CULTURA|OPINIÓN
Crédito: Karina Fuenzalida/UC
“Cartas para Tomás”, treinta años después
Tres décadas después de su primera presentación, el libro de Malucha Pinto vuelve a encontrarse con sus lectores. Lo que nació desde la incertidumbre de una madre se ha convertido en una obra de compañía, memoria y amor.
Cuando se presentó el libro Cartas para Tomás en el Teatro de la Universidad Católica. quienes estuvieron ahí recuerdan una sala llena, tomada por una emoción profunda. Había ternura, admiración y cercanía, pero también una tristeza de fondo. Reunía a sus lectores alrededor de una historia marcada por la incertidumbre, por el miedo y por una pregunta dolorosa sobre el futuro de Tomás.
Hoy, tres décadas más tarde, esa emoción vuelve a estar presente, aunque ya no es la misma. Entonces pesaba la tristeza de lo incierto. Hoy aparece, en cambio, la alegría de comprobar que la vida fue más grande que los pronósticos.
Cuando Malucha Pinto escribió estas cartas, lo hizo desde uno de los lugares más difíciles para una madre: el de recibir a un hijo anunciado como distinto, enfrentarse a un diagnóstico duro y mirar hacia adelante sin saber qué venía. Tuvo la valentía de no esconder el miedo, de no maquillar el dolor, de desentrañar su experiencia y compartirla como un legado franco y generoso.
Esa honestidad sigue siendo una de las grandes fuerzas del libro. Malucha escribió para atravesar la oscuridad con palabras. En ese recorrido aparece primero el desconcierto, luego la ternura, después la aceptación y finalmente el amor, no como una idea abstracta, sino como una forma concreta de vivir, cuidar y seguir adelante.
Hace treinta años nadie podía imaginar que estaríamos celebrando una nueva edición. Nadie podía imaginar que aquel niño rodeado de diagnósticos, temores y preguntas estaría hoy con nosotros convertido en este Tomás querido, este Tomy entrañable, con su bigotito a lo Freddie Mercury, con la magia de su sonrisa enigmática, sus mundos propios y su manera única de llenar la vida de los demás.
Tomás rompió muchos esquemas. Mostró que una persona no cabe en un diagnóstico. Que la ciencia puede orientar, advertir y acompañar, pero no puede medirlo todo. No puede medir la fuerza de una familia, la inteligencia del cuidado, la paciencia del amor ni la potencia de una tribu que decide sostener una vida sin condiciones.
Por eso, esta nueva edición no es solo la recuperación de un libro importante. Es también una celebración de la vida. Una vida que desmintió miedos, venció prejuicios y obligó a muchos a mirar de otra manera. Tomás no vino a confirmar una tragedia. Vino, con su sola presencia, a ensanchar el mundo.
Desde el punto de vista editorial, no siempre se tiene la certeza de haber acompañado un libro que encontró exactamente a sus lectores. Cartas para Tomás sí lo hizo. Estuvo 48 semanas entre los libros más vendidos, alcanzó numerosas ediciones y llegó a colegios, centros de salud, familias y lectores que necesitaban compañía. Son datos relevantes porque muestran que este libro llegó donde debía llegar: a quienes estaban solos, confundidos o asustados; a quienes necesitaban palabras para nombrar lo que vivían.
También por eso, treinta años después, corresponde celebrar a Tomás como una vida plena en su singularidad. Su existencia ha ido respondiendo, con el paso del tiempo, cada una de las cartas que su madre le escribió. Esas cartas no quedaron suspendidas en el pasado. Tomás las respondió viviendo, creciendo, sonriendo, habitando sus mundos y enseñando que la diferencia no disminuye la humanidad de nadie. Muchas veces, por el contrario, revela lo mejor de la nuestra.
Hoy, tal vez , somos nosotros quienes deberíamos escribirle una carta a él. Una carta sencilla para decirle gracias. Gracias, Tomás, por desmentir tantos miedos y recordarnos que la vida siempre es más grande que nuestras previsiones. Gracias por enseñarnos que amar no es aceptar una idea, sino recibir a una persona entera, con su misterio, con su ritmo y con su manera única de habitar el mundo.
Y gracias, Malucha, porque con tus Cartas para Tomás ayudaste a muchos lectores a comprender que el amor verdadero no corrige la diferencia. Más bien la abraza, la cuida y la deja florecer.
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