jueves, 24 de septiembre de 2020 Actualizado a las 08:18

OPINIÓN

Autor Imagen

Del estallido social a la pandemia

por 21 marzo, 2020

Del estallido social a la pandemia
Además del carácter nacional de la catástrofe, cabe preguntarse por el diagnóstico. ¿Es una crisis sanitaria? Claro que sí, ¿pero es solo sanitaria? Mucho me temo que se trata de una crisis multidimensional, que se inicia con la pandemia, pero sus ramificaciones son múltiples. Cambió la coyuntura nacional, la pandemia y su combate la llevan, la crisis nos marcará profundamente, se vienen tiempos difíciles. Son tiempos de unidad y cohesión, no de agendas personales y, menos, de protagonismos. Momentos de poner el hombro y aperrar.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

La dinámica del proceso político es uno de los principales desafíos para los análisis prospectivos. A su vez, la correcta lectura de la realidad es indispensable para construir los caminos de solución a las crisis.

Desde el 18 de octubre, Chile experimentaba un estallido social con fuertes componentes de violencia y donde se avizoraba un marzo álgido y un abril concentrado en el debate constitucional. Pero vino la pandemia, se instaló en el ánimo nacional y hoy estamos en una nueva coyuntura, donde el epicentro es el coronavirus y sus consecuencias.

En la sociedad hay una sensación de vulnerabilidad y zozobra, no solo por la expansión del virus, sino por la incertidumbre en muchos aspectos. Empezando por el abastecimiento que ha llevado a compras de pánico, el temor a perder el empleo y por la capacidad del sistema de salud ante un incremento del contagio. Luego de días de desorden y tironeos de competencia entre distintas autoridades, el Gobierno ha decretado un estado de excepción constitucional.

El Estado de Catástrofe

El Estado de Catástrofe no es nuevo en Chile, los frecuentes terremotos, incendios forestales, tsunamis, han sido ocasión para que las Fuerzas Armadas sean llamadas a apoyar a la población civil. Tienen medios para ello: capacidad de comunicaciones autónoma, transporte aéreo, naval y terrestre. Experiencia logística y, sobre todo, capacidad de planificación y organización.

En cambio, las FF.AA. disponen de medios de comunicaciones autónomos de las redes civiles, poseen capacidad de transporte todo terreno, su presencia permite colaborar con la población civil. Saben organizar la logística. En una situación de guerra, esa capacidad se extiende hacia amplios campos de la actividad nacional y, por ello, pueden ser muy útiles para enfrentar contingencias catastróficas. Conozco un país que en pocos días su PIB cayó más del 30% y recurrió a su planificación de guerra para garantizarle a su población civil alimentación, transporte y energía. Sin ir más lejos, con solo leer la prensa, es evidente que el Ejercito Popular de Liberación chino aplicó ante el coronavirus una planificación preexistente.

Lo novedoso en esta oportunidad es que se decreta por primera vez para todo el territorio nacional, ya que normalmente se decretaba para una o varias regiones del país afectadas por una catástrofe natural. Esto es importante por el tema de la centralización de la coordinación, no solo de las Fuerzas Armadas, sino también por su articulación con todos los ministerios que sea necesaria.

Además del carácter nacional de la catástrofe, cabe preguntarse por el diagnóstico. ¿Es una crisis sanitaria? Claro que sí, ¿pero es solo sanitaria? Mucho me temo que se trata de una crisis multidimensional, que se inicia con la pandemia, pero sus ramificaciones son múltiples.

Para empezar, la crisis es planetaria. Por tanto, todo el entorno global esta alterado. No hay que ser un experto para vislumbrar un frenazo en la economía y, en particular, en el comercio internacional, componente principal de nuestro modelo. No solo disminuirán las compras de productos chilenos en el exterior (lamentable), también escasearán los productos e insumos provenientes del exterior, sin contar que por la devaluación de nuestro peso, ahora serán más caros, porque subió el dólar.

O sea, amén de los problemas de sanidad, tendremos un remezón económico de proporciones. Sin contar que además el abastecimiento se va a resentir. La cadena logística se va a ralentizar. La eventual escasez parcial plantea dudas: ¿llegará al combustible?, ¿tendremos los alimentos suficientes? En la población se instala una percepción subjetiva de desconfianza y eso explicaría las compras de pánico de las que hemos sido testigos.

A su vez, las demandas de atención médica se van a incrementar y no es fácil que el sistema de salud –al menos el público– sea capaz de atenderlas con fluidez. Algo de eso ya lo estamos viendo en el fenómeno de las vacunaciones contra la influenza.

En suma y para no extendernos, si bien la crisis es de origen sanitario, sus consecuencias son económicas, sociales e incluso de alcances políticos, ya que desplazó al epicentro anterior: el estallido social y el debate constitucional.

O sea, la crisis es multidimensional y es bueno tenerlo en cuenta para su adecuado tratamiento.

Desafíos para las FF.AA.

La decisión de convocar a las Fuerzas Armadas a colaborar en esta emergencia, en general, ha sido recibida con normalidad por la sociedad, en gran parte por la experiencia previa, pero plantea riesgos.

En primer lugar, el riesgo de la interferencia de las autoridades políticas en las decisiones de los jefes de Defensa. Son designados por el Presidente de la República y en su desempeño se relacionan con todo el aparato público, que queda bajo su competencia, pueden impartir instrucciones a todos los funcionarios públicos, de empresas públicas y de municipios. Pueden suspender derechos como el de propiedad. Dependen del Presidente, a través del ministro del Interior.

La interferencia política no es un riesgo fantasioso. Hace poco más de un año, el jefe de Defensa de la Región de Bío Bío, un almirante, coordinado con el intendente respectivo, decretó un toque de queda en su región a cargo, pero el ministro de Defensa intervino públicamente para desautorizarlo, lo que no estaba en sus atribuciones.

Hoy cuando todo el país está bajo el estado de excepción, se debe entender que las FF.AA. se encuentran en una misión especial, donde la línea de mando es acorde a esta misión excepcional. El desconocimiento de estos aspectos organizacionales, unido a los afanes de protagonismo, pueden ser elementos de riesgo.

Otro riesgo es sobredimensionar las capacidades de las Fuerzas Armadas para este tipo de tareas. Partamos por lo más sencillo, la capacidad de apoyar tareas de sanidad es limitada, cada rama tiene hospitales de campaña, pero están diseñados para atender a heridos de guerra, por ende, no tienen especialistas para todo. El número de camas que pueden aportar es limitado, calculo que en total nuestro sistema de campaña ofrece menos camas y menos UTI que cualquiera de las principales clínicas privadas de la capital. El concepto de la sanidad de campaña es atender a los soldados heridos en combate, proporcionar los cuidados indispensables para luego trasladarlos a la retaguardia. Por eso, por ejemplo, en el sistema de sanidad de campaña no hay pediatras ni geriatras.

A su vez, no todos los medios son posibles de emplear en este tipo de emergencias. Algunos son polivalentes, como es el caso de los helicópteros, sirven para dar apoyo aéreo a nuestra infantería en combate, pero también pueden transportar heridos o víveres. Pero es una falacia sostener que todos los medios son polivalentes, porque muchos de ellos son propios de la misión de defensa  y no imagino cómo emplear un escuadrón de F 16 en estos casos o una brigada acorazada.

En cambio, las FF.AA. disponen de medios de comunicaciones autónomos de las redes civiles, poseen capacidad de transporte todo terreno, su presencia permite colaborar con la población civil. Saben organizar la logística. En una situación de guerra, esa capacidad se extiende hacia amplios campos de la actividad nacional y, por ello, pueden ser muy útiles para enfrentar contingencias catastróficas. Conozco un país que en pocos días su PIB cayó más del 30% y recurrió a su planificación de guerra para garantizarle a su población civil alimentación, transporte y energía. Sin ir más lejos, con solo leer la prensa, es evidente que el Ejercito Popular de Liberación chino aplicó ante el coronavirus una planificación preexistente.

El futuro cercano

Decíamos al inicio que la prospectiva en tiempos de crisis es muy difícil. Pero algo podemos vislumbrar, sobre todo mirando la experiencia de lo ocurrido en otros países.

Lo primero que debemos tener en claro es que el contagio va a aumentar. ¿Cuánto? Eso es más difícil, pero más vale prevenir que curar. Lo segundo es obvio, tenemos para un buen rato y es más que probable que dentro de unas semanas nos ataque el "general invierno" con su demanda de energía para la calefacción, su incremento de contaminación y, probablemente, con un abasto enrarecido.

Será todo un laboratorio sociológico examinar que sucederá en la sociedad después de varios días de aislamiento. ¿Predominará el individualismo posesivo y consumista o emergerá la solidaridad y el esfuerzo común? ¿Tendremos más casos de acaparadores en los supermercados o más padres Hurtado? No sabemos, depende de nosotros. Aquí el Estado puede –y debe– jugar un rol orientador, evitando el alarmismo y la farandulización.

Me pregunto por qué los canales no destinan parte de su programación a trasmitir clases, ahora que niños y jóvenes están en casa. Por qué no se difunden las buenas prácticas de cómo los chilenos en diferentes regiones enfrentan la situación. Si todos estamos acuartelados en nuestros hogares, orientar cómo compartir con nuestros vecinos, empezando por el entretenimiento “a distancia” pero socialmente compartido. Asegurar una sana, rápida y útil comunicación a la población es una labor clave en tiempos de emergencia. Los jefes de Defensa pueden dar orientaciones en ello y combatir al "general rumor".

Cambió la coyuntura nacional, la pandemia y su combate la llevan, la crisis es de origen sanitario, pero de múltiples consecuencias. Nos marcará profundamente. Se vienen tiempos difíciles. Son tiempos de unidad y cohesión. No de agendas personales y menos de protagonismos. Momentos del poner el hombro y aperrar. Tengo fe en Chile.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV