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Las puertas que abrió Sebastián Lelio CULTURA|OPINIÓN

Las puertas que abrió Sebastián Lelio

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Yusef Hadi Manríquez
Por : Yusef Hadi Manríquez Director carrera Publicidad, Universidad Andrés Bello
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La próxima vez que una película chilena encuentre una sala lejos de casa, el mérito será de quienes la hicieron y de quienes lograron llevarla hasta allí. En el camino que recorrieron quedará también algo del trabajo de Sebastián Lelio.


Sebastián Lelio murió a los 52 años, demasiado joven para una despedida y con mucho cine todavía por hacer.

Duele pensar en las películas que aún podía regalarnos, en los personajes que habría mirado con esa curiosidad tan suya. En poco más de dos décadas se convirtió en uno de los directores chilenos más respetados dentro y fuera del país. Su partida deja una huella imborrable en quienes se reconocieron por primera vez en sus películas y en quienes, al verlas llegar tan lejos, se atrevieron a imaginar que las suyas también podían hacerlo.

Al despedir a Sebastián Lelio, vale la pena reconocer que parte de su legado está en haber despertado esa curiosidad más de una vez.

Cuando Paulina García ganó el Oso de Plata por Gloria en 2013, el público de Berlín conoció a una actriz chilena extraordinaria en el papel de una mujer que salía a bailar en Santiago.

Cuatro años después, Una mujer fantástica volvió a situar al cine chileno en el centro de ese festival, esta vez con el premio al guion que Lelio escribió junto a Gonzalo Maza y con Daniela Vega al frente de la película.

El Óscar de 2018 multiplicó el alcance de ese trabajo. Cada uno de esos hitos puso en circulación nombres, oficios y maneras de hacer cine que rara vez reciben juntos tanta atención.

Ahí está una de las razones por las que Lelio se volvió un referente. Un premio no financia por sí solo la próxima película chilena.

Pero cuando un cineasta consigue que públicos de distintos países vuelvan a interesarse por lo que se filma aquí, quienes vienen detrás cuentan con un antecedente al momento de presentar un guion, buscar una coproducción o conseguir que su película llegue a otras salas. Ese espacio también sirve para obras que se parecen poco a las suyas. Una puerta abierta vale, justamente, por la diversidad de quienes pueden cruzarla.

Su trayectoria internacional tuvo, además, un movimiento de ida y vuelta. Después de dirigir Desobediencia en inglés y de rehacer Gloria con Julianne Moore, Lelio llevó a Cannes en 2025 La ola, un musical inspirado en las movilizaciones feministas universitarias chilenas de 2018. Con una carrera que ya le permitía filmar en otros idiomas, eligió trabajar con el ritmo, las voces y los conflictos de una historia ocurrida aquí.

Esa decisión también habla de la confianza que tenía en la creatividad chilena y en su capacidad para sorprender fuera del país.

La próxima vez que una película chilena encuentre una sala lejos de casa, el mérito será de quienes la hicieron y de quienes lograron llevarla hasta allí. En el camino que recorrieron quedará también algo del trabajo de Sebastián Lelio.

Durante años, sus películas dieron a espectadores de otros países razones para prestar atención al cine chileno. Y a quienes hacen cine en Chile les dieron una razón más para imaginar que la suya también puede llegar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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