CULTURA|OPINIÓN
Crédito: Cedida
“El crimen de Ema”: el retrato interior y exterior de una mujer en el límite
Lo que subyace en el libro de María Eugenia Lorenzini, como un río profundo, es la historia de una mujer abusada, maltratada sicológicamente, golpeada físicamente, por un hombre, Alberto, su marido, que no la deja crecer.
“Todavía con miedo, moviéndose apenas, como si el cuerpo le pesara, Ema se levanta con el cuchillo en la mano y clava los ojos en la silueta que se dibuja entre las sábanas. Ya no se queja. Ya no se mueve”, esto no es hacer spoiler, pues ya el título da cuenta de un crimen, el cometido por Ema, la protagonista. Y así comienza la novela “El crimen de Ema”, de María Eugenia Lorenzini.
A partir de allí, ella huye del lugar de los hechos. Parte a Curicó, arribará a Teno, donde alguna vez estuvo el fundo de su abuela. Llegará a una pequeña casa abandonada de uno de los antiguos trabajadores del predio familiar; allí se refugia. Algo ocurre que se logra hacer de una cartera tomada a una pasajera descuidada en el terminal de buses, lo que le permite acceder a una nueva identidad, la de Carmen Luz Venegas, como se presentará en adelante.
Pero debe sustentarse, y tiene miedo de que alguien la reconozca en el pueblo que visitaba en la infancia; no cuenta, al salir huyendo de prisa, sino con escasos recursos económicos para mantenerse y debe buscar algún empleo. Lo obtiene como reponedora en un supermercado, allí aparecerán personajes gravitantes en esta nueva etapa de su vida en fuga: doña Fresia, Javier el hijo del dueño del supermercado. Ella, protectora; él, quien pretende seducirla sin posibilidad alguna.
Doña Fresia será quien la protegerá, con su instinto maternal, su bondad de mujer de pueblo que no cuestiona mucho y actúa acogiendo, “comprendiendo sin comprender” bien de qué se trata todo eso. El desconocido y enigmático ser que es Carmen para ella, y Ema para la protagonista.
Como ha llegado a un lugar visitado y querido durante la niñez y juventud, aparecen otros personajes: Don Lalo, el dueño de la panadería; Daniel, quien fue un tímido enamorado de Ema en el tiempo juvenil; quizás pudo casarse con él, pero su abuela, la buena y determinante abuela, dueña de fundo y acostumbrada a hacer su voluntad, lo impidió. Daniel no era el mejor “candidato” para su nieta. También nos encontramos con Ernestina y su hija con discapacidad, comadre de doña Fresia, quien se sumará a la protección de Carmen, la que en algún momento revelará su verdadero nombre y situación. No será fácil. Y con un perro que no tiene otro nombre sino el genérico de “perro”, el que será fundamental compañía para la protagonista.
Ese es el hilo conductor de la historia; pero hay mucho más: un personaje que se insinúa, que parece vigilar, tal vez un detective que la busca. Él va apareciendo, desapareciendo, y aumentando el suspenso en el relato, ¿quién es?, ¿es real o es producto del miedo de Ema-Carmen? Eso deberá resolverse; es causa también de la angustia de ella.
Pero todo eso es lo exterior de este cuadro, de esta pintura realista, con personajes que encontramos en cualquier lugar de Chile donde todavía hay lugar para la bondad, la sencillez, la tranquilidad; lo que aquí subyace, como un río profundo, es la historia de una mujer abusada, maltratada sicológicamente, golpeada físicamente, por un hombre, Alberto, su marido, que no la deja crecer (algunas lejanas reminiscencias me llegan de Torvaldo y Nora Helmer de “Casa de Muñecas”, la obra de Ibsen, aunque haya claras diferencias entre uno y otro caso: se asemejan, sin embargo, en la “jaula” en que se encierra a la mujer dentro de un matrimonio que le troncha las alas, la destruye pausadamente, hasta que se presenta una salida, comprensible o no, querida o no…); y uno va encontrando respuestas al hecho inicial de la novela, a cuestionarse sobre ese. A tomar partido, en definitiva.
María Eugenia Lorenzini, una narradora que conoce bien su oficio, con su prosa que fluye, que mana clara y segura, incorpora el suspenso a su relato, mediante la presencia del enigmático desconocido que aparece y desaparece; aunque el eje de la novela es lo que ocurre en la vida íntima de una mujer encerrada entre los muros de un matrimonio que oscila entre la violencia y las excusas; en el sentimiento de culpa y el miedo de la protagonista de haber ido más allá de lo que jamás imaginó. El lector conocerá cómo se soluciona este intríngulis, pasando, posiblemente sin ser neutral, por la interioridad de Ema y su vida toda.
Una novela cuya historia atrapa, con un trasfondo que se introduce en el oscuro misterio de algunas relaciones humanas y sus avatares. Pero donde también habitan la generosidad, la bondad, el lado luminoso de la humanidad.
Ficha Técnica:
María Eugenia Lorenzini, Editorial Forja, Santiago de Chile, primera edición: abril de 2026, 232 págs.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.