CULTURA|OPINIÓN
Delimitar antes de conocer
No es que se prohíba investigar ni crear fuera de esos márgenes, ni tampoco quiero decir que toda definición de prioridades o condición de financiamiento constituye una censura. El problema aparece, creo yo, cuando esas condiciones comienzan a estrechar anticipadamente el campo de preguntas.
Investigar no consiste en encontrar respuestas a preguntas definidas de antemano. Una investigación genuina contiene incertidumbre: las hipótesis se modifican, aparecen objetos inesperados y a veces las preguntas mismas se transforman en el camino. En la investigación artística esto es especialmente visible, porque la práctica, la experimentación y la creación no son medios para representar un conocimiento previo: son formas de producirlo.
En las últimas semanas distintas voces del mundo académico y cultural han manifestado su preocupación por los cambios anunciados en los instrumentos públicos de apoyo a la investigación, la formación avanzada y la creación. La discusión se ha concentrado, con justa razón, en los recursos, en las áreas que quedan excluidas y en los procedimientos con que se están adoptando estas decisiones.
Pero hay otra dimensión que me parece igualmente importante: qué ocurre cuando una política pública comienza a delimitar de antemano el campo dentro del cual el conocimiento y la creación podrán desarrollarse. Dicho de otro modo: cuánto podemos delimitar o predefinir antes de comenzar aquello que esperamos descubrir al final.
Cuando una política determina con creciente precisión qué áreas del conocimiento serán consideradas prioritarias, qué tipos de formación avanzada merecen apoyo o qué contenidos de una creación artística pueden acceder a financiamiento, aparece un riesgo de “condicionamiento ex ante”.
No es que se prohíba investigar ni crear fuera de esos márgenes, ni tampoco quiero decir que toda definición de prioridades o condición de financiamiento constituye una censura. El problema aparece, creo yo, cuando esas condiciones comienzan a estrechar anticipadamente el campo de preguntas, prácticas y representaciones que pueden desarrollarse con apoyo público.
En las artes esto resulta particularmente sensible. La creación y la investigación artística han sido formas fundamentales de pensar aquello que una sociedad muchas veces no logra abordar de otra manera: la memoria, la violencia, las dictaduras, las relaciones coloniales, los cuerpos, las identidades o las transformaciones de nuestras comunidades, las maneras de mirar y de escuchar. No porque el arte tenga mejores respuestas, sino porque formula preguntas distintas y produce formas de experiencia y conocimiento que otras disciplinas no reemplazan.
Por eso las políticas públicas de investigación y creación no deberían evaluarse únicamente por su capacidad para orientar recursos hacia eso que hoy reconocemos como importante. También deben preservar espacios para aquello cuya importancia todavía desconocemos.
El problema de trazar demasiado estrechamente las fronteras del conocimiento no es solamente que algo quede afuera. Es que todavía no sabemos qué hay afuera. La investigación y la creación son, justamente, dos de las formas que una sociedad ha desarrollado para averiguarlo.
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