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Pasos para empezar a salir de esta grave crisis

por 4 noviembre, 2019

Pasos para empezar a salir de esta grave crisis
Primero, el Gobierno debe hacer un nuevo giro, que implica no solo mostrar apertura de negociación con el mundo político y empresarial –que parece estar entendiendo mejor el problema que La Moneda– sino también comprender de una vez el fenómeno de masas actual. Segundo, el Gobierno tiene que ser capaz de conducir el diálogo ciudadano y perderles el miedo a las palabras “Constitución” y “Asamblea Constituyente”. Tercero, hay que impulsar una agenda legislativa urgente que sintonice con las demandas de la gente y no con un paquete de medidas que claramente no les hizo sentido a las personas movilizadas.
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Hoy se cumplen dieciocho días desde que estalló la mayor crisis vivida en democracia en estos treinta años. Su evolución, hasta ahora, ha sido más o menos así: una fuerte explosión social en Santiago seguida de hechos de violencia acotados a grupos específicos y saqueos en barrios populares, y un estado de emergencia que demostró que las nuevas generaciones no tienen miedo a los militares en la calle, a diferencia de sus padres.

Luego, una segunda etapa en que las movilizaciones masivas se han convertido en una constante en todo el país, predominantemente pacíficas, autoconvocadas y sin ninguna intervención de los partidos. También han comenzado a integrarse distintas organizaciones de la civilidad, pero con la precaución de no “subirse por el chorro”. Cada vez tenemos menos hechos de violencia, coincidente con el fin del estado de excepción.

En esta misma etapa, el Gobierno ha demostrado una incapacidad sorprendente para comprender este fenómeno social, incluso a ratos aplicando un mecanismo de negación digno de estudio. Mejor ni mencionar sus áreas de análisis proyectivo o de inteligencia.

Un Presidente sobreexpuesto –venía de asumir toda la vocería del Gobierno, de dar entrevistas, participar en matinales, etc.– que termina como “ícono“ de todas las críticas de la gente debido a una sumatoria de eventos que se conocieron este año y que refuerzan la desigualdad y los privilegios, como el viaje sus hijos, el no pago de contribuciones y, por supuesto, la desafortunada frase de su señora al inicio de la crisis. Una estrategia zigzagueante entre la guerra y el extraño intento de hacerse parte de la movilización del millón de personas.

Lo más complejo para el Gobierno es que todas las acciones tomadas no han logrado bajar en nada las movilizaciones, por el contrario, estas han aumentado y extendido además a todo Chile.

Primero un paquete de medidas que apuntaban a sectores vulnerables, más que a la clase media que está volcada en la calle. Luego un llamado a la oposición, que está tan confundida como el Gobierno. A continuación, un cambio de gabinete que solo se justificó por el ingreso de Gonzalo Blumel y Karla Rubilar, quienes han puesto un tono distinto, y que le ha permitido –al fin alguien lo convence– al Presidente salir completamente de escena.

Ese es un punto clave porque si Piñera sigue en el centro del problema, las presiones pueden ser muy fuertes para una salida no institucional, lo que, a mi parecer, sería muy peligroso para la democracia.

Pese al relato que quiere instalar el Gobierno, estamos lejos de que el país retome la normalidad. Este es un proceso cuya mayor complejidad es que no tiene interlocutores por parte de la ciudadanía que está en la calle.

El desafío ahora para el Gobierno –que involucrará al Congreso y por ende a la oposición– será desarrollar un ritmo acorde a la presión que pondrán las movilizaciones, que van a continuar, y ahora además emergerán áreas sectoriales como salud, educación, sindicatos, etc. Por supuesto que se entiende que no todo se va a poder abordar de inmediato, pero se deben dar señales concretas y compromisos de que eso se realizará. Aquí no basta la declaración de intenciones.

Desde mi perspectiva, tres son los aspectos críticos que pueden permitir avanzar y poder vislumbrar el final del túnel, el que aún se ve muy lejano.

Primero, el Gobierno debe hacer un nuevo giro que implica no solo mostrar apertura de negociación con el mundo político y empresarial –que parece estar entendiendo mejor el problema que La Moneda– sino también comprender de una vez el fenómeno de masas actual.

Segundo, el Gobierno tiene que ser capaz de conducir el diálogo ciudadano y perderles el miedo a las palabras “Constitución” y “Asamblea Constituyente”.

Tercero, hay que impulsar una agenda legislativa urgente que sintonice con las demandas de la gente y no con un paquete de medidas que claramente no les hizo sentido a las personas movilizadas.

Aprender a leer el entorno. El fin de semana pasado vimos cómo el nuevo intendente, Felipe Guevara, intentó minimizar la movilización en Plaza Italia que reunió –según los medios– a 120 mil personas, mientras el exalcalde hablaba de 8 mil, luego 20 mil. También argumentó que “no contaban con permiso”, por tanto, justificó la dura acción policial.

Si las autoridades piensan que impedir que la gente se reúna espontáneamente va a bajar el conflicto, es que no están entendiendo nada. Está comprobado que las movilizaciones masivas sin intervención policial han terminado como una verdadera fiesta ciudadana. Si el Gobierno pretende ponerse una venda en los ojos para conquistar la icónica “zona cero” –la Plaza Italia– y poder mostrarla en la portada de algunos diarios, estará cometiendo un error garrafal, que solo logrará enrabiar más a la gente.

Y, claro, si el ministro Felipe Ward señala, en su debut, que este es el primer Gobierno “que se hace cargo de los problemas de la gente”, es que realmente están viviendo en otro planeta. Solo faltaría que La Moneda se comprara eso de que los rusos o los alienígenas iniciaron este conflicto social.

Ciudadanía. El primer paso que se debería dar es recoger las conclusiones de los cabildos –se han armado de manera espontánea– realizados hasta ahora y darles una estructura y conducción desde el Gobierno, pero coordinado con los alcaldes. Sin duda, este es un paso fundamental que podría ligarse de inmediato a la discusión de fondo, que son los aspectos que deben ser modificados de la actual Constitución.

Es evidente que La Moneda le tiene miedo a esto, pero en estos pocos días, si hay algo que ha quedado en evidencia, es que los límites, los bordes de las conversaciones se han corrido. Lo tallado en piedra, lo que era políticamente incorrecto, hoy ya no lo es.

¿Se imagina a Jacqueline Van Rysselberghe el 17 de octubre diciendo que estaba abierta a subirle los impuestos al 10% más rico? Si Piñera pierde el miedo, tiene la ventaja de contar con un Blumel que puede declarar que el Gobierno va a iniciar un proceso de escucha ciudadana que incluye la Constitución. Si hasta los empresarios ya han declarado su apertura a revisar la Carta Magna.

Tres aspectos de la Constitución parecen ser prioritarios: el concepto de igualdad ante la ley debe estar ligado a la equidad y privilegios. Los plebiscitos deben ser una alternativa para resolver problemas estructurales de la sociedad, y se deben revisar las restricciones a los derechos civiles incluso en Estados Excepcionales.

Urgencias legislativas. Quedó claro que el paquete de medidas anunciadas por el Presidente el 22 de octubre no sintonizó con la calle. El Ejecutivo debe intentar leer mejor a la gente y no solo a los partidos. De acuerdo a lo que se exige en las movilizaciones, redes sociales, incluidas algunas encuestas ciudadanas como “Chilecracia”, las principales iniciativas que se esperan son: aumento sustantivo de las pensiones; cárcel efectiva para delito de colusión; pensión mínima igual o mayor a salario mínimo; seguro universal de salud; reducción de contribuciones a la tercera edad; aumento del impuesto a los más ricos; volver las sanitarias al Estado –de seguro vinculado a los episodios de este año–; y transporte gratuito para la tercera edad, entre otras.

¿Y la Iglesia? Finalmente, y solo como reflexión, en otros momentos de la historia, la Iglesia católica de seguro habría tenido un rol importante en la conducción o facilitación de un conflicto de esta magnitud. Hoy ha estado totalmente ausente, ni siquiera una palabra de aliento, nada. Bueno, su crisis es tan profunda que sus miembros deben estar concentrando todas sus energías en eso.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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