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Covid-19: ignorancia más demagogia, igual fracaso

por 10 mayo, 2020

Covid-19: ignorancia más demagogia, igual fracaso
Chile un país prácticamente insular, al fin del mundo, con fronteras fácilmente fiscalizables, podría haber terminado con una historia de éxito en controlar la diseminación del virus en su territorio, como Nueva Zelandia, Taiwán y Corea. Esto no fue posible, por las limitaciones severas y letales de su manejo epidemiológico, que desconoce hasta ahora la biología del patógeno y la experiencia acumulada sobre la epidemiología de este en otros países. Estas serias limitaciones, la falta de trasparencia en la información respecto de la epidemia, y el antagonismo en escuchar a las comunidades científicas y médicas en su manejo, son razones poderosas para que el presidente Piñera, instaure un cambio drástico de política sanitaria respecto del virus, el cual sea capaz de unir constructivamente y con objetivos claros a toda la comunidad nacional con experiencia sobre este problema.
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Durante las últimas semanas, el gobierno y el sistema de salud publico chileno han tratado de neutralizar el avance epidémico del virus Covid-19, desgraciadamente sin buenos resultados. como lo demuestran la penetración del virus prácticamente a todas las regiones del país y en grupos vulnerables (poblaciones, hogares de ancianos y de inmigrantes) y las crecientes morbi-mortalidades en varias de ellas y en estos grupos.

Como lo hemos señalado anteriormente, creemos que este fracaso es en parte importante resultado de un desconocimiento total de la biología básica del virus, de su epidemiología y de las medidas demostradas efectivas en la mitigación de su diseminación en la corta, pero valiosa experiencia mundial previa al respecto. El centrar el diagnóstico del avance de la epidemia de este virus de alta contagiosidad, solamente en los números de casos sintomáticos diagnosticados por RT-PCR, sin aclarar que estos números corresponden a menos del 10% de los contagiados infecciosos, como era de esperar en un contexto de limitaciones de la capacidad para efectuar un alto número diario de estos exámenes y de la selección clínica previa de los sospechosos graves a quienes se les hacia el examen, ha constituido a mi juicio un improductivo fetichismo carente de toda lógica y de base científica. Solamente ahora cuando un mayor número de exámenes realizados aumenta el número de casos notificados confirmados se recurre a explicar este crecimiento por un mayor número de estos exámenes.

Este conocimiento estaba disponible desde los inicios de la epidemia y se hizo público en publicaciones nacionales que se atrevieron a criticar esta irracionalidad en la gestión de la autoridad sanitaria.

Antes del inicio de la epidemia en Chile, se había demostrado en todos los países del mundo con recursos para hacer un alto número de diagnósticos moleculares, que el número de sintomáticos diagnosticados por RT-PCR es una pequeña fracción del universo de infectados sintomáticos, pre sintomáticos y asintomáticos capaces de trasmitir la infección y que probablemente representan solo una décima parte o menos del número de infectados contagiosos. De tal modo que si la autoridad sanitaria indica que hay 12032 infectados activos (7 de mayo) el número real de estos pueden ser de 120 320 o más, los cuales en su mayoría son capaces de trasmitir la infección al resto de los susceptibles en la población y amplificar la epidemia. Este conocimiento, y la experiencia mundial, indica claramente que las llamadas, cuarentenas dinámicas y parciales, serán inefectivas en controlar la diseminación del virus, y que ellas pueden aún ayudar a la diseminación de este, ya que numerosos individuos infectados pueden migrar de una a otra comuna o Regiones, escapando las cuarentenas y propagando la infección, como ya ha sucedido en la Región Metropolitana.

La experiencia china, y de los estados de California y de Nueva York en los EE. UU. indican claramente que solo las cuarentenas estrictas y totales de extensas regiones geográficas son capaces de atenuar la rápida diseminación de este virus: el fracaso de las cuarentenas llamadas dinámicas y parciales que han resultado en la propagación incontenida del virus en Chile pareciera también confirmar esta experiencia. Sin embargo, tal vez, el uso contumaz y como amuleto, del número aparentemente bajo de casos confirmados por RT-PCR para vigilar la epidemia en Chile y su uso en la implementación de las malogradas cuarentenas dinámicas y parciales, tenían como único objetivo demostrar de forma demagógica y populista que se estaba controlando la situación; y con ello destacar la aparente habilidad de la autoridad y la excepcionalidad de Chile como país.

Ahora en un contexto de importante fracaso, no es de extrañar entonces que la autoridad comience insidiosamente a insinuar que el descalabro generado no es el resultado de sus deficientes e incoherentes políticas de los dos últimos meses, sino que de las víctimas que enferman y mueren como resultado de ellas, ya sea porque no respetan las cuarentenas, porque viven hacinados, porque son enfermos, pobres y viejos y están en hogares de ancianos y porque tal vez son inmigrantes incivilizados. La impericia de la autoridad, a la luz de la biología y de la epidemiología del virus se demuestra también, en su ligera afirmación de que a lo mejor fue innecesario cerrar las escuelas, al negar categóricamente y sin examen, la documentada hipótesis de que el virus, probablemente sin ser detectado, comenzó a matar chilenos ya en marzo de este año y al plantear la creación de inmunidad de grupo (rebaño) como solución al problema.

Chile un país prácticamente insular, al fin del mundo, con fronteras fácilmente fiscalizables, podría haber terminado con una historia de éxito en controlar la diseminación del virus en su territorio, como Nueva Zelandia, Taiwan y Corea. Esto no fue posible, por las limitaciones severas y letales de su manejo epidemiológico aquí analizadas, que desconoce hasta ahora la biología del patógeno y la experiencia acumulada sobre la epidemiología de el en otros países. Estas serias limitaciones, la falta de trasparencia en la información respecto de la epidemia, y el antagonismo en escuchar a las comunidades científicas y médicas en su manejo, son razones poderosas para que el presidente Piñera, quien ya de manera optimista se equivocó una vez respecto del curso de la epidemia, instaure un cambio drástico de política sanitaria respecto del virus, el cual sea capaz de unir constructivamente y con objetivos claros a toda la comunidad nacional con experiencia sobre este problema. Sin embargo, las razones más serias y numerosas para este fundamental e ineludible cambio son las aproximadamente 300 muertes, cuyo curso ascendente debiera ser controlado.

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