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¿Seguro Único de Salud en Chile?: un sistema hecho realidad de facto por una pandemia

por 5 junio, 2020

¿Seguro Único de Salud en Chile?: un sistema hecho realidad de facto por una pandemia
La devastación generada en Chile por el terremoto de Chillán, especialmente entre los más desposeídos, sentó las bases para un acuerdo político que permitió crear un sistema nacional de salud. Esperemos, entonces, que el dolor que sin duda traerá esta pandemia para muchos, sea el origen de un gran acuerdo nacional que permita la creación de un Seguro Único de Salud. Esto último, requiere de un proyecto de ley y permitiría integrar efectivamente prestadores públicos y privados de salud, para mejorar la atención en dicho ámbito en Chile no solo para el coronavirus, sino para todas las enfermedades. El momento para esta reforma es ahora. No lo dejemos pasar.
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El Gobierno de Sebastián Piñera ha asegurado en repetidas oportunidades que a nadie le va a faltar un ventilador mecánico si padece coronavirus y está grave. Más allá de si esta promesa es realista o no, el actual Gobierno ha emprendido la más grande intervención del Estado en el sector salud en la historia de Chile, poniendo recursos para que tanto en el sector público o privado, cualquier chileno que tenga este problema de salud reciba la atención que necesita.

¿Por qué es esto importante? Porque, en la práctica, el Presidente Piñera está implementando, aunque solo sea para una enfermedad, un Seguro Único de Salud, reforma muy necesaria para mejorar nuestro sistema sanitario, pero que ha sido constantemente resistida por los sectores más conservadores que forman parte de su Gobierno.

Se han descrito dos formas socialmente eficientes de organizar un seguro de salud que permita generar equidad social en el acceso a atención médica, reducción de gastos innecesarios y contención de costos: un seguro único estatal o un sistema de seguros sociales.

En la primera, el seguro (por ejemplo, Fonasa) recolecta cotizaciones de salud e impuestos que se utilizan para pagar a prestadores (por ejemplo, médicos, hospitales, clínicas) públicos o privados, como serían los modelos de Corea del Sur, Australia, Canadá o Inglaterra.

En la segunda opción, las cotizaciones e impuestos van a un fondo único que, a su vez, transfiere el dinero a seguros sociales, sin fines de lucro, administrados por privados, que les pagan a su vez a los prestadores públicos o privados por atender a los pacientes. Este es el modelo alemán.

Hasta el momento, la integración de prestadores públicos y privados ha logrado en Chile cosas impresionantes, como triplicar la capacidad instalada de camas críticas y producir incrementos diarios de entre cuarenta y setenta camas en las últimas semanas. Esto se ha conseguido sobre la base de un principio que subyace al ideal liberal igualitario que inspira a muchos de quienes votaron por el Presidente Sebastián Piñera: la integración entre prestadores públicos y privados para maximizar beneficios sociales de políticas en salud.

Sin embargo, en el país siempre han faltado camas críticas. De hecho, antes de la crisis del coronavirus teníamos un tercio de camas críticas por mil habitantes que Italia o España. Esto implicaba necesariamente que personas que las requerían, en la práctica, no las podían obtener. Superada la crisis, el Gobierno deberá enfrentar una pregunta simple: ¿el sistema que permitió aumentar la disponibilidad de camas, integrando efectivamente prestadores públicos y privados, debe ser desmantelado? ¿Hay algún motivo por el cual se les deba garantizar a las personas una cama crítica para coronavirus, pero no para una neumonía o una meningitis?

Probablemente no, y la ciudadanía va a demandar que ese mismo esfuerzo por mejorar las condiciones de salud de todos los chilenos y las chilenas se mantenga en el tiempo. Esto mismo sucedió en Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial: si el Estado podía en tiempos de guerra asegurar igual salud para todos los habitantes, no había motivos para cambiar esto en tiempos de paz. Esto dio origen al Sistema Nacional de Salud inglés, que, integrando a prestadores privados (“general practitioners”) y hospitales públicos, es hoy en día uno de los mejores sistemas del mundo.

La devastación generada en Chile por el terremoto de Chillán, especialmente entre los más desposeídos, sentó las bases para un acuerdo político que permitió crear un sistema nacional de salud.  Esperemos, entonces, que el dolor que sin duda traerá esta pandemia para muchos, sea el origen de un gran acuerdo nacional que permita la creación de un Seguro Único de Salud. Esto último, requiere de un proyecto de ley y permitiría integrar efectivamente prestadores públicos y privados de salud, para mejorar la atención en dicho ámbito en Chile no solo para el coronavirus, sino para todas las enfermedades. El momento para esta reforma es ahora. No lo dejemos pasar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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