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La importancia de la nueva Ley de Fomento y Protección de la Artesanía CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

La importancia de la nueva Ley de Fomento y Protección de la Artesanía

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Óscar Plandiura Viera
Por : Óscar Plandiura Viera Escultor, licenciado en Artes de la U. de Chile y maestro en piedra de la Escuela Nacional de Artesanos. Creador de la escultura de Víctor Jara.
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Las ferias artesanales hace bastante tiempo dejaron de ser lo que eran y hoy muchos alcaldes sin distinción de colores, buscando solo salir reelectos en su cargo, las han convertido en vulgares mercados ambulantes de billuterias y baratijas donde se vende de todo.


Después de una espera de más de 30 años, el pasado mes de diciembre del año 2025, fue publicada en el diario oficial la ley N° 21.788 de Fomento y Protección a la Artesanía.

Esta ley entre otras cosas, facilitará el acceso a financiamiento, y establece que el Estado debe promover la comercialización de estas obras tanto en Chile como en el extranjero, creando un registro oficial para identificar a los verdaderos artesanos, diferenciándolos de personas inescrupulosas que buscan aprovecharse de esta noble condición para vender productos industriales en su gran mayoría de origen chino.

En palabras simples, esta ley buscara salvaguardar técnicas tradicionales que están en riesgo de desaparecer, garantizando la herencia de conocimientos a nuevas generaciones.

Esta legislación salda una deuda histórica con las y los artesanos del país, reconociéndolos oficialmente como creadores y protagonistas fundamentales del patrimonio cultural chileno.

Sin embargo, el desconocimiento y la prácticamente nula difusión de esta importante ley, no me ha dejado indiferente, por lo que he decidido compartir algunas reflexiones.

Cuántas veces hemos escuchado discursos de políticos, autoridades culturales, y alcaldes de todos los colores, que con rostro severo y un tono de voz grave, hablar sobre la importancia que representa preservar las artesanías, los oficios y nuestras nobles tradiciones, señalando el valor que estas expresiones tienen en diversos ámbitos, agregando luego con los ojos humedecidos por las lágrimas que cada pieza artesanal es un testimonio de la historia y una forma de mantener vivos los valores de un pueblo.

Estimado lector, la triste realidad contradice lo anteriormente proclamado. Hace años somos testigos de como las comunidades artesanales que tenían un reconocimiento internacional por la calidad y el valor estético de sus obras, están desapareciendo.  Quinchamalí, La Ligua, Chimbarongo, Pomaire y La Ligua, son solo algunos ejemplos de centros artesanales que habían construido una identidad asociadas al trabajo de la arcilla, el mimbre y textiles. Hoy no pueden competir en igualdad de condiciones con comerciantes de productos industriales y revendedores de productos de origen asiático.

Dicho esto, conviene referirse ahora a las mal llamadas “Ferias Artesanales”.

Bajo esta noble denominación, muchos alcaldes han encontrado – de forma mañosa – la receta para fortalecer su base electoral a través de la entrega indiscriminada de permisos precarios y otros beneficios que otorga el Estado a comerciantes y revendedores de baratijas, muchos de los cuales forman parte de organizaciones de dudosos fines.

En el barrio Meiggs por ejemplo, en los meses previos a cada elección de alcalde, se entregaban cientos de permisos precarios a comerciantes ambulantes amparándose en que muchos de ellos eran “distinguidos artesanos”.

Estas malas prácticas, no solo ocurrieron en la comuna de Santiago. Hace unos días el alcalde de Puente Alto, Matías Toledo, que está dando una lucha épica por eliminar el comercio ambulante de su comuna, denunció que el hoy delegado presidencial Germán Codina, en el período en que lo precedió como máxima autoridad comunal, entregó cientos de permiso para ejercer el comercio callejero, muchos de los cuales se justificaban por la supuesta condición de artesano del beneficiado.

Capítulo aparte es lo que ocurre en el Centro Artesanal de Los Dominicos.

Este lugar emplazado en el corazón de la comuna de las Condes, fue creado por artesanos a fines de los años setenta, siendo tal vez, un espacio único en Latinoamérica, donde el visitante, especialmente el turista, podía encontrar a genuinos artesanos trabajando a la vista del público.

Sin embargo, en el año 1998 pasa a ser administrado por el municipio de Las Condes y la realidad empieza a cambiar. De los artesanos que originalmente lo fundaron un número importante ya falleció, otros por su avanzada edad dejaron sus talleres sin descendientes que quisieran continuar el oficio y muchos abandonaron el lugar por la imposibilidad que competir en igualdad de condiciones con revendedores inescrupuloso de productos chinos e industriales.

Hoy en día en el Centro Artesanal, el 80 % de los espacios que en algún momento fueron talleres ocupados por artesanos, han sido entregados por el municipio de Las Condes a comercializadoras, fundaciones truchas, revendedores de toda clase de baratijas y a un vergonzoso museo de cera de características tercermundista.

Ante este desolador panorama, es el momento de decir basta, y llamar las cosas por su nombre. Las ferias artesanales hace bastante tiempo dejaron de ser lo que eran y hoy muchos alcaldes sin distinción de colores, buscando solo salir reelectos en su cargo, las han convertido en vulgares mercados ambulantes de billuterias y baratijas donde se vende de todo.

Por si lo anterior fuese poco, estos comerciantes inescrupulosos amparados por muchos alcaldes y bajo el “sello artesanal” en el cual se escudan, se benefician de forma fraudulenta de fondos y programas de ayuda económica.

Sería deseable que estas autoridades no participen ni sean cómplices del engaño a los compradores, especialmente a los turistas que visitan nuestro país “queriendo pasarles gato por liebre”, promocionando un lugar como feria de artesanos, cuando en realidad no lo son.

Estas verdaderas estafas, como hemos visto, causan un daño severo, directo e irreparable a la imagen país, generando inseguridad y desconfianza en el turista que nos visita del extranjero. Estos engaños que incluyen cobros millonarios por tejidos de origen chino haciéndolos pasar por alpaca y objetos importados de fabricación industrial haciéndolos pasar por objetos únicos realizadas a mano, deterioran la reputación internacional de Chile y empañan los esfuerzos de promoción del turismo.

Las autoridades, especialmente los alcaldes, a partir de ahora con la promulgación de esta nueva ley tienen las herramientas legales para obligar a que las Ferias Artesanales, sean lo que su nombre dice que son y se venda exclusivamente artesanía.

Como última reflexión habría que señalar que el extranjero que nos visita, en la mayoría de los casos, cuando compra una artesanía no compra un simple objeto, la artesanía actúa como un “recuerdo tangible” que representa la identidad las historias y las tradiciones del lugar visitado, convirtiendo la compra en una conexión con el artesano y su cultura.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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