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LA CRÓNICA CONSTITUYENTE

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Ojalá estemos ante un parto y no un portazo

por 19 diciembre, 2021

Ojalá estemos ante un parto y no un portazo
Los convencionales entendemos que no da lo mismo quién gane. Gabriel Boric ha estado comprometido con el proceso constituyente desde el 15 de noviembre en que se acordó y, José Antonio Kast, en contra desde ese mismo momento. Hay quienes temen que un triunfo de Boric despierte nuevamente en la Convención esas pasiones arrolladoras que la primera vuelta contuvo, que la moderación y la búsqueda de acuerdos amplios retroceda ante el entusiasmo ganador y que, ensoberbecidos, muchos olviden los temores, el cansancio y la demanda por orden y estabilidad que de algún modo reflejaron los resultados de esa votación anterior. Kast preferiría volver atrás. Boric espera asumir la tarea de enfrentar el futuro con todos sus nuevos retos. Como la Convención Constituyente, si gana, requerirá el máximo de complicidades. Lo que se viene no es fácil. Ninguna minoría basta. Ninguna ayuda sobra. A medida que se amplía la democracia, es más difícil gobernarla.
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Llegó el día de las elecciones. Muchos encienden la televisión apenas despiertan y comienzan a participar así de una jornada que comienza igual a todas las otras de su especie, para terminar con una sorpresa. Incluso cuando no hay dudas de quién ganará, el resultado tiene siempre algo de revelación. Es como en las agonías: se sabe que la muerte llegará de un minuto al otro, pero cuando lo hace, abisma. Lo mismo sucede con los partos. 

Yo prefiero no prender la televisión hasta la tarde, cuando se acercan los conteos. Es conocido el guión que los antecede: los candidatos tomando desayuno, algún canal los acompaña en el auto camino de su centro de votación, las cámaras buscando políticos y personalidades que llegan a sufragar, de pronto estalla algún escándalo -una pelea menor convertida en notición, la rabieta de un borracho, alguien que llegó sin su carnet de identidad y no se resigna a obedecer-, gente de la calle y expertos de todo tipo que intentan llenar el vacío provocado por la ansiedad. Aunque a veces la inquietud vuelve el silencio insoportable, y el murmullo de la pantalla acompaña. Es raro lo que pasa en Chile: hay un bajísimo nivel de participación, pero esa mitad que lo hace debe constituir una de las comunidades más politizadas del mundo. Para quienes formamos parte ella, como escribió Alejandro Zambra, “es imposible no hablar de política: se parece demasiado a no hablar”. 

Los convencionales entendemos que no da lo mismo quién gane. Gabriel Boric ha estado comprometido con el proceso constituyente desde el 15 de noviembre en que se acordó y, José Antonio Kast, en contra desde ese mismo momento. Hay quienes temen que un triunfo de Boric despierte nuevamente en la Convención esas pasiones arrolladoras que la primera vuelta contuvo, que la moderación y la búsqueda de acuerdos amplios retroceda ante el entusiasmo ganador y que, ensoberbecidos, muchos olviden los temores, el cansancio y la demanda por orden y estabilidad que de algún modo reflejaron los resultados de esa votación anterior. Difícil anticipar los comportamientos humanos (suelen sorprender), pero si alguno lo hiciera estaría pensando más en sí mismo que en el éxito de su gobierno y en el arranque virtuoso de la etapa política que se abrirá con él y con la nueva constitución.

Pero hay más. Este domingo termina una nueva semana territorial. La verdad, ésta vez las cuentas públicas no fueron tan activas como el mes pasado. Algunos se dedicaron a hacerle campaña a sus candidatos -unos a Kast y otros a Boric-, pero la mayor parte, viendo que el tiempo apremia, hemos entrado en un trabajo vertiginoso de confección de normas constitucionales. Las reuniones con asesores, expertos, colectivos y miembros de las diversas comisiones se han sucedido hasta altas horas de la noche, incluyendo este fin de semana. En la mayoría de los casos se trata de borradores que sus autores presentan para discutir en grupos, buscando apoyo y correcciones. Ya no se trata de divagaciones ni declaraciones de principios, sino de un trabajo muchísimo más aplicado y repleto de ribetes técnicos. Cada palabra importa, pero no como en la poesía, dónde ojalá detone infinidad de significados capaces de llevar a los lectores en direcciones muy diversas, sino como en los Mandamientos, donde el mensaje aspira a ser inequívoco, así el legislador a cargo de concretarlo pueda elegir distintos caminos a lo largo del tiempo para conseguirlo. Como en la poesía, sin embargo, es mejor menos que más. No somos los llamados a cerrar la historia, sino a abrir un nuevo capítulo de ella.

Kast preferiría volver atrás. Boric espera asumir la tarea de enfrentar el futuro con todos sus nuevos retos. Como la Convención Constituyente, si gana, requerirá el máximo de complicidades. Lo que se viene no es fácil. Ninguna minoría basta. Ninguna ayuda sobra. A medida que se amplía la democracia, es más difícil gobernarla. Y a eso estamos llamados. Mejor la sorpresa de un parto.

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