su origen latino, ad-ventura, entendido como ir al encuentro de las cosas futuras. Se trata de salir de la rutina y exponerse a experiencias capaces de modificar nuestra manera de mirar el mundo.
Una aventura, explica, puede encontrarse tanto en un viaje a un país lejano como en un paseo cerca de casa, una conversación con un amigo, la lectura de un libro o la contemplación de una obra de arte. Lo importante es que esas experiencias nos permitan salir de nosotros mismos y encontrarnos con lo imprevisible.
“Son experiencias que dejan pasar una luz nueva, una luz que nos permite ver aspectos de nosotros mismos que antes ignorábamos y nos ayuda a realizar nuestras inclinaciones más profundas, nuestros deseos reprimidos”, dice. Esa apertura, reconoce, no está exenta de riesgos. Exponerse a lo desconocido también significa aceptar la posibilidad de equivocarse, perder certezas o hacerse daño. Pero evitar cualquier incertidumbre puede tener un costo mayor: renunciar a experiencias que dan profundidad y sentido a la existencia.
“Siempre existe el riesgo de hacerse daño, por supuesto; pero solo así podemos experimentar la intensidad de la vida y esperar vivir, en este mundo tan difícil, al menos un poco más libres y felices”.
Un regreso a Valparaíso
La visita a Puerto de Ideas también tendrá un componente personal para el filósofo italiano. No será su primer encuentro con Valparaíso: estuvo en la ciudad hace casi treinta años y conserva un recuerdo especialmente positivo de ella.
“Me gustó muchísimo: este puerto colorido, en cuya arquitectura se entremezclan historias y culturas muy distintas —incluidas las de muchos marineros italianos—, un puesto de avanzada en el Pacífico que tiene algo heroico y poético al mismo tiempo. Vuelvo con alegría”, recuerda.