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Diversidad y límites en Chile Vamos

por 4 enero, 2019

Diversidad y límites en Chile Vamos
La tolerancia parece ser una virtud importante para los ciudadanos, ello se manifiesta explícitamente en la defensa de los distintos estilos de vida y preferencias sociales que los chilenos tienen desde el retorno a la democracia. Entonces, parece de toda lógica que nuestras instituciones políticas tiendan a asegurar y respetar la más amplia cantidad de expresiones y formas de pensamiento, como defiende el principio de imparcialidad.
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Reflexionemos en torno a la siguiente idea de coalición política. La buena convivencia entre distintos grupos representativos depende básicamente de dos principios rectores, a saber: la maximización de la libertad de expresión y de tolerancia protegida según dicte el caso (limitando que los discursos causen algún tipo de daño). La configuración parece razonable y fácilmente mensurable en su éxito, simplemente necesitamos asegurar el acceso a la más amplia cantidad posible de discursos alternativos dentro de una coalición (maximización de libertad de expresión) y castigar o excluir cualquier reclamo que tienda a dañar la honra o identidad de un grupo social representativo contrario (principio de tolerancia protegida).

A lo anterior podemos ofrecer una visión alternativa remplazando el principio de tolerancia protegida por el de “neutralidad”, es decir, la búsqueda de imparcialidad en el tratamiento de diferencias políticas sobresalientes y el reconocimiento implícito de la diversidad dentro de grupos sociales. La idea acá es poder asegurar que ningún grupo sea excluido per se y que sus criterios de pertenecía sean basados en buenas razones de representación social o afinidad ideológica.

Las recientes declaraciones de Hernán Larraín Matte sobre poner “límites” a la configuración de fuerzas dentro de Chile Vamos lo sitúan dentro de nuestro primer bosquejo relacional, sin embargo, ello plantea otro tipo de interrogantes, a saber: ¿cuáles son específicamente los límites a los que se refiere el líder de Evópoli?  Y en segundo lugar, ¿qué alcances tiene la instauración de límites dentro de una coalición política?

La primera cuestión, parece direccionarse en dos vías. O Larraín quiere proscribir todo intento de primacías de ideas que se relacionen con el respeto a la autoridad, el restablecimiento del orden público, la disciplina como virtud social, antiglobalismo y preferencia por la identidad nacional, etc., o, por otra parte, quisiera poner cortapisas a bases sociales representativas del sector (conservadurismo popular de la UDI de Jacqueline van Rysselberghe o neopinochetismo democrático de Camila Flores y José Antonio Kast), que serían recipientes naturales de las ideas mencionadas anteriormente.

La estrategia del líder de Evópoli pareciera ser conocida: apelar a grandes abstracciones morales como son la defensa de la democracia y el respeto a los DD.HH como elemento discursivo para justificar la exclusión que conlleva el principio de tolerancia protegida. Con esto no quiero decir que no sean relevantes dichos ideales, simplemente quiero hacer notar que su introducción tiene un fin instrumental y sesgado, a fin de enmarcar el debate en torno a un anclaje ficticio: Demócratas vs. Autoritarios. Tal como postula Michael Ignatieff en su último libro, Las virtudes cotidianas, los DD.HH y la Democracia se han trasformado en parte del lenguaje de la Elite Política que no necesariamente tiene un correlato práctico en la mayoría de la gente, cuyo foco moral tiende a identificarse con virtudes cotidianas, como podrían ser la tolerancia y el respeto mutuo.

Estas virtudes, que forman parte del principio de imparcialidad, posibilitan una alternativa más inclusiva y diversa dentro de la coalición, ampliando la base de apoyo del actual Gobierno, así lo han identificado acertadamente el ministro del Interior Andrés Chadwick y la vocera de Gobierno Cecilia Pérez, quienes defendieron esta opción en los medios de comunicación. Así, los conflictos generados al fijar límites en la configuración de Chile Vamos no provienen, en su mayoría, de ideas divergentes, sino en los alcances que tienen los reclamos rivales dentro de esta discusión. ¿Alguien dentro del sector defiende la violencia como medio legítimo de acción política? ¿Se ha planteado eliminar instituciones democráticas? La respuesta es un rotundo NO, quedando sin sustento acusaciones de populistas autoritarios o negacionistas.

En consecuencia, lo que pone sobre la mesa Larraín es de una índole moral distinta y que el filósofo británico John Gray llamó las dos caras del liberalismo” en función de un régimen tolerante: la postura de Evópoli indica que  debemos buscar una coalición ideal que represente principios mínimos de carácter universal, como sugiere el principio de tolerancia protegida o, en su defecto, apoyamos un compromiso para reconciliar diversas fuentes ideológicas como medio para lograr una coexistencia pacífica entre grupos representativos.   

En síntesis, la tolerancia parece ser una virtud importante para los ciudadanos, ello se manifiesta explícitamente en la defensa de los distintos estilos de vida y preferencias sociales que los chilenos tienen desde el retorno a la democracia. Entonces, parece de toda lógica que nuestras instituciones políticas tiendan a asegurar y respetar la más amplia cantidad de expresiones y formas de pensamiento como defiende el principio de imparcialidad.

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