CULTURA|OPINIÓN
Crédito: sitio web del autor
“Recuerda siempre” de Charlie Mackesy: una fábula infantil neoliberal
Frente a la carencia real de alimentos, agua y atención de salud para diversos grupos, que se traduce en enfermedades y muerte, es inquietante leer que la simple voluntad logra vencer todas las adversidades que encontremos.
Este libro es la secuela del primero, y conserva los mismos personajes, pero ahora enfrentando una tormenta. Ya se conocen, lo que es una gran ventaja para este caminar juntos en medio de un fenómeno de la naturaleza que causa inquietud y despierta temores de todo tipo.
Cobran importancia las ilustraciones, ya que nos muestran este conjunto de personajes ligados por el azar, muy diferentes entre sí, pero animados por un “proyecto” común, que se va armando a medida que avanzan. Por otra parte, cada uno de los caminantes pareciera tener respuestas para calmar la incertidumbre y la ansiedad de no saber qué sucederá en esta búsqueda.
Por ejemplo, el primer interrogado por el niño es el topo; al preguntarle si sabe a dónde van y al escuchar que la respuesta es no, da por hecho que se han perdido, pero el topo lo saca rápidamente de su error: “se tienen los unos a los otros”. Ese será el tipo de respuestas que abundarán a lo largo de las más de ciento treinta páginas, lo que refuerza un tono de autoayuda que releva que todo es posible de ser alcanzado si está la voluntad de hacerlo y la seguridad de que así funciona el mundo.
El niño es aún muy pequeño y pregunta sin cesar a sus amigos animales, ya que el único humano es él. Así, continúa con el zorro, que le responde: “Cuando pienses en tus seres queridos, espero que te incluyas a ti mismo”.
El caballo destaca como muestra de fortaleza la amabilidad y cada uno va aportando frases contundentes para demostrar que nada es fácil, pero todos pueden superar los obstáculos y alcanzar lo que se percibe como la meta. Se encargan de asegurarle al niño que siempre seguirán estando, aunque no estén allí, porque los lazos son imperecederos. El niño le confiesa al caballo que no se siente muy valiente, y este le responde al instante que es muy valiente decirlo.
Sin considerar el permanente tono afirmativo y con un toque moralizador, creo que es el primer texto para niños que podría incluirse en los textos de autoayuda, donde las palabras dejan fuera cierran todo aquello que cualquier ser humano -solo o acompañado- podría experimentar legítimamente como duda, ansiedad, angustia, incertidumbre, inquietud…, especialmente un niño que no sabe a dónde va y que no tiene pares adultos que lo acompañen.
La tormenta dificulta avanzar, y el niño dice “Qué difícil se está poniendo esto”, a lo que sus amigos responden “Por eso cada paso que das es un logro mayor”. Como vamos aprendiendo, lo que es imbatible es la seguridad de que siempre lograremos lo que deseamos, que no hay obstáculos invencibles para nuestros deseos y necesidades, a pesar de que pareciera que al menos tres cuartas partes de la humanidad viven (y mueren) sin saberlo.
Sin ignorar esta (posible) capacidad humana de sobreponerse a dificultades mayores y menores, carencia real de alimentos, agua y atención de salud para diversos grupos con los cuales convivimos más o menos cercanamente y que, finalmente, se traduce en enfermedades y muerte reales, es inquietante leer que, frente a ello, la simple voluntad logra vencer todas las adversidades que encontremos en el camino.
A estas alturas de la vida, sabemos de manera indiscutible que, cada día, grandes sectores de la comunidad humana mueren de hambre y de sed, más allá de sus esfuerzos y de las acciones que realicen cotidianamente para enfrentar con éxito estas carencias.
Sin duda, tanto para adultos como para niños y seres vivos del mundo animal y vegetal, la lucha por mantener la vida propia y la de otros con quienes (con)vivimos es parte de un cotidiano que no siempre tiene éxito en lo que a mantención y defensa de la vida se refiere.
Sin dejar de lado que todo cuento infantil tradicional se estructura con parámetros similares, hay malos y buenos, los finales son siempre felices, etc., creo que el exceso de respuestas instantáneas a las inquietudes de toda persona -supongo que con el propósito de evitar todo tipo de sufrimiento- crea una aislación más bien anormal de una realidad con la que nos relacionamos desde las capacidades y las carencias, dos características propias de cada ser humano y que, finalmente, son las que nos van transformando a lo largo de la vida.
Ficha técnica:
Charlie Mackesy: Recuerda siempre. El niño, el topo, el zorro, el caballo y la tormenta
Ed. Penguin Random House, Barcelona, 2025, 134 pp.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.