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“Animales locos” de Camila Chomali Silva: preguntas sobre las zonas confusas CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

“Animales locos” de Camila Chomali Silva: preguntas sobre las zonas confusas

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Juan Pardo Suárez
Por : Juan Pardo Suárez Diplomado en escritura creativa UDP, poeta, narrador.
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No es un libro para consumir; es un libro para habitar. Sugiero degustar los cuentos con una lectura sin apuro, leerlos de a uno y dejar que su vibración te envuelva, casi como si sus palabras fueran gotas de un elixir alucinógeno que te invita a un viaje para luego leer el siguiente, sin prisa.


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Animales locos, de Camila Chomali Silva, corresponde a la reedición de su tesis de grado —reconocida con el premio a la Mejor Tesis Creativa en el año 2020—, proceso acompañado por el escritor y docente Álvaro Bisama. Esta nueva edición 2025, de la editorial Pájaro Errante, es un libro de cuentos que nos invita a dejar de lado el racionalismo y a desconectarnos de todo lo conocido. Mantiene la premisa de su creación original: la exploración de las formas en que lo extraño y lo inquietante aparecen en la literatura y en nuestra manera de interpretar la realidad.

El proyecto comenzó como un estudio del género del horror existencial o nihilista, releyendo a Thomas Ligotti (Detroit 1953, escritor estadounidense de ficción de terror), bajo una perspectiva latinoamericana y chilena del concepto del horror, ampliando los límites del género hacia otras tradiciones orales, literarias y artísticas, incluyendo nuestro propio “folclor”, las experiencias y la historia del continente.

Sus cuentos se encuentran ordenados en cuatro grandes secciones: «Del AIRE», «TERRESTRES», «ACUÁTICOS» y «OCULTOS». Son secciones que nos llevan a creer que lo que nos encontraremos nos permitirá realizar un camino sereno, pero no hay brisas condescendientes en sus hojas. En su inicio nos encontramos con una advertencia, de la que destaco lo siguiente: «Algo que pica en la costura de nuestra animalidad y nuestro ser divino… CUIDADO: TIERRA QUEMADA»; que no se diga que no fuimos advertidos.

Nos envuelve su narración poética, oscura y sorpresiva. Los habitantes de sus cuentos se mueven naturalmente entre lo real y lo soñado, y nosotros con ellos. Nos movemos por paisajes fantásticos creados con elementos naturales, zonas montañosas, campos solitarios y valles por donde transitan animales locos y humanos en igual condición: el horror llevado al contexto latinoamericano. Si eres lector chileno, reconocerás paisajes y animales del territorio que habitamos.

En su primer cuento podemos encontrar de entrada esta poderosa frase: «soñó que había olvidado todos los nombres»; y luego las siguientes señales: el poder de lo onírico y la desaparición de un mundo, aves, personas que huyen y la visión del más allá. Todo convive como si fuera un híbrido de realidad y paisajes soñados o pesadillescos, junto con el peso de la memoria. El mundo retratado en este cuento se extiende más allá de las fronteras de lo material.

El principal requisito para entrar en este libro y recorrerlo es dejar fuera las ideas preconcebidas de lo que es un cuento, y dejarnos mecer por el vaivén de las imágenes que Camila Chomali va desplegando frente a nuestros ojos acostumbrados a lo concreto gris. Nos invita a sumergirnos en imágenes refrescantes que se convierten en un bálsamo para nuestra mente cansada de tanta realidad. Vemos personajes misteriosos, tiernos, perdidos, mágicos y oscuros también, donde el tiempo los vuelve figuras difusas y la memoria actúa con todo su material emocional. Encontramos una escritura tan tierna como salvaje y brutal, sin dejar de lado un delicioso toque de humor. Aves, flores, animales, plantas y montañas aparecen frente a nuestros ojos como si fuera la primera vez que los vemos; están envueltos en una tela de misterio y fantasía a través de la cual se nos presentan sensaciones muy humanas. Y la muerte puede aparecer detrás de cualquier sombra o detrás de cualquier mirada.

También está presente lo grotesco que atrae: el body horror en letras. Son imágenes muy bien construidas que se pegan a la piel como el musgo de la piscina de uno de sus cuentos; a través de las palabras, nos transmite sensaciones vividas.

Otro tema son sus personajes: locos, ambiguos, difuminados y tangibles, como abuelas fuertes y otras con demencia senil, brujas, brujos mujeres jóvenes, niñas testigo de lo terrible. Hay otros personajes que se encuentran entre lo humano y lo animal. De los personajes humanos destaco al Negro, personaje mítico, punk con aura de profeta y leyenda que se mueve sobre la libertad y el caos.

De los cuentos destaco Superluna de sangre, un relato de terror que no nos deja respirar y que nos impacta con un final brutal e inesperado, donde nos cuestionamos si ellos o nosotros somos los animales locos. Hay cuentos que tienen una belleza kafkiana, que nos invitan a abandonar la explicación simple y nos desafían a tener otra mirada, como lo hace todo el libro. Todos los cuentos envueltos en atmosferas umbrosas de ambigüedad.

En su último cuento somos participes de sesiones de juegos a los cuales ingresamos con un casco de realidad virtual, donde la presencia de una luna nos hipnotiza y nos guía un prisionero con rostro de conejo, convirtiéndonos en algo parecido a una Alicia, pero más oscura y angustiada. Poniendo en duda nuestra capacidad de avanzar en esta vida, llamada por la mayoría como real. Para nosotros este libro es el casco que nos lleva a esos otros universos.

El libro abre preguntas sobre las zonas confusas donde las certezas comienzan a volverse inestables. Los relatos fueron construidos sobre los límites borrosos de las dualidades entre la realidad y la ficción, el ser y el parecer, la vida y la muerte, lo visible y lo oculto, lo animal y lo divino, lo racional y lo instintivo; conceptos que atraviesan a la autora a lo largo de su literatura y que encuentra aquí un espacio de juego y exploración.

No es un libro para consumir; es un libro para habitar. Sugiero degustar los cuentos con una lectura sin apuro, leerlos de a uno y dejar que su vibración te envuelva, casi como si sus palabras fueran gotas de un elixir alucinógeno que te invita a un viaje para luego leer el siguiente, sin prisa. Disfruta el paseo por sus mundos llenos de paisajes, animales, plantas y humanos locos. No necesitas leerlo en un orden específico: puedes ingresar al universo caleidoscópico de Camila por cualquiera de sus cuentos; sin duda tendrás una experiencia nueva y querrás volver a pasear por sus paisajes.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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