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Archivo (AgenciaUno)
Ministro Jorge Quiroz: “soy muy empático con el sufrimiento humano”
“Obviamente que uno tiene que comunicar ciertos números y entonces se ve como duro. Pero si usted lee mis cuentos, verá que tengo el corazón blando por dentro”, dijo el ministro de Hacienda en entrevista con El País, en la cual también se comparó con Manolito, el personaje de Mafalda.
El ministro de Hacienda Jorge Quiroz, conocido por su estilo técnico y por la dureza con que ha defendido el ajuste fiscal, reveló en una entrevista con El País una de sus facetas menos conocida relacionada con la literatura y la escritura. “Si usted lee mis cuentos, verá que tengo el corazón blando por dentro”, afirmó, antes de definir una sensibilidad que, según asegura, contrasta con la imagen que ha proyectado desde que llegó al Gobierno.
El secretario de Estado dijo que “obviamente que uno tiene que comunicar ciertos números y entonces se ve como duro. Pero si usted lee mis cuentos, verá que tengo el corazón blando por dentro, y que le tengo cariño a mis personajes. Soy muy empático con el sufrimiento humano”, enfatizó en la misma entrevista.
En relación a lo anterior, explicó que esa empatía la expresa cuando está en relación cercana. “Y cuando tengo mayor cercanía se nota que no soy el personaje hiper frío que a veces han dicho”, añadió.
Su faceta de escritor
En 2015, Quiroz publicó en la Editorial Ceibo publicó Cuentos pendientes, volumen compuesto por 15 relatos que recorren episodios de la historia política, económica y social de Chile de las últimas seis décadas, mezclando realidad y ficción, drama y humor negro.
El titular de Hacienda, quien dice ser lector de Borges, Huidobro, Nicanor Parra, Julian Barnes, Flaubert y Javier Cercas, revela que escribió su obra durante un periodo de crisis existencial, aunque mantiene en reserva las circunstancias personales que lo llevaron a ese momento. “Estaba con mucha vida interior, a veces un poco aislado de mí mismo. Entraba a mi escritorio, me venía una ráfaga y me ponía a escribir de una sentada. Hay cuentos que empezaba y no sabía cómo iban a terminar”, comentó.
Un Gobierno “schumpeteriano”
Pero la literatura tampoco aparece desligada de la concepción económica que Quiroz ha instalado desde su llegada a Hacienda. En la entrevista vuelve a reivindicar a Joseph Schumpeter, uno de los autores que, junto con Adam Smith, más han influido en su pensamiento.
El ministro explica que cuando calificó al Gobierno de Kast como “schumpeteriano” se refería a la necesidad de recuperar la libertad para emprender, innovar e inventar. A su juicio, Chile se encuentra excesivamente cubierto por regulaciones que terminan obstaculizando la iniciativa privada.
“Chile está demasiado cubierto por regulaciones y reglas, que terminan matando las iniciativas. Por eso es un Gobierno schumpeteriano, porque vamos a tratar de remover mucha de esa maraña de regulaciones y, además, al bajar los impuestos, mejorar los retornos para que haya empuje empresarial. Hay personas que ponen todo el énfasis en la competencia perfecta, que es una visión más estática. Pero la visión schumpeteriana es más aventurera”, señaló.
De ahí surge uno de los conceptos que más reivindica: la “creación destructiva”. Cada innovación, explica, puede desplazar aquello que existía previamente, pero precisamente ese proceso constituye uno de los motores del crecimiento económico. Es también la razón por la que, según ha planteado, el Gobierno de Kast busca remover regulaciones y generar condiciones para una mayor iniciativa empresarial.
De niño empresario a “Manolito”
La entrevista también reconstruye el vínculo temprano de Quiroz con la economía. Cuenta que comenzó a generar sus propios ingresos a los 11 años y que, en plena inflación, montó un pequeño negocio de artículos de librería.
Al recordar aquella experiencia, el actual ministro de Hacienda encuentra una comparación inesperada en la cultura popular: Manolito, el personaje de Mafalda obsesionado con el dinero y los negocios. “Era un poco Manolito, el personaje de la Mafalda”, reconoce. Y la comparación no termina en su infancia. “Incluso, para sacar las cuentas del Gobierno, sigo siendo Manolito”, agregó, explicando que ya a los 11 años vendía artículos de librería.
Consultado sobre qué provocaron los libros de economía para él en ese contexto, respondió que le permitieron darse “cuenta rápidamente de que la izquierda estaba profundamente equivocada. Mi papás eran personas educadas, cultas, serias y no eran demagógicas. Y yo, con los años, también me di cuenta que cuando un país es tomado por la demagogia, se generan problemas que pueden tener dramas humanos gigantes, porque el golpe de Estado fue una tragedia nacional, y una tragedia que nace de la demagogia”.