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¿Para dónde va la derecha en 2020?

por 1 enero, 2020

¿Para dónde va la derecha en 2020?
Con un panorama político en que la seguridad pública seguirá con bajo nivel de control y un escenario económico deteriorado –crecimiento entre 1 y 1.5%–, dos atributos que siempre se han asociado al sector, la derecha deberá levantar nuevas banderas, que esperamos no sea el populismo al estilo Bolsonaro. La única ventaja para Chile Vamos, e incluso para un gobierno de administración con escaso apoyo ciudadano, es que la oposición, pese a haber tenido al rival en el suelo, sigue tan confundida, dividida y enredada como todo el año, incluso desde el 18/0 en adelante
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La derecha chilena vivió, durante gran parte del año pasado, una etapa de fraccionamiento sistemático, el que terminó que expresarse en forma pública a partir del 18/0 en adelante. Poco antes de cumplir un año en el gobierno, la coalición ya mostraba los primeros síntomas de desgaste anticipado, a la par con lo que empezaba a incubarse en La Moneda. Las disputas entre los timoneles de RN y la UDI traspasaban el Comité Político y circulaban en redes sociales y medios de comunicación sin censura y pudor alguno. Se trataban mutuamente de imprudentes, de hacer “pataletas de poca monta”, de desleales. Desbordes se burló de Jacqueline cuando esta dijo que si se rebajaba el sueldo a los parlamentarios podría entrar “gente de menor calidad al Congreso”. JVR, por su parte, señaló que no estaba dispuesta a recibir consejos de “ningún patipelado”.

Luego vendrían las disputas públicas entre los dirigentes de Evópoli con los de la UDI, de exdirigentes de RN –como Carlos Larraín– con la directiva actual, de RN con José Antonio Kast y, por supuesto, de los entonces guardianes del piñerismo –tendencia hoy desaparecida– Chadwick y Pérez con la propia coalición. Críticas mutuas, comentarios irónicos. Similar a lo que la Nueva Mayoría vivió, pero en el tercer año de gobierno de Bachelet 2. Un proceso de descomposición casi idéntico del segundo experimento de los partidos que dieron vida a las segundas partes de los dos presidentes que se repitieron el plato de manera alternada. El destino hermanando a Bachelet y Piñera. Paradojas de la vida

Pero el segundo síntoma de alerta para Chile Vamos comenzó mucho más temprano de lo esperado. Ya en marzo empezó a circular un contingente grande de candidatos del sector a la presidenciales ¡del 2022! Piñera no alcanzaba a celebrar su primer aniversario y la derecha ya estaba en plena competencia interna con una lista larga: Chahúan, Allamand, Espina, Cathy Barriga, Lavín, Felipe Kast, José Antonio Kast. La oposición, en cambio, apenas contaba con un par de cartas desdibujadas, incluida una desaparecida Beatriz Sánchez.

Mientras tanto, La Moneda –o Piñera, la verdad– seguía apostando, por segunda vez, por la UDI como su partido de soporte. La colectividad gremialista en su salsa, gozando los privilegios del poder, sumando ministros en puestos claves. Pero los problemas comenzaban a hacerse más claros, más visibles. Una primera reestructuración de gabinete que pareció la crónica de una muerte anunciada. Salía un locuaz y provocador Varela y también el autor intelectual de la apuesta fallida de perfilar al gobierno como el “salvador” de Venezuela, llevando incluso a Piñera a protagonizar uno de los bochornos que marcarían el comienzo del fin: el penoso viaje del mandatario a Cúcuta y el lanzamiento de Prosur, ese experimento que murió de la misma forma en que nació, sin pena ni gloria. El escritor Ampuero caía sin que nadie estuviera dispuesto a prestarle apoyo y, menos, ropa.

Todavía deben estarse preguntando en Chile Vamos cómo el presidente cayó en la trampa fácil de convertir la política exterior en política interior, descuidando el frente interno y jugarse por Bolsonaro o Guaidó. Porque mientras La Moneda ponía todas sus fichas en el resto del continente, en el país empezaban a fortalecerse movimientos como No + AFP o los clientes de las isapres demandaban colectivamente a sus prestadores de salud. Nadie estaba leyendo las variables que se movían a una velocidad de crucero. El 18/0 estaba cada vez más cerca.

La decisión de impulsar las reformas estructurales provocó una nueva fisura al interior de Chile Vamos. La UDI obsesionada por avanzar sin transar ni negociar nada. De hecho, las reformas tributaria, de pensiones y laboral mostraron a Renovación Nacional enfrentada nuevamente a la UDI. El partido de centroderecha apoyaba el proyecto de 40 horas de las PC Cariola y Vallejo. Desbordes sorprendía luego señalando que lo planteado en la reforma tributaria no podía ser un dogma. La tensión escalaba y el gobierno hizo oídos sordos a la advertencia de uno de sus socios. Ossandón destronaba a Lavín con su idea de una derecha popular.

Así llegamos a ese viernes de furia y rabia acumulada en la ciudadanía. Ese fue el momento en que Chile Vamos comenzó a escribir su epitafio. El gobierno abandonaría luego sus proyectos, sus ideas y optaría por seguir la corriente, la calle, sin pensar en que su decisión terminaría por desencantar a los propios, incluidos sus incondicionales. Deben ser de los pocos gobiernos que en menos de dos años pasa de obtener un 54% en las elecciones hasta llegar a un 11% de apoyo y 81% de rechazo, que es como cerró 2019 el presidente Piñera.

El espectáculo que hemos observado estos últimos dos meses y medio habla por sí solo. Una derecha en que José Antonio Kast ha llegado a decir que Piñera es una especie de “fantasma presidencial”, lo que es aplaudido en privado por muchos de la UDI que ven en el hombre de ultraderecha una opción ante el descalabro actual. Una derecha en que un número importante espera pasarle la cuenta a Mario Desbordes por haber abierto el camino para terminar con una especie de biblia llamada Constitución del 80.

2020 se viene complejo para la derecha chilena, partiendo por la coalición que le dio soporte al triunfo del presidente Piñera. Chile Vamos se ha convertido en estos más de 70 días en un verdadero zombie. Incapaz de mantener un relato único. Incapaz de respaldar a La Moneda. Las peleas y disputas han predominado por sobre todo. La UDI definitivamente, de la mano de JVR, ha intentado marcar la diferencia y tomar una distancia más que prudente para no verse contaminada con la baja popularidad del mandatario, haciendo gestos evidentes hacia JA Kast. RN ha buscado mostrarse abierto, dialogante, haciendo más que guiños a una parte de la oposición. El PRI murió junto con la caída de la subsecretaria Alejandra Bravo, y Evópoli no logra entender cómo quedó de protagonista, pese a que saben que los bonos de Palacio están en el suelo. Nada más gráfico de esta crisis que el desaire de Van Rysselberghe a los presidentes de sus “aliados”. Una regla de oro de la política ha sido siempre lavar la ropa sucia en casa, regla que la senadora olvidó por completo

Pero, sin duda, la discusión de la Constitución provocará un quiebre mayor en el oficialismo, lo que marcará el inicio del fin de Chile Vamos. Por un lado, estará la UDI apoyando institucionalmente el NOo y cada vez más cerca del clon de Bolsonaro, José Antonio Kast. Renovación Nacional tendrá su alma dividida en dos, un grupo encabezado por los hermanos Ossandón y Marcela Sabat, y el otro bando dirigido por personajes tan diversos como el controvertido y deslenguado Diego Schalper y Andrés Allamand, el senador que se re convirtió en conservador. Evópoli debería estar en pleno comprometido con el Sí, pese a que su rol de soporte político del gobierno podría complicar esa opción. Y La Moneda, intentará mantenerse como “garante” del proceso, pese a que será tironeada por ambos costados.

Pero una de las pruebas fundamentales será para Mario Desbordes. El político más trascendente del año 2019, el que facilitó el acuerdo de aquella noche del 15 de noviembre en que la democracia estuvo en riesgo, deberá sortear las pasadas de cuenta del sector conservador de su partido por la audacia que tuvo para buscar acuerdos con la oposición –incluso previo al 18/0 , cuando criticó la reintegración tributaria– y enfrentar a la timonel del gremialismo. El diputado ha anunciado que se mantendrá neutral en el proceso plebiscitario, para evitar un conflicto interno, pese a que él claramente está por el Sí y que la división vendrá igual. Así y todo, el presidente de RN ya salió fortalecido políticamente, aunque tendrá que enfrentar a la elite de su colectividad.

Se ve difícil que Chile Vamos logre mantenerse unido este año, más aún considerando que vienen procesos electorales importantes y, como ya hemos señalado, estar cerca del gobierno es un muy mal negocio. Dudo que alguien de esa colectividad quiera posar con el mandatario para un afiche publicitario. Pero lo crítico será cuando RN y la UDI tengan que lograr alianzas o armar subpactos. De seguro, el síndrome del plebiscito atraviese todos los procesos electorales, forzando una agenda más ideologizada y menos de promesas. Es decir, los candidatos deberán echar mano a temas constitucionales para buscar adeptos, como su posición frente a lo valórico, los derechos, el rol del Estado, los recursos naturales, etc.

Y a la espera de lo que pase en RN estará muy atenta la DC, que de seguro verá una oportunidad para abandonar un conglomerado que no le gusta, y acercarse al partido de centroderecha. Sin embargo, es poco probable que exista un acercamiento formal este año, pero sí con miras al 2021, en que habrá elecciones parlamentarias y presidenciales. Dependiendo de los resultados de gobernadores y las municipales, el mapa político comenzará a reordenarse, aunque por ahora todo indica que la derecha terminará dividida en dos grandes bloques: una parte importante de la UDI y Republicanos –facilitado por la opción No– proyectando una derecha más dura y uno más de centroderecha liderado por RN, Evópoli, y por qué no, la DC y algunos independientes del perfil de Pepe Auth.

Las dos grandes incógnitas en 2020 serán cuánto puede subir José Antonio Kast en las encuestas y cuánto arrastrará a la UDI. En el sondeo de Criteria del último día de 2019, alcanzó un 9%, al igual que Parisi, vs. el 14% de Lavín. Es decir, la tesis de que en ambientes muy polarizados se desatan los candidatos extremos no se ha dado en este caso. Tal vez, su radicalidad para referirse a la crisis social –además de barrer con Piñera y el gobierno– le jugó en contra, pero el ambiente está tan revuelto que se puede revertir. Y la segunda, será cuánto puede afectar la baja popularidad de Piñera a toda la derecha, por tanto, cuánto tendrán que alejarse de La Moneda.

Con un panorama político en que la seguridad pública seguirá con bajo nivel de control y un escenario económico deteriorado –crecimiento entre 1 y 1.5%–, dos atributos que siempre se han asociado al sector, la derecha deberá levantar nuevas banderas, que esperamos no sea el populismo al estilo Bolsonaro. La única ventaja para Chile Vamos, e incluso para un gobierno de administración con escaso apoyo ciudadano, es que la oposición, pese a haber tenido al rival en el suelo, sigue tan confundida, dividida y enredada como todo el año, incluso desde el 18/0 en adelante. Pero de la oposición hablaremos la próxima semana.

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