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Una brújula ambiental sin norte

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¡Hola! Esta semana en Juego Limpio vale la pena volver a una pregunta que ya nos hemos hecho antes: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse una idea de desarrollo que sigue funcionando contra los límites ecológicos del territorio?

No sabemos. Lo que sí tenemos claro es que por séptimo año consecutivo fuimos el primer país en Sudamérica en sobregirarnos ecológicamente, o sea, en gastarnos todos los recursos naturales de un año en cinco meses.

Y mientras el Congreso debate flexibilizaciones ambientales en nombre de la reactivación económica, también aparecen esfuerzos científicos y comunitarios que intentan abrir otras posibilidades de futuro.

  • Para esta edición conversamos con la directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Pilar Moraga, quien advierte sobre los costos de la ley miscelánea que enfrenta más de mil 500 indicaciones para la Ley Marco de Cambio Climático.
  • El nuevo informe de la International Energy Agency revela que el metano dejó de ser un problema técnico para transformarse en uno de los principales conflictos políticos de la transición energética global.
  • Una investigación sobre el lucumillo, especie endémica del desierto costero chileno, muestra cómo apenas unos centímetros de humedad pueden definir la supervivencia o desaparición de una planta en tiempos de crisis climática.
  • El investigador chileno Marcelo González Aravena fue incorporado a un grupo internacional que estudiará el impacto de los plásticos en ecosistemas polares, una amenaza que ya alcanza incluso los hielos antárticos.

Y en Futuro en Marcha, te cuento que en el Bioparque Buinzoo nacieron dos crías de tití cabeciblanco, uno de los primates más amenazados del planeta.

  • Continúa la recuperación del ñandú en la Patagonia, con nuevas liberaciones coordinadas entre comunidades, científicos e instituciones de conservación.
  • Investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias avanzan en estrategias para conservar el fruto del peumo y fortalecer la resiliencia de los bosques mediterráneos frente a la sequía.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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Pilar Moraga y la ley miscelánea: “La Ley Marco de Cambio Climático debería funcionar como una brújula para el desarrollo nacional”

La discusión de la ley miscelánea ingresó a una fase decisiva en el Congreso. Más de 1.500 indicaciones buscan redefinir un proyecto que el Ejecutivo ha presentado como una herramienta para acelerar la reactivación económica. Desde el mundo ambiental, sin embargo, las alertas se intensifican sobre los efectos que podría tener la flexibilización regulatoria. Ya se habla de una brújula sin norte.

En Juego Limpio entrevistamos a la experta en derecho ambiental y directora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), Pilar Moraga.

  • Lo primero que advierte la experta es que el problema de fondo es conceptual: refleja “una concepción según la cual la protección del medio ambiente y de la naturaleza podría ser entendida como un obstáculo para el crecimiento económico”.

Esa lógica resulta especialmente contradictoria en un contexto donde la evidencia científica demuestra que los desastres ya no pueden pensarse como hechos excepcionales. A su juicio, el proyecto concentra sus esfuerzos en la respuesta posterior a las catástrofes, debilitando la capacidad del Estado para anticipar impactos y reducir riesgos en territorios cada vez más expuestos a incendios, pérdida de biodiversidad y estrés hídrico.

  • La preocupación aumenta, remarca Moraga, cuando la discusión se traslada al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Entre los cambios más delicados menciona la limitación de adendas, la reducción de espacios de revisión y las restricciones para invalidar Resoluciones de Calificación Ambiental favorables. “Estos cambios pueden afectar los estándares técnicos del sistema, en la medida en que reducen su capacidad para corregir errores, incorporar nueva información o revisar adecuadamente impactos que no fueron suficientemente considerados”, afirma.

En esa misma línea, la académica alerta sobre el riesgo de que proyectos o modificaciones relevantes avancen con menor escrutinio técnico. “Conceptos como ‘cambio sustantivo’ o ‘aumento significativo’ requieren criterios técnicos claros y verificables”, advierte, porque de lo contrario “pueden abrir espacios para que impactos acumulativos, indirectos o sinérgicos queden subestimados”.

  • El escenario se vuelve particularmente delicado en ecosistemas frágiles (humedales, cuencas hidrográficas, zonas costeras o territorios expuestos a incendios), donde –según plantea– la evaluación ambiental “debería ser más robusta, no menos exigente”.
  • A ello se suma un factor político: la reducción de plazos para impugnar actos administrativos podría debilitar la participación ciudadana y estrechar las posibilidades de revisión frente a errores técnicos o falta de antecedentes relevantes.

Moraga cree que el debate revela una tensión aún no resuelta en Chile: la relación entre crecimiento económico y protección ambiental. Desde su perspectiva, avanzar hacia una flexibilización ambiental sin integrar plenamente la Ley Marco de Cambio Climático puede terminar generando una contradicción entre la política económica y la política climática del país. “La Ley Marco de Cambio Climático debería funcionar como una brújula para el desarrollo nacional. Si se la trata como un elemento secundario, se debilita la coherencia de la acción pública”, subraya.

En medio de este escenario, la directora del CR2 también proyecta el debate hacia el rol que deberían asumir las universidades públicas. En momentos en que busca convertirse en decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, insiste en que la academia debe involucrarse activamente en las discusiones estructurales del país.

“Chile enfrenta desafíos enormes: reconstrucción después de desastres, crisis climática, desigualdad territorial, transformaciones productivas, necesidad de inversión, demandas de justicia social y protección de derechos. Todos esos desafíos tienen una dimensión jurídica”, recalca.

Y concluye con una idea que, más que una crítica puntual a la ley miscelánea, funciona como advertencia sobre el rumbo del país: “La discusión no debería plantearse como una oposición entre inversión y medio ambiente, sino como una pregunta sobre la calidad del desarrollo que el país quiere promover”.

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Metano: el gas invisible que se convirtió en una bomba política

Durante años el metano fue tratado como un problema técnico, casi secundario dentro de la crisis climática. Un gas difícil de ver, asociado a fugas, pozos petroleros, minas de carbón, tuberías desperdigadas por el planeta y, recientemente, a rellenos sanitarios como el de Loma Los Colorados, operado por KDM, que en diversos informes satelitales y reportes de organismos internacionales fue identificado como uno de los mayores “superemisores” de metano del planeta.

  • El nuevo informe de la International Energy Agency (IEA) confirma que las emisiones provenientes del sector energético siguen cerca de niveles récord y sin señales reales de descenso. Y lo hace en un momento donde el metano dejó de ser solo una discusión científica para transformarse en uno de los conflictos políticos más urgentes de la transición energética global.

El reporte Global Methane Tracker 2026 expone una contradicción incómoda: mientras gobiernos y empresas multiplican compromisos climáticos, las emisiones siguen prácticamente intactas.

El metano –un gas con una capacidad de calentamiento mucho mayor que el CO₂ en el corto plazo– ya representa cerca de un tercio del aumento de temperatura global desde la era industrial. La propia IEA advierte que existe una enorme distancia entre las promesas diplomáticas y la implementación concreta.

Más de la mitad de la producción mundial de petróleo y gas ya está cubierta por compromisos de reducción, pero las fugas continúan escapando desde infraestructura energética en todo el planeta como una hemorragia silenciosa que nadie logra contener del todo.

  • La señal política quedó incluso más clara en la reciente Conferencia de Santa Marta, el primer gran encuentro global dedicado específicamente a debatir la salida de los combustibles fósiles. Allí, lo relativo al metano apareció una y otra vez como una de las medidas inmediatas más efectivas para frenar el calentamiento global sin esperar décadas.
  • La conferencia surgió precisamente tras las tensiones y bloqueos que marcaron la COP30 en Brasil y buscó empujar acuerdos que no lograron avanzar dentro de la negociación formal de Naciones Unidas. Ahora, gran parte de esa presión política comienza a trasladarse hacia la próxima COP31, donde el metano ya asoma como uno de los ejes centrales de la discusión climática internacional.

El informe de la IEA entrega además un dato brutal: cerca del 70% de las emisiones de metano asociadas a combustibles fósiles proviene de apenas diez países. Eso convierte el problema en una oportunidad geopolítica extremadamente focalizada.

Las diferencias son gigantescas: algunos países presentan intensidades de emisiones más de cien veces menores que otros. Y, sin embargo, el informe insiste en que el verdadero obstáculo no es tecnológico.

Cerca del 70% de las emisiones podría reducirse con herramientas que ya existen y muchas veces sin costo neto, porque el gas recuperado puede volver a venderse. En otras palabras, parte importante del gas que hoy alimenta la crisis climática podría transformarse también en suministro energético en un momento marcado por guerras, volatilidad de precios y disputas globales por seguridad energética.

La IEA lo deja claro entre líneas: el mundo tiene las herramientas para reducir rápidamente una de las principales amenazas climáticas de corto plazo. Lo que falta no es tecnología. Es voluntad política.

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Chile entra en sobregiro ecológico por séptimo año consecutivo

El 7 de mayo, Chile consumió todos los recursos naturales que sus ecosistemas son capaces de regenerar en un año. Desde ese día, el país comenzó a vivir ecológicamente “a crédito”. La fecha marca el denominado sobregiro ecológico y este 2026 llegó incluso antes que el año pasado: diez días antes que en 2025.

  • La señal es brutal. Por séptima vez consecutiva, nuestro país se convirtió en el primero de América Latina en entrar en déficit ecológico, consolidando una tendencia que ya dejó de parecer excepcional, para transformarse en un síntoma estructural del modelo de desarrollo y consumo chileno.
  • Aunque la comparación a estas altura podría no sorprender, vale la pena insistir en la vehemencia del cálculo. Si toda la humanidad viviera con el mismo nivel de consumo que existe en Chile, serían necesarios 2,9 planetas Tierra para sostener ese estilo de vida.

El cálculo pertenece a Global Footprint Network y resume un desequilibrio cada vez más visible entre lo que el país exige a la naturaleza y lo que sus ecosistemas realmente pueden soportar. Energía, alimentación, expansión urbana, consumo material y presión sobre bosques y recursos hídricos forman parte de una ecuación que avanza mucho más rápido que los tiempos biológicos de recuperación ambiental.

La directora del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ambientes Sustentables de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Catterina Sobenes, explica que el indicador se construye comparando dos variables: la biocapacidad y la huella ecológica.

  • La primera corresponde a la capacidad de los ecosistemas para regenerar recursos.
  • La segunda, a la demanda humana sobre esos mismos recursos.
  • El problema aparece cuando el consumo supera la capacidad de regeneración. “En Chile, antes de la mitad del año –es decir en mayo–, lo que implica que, en menos de cinco meses, el país ha consumido el equivalente a todo el presupuesto de recursos naturales que sus ecosistemas pueden regenerar en un año completo”, advierte la investigadora.

El sobregiro ecológico no es solo un dato simbólico o una advertencia abstracta sobre el futuro. Tiene consecuencias concretas sobre la vida cotidiana y sobre la estabilidad económica y territorial del país. Menor disponibilidad hídrica, degradación de suelos, pérdida de biodiversidad, presión sobre ecosistemas costeros y mayor vulnerabilidad frente a incendios o eventos climáticos extremos forman parte de una misma crisis.

Sobenes sostiene que la situación revela “ritmos entre los tiempos biológicos y las demandas del país” completamente desalineados y alerta sobre una baja circularidad en el uso de materiales y recursos. La paradoja es evidente: mientras Chile intenta posicionarse como actor relevante en la transición energética global, sus propios ecosistemas muestran crecientes señales de agotamiento.

Detrás del sobregiro ecológico existe una pregunta mucho más profunda que una fecha en el calendario: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un país que consume sistemáticamente más naturaleza de la que es capaz de regenerar?

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La enigmática sobrevivencia del lucumillo

En el desierto costero del norte de Chile hay plantas que viven una paradoja silenciosa. Crecen bajo el mismo sol, enfrentan la misma sequía y comparten el mismo paisaje árido, pero mientras algunas florecen cada temporada, otras pasan años completos sin producir una sola flor.

A veces las separan apenas tres o cuatro metros.

Ese enigma, observado durante años entre los arbustos de lucumillo –una especie endémica y en peligro de extinción–, terminó revelando algo mucho más inquietante sobre la fragilidad de la vida en tiempos de crisis climática: en los ecosistemas extremos, unos pocos centímetros de agua pueden decidir el futuro de una especie entera.

  • El estudio, liderado por la investigadora Andrea Loayza y publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution, siguió durante más de un año a una población de lucumillos ubicada entre Totoralillo y Las Tacas, en la Región de Coquimbo.

En una zona donde las lluvias son escasas e impredecibles, el equipo monitoreó veinte plantas adultas para entender por qué algunas lograban reproducirse y otras no. La respuesta apareció bajo tierra: pequeñas diferencias en la humedad del suelo estaban generando destinos completamente distintos entre individuos aparentemente idénticos.

“No todas las plantas experimentan la sequía de la misma forma”, explica Loayza en la investigación. Algunas acceden a sectores con un poco más de humedad, mantienen mejores niveles de fotosíntesis y logran florecer. Otras, en cambio, acumulan estrés hídrico durante años y sobreviven apenas al borde del agotamiento biológico.

  • El estudio identificó un umbral crítico: cuando las plantas superan cierto nivel de estrés, la probabilidad de floración cae drásticamente. Y en especies como el lucumillo, eso puede transformarse en una condena silenciosa. Sin flores no hay semillas. Sin semillas no hay regeneración. Y sin regeneración, incluso las especies más longevas comienzan lentamente a desaparecer.

El problema se vuelve todavía más grave fuera del laboratorio. El lucumillo sobrevive hoy en menos de 100 kilómetros cuadrados del desierto costero chileno y enfrenta múltiples amenazas simultáneas: expansión inmobiliaria, fragmentación de hábitat, aumento de la aridez y una crisis hídrica que se profundiza año tras año.

  • Paradójicamente, las poblaciones más vigorosas se encuentran precisamente en las zonas costeras más apetecidas por el desarrollo urbano. Más al norte, donde existe menor presión humana, las condiciones son todavía más secas y las plantas florecen mucho menos. El resultado es un paisaje donde la especie parece atrapada entre el avance inmobiliario y el endurecimiento climático del territorio.

¿Pero el lucumillo no es solo una planta amenazada? No. Sus flores alimentan a más de veinte especies de polinizadores durante meses en que casi nada florece en el desierto, mientras sus frutos sostienen parte de las cadenas alimentarias locales. Su desaparición tendría efectos mucho más amplios que la pérdida de una especie rara.

Por eso el hallazgo del estudio trasciende la biología vegetal: muestra cómo, en tiempos de cambio climático, la supervivencia puede depender de variaciones mínimas invisibles para el ojo humano.

A veces, la distancia entre florecer o extinguirse no es un océano ni una montaña. Son apenas unos metros de suelo que todavía conservan algo de agua.

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El científico chileno que estudiará la invasión invisible de plásticos en la Antártica

En uno de los territorios más remotos y aparentemente intactos del planeta, los plásticos ya dejaron huella. Microfragmentos atrapados en hielos milenarios, residuos arrastrados por corrientes oceánicas y partículas invisibles infiltradas en organismos marinos comenzaron hace años a encender alarmas entre la comunidad científica polar.

En ese escenario, el investigador chileno Marcelo González Aravena fue incorporado al Grupo de Expertos sobre Plásticos en Entornos Polares del Scientific Committee on Antarctic Research, una de las principales instancias internacionales dedicadas a coordinar la investigación científica y las políticas ambientales en la Antártica y el Ártico.

  • Su incorporación no solo marca un reconocimiento científico: instala también a Chile dentro de una de las discusiones ambientales más urgentes del planeta.
  • González se integrará a una unidad especializada en impactos ecológicos y ecotoxicológicos de la contaminación plástica de la Universidad Federal de Río Grande de Brasil.

El nuevo organismo nació porque el problema dejó de ser marginal dentro del Sistema del Tratado Antártico. “Dada la relevancia del tema en el Sistema del Tratado Antártico y por su importancia científica, era necesario avanzar a otro nivel de organización”, explica el investigador del Instituto Antártico Chileno.

El objetivo ahora es mucho más ambicioso: construir protocolos comunes de monitoreo, identificar daños fisiológicos y moleculares provocados por los plásticos y entender cómo estas partículas alteran ecosistemas considerados entre los más vulnerables del mundo.

  • Desde Punta Arenas –puerta de entrada al Continente Blanco–, González trabaja hace años estudiando los impactos ambientales sobre ecosistemas polares. Pero el desafío actual tiene una dimensión distinta. Los científicos ya no solo buscan detectar residuos; intentan comprender cómo los microplásticos atraviesan tejidos, microbiomas y cadenas alimentarias completas.

El grupo internacional deberá coordinar investigaciones continentales, comparar datos entre múltiples localidades antárticas y cerrar una brecha crítica entre las observaciones de campo y los efectos biológicos reales sobre especies y ecosistemas. La amenaza es particularmente inquietante, porque ocurre en ambientes donde cualquier alteración puede amplificarse lentamente durante décadas.

La incorporación de Marcelo González Aravena también refuerza el posicionamiento científico de Chile dentro de la gobernanza antártica internacional.

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Futuro en Marcha

Nacen en Buinzoo dos crías de tití cabeciblanco, uno de los primates más amenazados del planeta

El Bioparque Buinzoo anunció el nacimiento de dos crías mellizas de tití cabeciblanco (Saguinus oedipus), una especie endémica de Colombia catalogada en peligro crítico de extinción, debido a la deforestación y el tráfico ilegal de fauna. Reconocido por su distintivo mechón blanco, este pequeño primate enfrenta una drástica disminución de sus poblaciones silvestres, por lo que el nacimiento representa un importante avance para los programas internacionales de conservación y reproducción ex situ.

Desde Buinzoo destacaron que las nuevas crías refuerzan el trabajo que realiza la institución para proteger especies altamente amenazadas y sensibilizar sobre la urgencia de conservar la biodiversidad latinoamericana.

La lenta vuelta del ñandú: el esfuerzo colectivo de conservación

Las estepas del Parque Nacional Patagonia volvieron a llenarse de movimiento este otoño. Un total de 39 ñandúes fueron liberados entre marzo y abril en el Valle Chacabuco, en la Región de Aysén, como parte de un ambicioso programa de recuperación impulsado por Rewilding Chile junto a Conaf, SAG, la Reserva Quimán, Carabineros y el Ejército. La iniciativa nació en 2014, cuando el valle comenzaba su transición desde estancia ganadera a parque nacional, y hoy se ha transformado en una red de conservación que incluso incorpora colaboración internacional. Este año participaron representantes del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre, interesados en replicar la experiencia chilena para rescatar al suri, la subespecie de ñandú del norte que enfrenta un escenario crítico en Perú.

Pero el proyecto no busca únicamente aumentar la población de una especie amenazada. Los ñandúes cumplen un rol ecológico clave en la regeneración de los ecosistemas patagónicos, dispersando semillas mientras recorren enormes distancias por la estepa. Por eso, tras cada liberación comienza también un trabajo silencioso de monitoreo y seguimiento satelital para estudiar cómo vuelven a integrarse al territorio.

En las jornadas participaron además comunidades de Chile Chico, Puerto Ingeniero Ibáñez, Villa Cerro Castillo y Cochrane, reflejando cómo la conservación comenzó a convertirse también en una tarea colectiva y emocional para quienes habitan la Patagonia.

Científicos avanzan en nuevas estrategias para proteger al peumo frente a la sequía

Un estudio desarrollado por investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias reveló que el peumo, especie clave de los bosques esclerófilos chilenos, enfrenta serias dificultades para sobrevivir a largo plazo, debido a que sus frutos no toleran la deshidratación ni el almacenamiento prolongado, un problema que se agrava en años de sequía, cuando los árboles prácticamente dejan de fructificar. La investigación, liderada por la ingeniera agrónoma Viviana Darricarrere y publicada en la revista Plants, analizó cómo el calor y la pérdida de humedad deterioran rápidamente los tejidos y las reservas energéticas del fruto, reduciendo su capacidad de germinación.

El trabajo concluyó que la refrigeración ayuda a ralentizar el deterioro, aunque no es suficiente por sí sola, y plantea nuevas estrategias para conservar el material reproductivo de una especie considerada fundamental para la restauración ecológica y la resiliencia de los bosques mediterráneos frente al cambio climático.


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