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El ensayo de Luis Valenzuela Prado sobre los desechos de la literatura chilena CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

El ensayo de Luis Valenzuela Prado sobre los desechos de la literatura chilena

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Sostiene que los residuos ofrecen una perspectiva alternativa para interpretar la literatura chilena reciente, distinta de las aproximaciones tradicionales. Lo residual abarca cuerpos abandonados, sujetos marginales, memorias traumáticas, barrios degradados, ruinas urbanas y materiales descartados.


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Este ensayo propone leer una parte significativa de la literatura chilena y otras expresiones de la cultura, como el teatro, el cine y la fotografía, a través de las figuras del residuo, la basura y el basural. Estas categorías no son entendidas únicamente como objetos materiales, sino como metáforas de personas, cuerpos, memorias, territorios y experiencias excluidas de los discursos dominantes de la nación, el progreso y el capitalismo.

El basural se convierte así en una imagen crítica que permite comprender aquello que la sociedad desecha, pero que continúa existiendo y produciendo significado. Como señala el autor, la invitación es a imaginar “un espacio, entonces, a partir de estas basuras y desechos diversos. Imaginémoslo y caminemos a través de este”.

Se sostiene que los residuos ofrecen una perspectiva alternativa para interpretar la literatura chilena reciente, distinta de las aproximaciones tradicionales. Lo residual abarca cuerpos abandonados, sujetos marginales, memorias traumáticas, barrios degradados, ruinas urbanas y materiales descartados.

En palabras del autor: “El desecho tiene forma y vida orgánica futura en el basural, que, como metáfora, nos permite reflexionar sobre cómo es moldeado por un sistema productivo capitalista que genera y desecha materia de manera excrecente y exponencial, y que termina haciéndolo también con los cuerpos que derivan en cuerpos o sujetos residuales”.

Desde esta perspectiva, la literatura aparece como un espacio capaz de recuperar esos elementos relegados y devolverles visibilidad. El escritor o la escritora trabajan con restos, reorganizando materiales olvidados, desplazados o descartados por la cultura. Por lo tanto, la creación literaria no consiste necesariamente en producir algo completamente nuevo, sino en otorgar nuevas formas y sentidos a aquello que parecía condenado al olvido.

Los residuos no deben entenderse únicamente como evidencia de pobreza o exclusión social. Constituyen, además, un problema de representación. ¿Cómo narrar aquello que ha sido expulsado de los relatos dominantes? ¿Cómo representar lo que parece carecer de valor? ¿Cómo construir sentido a partir de fragmentos dispersos? Estas preguntas atraviesan buena parte de la literatura analizada en el ensayo.

Por ello, el residuo posee una dimensión simultáneamente política y literaria. El texto cuestiona una lógica social que privilegia la productividad, el éxito individual, la eficiencia y la utilidad. Desde esa perspectiva, quienes no logran integrarse exitosamente al sistema corren el riesgo de convertirse en sujetos invisibles o descartables. La literatura de los residuos revela precisamente esas zonas de exclusión y pone en evidencia los costos humanos de dicha lógica.

Asimismo, el ensayo discute indirectamente las narrativas que presentan la historia nacional como un proceso lineal de progreso y modernización. Frente a ellas, muestra que toda nación produce inevitablemente restos, ruinas, olvidos y cuerpos excluidos. El basural no se encuentra fuera de la ciudad ni de la sociedad; constituye una de sus consecuencias más visibles y, al mismo tiempo, más negadas.

El caso de Hans Pozo, cuyo cuerpo descuartizado apareció en distintos puntos de Santiago y quedó grabado en la memoria colectiva chilena, constituye una imagen extrema de la condición residual que el autor busca examinar. No se trata únicamente de un crimen particularmente brutal, sino de la exposición de una vida que parecía carecer de valor para las estructuras sociales que la rodeaban. Al recuperar este caso, el ensayo muestra cómo la literatura puede intervenir, devolviendo complejidad humana a aquello que el discurso mediático tiende a reducir a una crónica de violencia.

A lo largo de este recorrido, el ensayo muestra que la literatura chilena y otras expresiones artísticas contemporáneas han encontrado en los residuos, los cuerpos desechados y los territorios degradados una vía privilegiada para pensar la sociedad actual.

En palabras del autor: “En su valor vinculante, la basura teje redes que amplían el campo material, cultural, social, político e histórico de lectura. Lo amplían desechando, de paso, la posibilidad limitada de proyectar un análisis que polarice lo que sirve o no sirve; lo que está dentro o fuera de lo social. En ese sentido, en ese proceso en que algo pasa de ser útil o funcional a ser inservible, operan políticas que hacen del proceso algo, al menos, complejo y contradictorio. Cualquier instancia política de delimitación o canonización deja algo al margen, una variación entrópica difícil de abordar, o una acción paradójica que aparta, dejando a su paso una estela simbólica”.

Desde el punto de vista formal, la abundancia de referencias teóricas y citas especializadas puede dificultar la fluidez de la lectura en algunos pasajes, especialmente para quienes no están familiarizados con los debates académicos que sustentan la propuesta. Sin embargo, la solidez y originalidad del planteamiento hacen que ese esfuerzo de lectura resulte plenamente justificable.

A mi juicio, una de las cuestiones más inquietantes que deja el ensayo es que los sujetos residuales no son únicamente “los otros”. En períodos marcados por crisis económicas, automatización tecnológica, envejecimiento de la población o deterioro ambiental, cada vez más personas pueden experimentar la sensación de volverse prescindibles para las estructuras que organizan la vida social. Por ello, la categoría resulta especialmente poderosa.

No habla solamente de quienes hoy ocupan los márgenes, sino de una condición latente de nuestras sociedades: su capacidad para producir seres humanos considerados descartables. En ese contexto, la literatura cumple una función crucial al devolver nombre, historia, complejidad y dignidad a quienes han sido reducidos a una cifra, un estereotipo o un problema social.

Otro mérito del ensayo es que obliga a la persona que lee a modificar su posición frente a aquello que habitualmente permanece fuera de su campo de atención. Después de recorrer sus páginas, resulta difícil observar un sitio eriazo, una población periférica, una ruina urbana o una noticia sobre personas marginadas sin preguntarse qué historias, memorias y relaciones sociales han sido acumuladas y ocultadas en esos espacios. En ese sentido, el texto no solo ofrece una interpretación de la literatura chilena contemporánea, sino también una forma distinta de leer la realidad.

En resumen, es altamente recomendable leer este ensayo ya que transforma la basura, los residuos y el basural, tradicionalmente asociados a lo inservible, en una categoría capaz de iluminar fenómenos centrales de la cultura y la sociedad chilena. En esto reside una dimensión fundamental: reconocer en esos márgenes elementos capaces de cuestionar la lógica de la utilidad permanente y devolver visibilidad a aquello que la cultura del descarte insiste en ocultar.

Ficha técnica:

Basurales: Literatura chilena y otros desechos
Luis Valenzuela Prado
Ediciones Lastarria & de Mora
220 páginas

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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