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Codelco: el costo de no tener dueño Opinión Archivo

Codelco: el costo de no tener dueño

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Iván Valenzuela Rabi
Por : Iván Valenzuela Rabi Subsecretario de minería de Patricio Aylwin, exvicepresidente de Exploraciones y Asociaciones Mineras de Codelco y fundador del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco).
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Chile no necesita decidir entre una Codelco estatal o privada. Lo que necesita decidir es si está dispuesto a construir para Codelco una institucionalidad de propiedad tan seria y profesional como la que ha sido capaz de construir en otras áreas estratégicas del Estado.


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Las últimas semanas han estado marcadas por una intensa discusión sobre Codelco. El incremento de costos, la accidentabilidad, los retrasos y sobrecostos de los proyectos estructurales, los cuestionamientos sobre cifras de producción y, más en general, la incertidumbre respecto del futuro de la empresa han ocupado titulares y columnas de opinión.

Algunos atribuyen estas críticas a una campaña destinada a desprestigiar a la compañía y preparar el camino para una eventual privatización. Sin embargo, más allá de las interpretaciones políticas, resulta difícil desconocer una realidad evidente: Codelco enfrenta problemas serios que requieren ser abordados con urgencia y profundidad.

Hace apenas dos décadas, la empresa era simultáneamente la principal productora de cobre del mundo y uno de los productores de menor costo de la industria. Generaba elevados excedentes con precios del cobre significativamente inferiores a los actuales. Hoy la situación es muy distinta.

La disminución de las leyes de mineral, el agotamiento de los óxidos y el envejecimiento de las instalaciones han presionado fuertemente sus costos y complejizado su operación. Sin embargo, estos desafíos no son exclusivos de Codelco. Todas las grandes compañías mineras enfrentan procesos similares. La diferencia radica en la capacidad de anticiparse, adaptarse y ejecutar oportunamente las transformaciones necesarias.

En minería, los problemas estructurales no aparecen de un día para otro. Se desarrollan durante años e incluso décadas. Precisamente por ello, la planificación de largo plazo, la disciplina en la ejecución y la capacidad de control y seguimiento constituyen competencias esenciales para preservar la competitividad y crear valor de manera sostenible.

Cuando todos son responsables, nadie es responsable

El año 2005 puede visualizarse como un punto de inflexión. En ese momento, Codelco todavía se encontraba entre los productores de menor costo de la industria mundial. Hoy se ubica en los cuartiles superiores de costos de la industria, pese a haber ejecutado uno de los programas de inversión minera más ambiciosos de la historia de Chile, con decenas de miles de millones de dólares comprometidos en proyectos estructurales. Como referencia en ese periodo, la empresa ha tenido siete presidentes de directorio y ocho presidentes ejecutivos.

¿Quién es responsable de los resultados obtenidos durante este período? La respuesta no es evidente. Probablemente una encuesta entre expertos arrojaría opiniones muy diversas. La respuesta no puede atribuirse a una sola administración ni a una sola decisión y estas evidentes fallas no pueden eximir la responsabilidad del Directorio, como tampoco la ausencia del Estado como dueño, en la dirección y políticas de largo plazo y en el control estratégico.

El verdadero defecto organizacional

El principal problema de Codelco parece encontrarse en un nivel superior: la debilidad con que el Estado ha ejercido su rol de propietario, delegando a las distintas administraciones roles que son privativos del dueño.

La Ley de Gobierno Corporativo de Codelco, promulgada en 2009, constituyó un avance. Mejoró la calidad del directorio y redujo parcialmente la influencia política directa sobre la empresa. Sin embargo, no logró resolver aspectos fundamentales.

La efectiva separación entre el ciclo político y la gestión empresarial sigue siendo incompleta. Tampoco se ha avanzado suficientemente en mecanismos de financiamiento y capitalización consistentes con la magnitud de los desafíos que enfrenta la compañía. Pero, sobre todo, han sido insuficientes los sistemas de control de gestión, evaluación de desempeño y rendición de cuentas.

¿Empresa estatal o empresa de gobierno?

Una empresa estatal tiene como objetivo maximizar el valor económico y estratégico de largo plazo para beneficio de toda la sociedad. Entendemos una empresa de gobierno en el sentido de responder a prioridades coyunturales, restricciones políticas de corto plazo y objetivos que cambian con cada administración.

Chile ha demostrado que es capaz de construir instituciones públicas de excelencia cuando define claramente los objetivos, establece mecanismos adecuados de control y protege la gestión técnica de las contingencias políticas de corto plazo. El Banco Central constituye probablemente el mejor ejemplo. Se trata de una institución completamente estatal, cuya autonomía, estabilidad institucional y claridad de mandato le han permitido desarrollar una gestión altamente profesional y reconocida internacionalmente.

La principal lección para Codelco es que el problema no radica en la propiedad estatal, sino en la ausencia del Directorio para ejercer profesionalmente las funciones de dirección estratégica, control y evaluación de resultados, como representante del dueño.

Medidas inmediatas

La recuperación de la empresa requiere una decisión clara de romper la dinámica que la ha llevado a su situación actual.

Así, se necesitan acciones concretas para mejorar la productividad, reducir costos y revisar críticamente los proyectos estructurales, evitando seguir comprometiendo recursos en iniciativas cuyo potencial de recuperación sea cada vez más incierto.

Del mismo modo, el Directorio debe asumir a plenitud su responsabilidad en la dirección y resultados de la empresa, cosa que hasta el momento no ha ocurrido.

Además, es indispensable pensar en actualizar la ley de gobierno corporativo de Codelco, para incorporar mecanismos robustos de control de gestión, evaluación de desempeño y financiamiento de largo plazo.

Asimismo, resulta necesario fortalecer una unidad especializada del Estado, sin involucrarse en la operación,  encargada de ejercer profesionalmente la función de propietario, con capacidades técnicas, continuidad y foco estratégico suficiente para asegurar que la empresa sea gestionada con criterios de responsabilidad, rentabilidad y creación de valor para Chile.

El desafío pendiente

Codelco sigue siendo la empresa más importante del país y con el mayor potencial de creación de valor económico y social de Chile. Sus problemas son reales y profundos, pero están lejos de ser irreversibles. Sería muy irresponsable no potenciar su rol y no aprovechar el rol clave que Codelco, como productor de cobre y otros minerales críticos, tiene en la moderna economía mundial, para aportar a la electromovilidad y sustentabilidad del planeta.

Chile no necesita decidir entre una Codelco estatal o privada. Lo que necesita decidir es si está dispuesto a construir para Codelco una institucionalidad de propiedad tan seria y profesional como la que ha sido capaz de construir en otras áreas estratégicas del Estado.

El Banco Central demuestra que es posible combinar propiedad pública, autonomía de gestión, responsabilidad institucional y altos estándares de desempeño. El desafío es aplicar esa misma lógica a la principal empresa del país, porque el problema de Codelco no es que sea estatal. El problema es que, durante demasiado tiempo, ha funcionado como una empresa sin dueño.

El nombramiento de Jorge Gómez como presidente ejecutivo de Codelco, constituye en ese sentido una muy buena señal como punto de partida de un cambio tan necesario como urgente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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