Rector Juan Carlos de la Llera: “Renunciar al conocimiento, directamente es renunciar al desarrollo”
A juicio del rector UC la irrupción de la inteligencia artificial obliga a transformar la enseñanza, reforzar las humanidades y la formación ética. “Tenemos que poner a la persona por delante”, dice, frente al desafío de formar ciudadanos capaces de conducir la IA al servicio del desarrollo humano.
En momentos en que la inteligencia artificial avanza a un ritmo que desafía la capacidad de reacción de gobiernos, empresas y sistemas educativos, el rector de la Universidad Católica y presidente del G9, Juan Carlos de la Llera, advierte que el verdadero riesgo no es la tecnología en sí, sino perder de vista aquello que debe orientar su desarrollo: el ser humano.
En entrevista con El Mostrador, plantea que el conocimiento sigue siendo la única ventaja capaz de impulsar un desarrollo sostenible para Chile y sostiene que renunciar a la investigación es, en los hechos, renunciar al futuro del país.
Desde esa convicción, el rector UC reivindica el papel de las universidades como espacios llamados a producir evidencia, fortalecer el debate público y resguardar el pensamiento crítico.
A su juicio, la irrupción de la inteligencia artificial obliga a transformar la enseñanza, pero también a reforzar las humanidades y la formación ética para evitar que las decisiones sobre el futuro de la sociedad queden exclusivamente en manos de la tecnología o de un reducido grupo de grandes empresas.
“Tenemos que poner a la persona por delante”, insiste, convencido de que el desafío de las universidades no es competir con la inteligencia artificial, sino formar ciudadanos capaces de comprenderla y conducirla al servicio del desarrollo humano.
-Hablemos de sus prioridades tras asumir la presidencia del G9. Dentro de las líneas más importantes para usted está la legitimidad institucional de las universidades. ¿En qué se traduce eso en el contexto actual?
-A ver, la presidencia del G9 es una presidencia que va rotando entre las nueve universidades y este año le toca a la Universidad Católica. Venimos saliendo de un trabajo extraordinario que hizo el rector Juan Lluz de la Universidad Técnica Federico Santa María. Muy contentos por eso. Se concluyó ahí una estrategia que tiene esencialmente prioridades que están muy cercanas a lo que son las prioridades de nuestras universidades.
Yo creo que hoy día, efectivamente el mundo está en un proceso de transformación, sobre todo por el tema de inteligencia artificial. Eso está causando cambios, no solamente a nivel de empresas, de negocios, de gobiernos, sino también a nivel de universidades. Yo creo que ahí viene un tema que es muy importante, saber cómo las universidades somos capaces de colocar a la persona por delante de toda esta revolución que está ocurriendo y esa es una de las prioridades que tenemos.
Estamos recién tratando de definir un plan de trabajo. Bajo el G9 existe un conjunto de comisiones que tocan distintos aspectos, de salud mental, desde los temas más formativos, temas de investigación y otros, y nos interesa mucho que esas comisiones sean realmente el insumo que recibe el comité del G9 para tomar decisiones y ver cómo planteamos también a nivel nacional nuestras posiciones.
Uno de los temas fundamentales es el nivel de posicionamiento que tienen estas universidades públicas, que son muy importantes, que no son estatales, pero que generan muchísimo conocimiento, y forman a muchas personas dentro de nuestro país.
-También tenemos estos otros síntomas de la sociedad actual relacionados con la fragmentación, el descrédito de las instituciones de representación pública, como el Congreso. Si uno mira la encuesta hoy día, dentro de las instituciones que se adjudican mayor legitimidad y confianza por parte de la ciudadanía están las universidades, ¿Cómo ve el rol de las universidades en términos de articulación y diálogo social?
-Yo lo veo como un rol absolutamente fundamental y una responsabilidad gigante. Hoy día la ciudadanía en efecto tiene a las universidades muy alto en términos de confianza y uno tiene que responder a esa confianza. Las universidades son un espacio particularmente adecuado para lograr ciertos consensos que nuestra sociedad necesita.
¿Cómo? Lo que hacen las universidades es producir evidencia, tratar de ayudar a generar buena política pública. Probablemente muchas veces no entrar en la milla final, que eso lo tienen que hacer los gobiernos, o los distintos grupos dentro de la sociedad civil, pero sí puede proveer muchísima información que permite tomar buenas decisiones.
Yo creo que las universidades hoy día son neutras en cuanto a sus planteamientos, son agnósticas a tendencias y basan sus decisiones esencialmente en evidencia. Y eso es lo que de alguna manera ayuda a la sociedad a llegar a ciertos acuerdos, sin desconocer que muchas de estas cosas involucran dimensiones humanas que van mucho más allá que simplemente datos y evidencia.
-Ha estado muy presente en el debate público el desafío de llegar a ser un país más desarrollado, volver a crecer, y qué tan rentables o no para ese objetivo son la investigación y el desarrollo del conocimiento. ¿Cuál es su lectura sobre ese tema?
-Mi lectura es muy simple y muy directa. Lo único que le puede realmente cambiar la vida a una sociedad hoy día, de aquí al futuro, es el conocimiento. En particular la educación como parte de ese proceso para generar conocimiento.
No hay otra alternativa que pueda permitir a un país desarrollar ventajas que sean sostenibles desde el punto de vista innovador, que no sea a través de potenciar esa capacidad de conocimiento. El problema que eso tiene es que toma tiempo y requiere trabajo continuo. Mira lo que pasó hace tres semanas, por ejemplo, después de 40 años no había existido ningún descubrimiento o algo significativo en el cáncer de páncreas. Y hace tres semanas apareció un nuevo medicamento que se construye sobre una investigación fundamental gigantesca, que hoy día duplica el tiempo de vida de una persona con un cáncer pancreático que tenga metástasis. Hay que entender que así se construye obviamente el futuro del ser humano.
Requiere tiempo, trabajo. Cada uno de nosotros va colocando ladrillo sobre ladrillo para finalmente llegar a una solución que la sociedad necesita. Entonces creo que eso no hay que perderlo de vista, hay que entender que es el conocimiento el que finalmente hace que los países puedan generar ciertas ventajas que les permitan tomar una posición de liderazgo a nivel mundial. Si uno renuncia al conocimiento, directamente es renunciar al desarrollo por completo.
-¿Hay intenciones de priorizar ese tema hoy día en Chile?
-Creo que llegó el momento donde no es solo un gobierno el que tiene que hacer ese esfuerzo. Los gobiernos tienen obviamente miles de prioridades importantes, que tienen que también atender en salud, en educación, en seguridad. Y claro, de repente estos temas pasan un poquito desapercibidos porque no son de corto plazo. Y es el momento donde también la industria en Chile tiene que jugar un rol que creo es muy importante. Llegó ese momento.
Chile tiene un endowment gigantesco, sus recursos naturales son absolutamente impresionantes. No solo me refiero a lo que es la minería metálica o a lo que son los nitratos, etc. También me refiero a la energía. Chile es un país que tiene mucho recurso natural y que poco a poco ha ido sofisticando su matriz productiva. Sin embargo, falta mucho y un agente muy importante para que esta transformación se acelere es la industria en el país. Y tenemos que lograr convencer de que también el conocimiento le puede significar a la industria de Chile cambios sustantivos en competitividad a nivel nacional e internacional.
-En ese sentido, hay un tema que nos pilló sobre la marcha y es todo lo que respecta a la inteligencia artificial. Estamos más o menos en pañales a nivel global sobre cómo reaccionar a lo vertiginoso que ha sido el cambio. ¿Cómo analizar el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo formativo de las universidades? ¿Cómo ve ese debate y qué tan atrasados estamos?
-Creo que estamos bien atrasados. Bueno yo asumí hace un año, tres meses, un poquito más, como rector de la Universidad Católica, creamos casi inmediatamente una nueva vicerrectoría que se dedicara a los temas de inteligencia digital, obviamente incluyendo en gran medida lo que es inteligencia artificial y cómo eso va a impactar a los procesos que una universidad tiene que llevar adelante.
La formación, como dices tú, que es un tema absolutamente central hoy día. Cómo realmente logro que esa formación apoyada por herramientas de inteligencia artificial pueda llegar a ser mucho más, por ejemplo, personalizada, que los procesos de aprendizaje se acompañen mucho mejor, por ejemplo. Pero también la investigación.
Hoy día la inteligencia artificial te puede generar aceleramientos gigantescos en la investigación que el ser humano puede hacer y hay una oportunidad enorme para que realmente nos pongamos también más cerca de la frontera de distintos problemas del conocimiento. Son innumerables los problemas donde podemos potenciarlos con inteligencia artificial. También la gestión de las universidades tiene que facilitarse a través del uso de esta herramienta y que uno pueda concentrar y enfocar su trabajo en los temas que son más importantes y que requieren una reflexión que, por supuesto, no vas a poder conseguir desde la inteligencia artificial.
Eso es lo que estamos buscando en general, pero si uno se compara con el resto del mundo y ve lo que pasa en otras universidades, ya sea en Estados Unidos o en Europa, yo considero que estamos -el año pasado lo dije abiertamente en varias entrevistas- entre ocho y diez años atrasados. Y en esto no se puede estar ocho años atrasados. Entonces sí se ha visto un aceleramiento en los últimos meses, pero todavía falta mucho por lograr.
También hoy día tenemos centros de investigación que están haciendo un trabajo excelente en todos los temas de inteligencia artificial, pero eso tiene que ir penetrando cada rincón del quehacer de una universidad, manteniendo siempre, por supuesto, a la persona por delante, que ese es un desafío especialmente importante para la Universidad Católica. Cómo lograr que esta inteligencia artificial no condicione el futuro del ser humano, sino que sea el ser humano el que de alguna manera dirige en la dirección correcta a esta inteligencia artificial, que es una tremenda herramienta, pero que mal utilizada puede ser también muy perjudicial.
-Ese tema en particular hoy día está calando hondo en movimientos organizados anti inteligencia artificial, sobre todo de jóvenes, y esto se ha tomado portadas en el último tiempo en medios a nivel global. Están haciendo llamados masivos a frenar su desarrollo. ¿Cómo ve eso en particular en el trabajo con los jóvenes?
-Yo lo veo como un fenómeno social muy serio, que hay que prestarle muchísima atención, porque efectivamente esto ha sucedido ya en la historia de la humanidad. Obviamente hoy día se comenta la revolución industrial, la primera, y claramente el desarrollo de formas de sustituir la fuerza humana por ciertos mecanismos, etc.
Pero esto es mucho más profundo, porque toca a un componente muy importante del ser humano, que es la inteligencia, la capacidad de procesar información, de inferir, la capacidad de conectar cosas. La inteligencia artificial no va a tocar, por supuesto, una dimensión todavía que es aún más fundamental, que es la conciencia del ser humano. Afortunadamente eso es imposible. Sin embargo, esto amenaza y va a producir destrucciones de empleo, va a producir cambios en carreras y un reajuste completo del sistema.
Lo que estamos observando son las reacciones, tal vez iniciales incluso, de ese reajuste. Pero esto ya ha ocurrido en la historia del ser humano, y justamente aquí hay un rol de las universidades, que es extraordinariamente desafiante, pero a su vez bonito: cómo conducimos este proceso de transformación para que realmente el ser humano siga teniendo las riendas de todo lo que es su desarrollo futuro. Si tú simplemente te transformas en una entidad tecnocrática, que estás enseñando una disciplina, y te olvidas de este contexto social y también humano, es muy complejo lograrlo.
Ahí la Universidad Católica también juega un rol bien importante en tratar de no perder de vista el sentido y el propósito de la vida de las personas, y cómo esta es simplemente una herramienta que mejora la calidad de vida, sin tener que interferir en su desarrollo integral.
-Eso conecta directamente con la primera encíclica del Papa León XIV, que instala el debate sobre la inteligencia artificial y la dignidad humana, poner a la persona por delante de la tecnología, pero ¿en qué se traduce hoy día esa reflexión?
-Hay muchas bajadas que son importantes. Primero, la encíclica es un documento que no puedo sino recomendar leer con calma porque no es simple. Creo que tiene una valentía gigantesca porque identifica algo que es muy delicado, que es primera vez probablemente en la historia de la humanidad, que un puñado de empresas, que no son más de diez empresas grandes, por supuesto que hay muchas pequeñas, van por delante de lo que son los gobiernos, las universidades y la industria. Y van de alguna manera decidiendo cuál es ese trayecto o recorrido que uno tiene que generar.
Es bien impresionante ver el valor bursátil, por ejemplo, de estas empresas, cuando tú lo comparas con el PIB de los países. El valor bursátil hoy día de las diez empresas más grandes del mundo, son todas digitales, su valor es de aproximadamente 25 trillones de dólares. O sea, estamos hablando de esencialmente 100 veces el PIB de Chile. Es más grande que el PIB de China, cinco veces más grande que el de Alemania. Estamos frente a un fenómeno que es nuevo, que es distinto, que viene acompañado, por supuesto, en el desarrollo de esta capacidad de la inteligencia artificial, pero que de alguna manera ese poder está muy concentrado.
Y hay un tema que se conecta con la pregunta anterior, sobre esta inquietud de la sociedad y de la juventud de que unos pocos decidan en qué camino va el mundo. Cómo uno tiene que realmente conducir eso, navegar este gran tsunami, justamente no perdiendo de vista qué es lo importante en el ser humano. Las humanidades van a jugar un rol absolutamente fundamental. Y no sé si las humanidades hoy día están reaccionando también a la velocidad que se requiere para hacer estas discusiones que son más fundamentales.
Las humanidades son las que se han preocupado de reflexionar sobre el ser humano, el sentido y el propósito de la vida, de iluminar ese camino en el cual la sociedad tiene que progresar, tiene que entrar en diálogo con esta fuerza, este gran vector que te quiere empujar hacia adelante, que es netamente tecnológico, y tiene que dirigirlo en esa dirección.
-¿Falta desarrollar ese debate, el cómo resguardar el pensamiento crítico?
-Totalmente, tenemos que entender bien cómo el pensamiento crítico va a desarrollarse en paralelo o con apoyo de estas herramientas de inteligencia artificial. Si yo soy un profesor de filosofía y estaba acostumbrado a evaluar a mis estudiantes a través de los ensayos que escriben o la discusión crítica sobre alguna pieza, y tú no tienes hoy día ninguna certeza de que eso venga trabajado probablemente por parte de un estudiante con herramientas de inteligencia artificial, bueno, llévalo entonces a una discusión, a contraargumentar lo que él mismo escribió, busca formas de desarrollar ese pensamiento crítico.
Yo creo que esto va a generar un salto gigantesco en el ser humano. Pero soy muy optimista, porque además he trabajado toda mi vida con temas de inteligencia artificial y que ha servido enormemente a todo lo que ha sido el desarrollo de la investigación que yo he hecho. Entonces sé que bien utilizada es una herramienta extraordinaria, pero me doy cuenta hoy día que mal utilizada por una persona que no tiene ese juicio correctamente desarrollado, ese pensamiento puede ser realmente nefasto y fatal.
Esto tiene que ver mucho con el rol de las humanidades y con tomarse muy en serio esas discusiones más profundas, más de propósito, de sentido, de cómo incluso regular lo que está sucediendo con la velocidad del desarrollo de la inteligencia artificial. Ahí tiene que venir una fuerza que de alguna manera ponga a la persona por delante y contrarreste este vector de tecnología que está tratando de empujar un poco ciegamente hacia adelante, y fijar lo que quiere el ser humano lograr.
¿Es tema hoy día, por ejemplo, en las facultades de la Universidad Católica?
-Lo hemos instalado como un tema muy central y creo que sería importante que muchas universidades de Chile comiencen ese tipo de discusión. Yo sé que hay otras preocupaciones, hay preocupaciones sobre financiamiento, hay preocupaciones de la longitud de las carreras, etc., pero acá hay una preocupación que es absolutamente fundamental, urgente y central.
Cuando tú tienes disciplinas donde el conocimiento se duplica gracias a la inteligencia artificial en horas o días, estamos hablando de otra época del ser humano. Entonces, si bien son discusiones importantísimas las que se dan de financiamiento y todo, hay otra que es verdaderamente como un tsunami que viene cerca y que tenemos que aprender a manejar.
-Es inevitable que le consulte por el debate sobre el financiamiento de la educación superior, ¿Cómo pensar estructuralmente un sistema a largo plazo ante este nuevo contexto y que permita el desarrollo de las universidades hoy día?
-Es un problema importantísimo en realidad y de hecho da un poco de pena que esa discusión solo se haya llevado respecto a lo que son los aranceles, lo que pagan los estudiantes para adquirir un conocimiento que finalmente les permite una formación ojalá integral, que les permita desempeñarse adecuadamente en la sociedad. Y se olvida una dimensión fundamental de la universidad que es la de mover la frontera del conocimiento, que es realmente desplazar la frontera de lo posible.
La discusión hoy día está todavía muy centrada en temas puntuales como los que estamos viendo, de gratuidad, de financiamiento estudiantil y ese es un proyecto que yo creo hoy día está bien topado porque a nivel de recursos significa casi 3.000 millones de dólares para el país, el tema de gratuidad. Es muy difícil que podamos seguir exigiendo para cualquiera sea el gobierno de cualquier signo político, poner más fichas en la educación a nivel de ese financiamiento. Creo que uno tiene que ser muy consciente de que hay prioridades que hoy día, creo honestamente, anteceden al problema del financiamiento estudiantil de la educación superior y eso es lo primero que yo creo que se está reconociendo y es importante.
Prioridades ya serán las listas del cáncer, la mitad de nuestros niños y niñas no saben leer correctamente en cuarto básico, ni entienden lo que lee. Preocupémonos realmente de cosas que van a hipotecar el futuro de nuestra sociedad. Pero dicho eso, el problema no se limita al financiamiento del pago de arancel, la universidad necesita recursos para poder mover esta frontera del conocimiento.
Y eso hoy día lo veo preocupante. Llevamos 10, 12 años en que está absolutamente plano lo que es la inversión en el financiamiento a un cierto nivel de investigación y desarrollo de las universidades y en el país. Si sabemos que hay escasez de recursos, sabemos que un gobierno tiene múltiples necesidades, que no va a poder atender esto, es cuando la industria tiene que hacer un gesto importante. Tiene que salir adelante y ayudar a empujar este carro. Y que ese 0,38, 0,4% del PIB que se invierte en investigación, de alguna vez por todas lo podamos hacer crecer.
Nosotros hicimos un proyecto interno, es bien bonito contarlo, que se llama Avanza UC, que es un proyecto de investigación con fondos internos de la universidad que resultan de optimizar procesos y los inyectamos directamente a investigación. Y tú te das cuenta que hoy día se duplicó prácticamente la capacidad de investigación en la Universidad Católica a nivel de los fondos solo con ese esfuerzo interno. Eso es lo que necesitamos.
Estamos hablando acá de 4.000, de 5.000 millones en el caso nuestro, que es bastante plata, pero imagínate lo que significaría que esto lo multiplicáramos en las múltiples universidades. Chile necesita más financiamiento para su investigación, su desarrollo en general y la creación también. Y creo que hay una oportunidad porque hay un potencial latente mucho más grande que el financiamiento disponible para desarrollarlo.
-A propósito también de proyectos internos, se desarrolló la primera versión de Voces UC, este nuevo curso de formación ciudadana. ¿Cómo han visto el desarrollo de esta iniciativa?
-Justamente es una manera de poner al ser humano por delante de la inteligencia artificial. Que cuando llegan a la Universidad Católica, o cualquier universidad ojalá, llegan a establecer este diálogo que está orientado, por supuesto, un diálogo que es informado, que ellos tienen que hacer lecturas importantes, leen clásicos, leen distintos tipos de producción humana en la historia, y con eso establecen estos diálogos y aprenden a conversar entre ellos, a discutir, a discrepar en forma respetuosa. Hay toda una técnica que está acompañando para que ese diálogo sea un diálogo que permite progresar, que tanto necesita nuestra sociedad, en particular Chile, que ha vivido momentos muy complejos en el último tiempo, precisamente porque se produce esta ruptura en la capacidad de escucharse unos a otros.
Las universidades nos olvidamos, y esto es una autocrítica, que hoy día no solo venimos a entregar conocimiento para desarrollar una disciplina y perpetuar el conocimiento de generación en generación, sino para formar personas que se tienen que mover dentro de una sociedad, que tienen que entenderse, que van a discrepar, que tienen posiciones políticas, ideológicas, que son muy distintas, pero que tienen que ser capaces de convivir. Entonces este curso aborda ese punto, que parece como de perogruyo, pero que hoy día para nada lo es. Y escuchando a los estudiantes cuando nos reunimos para hacer el cierre del curso, yo quedé absolutamente impresionado del nivel de profundidad de los comentarios y la discusión.
Esos son 120 estudiantes que teníamos como un proyecto piloto, ahora viene el desafío grande, y eso lo sabe la gente que me acompaña en la rectoría, hay que escalarlo a 40.000 estudiantes, no es tan simple, porque hay facilitadores que tenemos que preparar. Los mismos estudiantes se van a ir transformando en los propios facilitadores de nuevos grupos, y esto es una especie como de elemento recursivo que va creciendo en tamaño, esa es la idea.