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La experiencia de la exposición colaborativa Vitrina BAJ CULTURA|OPINIÓN

La experiencia de la exposición colaborativa Vitrina BAJ

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Loreto Bravo Fernández
Por : Loreto Bravo Fernández Directora Ejecutiva de Balmaceda Arte Joven.
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Balmaceda Arte Joven quiere ampliar su campo de incidencia para sumar crecientemente experiencias que permitan a jóvenes artistas ejercer oficios que no se alejen de sus intereses, pero que les den posibilidades de autonomía financiera.


Exasperadas por un sistema en que la producción de cosas y el consumo de lo inútil nos lleva a la desesperación, a un colapso planetario y sobre todo a una sensación de vacío de sentido, podemos perder la capacidad de reconectarnos con otros y otras en la belleza de crear, y en la nobleza que puede estar presente en el vender y en el comprar.

El comercio justo, por ejemplo pone el acento en las personas, en su dignidad y su bienestar. El comercio sostenible busca intercambios que tengan el menor impacto en los equilibrios naturales del mundo que compartimos. La creación de objetos sensibles, el diseño consciente y el amor por elaborar belleza a partir incluso de lo que podría ser un deshecho, está en el corazón de iniciativas como la que inauguramos hoy.

Si solo este fuera el sentido, ya estaríamos muy contentas. Pero hay más. Detrás de este proyecto hay una impronta formativa para poner en valor los oficios artísticos.

Balmaceda Arte Joven quiere ampliar su campo de incidencia para sumar crecientemente experiencias que permitan a jóvenes artistas ejercer oficios que no se alejen de sus intereses, pero que les den posibilidades de autonomía financiera. Y porqué no decirlo, herramientas que les permitan navegar en un mundo que no solo les es ajeno sino francamente excluyente.

Vitrina se funda también en el valor de la solidaridad y la generosidad. En muchos sentidos. Para llegar hasta aquí -el primer peldaño de un proyecto que sabemos crecerá mucho y pronto- hemos obtenido ayuda de muchas personas e instituciones. Queremos ser, además, un espacio que solidarice con artistas que necesiten puntos de venta.

Pero sobre todo queremos brindar una oportunidad y un modo para que todos y todas puedan contribuir a sostener a Balmaceda Arte Joven, en la convicción de que los jóvenes tienen derecho a que este espacio exista y les brinde seguridad, libertad creativa, formación artística y ciudadana.

Un relato que se traspasa una parte de mi familia que es de Isla de Maipo, cuenta que antaño se organizaban allí expediciones en mula para ir a faldeos cordilleranos en búsqueda de grandes trozos de hielo. Con ellos hacían helados para el consumo y la venta. Entonces tomar helados era excepcional. Un helado era más que un helado, era una expedición y una aventura. Detrás de los objetos de autor, el reciclaje y la reutilización también hay historias. Tal vez no excepcionales, pero sí historias que trasuntan materialidades y precios, son historias de humanidad.

Nuestros pueblos originarios nos otorgan muchos ejemplos de otras formas de entender el comercio. El sentido de la vida es predominante en los bellos tejidos Mayas, las molas Kunas, la orfebrería y joyería mapuche, la cerámica utilitaria de todo el continente. Tal vez una de las más bellas lecciones tiene que ver con la importancia que le otorgan a la reciprocidad.

Reciprocar es la capacidad cultural de dar y recibir, compartir, cultivar la generosidad, vender y comprar con criterios justos y sustentables, para construir un entramado social que nos sostenga, sobre todo cuando sentimos que el mundo está en riesgo, que el suelo tiembla bajo nuestros pies.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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