martes, 31 de enero de 2023 Actualizado a las 07:38

EDITORIAL

Recuperar el poder

por 30 noviembre, 2022

Recuperar el poder
En Chile hoy tienen el poder las organizaciones del crimen organizado, que controlan parte del territorio de las principales ciudades del país; las entidades radicalizadas del mundo mapuche; los que no quieren los tratados de libre comercio porque fortalecen el modelo “extractivista” de desarrollo; los grupos económicos que se oponen a cambios razonables y necesarios; los políticos de derecha extrema, que están usando el resultado del plebiscito como un cheque en blanco para impedir los cambios sociales y la dictación de una nueva Constitución; los que cortan las rutas, bloquean caminos, usurpan sin consecuencias la propiedad privada. Si queremos paz y progreso para todos los chilenos, solo toca recuperar el poder.
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Una definición acertada y realista del poder es la que lo describe como la facultad de decidir en la excepción. Puede ser una persona natural o jurídica o un grupo de personas. Un cuerpo colegiado o una institución, una organización, una empresa o una ONG.

El Presidente de la República dirige personalmente las relaciones internacionales del país y es quien tiene el poder en materia de política exterior. La Corte Suprema, cuando –por ejemplo– decide un recurso de casación en el fondo o sobre una petición de extradición.

Es por esta razón (decidir en la excepción) que los sistemas democráticos siempre contemplan diversos mecanismos institucionales de equilibrio y balance de poderes, con el objeto de evitar o, al menos, reducir los espacios de discrecionalidad o de falta de rendición de cuentas por parte de las autoridades, cuando toman decisiones que afectan a millones de personas.

La experiencia comparada demuestra que el funcionamiento de estos mecanismos es en el mundo de hoy un “desde” o, mejor dicho, una precondición habilitante para el funcionamiento de los poderes públicos. Y este hecho constituye, en teoría, una mejor horizontalidad en la distribución de competencias y espacios de decisión política. Pero, en la práctica, muchos contrapesos y procesos de consulta pueden ser un factor de inestabilidad, alto riesgo de parálisis, bloqueos recíprocos, fragmentación y, sobre todo, en medio de una crisis de representación, entregarle el poder (decidir en la excepción) al veto de las minorías y no al gobierno de las mayorías.

El resultado de la existencia de infinitos centros de poder es previsible: polarización y populismo. Es lo que demuestra y, al mismo tiempo advierte, la enorme evidencia internacional e histórica acumulada. Ese fue el camino del nazismo y el fascismo, de los bolcheviques y, también, de la nueva irrupción de la extrema derecha en EE.UU., Brasil, Italia y otros.

El diagnóstico es siempre el mismo: crisis de representación, falta de legitimidad, ingobernabilidad derivada de la fragmentación, los partidos tradicionales superados y cuestionados y las instituciones desprestigiadas, inermes, desconectadas de la realidad, centradas en sus temas corporativos, con altos grados de corrupción e incapacidad.

En Chile hoy tienen el poder las organizaciones del crimen organizado, que controlan parte del territorio de las principales ciudades del país; las entidades radicalizadas del mundo mapuche, las CAM, Resistencia Mapuche Lafkenche, etc.; los que no quieren los tratados de libre comercio porque fortalecen el modelo “extractivista” de desarrollo, y que dan como excusa pueril la objeción a los mecanismos de solución de controversias contemplados en los contratos.

Tienen el poder (de veto) los grupos económicos que se oponen a cambios razonables y necesarios; los políticos de derecha extrema, que están usando el resultado del plebiscito como un cheque en blanco para impedir los cambios sociales y la dictación de una nueva Constitución que canalice y haga posibles, con límites y gradualidad, esos cambios. Tienen el poder los que cortan las rutas, bloquean caminos, usurpan sin consecuencias la propiedad privada o funan al exdirector del INDH.

Si queremos paz y progreso para todos los chilenos, solo toca recuperar el poder, es decir, volver a tener la potestad de decidir en la excepción, para lo que importa de verdad a los ciudadanos, para el crecimiento económico, para la sensatez, para la justicia social y para una conducción eficiente y con integridad.

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