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“Diez aves que cambiaron el mundo”: la historia de la humanidad a través de las aves CULTURA|OPINIÓN Crédito: EFE

“Diez aves que cambiaron el mundo”: la historia de la humanidad a través de las aves

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Este relato sobre aves que pueden o no sernos familiares, nos entrega grandes enseñanzas acerca de cómo hemos sido con aquellos otros seres vivos que pueblan la Tierra desde mucho antes que nosotros y qué responsabilidades implica esta convivencia.


Este libro de Stephen Moss, licenciado en literatura inglesa y apasionado por las aves, hace recordar “Diez días que estremecieron al mundo”, de John Reed, sobre la revolución rusa de 1917 y los grandes cambios que provocó en el planeta. Las diez aves son el cuervo, la paloma, el pato salvaje, el dodo, el pinzón de Darwin, el cormorán guanay, la garceta nívea, el águila calva, el gorrión molinero y el pingüino emperador.

No estremecieron al mundo pero sí lo cambiaron, algo que seguramente la mayoría de nosotros habríamos ignorado o entendido de manera más limitada, si no fuera por esta publicación. Dedica un capítulo a cada ave; entre los datos curiosos, sabremos que dos aves de este listado perdieron su capacidad de volar, el dodo (con existencia real y no solo personaje de Alicia en el país de las maravillas y el pingüino emperador.

Las aves están presentes en todo el planeta y en la vida humana, en la cual han jugado roles de colaboración con la vida, desde hace más de diez mil años y, desde luego, han sido también fuente importante de la alimentación humana. Por otra parte han sido seres inspiradores para la literatura, la religión, el arte en general.

Si bien el peyorativo dicho “cabeza de pájaro” está presente en muchos lugares del planeta, Odín, dios de la mitología nórdica, está acompañado por dos cuervos: Hugin (pensamiento) y Munin (memoria), nada menos que portadores de esa facultades. Además, sabremos que las aves derivan de un tipo de reptil que existió hace 150 millones de años, los tecodontes.

El primer capítulo está dedicado al cuervo, elección debida, seguramente, a sus roles en numerosos relatos de las civilizaciones más antiguas. Noé soltó primero un cuervo para saber si la tierra se había secado después del diluvio, y luego una paloma, que regresó con una rama de olivo; de los cuervos de la Torre de Londres se dice que cuando la abandonen, caerá el Reino Unido…

Por otra parte, ambas aves tienen una extraordinaria capacidad de adaptación a todo tipo de características climáticas y geográficas, lo que hace que tengan presencia en gran parte del planeta.

Otra hazaña de la paloma es que en 1942, la tripulación de un torpedero en apuros envió una paloma, que voló más de 200 kilómetros y logró el objetivo de salvar sus vidas. Una de las numerosas especies de palomas fue domesticada por humanos, sirviendo también como fuente de proteínas, mensajera y símbolo de paz.

Sorprende el pájaro dodo, especialmente por su existencia real y no ser parte solo de los mitos o de Alicia en el país de las maravillas; es un ejemplo estremecedor de la fragilidad de la vida y el riesgo permanente de desaparición de especies de todo tipo, incluidos nosotros.

El capítulo destinado al pinzón de Darwin es un ejemplo de cómo se construyen las ‘teorías científicas’, a tropiezos con las creencias, las propias preconcepciones, los descubrimientos, las nuevas perspectivas, los egos de quienes investigan…

El cormorán guanay se inicia con un fragmento de Abraham Lincoln (Regimiento de Indiana, 1865) que habla de un horroroso trabajo en que cada hombre debía sacar diariamente cinco toneladas de una sustancia maloliente, el excremento de estas aves, en pésimas condiciones de vida, con deficiente alimentación y enfermedades de todo tipo. Con ese guano se hicieron ricos y (casi) nobles varios personajes ingleses del siglo XIX.

Continúan el desfile la garceta nívea, el águila calva, el pingüino emperador, pero me detengo en el Gorrión Molinero. Ese gorrión que en 1958 irrumpió en nuestras vidas desde la llamada Gran Campaña del Gorrión, a manos del Ejército Popular de Liberación liderado por Mao Zedong.

El propósito no podía ser más “loable”: salvar el alimento que se comían estos gorriones, una de las cuatro plagas que ponían en riesgo la supervivencia humana. Leerlo ahora, en detalle, es quizás aún más horroroso de lo que fue en su momento, sometidos al suplicio de no poder descansar en ninguna rama, por los gritos, golpes de tambor, golpes y ruidos de todo aquello que impidiera el descanso de los gorriones.

Junto con los millones de aves cayeron ratas, moscas y otros y, como sabemos ahora, el exterminio de cualquier ser vivo -vegetal o animal- tiene repercusiones insospechadas y altamente negativas en el medioambiente. De hecho, estudios posteriores demostraron que los gorriones comían más bichos que dañaban las cosechas que granos; pero en esos momentos, ya era tarde y el daño ecológico estaba hecho, bajo el pretexto de una lucha política y patriótica.

Invito a leer con atención las páginas 172 adelante, que abordan, precisamente, esta matanza. Quien la relata es hija de padre chino y madre inglesa. Diría que tiene la potencia de condensación que permite el despliegue del siempre necesario y escaso pensamiento crítico, junto a mayor respeto por los temas que involucran al medioambiente y los aportes de la ecología.

Sin duda, entenderemos e integraremos mejor lo que pueden detonar nuestras acciones en el medioambiente que nos acoge sin distinciones y que requiere entenderlo, contribuir a su permanencia, su (re)construcción, e ideas y acciones que refuercen la protección y la comprensión de ese mundo diverso en que conviven una gran diversidad de seres vivos en una relación de mutua dependencia.

A fines del siglo XIX y en el XX, se aprobaron varias leyes de protección de aves y otros seres vivos, de manera de impedir las grandes matanzas, más frecuentes de lo que pudiéramos suponer. Al igual que los humanos, hoy y en muchos periodos de la historia, no solo las aves migran con la finalidad de procurarse alimentos, o climas más favorables o espacios seguros para su supervivencia…

Este relato sobre aves que pueden o no sernos familiares, nos entrega grandes enseñanzas acerca de cómo hemos sido con aquellos otros seres vivos que pueblan la Tierra desde mucho antes que nosotros y qué responsabilidades implica esta convivencia.

En el capítulo dedicado al águila calva se cita a Roma que la usó para sembrar el terror en sus enemigos y el poder en sus propios soldados, que es el ave nacional para muchos países; leemos la explicación que da Benjamin Franklin de por qué no hubiera elegido a dicha ave como símbolo de su país.

La siguiente es una cita del autor: “Cada una de las diez aves que he elegido aquí guarda relación con un aspecto fundamental de nuestra humanidad: la mitología, la comunicación, la alimentación y la familia, la extinción, la evolución, la agricultura, la conservación, la política, el orgullo desmedido y la emergencia climática. Todos estos aspectos están imbricados con nuestra estrecha, constante y siempre cambiante relación con las aves”. (pp.14-15)

Es un libro para deleitarse y emocionarse, para inquietarse e interesarse en apreciar esa belleza intrínseca y misteriosa de estos seres que tienen el poder de volar y cruzar los cielos, que migran, que van y vuelven, que dan salida a sus cantos de cortejo y pasión, de cuidado, de alertas múltiples, donde se mezclan lo bello, lo salvaje, la ferocidad y la placidez, el instinto básico de supervivencia. También, ese sentimiento sagrado de la vida donde la existencia de cada ser viviente tiene una razón para existir y ser parte de una cadena que requiere cada uno de sus eslabones.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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