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Recortes a Medio Ambiente golpea base de la protección ambiental incluida conservación de especies Medioambiente

Recortes a Medio Ambiente golpea base de la protección ambiental incluida conservación de especies

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Hacienda propone eliminar cinco programas ambientales que suman $1.300 millones, recortando funciones clave en biodiversidad, humedales y educación. Los recortes, según expertos, reducen la capacidad preventiva del Estado justo cuando crece la presión sobre los territorios.


La descontinuación de programas del Ministerio del Medio Ambiente no es una medida aislada, sino parte de una estrategia más amplia impulsada por el Ministerio de Hacienda, encabezado por el ministro Jorge Quiroz. Así lo establece la circular de formulación presupuestaria 2027, que instruye un cambio de paradigma en la gestión del gasto público, orientado a reducir programas y ajustar el tamaño del Estado .

En ese marco, el informe técnico propone eliminar cinco programas ambientales que operan en la base de la gestión territorial: conservación de especies, protección de humedales, recuperación de suelos contaminados, educación ambiental escolar y fiscalización de ruidos. El ajuste no apunta a grandes regulaciones, sino a la “infraestructura blanda” del sistema ambiental: prevención, monitoreo y trabajo comunitario.

Menos programas, más presión sobre ecosistemas

El impacto ambiental de estos recortes es directo. La eliminación del programa de conservación de humedales, por ejemplo, ocurre en un contexto donde estos ecosistemas están bajo presión urbana e inmobiliaria. Sin esta herramienta, el Estado pierde capacidad para anticipar conflictos y resguardar funciones críticas como la regulación hídrica o la mitigación de eventos extremos.

Lo mismo ocurre con la recuperación de suelos contaminados, una línea clave en territorios marcados por pasivos ambientales. Su eliminación no solo retrasa procesos de remediación, sino que prolonga la exposición de comunidades a riesgos sanitarios.

Educación y fiscalización: los recortes invisibles

El ajuste también alcanza al Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Escuelas (SNCAE), uno de los principales instrumentos de educación ambiental en el país. Aunque su presupuesto es bajo, su impacto es estructural: forma cultura ambiental en comunidades educativas y territorios. Su eliminación debilita la base social que sostiene políticas climáticas de largo plazo.

A esto se suma el término del programa de fiscalización de ruidos con municipios, una herramienta directa para abordar contaminación acústica en ciudades. Su eliminación transfiere presión a gobiernos locales, reduciendo la capacidad de respuesta en conflictos cotidianos.

La lógica del ajuste: dónde se recorta

El documento de Hacienda es explícito en su diagnóstico: tras años de expansión del gasto, se busca reordenar prioridades, contener el gasto corriente y focalizar recursos en funciones esenciales del Estado . En la práctica, esto se traduce en la eliminación de programas considerados prescindibles o de menor impacto fiscal.

Pero en el caso ambiental, esa lógica tiene un efecto específico: el ajuste se concentra en áreas preventivas y territoriales, no en grandes estructuras regulatorias. Es decir, se reduce la capacidad del Estado para intervenir antes de que los conflictos ocurran.

Tensión con la agenda de crecimiento

Estos recortes se producen en paralelo a una agenda económica que busca acelerar la inversión y reducir barreras regulatorias. El resultado es una tensión evidente: mientras se promueve dinamismo económico, se debilitan herramientas que permiten gestionar sus impactos ambientales.

El efecto es un cambio de equilibrio. Menos Estado en la gestión ambiental local, en un contexto donde la presión sobre ecosistemas —y sobre comunidades— sigue en aumento.

Las consecuencias

Aunque los montos involucrados no son de los mas cuantiosos en términos presupuestarios, su impacto es calificado como desproporcionado. En política ambiental, donde gran parte del trabajo ocurre en escalas locales y preventivas, estos programas cumplen un rol clave.

La señal política, entonces, va más allá del ahorro fiscal. Apunta a redefinir qué tipo de Estado ambiental se construye: uno centrado en grandes decisiones regulatorias, pero con menor presencia en los territorios donde esos impactos se viven día a día.

Recortes ambientales: Hacienda propone eliminar programas clave de gestión territorial y preventiva

La propuesta de ajuste fiscal impulsada por el Ministerio de Hacienda, encabezado por el ministro Jorge Quiroz, incluye la descontinuación de programas del Ministerio del Medio Ambiente que, aunque de bajo monto relativo, cumplen funciones críticas en la gestión ambiental del país. La medida forma parte de las instrucciones de formulación presupuestaria 2027, que apuntan a reducir programas y reordenar el gasto público bajo un nuevo criterio de eficiencia .

En concreto, el informe técnico propone eliminar cinco programas ambientales, que en conjunto suman cerca de $1.305 millones:

  • Conservación de Especies (ID 125334) → $417.762.740
  • Sistema Nacional de Certificación Ambiental de Escuelas, SNCAE (ID 81283) → $463.646.640
  • Gestión para la Conservación de Humedales (ID 138830) → $258.667.790
  • Recuperación de Suelos con Potencial Presencia de Contaminantes (ID 138809) → $145.449.430
  • Fortalecimiento de la fiscalización de ruidos con municipios (ID 125317) → $19.843.490

Aunque estos montos son acotados dentro del presupuesto total, los programas tienen un rol directo en la gestión ambiental territorial.

Impacto en biodiversidad, agua y salud ambiental

El programa de Conservación de Especies ($417 millones) es uno de los principales instrumentos para la protección de biodiversidad, incluyendo especies amenazadas y ecosistemas frágiles. Su eliminación reduce la capacidad del Estado para intervenir en procesos de degradación ambiental.

En paralelo, la Gestión para la Conservación de Humedales ($258 millones) cumple un rol clave en la protección de estos ecosistemas, que funcionan como reguladores hídricos, barreras frente a inundaciones y reservorios de biodiversidad. Su descontinuación ocurre en un contexto de creciente presión urbana y cambio climático.

A esto se suma el programa de Recuperación de Suelos Contaminados ($145 millones), vinculado directamente a territorios con pasivos ambientales. Su eliminación implica menos herramientas para enfrentar contaminación histórica en zonas industriales, con efectos en salud pública y calidad de vida.

Educación ambiental y gestión local

Uno de los recortes más relevantes en términos estructurales es el del SNCAE ($463 millones), el sistema que certifica a establecimientos educacionales en gestión ambiental. Se trata de una política de largo plazo que instala capacidades en comunidades escolares y territorios.

También se elimina el programa de fiscalización de ruidos con municipios ($19 millones), una herramienta concreta para abordar contaminación acústica en zonas urbanas. Su salida reduce la capacidad de los gobiernos locales para enfrentar este tipo de conflictos.

Ajuste fiscal y redefinición del rol del Estado

La eliminación de estos programas se enmarca en una estrategia más amplia de Hacienda que busca contener el gasto y focalizar recursos en funciones consideradas esenciales. El documento oficial señala la necesidad de ajustar el gasto corriente y mejorar la eficiencia del Estado .

Sin embargo, en el caso ambiental, el ajuste se concentra en programas de carácter preventivo, educativo y territorial. Es decir, en aquellas áreas que operan antes de que los problemas escalen a conflictos mayores o a daños irreversibles.

Una señal en medio de la agenda de crecimiento

Estos recortes coinciden con una agenda económica que promueve la inversión y la simplificación regulatoria. En ese contexto, la reducción de programas ambientales plantea una tensión: mientras se busca dinamizar la economía, se debilitan herramientas que permiten anticipar y gestionar sus impactos.

El resultado es un cambio en el equilibrio del sistema ambiental: menos recursos para la prevención y la gestión local, en un escenario donde la presión sobre ecosistemas y comunidades sigue en aumento.

Más allá del monto —cercano a los $1.300 millones—, el foco del ajuste revela una redefinición del rol del Estado en materia ambiental, con menor presencia en el territorio.

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