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La ranita que puso a prueba el silencio de la ministra Toledo

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¡Hola, comunidad de Juego Limpio! En esta edición observamos las señales de un territorio sometido a cambios acelerados y las decisiones con que intentamos responder a ellos.

Una ranita al borde de la extinción cuestiona los límites de la infraestructura energética; un bosque adaptado a vivir bajo el agua depende ahora de lo que hagamos en tierra; y las sociedades del Holoceno nos recuerdan que toda capacidad de adaptación puede agotarse. Mientras el retroceso de los glaciares, la contaminación industrial y el consumo de agua de la inteligencia artificial encienden nuevas alertas, distintas investigaciones e iniciativas abren caminos para conservar especies, preparar los bosques y descarbonizar el transporte. El hilo que conecta estas historias es claro: el desarrollo no solo debe preguntarse qué puede hacer, sino dónde, cómo y a qué costo ambiental.

  • La ranita del Pehuenche pone a prueba el silencio de la ministra Toledo: Una línea de transmisión eléctrica atravesaría el reducido hábitat de este anfibio en peligro crítico. Mientras científicos proponen modificar el trazado para evitar su extinción, la respuesta de la autoridad abre un debate sobre la distancia entre la imparcialidad administrativa y la responsabilidad de conducir la política ambiental.
  • El bosque que aprendió a vivir bajo el agua: El Bosque Hundido del río Maullín ha resistido durante miles de años con sus raíces sumergidas, pero hoy enfrenta parcelaciones, tala y degradación de sus riberas. La campaña “Una Mano por el Bosque Hundido” busca apoyar su restauración, el monitoreo del huillín y la vigilancia comunitaria.
  • Cuando el agua desaparece: Evidencias arqueológicas y paleoambientales muestran cómo las sociedades del Holoceno enfrentaron períodos de aridez mediante la movilidad, la cooperación y la diversificación de recursos. Sus experiencias dejan una advertencia para el Chile actual: adaptarse también puede exigir transformar profundamente nuestra forma de ocupar el territorio.

Señales de Alerta

En nuestra sección Señales de Alerta, sobre los cambios en el clima, el agua y los ecosistemas que conviene mirar de cerca, te contamos que:

  • El glaciar Universidad acelera su pérdida de hielo: Esta importante reserva de la Región de O’Higgins perdió en un año un volumen equivalente a 36 millones de metros cúbicos de agua. Su retroceso amenaza su aporte al río Tinguiririca durante el verano y refuerza las alertas sobre la futura disponibilidad hídrica de Chile central.
  • La contaminación puede permanecer después del humo: El incendio de la fábrica Panimex en Quilicura liberó una nube potencialmente tóxica y obligó a suspender las clases. Aunque el humo deje de verse, partículas finas y residuos contaminantes podrían continuar presentes en el aire y sobre distintas superficies.
  • La inteligencia artificial también tiene un costo hídrico: Los centros de datos que sostienen estos sistemas pueden utilizar agua para refrigerar sus equipos. Su concentración en zonas con estrés hídrico, como la Región Metropolitana, obliga a evaluar dónde se instalan, qué fuentes emplean y qué beneficios entregan a las comunidades.

Futuro Verde en Marcha

En nuestra sección Futuro Verde en Marcha, dedicada a las investigaciones, tecnologías e iniciativas que abren caminos para enfrentar la crisis ambiental, te contamos que:

  • El deporte también puede ayudar a conservar al huemul: Un cortometraje de Patagonia recorre el Fundo Puchegüín para mostrar la importancia de proteger los corredores biológicos. Cámaras trampa confirmaron que los huemules utilizan distintos valles dentro de este territorio.
  • La ciencia busca árboles más resistentes al cambio climático: Investigadores chilenos identificaron genes y procesos fisiológicos que permitirían seleccionar tempranamente pinos y eucaliptos con mayor tolerancia a las sequías prolongadas y los vientos intensos.
  • Los camiones de hidrógeno comienzan a acercarse al diésel: Un estudio concluyó que el hidrógeno verde empieza a ser competitivo en determinados segmentos del transporte pesado, especialmente en rutas extensas y flotas de uso intensivo. La Región del Biobío presenta condiciones favorables para impulsar proyectos piloto.

Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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La ranita del Pehuenche pone a prueba el silencio de la ministra Toledo

Cuando la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, fue consultada por la advertencia de Leonardo DiCaprio sobre el futuro de la ranita del Pehuenche, optó por no entrar al fondo del asunto. “Yo no me puedo pronunciar sobre un proyecto porque todavía está en tramitación”, respondió respecto de la línea eléctrica Los Cóndores-Río Diamante, de Enel Generación Chile.

Su cautela tiene una explicación institucional: si el proyecto es aprobado y posteriormente reclamado, podría terminar ante el Comité de Ministros que ella misma preside. Pero esa necesaria prescindencia abre una pregunta distinta: ¿no adelantar una decisión sobre un expediente obliga también a una ministra del Medio Ambiente a guardar silencio frente al riesgo de extinción de una especie?

Porque aquí no se discute únicamente el futuro de una línea de transmisión. La ranita del Pehuenche (Alsodes pehuenche) está oficialmente clasificada En Peligro Crítico, la categoría inmediatamente anterior a la extinción en estado silvestre. Es una especie microendémica de la cordillera entre Chile y Argentina, estrechamente dependiente de pequeños cursos de agua altoandinos y con un área de ocupación extremadamente reducida.

  • A esa fragilidad se agregan amenazas que ya están actuando sobre su hábitat: cambio climático, disminución de nieve y disponibilidad de agua, alteración de arroyos, ganado, especies invasoras y enfermedades. El proyecto eléctrico, por tanto, no llega a una población robusta, sino a una especie cuya capacidad para soportar nuevas perturbaciones es mínima.

En Juego Limpio, Claudio Azat, director del Instituto One Health de la Universidad Andrés Bello y copresidente del Grupo de Especialistas de Anfibios de la UICN Chile, no relativiza el riesgo.

Está en juego la supervivencia de la especie. Esta especie vive en un ambiente muy reducido y el proyecto de transmisión eléctrica pasa justo por la mitad del centro de la población, tanto por el lado chileno y la proyección hacia el lado argentino. Por ende, cualquier alteración a su hábitat, que es muy pequeño y muy sensible, puede terminar con la especie”, señala. Y ese diagnóstico introduce una dimensión que la discusión administrativa puede terminar ocultando: cuando una especie se encuentra al borde de la extinción, incluso una intervención territorial acotada puede tener consecuencias irreversibles.

  • El conflicto tampoco parece reducirse a escoger entre transición energética y biodiversidad. Azat sostiene que existe una alternativa concreta: modificar el trazado. “La principal es cambiar el trazado de la línea de alta tensión y las torres y que no pase por el medio de la población y el hábitat de la ranita del Pehuenche”, explica. Según el investigador, si la infraestructura se desplazara algunos kilómetros y evitara alterar los cursos de agua, el proyecto podría compatibilizarse con la conservación de la especie. Dicho de otra manera, la pregunta no es necesariamente si Chile debe renunciar a una infraestructura eléctrica, sino por qué esa infraestructura tendría que atravesar precisamente uno de los pocos lugares del planeta donde sobrevive este anfibio.

La controversia adquirió una dimensión inesperada con la intervención de Leonardo DiCaprio y aumentó todavía más cuando la Comisión de Evaluación Ambiental del Maule suspendió la sesión en que debía pronunciarse sobre el proyecto. Azat dice desconocer las razones de esa decisión, pero espera que la pausa permita revisar con mayor profundidad los antecedentes.

Es posible y quiero pensar que la presión que se ha generado a través de diversos movimientos ambientalistas y, en particular, las informaciones y los comunicados que hemos entregado en torno a la ranita del Pehuenche hayan tenido efecto”, afirma. Por ahora, eso es una interpretación del científico; el hecho concreto es que una votación que parecía encaminada a cerrar una evaluación iniciada hace años quedó, de pronto, en suspenso.

Es precisamente allí donde vuelve a aparecer Francisca Toledo. Resulta razonable que una ministra que podría intervenir posteriormente en una reclamación no anuncie si votaría a favor o en contra de Los Cóndores-Río Diamante. Pero su responsabilidad política es más amplia que ese expediente.

Toledo podía abstenerse de anticipar una resolución y, al mismo tiempo, explicar qué estándar debería aplicar Chile cuando una infraestructura amenaza el hábitat de una especie En Peligro Crítico; qué está haciendo el Estado para impedir su extinción; o si considera admisible atravesar ese hábitat cuando los científicos plantean que existe una alternativa de trazado. Ninguna de esas respuestas exige pronunciarse sobre la RCA del proyecto. Y es precisamente esa frontera entre imparcialidad administrativa y conducción política la que su respuesta dejó borrosa.

  • Azat plantea el límite con una claridad que contrasta con esa ambigüedad. “Los proyectos pueden desarrollarse; los países tienen proyectos, parte de su desarrollo económico va de la mano del desarrollo de proyectos de infraestructura, pero estos pueden hacerse de forma sustentable, sin que alteren la biodiversidad”, sostiene. Y agrega: “Cuando uno enfrenta una situación tan crítica como es la amenaza de que una especie se pueda extinguir producto de la acción del ser humano, ese es un límite que no debemos cruzar por ningún motivo como humanidad”.

La ranita del Pehuenche, entonces, está poniendo a prueba algo más que una línea eléctrica: qué significa realmente que Chile declare una especie En Peligro Crítico y hasta dónde puede llegar el silencio de una ministra antes de confundirse con la ausencia de una política para proteger aquello que su ministerio tiene precisamente el mandato de conservar.

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El bosque que aprendió a vivir bajo el agua, pero podría desaparecer por lo que ocurre en tierra

En el nacimiento del río Maullín, donde las aguas del lago Llanquihue comienzan su viaje hacia el océano Pacífico, existe un bosque que parece desafiar las reglas de la naturaleza. Sus árboles crecen con las raíces sumergidas durante gran parte del año y forman un espeso dosel sobre el cauce. Es el hualve, también conocido como bosque pantanoso o Bosque Hundido, un ecosistema propio de Chile que logró adaptarse al agua, pero que hoy podría desaparecer por las transformaciones que avanzan desde sus riberas.

  • Este paisaje comenzó a formarse hace cerca de 16.000 años, cuando cambios geológicos redujeron el caudal del río y permitieron que la vegetación colonizara parte de su lecho. Lumas, pataguas, arrayanes, tepús y canelos desarrollaron la capacidad de sobrevivir en suelos permanentemente anegados. Aunque estos bosques alguna vez se extendieron por una amplia zona del país, actualmente solo permanecen fragmentos entre La Araucanía y Los Lagos. El Maullín conservaría la mayor extensión continua de hualve y sería el único gran río chileno donde el bosque crece directamente sobre el cauce.

Bajo sus copas se refugia una biodiversidad extraordinaria. El Santuario de la Naturaleza Humedales del Río Maullín alberga 152 especies de aves, 17 de ellas migratorias, además de peces nativos, anfibios, reptiles, coipos y huillines, una nutria de río en peligro de extinción. La cuenca también reúne seis de las ocho especies chilenas de peces de la familia Galaxiidae. Junto con sostener esta vida silvestre, el bosque purifica el agua, captura carbono, retiene nutrientes y conecta distintos ambientes a lo largo de más de 85 kilómetros.

Sin embargo, lo que sucede en tierra amenaza el equilibrio construido durante milenios. Las parcelaciones, la tala de vegetación nativa, la erosión, las especies exóticas, las aguas servidas y la expansión urbana fragmentan las riberas y debilitan el corredor biológico.

Fundación Legado Chile estima que el 66,7 % de la vegetación nativa de los tramos urbanos presenta algún grado de degradación. En mayo de 2026, la Superintendencia del Medio Ambiente sancionó con cerca de $3.800 millones al proyecto inmobiliario Alto Maullín por desarrollar un loteo en un área protegida sin someterse previamente a evaluación ambiental.

  • Frente a este escenario, Fundación Legado Chile lanzó recientemente la campaña “Una Mano por el Bosque Hundido”, que busca reunir apoyo ciudadano y recursos para proteger uno de los últimos grandes hualves del país. La iniciativa contempla la reproducción y plantación de especies nativas, el control del avance de vegetación exótica, el monitoreo del huillín y el trabajo con las comunidades ribereñas. También impulsa la formación de “centinelas ambientales”, vecinas y vecinos encargados de observar, cuidar y alertar sobre amenazas dentro del Santuario de la Naturaleza.

El Bosque Hundido lleva miles de años resistiendo inundaciones y cambios naturales, pero su mayor desafío proviene ahora de las decisiones humanas.

Su declaración como santuario en 2022 protegió más de ocho mil hectáreas, aunque la experiencia demuestra que una categoría legal no basta sin fiscalización, restauración y participación comunitaria.

La paradoja es elocuente: este bosque aprendió a vivir bajo el agua, pero su futuro dependerá de que quienes habitan la tierra comprendan a tiempo que conservarlo también significa proteger el agua, la biodiversidad y la memoria natural del sur de Chile.

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Cuando el agua desaparece: las lecciones que dejaron las sociedades antiguas

Chile enfrenta una crisis hídrica que ya no puede atribuirse únicamente a la falta de lluvias. Tras más de una década de megasequía, numerosas cuencas presentan un elevado estrés por la combinación del cambio climático, el aumento del consumo y la extracción intensiva de aguas subterráneas.

  • Estudios recientes advierten que el bombeo excesivo explica buena parte del descenso de los acuíferos de la zona central y que su recuperación podría tardar décadas. La pregunta, entonces, no es solo de dónde obtener más agua, sino cuánto tiempo podrán sostenerse las actuales formas de habitar y producir en territorios cada vez más secos.

Aunque la magnitud de la crisis contemporánea parece inédita, la escasez de agua ha acompañado a las sociedades humanas durante miles de años. Un análisis difundido por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), basado en evidencias arqueológicas y paleoambientales de Los Vilos, el desierto de Atacama y la Patagonia, reconstruye cómo distintas comunidades enfrentaron los cambios climáticos ocurridos durante el Holoceno, período iniciado hace unos 11.700 años. Los registros revelan sociedades capaces de modificar sus costumbres y aprovechar nuevas oportunidades, pero también muestran que la adaptación tenía un límite.

En la Pampa del Tamarugal, por ejemplo, las comunidades desarrollaron agricultura durante períodos de mayor humedad y lograron mantener sus cultivos pese a las oscilaciones del clima. Sin embargo, cuando llegó una fase de aridez más intensa, la estrategia dejó de funcionar y el territorio aparentemente quedó deshabitado. Siglos después, el retorno de condiciones más húmedas permitió que algunas familias volvieran a sembrar sobre antiguos campos prehispánicos. Para el investigador de CEAZA Antonio Maldonado, estos episodios demuestran la existencia de una memoria cultural que conserva conocimientos sobre dónde y cuándo es posible ocupar un territorio.

  • La respuesta fue diferente en la costa de Los Vilos. Allí, los grupos cazadores-recolectores no permanecieron limitados al borde costero cuando comenzaron a escasear los recursos, sino que ampliaron su movilidad y fortalecieron sus relaciones con los valles interiores y la cordillera. En lugar de depender de un solo ambiente, diversificaron sus fuentes de alimento y extendieron sus redes de intercambio. En la Patagonia ocurrió otro proceso: cuando parte del bosque se abrió, las comunidades de la estepa avanzaron hacia el oeste y aprovecharon un paisaje en transformación, aunque todavía no se sabe si ellas participaron en esa apertura o simplemente respondieron a un cambio natural.

Las experiencias del Holoceno dejan una advertencia incómoda para el Chile actual: resistir no significa permanecer indefinidamente en el mismo lugar ni sostener las mismas actividades a cualquier costo. Las sociedades antiguas sobrevivieron porque fueron capaces de desplazarse, cooperar y cambiar sus formas de subsistencia; cuando esas alternativas se agotaron, debieron abandonar determinados territorios.

Hoy existen pozos profundos, embalses, plantas desaladoras y sistemas avanzados de riego, pero ninguna tecnología puede producir agua ilimitada. La lección del pasado es clara: la verdadera adaptación comienza cuando una sociedad reconoce los límites de su entorno y transforma a tiempo su manera de vivir en él.

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Señales de alerta

En esta nueva sección de Juego Limpio revisaremos los cambios en el clima, el agua y los ecosistemas que conviene mirar de cerca.

Glaciar Universidad acelera su pérdida de hielo

El glaciar Universidad, el más extenso de la Región de O’Higgins y responsable de aportar entre un 20% y un 25% del caudal estival del río Tinguiririca, perdió durante el último año hidrológico un volumen de hielo equivalente a 36 millones de metros cúbicos de agua, según el Informe de Monitoreo Glaciológico 2024-2025 elaborado por la Universidad de O’Higgins para la Dirección General de Aguas. Las mediciones muestran que la nieve solo logró acumularse sobre los 3.500 metros de altitud y que bajo los 3.000 metros hubo derretimiento incluso durante el invierno. En algunos sectores de la lengua glaciar, la pérdida de espesor alcanzó los diez metros.

¿Por qué importa? Porque la señal se suma a una tendencia de largo plazo: desde 1955, la superficie del glaciar se redujo cerca de un 19%, desde 31,5 a 25,6 kilómetros cuadrados, mientras su frente retrocede actualmente unos 24 metros por año. Los investigadores advierten que el glaciar continúa perdiendo más hielo del que recupera mediante las nevadas y permanece en desequilibrio frente a las actuales condiciones climáticas. El fenómeno importa especialmente por su función como reserva de agua para Chile central y por sus posibles efectos sobre la disponibilidad hídrica durante las próximas décadas.

Incendio en Quilicura deja una contaminación que podría persistir

El incendio originado tras una fuga de amoniaco en la fábrica Panimex de Quilicura afectó a dos plantas químicas, obligó a suspender las clases en la comuna y motivó un sumario sanitario contra la empresa, que ya había registrado siniestros en 2013, 2014 y 2017. El experto de la Universidad de Santiago José Luis Salazar advirtió que el episodio debe considerarse potencialmente tóxico, pues la combustión de sustancias químicas y materiales industriales puede liberar partículas finas, hollín, monóxido de carbono, vapores irritantes y compuestos orgánicos.

Salazar explicó que el color y el tamaño de la nube no permiten determinar por sí solos su toxicidad, la cual dependerá de las sustancias quemadas, sus cantidades y las concentraciones liberadas. Su permanencia también está condicionada por el viento, la temperatura, la inversión térmica y la eventual combustión residual. Aunque el humo deje de verse, podrían continuar suspendidas partículas finas o permanecer residuos contaminantes sobre techos y vehículos, por lo que su desaparición visual no implica necesariamente el fin del riesgo.

El costo hídrico de la inteligencia artificial

Cada consulta a una plataforma de inteligencia artificial activa servidores que operan permanentemente y generan grandes cantidades de calor, por lo que algunos centros de datos utilizan agua en sus sistemas de refrigeración. Sebastián Ferrada, académico de la Universidad de Chile, explica que una consulta a un modelo generativo puede demandar cerca de diez veces más energía que una búsqueda convencional, aunque el impacto varía según el modelo, la extensión de la respuesta y la eficiencia de las instalaciones. Para disminuir el consumo de agua potable existen alternativas como la refrigeración por aire, la recirculación y el uso de aguas residuales tratadas, pero algunas requieren más energía o presentan otros efectos ambientales.

El especialista advierte que el principal riesgo para Chile es la concentración de centros de datos en territorios como la Región Metropolitana, donde el estrés hídrico es estructural y distintos usuarios ya compiten por el agua disponible. Más que rechazar estas infraestructuras, Ferrada plantea evaluar dónde se instalan, qué fuente de agua utilizan, cuánto consumen y qué beneficios dejan en las comunidades. En un país afectado por una sequía prolongada, sostiene, el crecimiento de la industria digital podría generar nuevos conflictos sociales y ambientales si depende de reservas escasas de agua dulce.

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Futuro verde en marcha

Corriendo por la conservación del huemul

En el marco del Día Nacional del Huemul, Patagonia estrenará un cortometraje protagonizado por el trail runner Felipe Cancino y la bióloga Peyton Thomas, quienes recorrieron el Fundo Puchegüín para visibilizar el monitoreo y la protección del hábitat de esta especie amenazada. El predio de 133 mil hectáreas, adquirido mediante una campaña internacional impulsada por Puelo Patagonia y otras organizaciones, funciona como corredor biológico entre áreas protegidas. Su importancia fue confirmada en 2026, cuando cámaras trampa registraron al mismo huemul en dos valles separados por seis kilómetros de terreno escarpado, aportando la primera evidencia directa de conectividad dentro del fundo.

Árboles más resistentes al cambio climático

Investigadores de la Universidad de Talca, la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile estudian cómo eucaliptos y pinos responden a sequías prolongadas y vientos intensos, combinando experimentos de laboratorio con evaluaciones en plantaciones forestales. El proyecto ha identificado genes y procesos fisiológicos vinculados con una mayor tolerancia a estas condiciones, lo que permitiría seleccionar tempranamente árboles mejor adaptados mediante marcadores biológicos. Estos avances podrían aumentar la productividad, calidad y rentabilidad de las plantaciones, beneficiando tanto a la industria forestal como a pequeños propietarios ante escenarios climáticos cada vez más extremos.

Camiones de hidrógeno se acercan al diésel en Chile

Una investigación de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, publicada en Applied Sciences, concluyó que los camiones de hidrógeno verde comienzan a acercarse a la competitividad del diésel en ciertos segmentos del transporte pesado chileno, especialmente en rutas de larga distancia, corredores logísticos, puertos, minería y flotas cautivas. El estudio muestra que no solo importa el precio del hidrógeno: también son decisivos el kilometraje anual y el nivel de utilización de los vehículos, porque mientras más recorren, menor es la brecha de costos. La Región del Biobío aparece con una ventaja particular gracias a la disponibilidad de hidrógeno renovable como subproducto industrial, que podría purificarse y utilizarse como combustible, mejorando la viabilidad de camiones que recorren más de 500 kilómetros de manera frecuente. Aunque hoy su costo total de propiedad sigue siendo mayor que el de un camión diésel, principalmente por el precio de adquisición, los investigadores sostienen que ya existen condiciones para impulsar proyectos piloto y avanzar gradualmente en la descarbonización del transporte de carga.


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