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Nueve pingüinos mueren bajo el cuidado del Zoológico Nacional

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¡Hola! Esta semana partimos con una paradoja que resume uno de los grandes desafíos de la conservación: mientras el pingüino de Humboldt enfrenta una supervivencia crítica en su ambiente natural –con monitoreos que han registrado una disminución del 63% de su población reproductiva entre 2021 y 2025–, nueve ejemplares murieron dentro de una instalación creada precisamente para su cuidado.

Los antecedentes obtenidos vía Transparencia muestran una cadena de fallecimientos asociada a problemas digestivos por la ingesta de materiales de sus propios nidos, en un recinto donde el Zoológico Nacional reconoció no contar con protocolos específicos para prevenir conductas como la pica.

¿Por qué un pingüino –un depredador piscívoro estricto– comería compulsivamente la paja de su propio nido hasta provocarse la muerte? La literatura especilizada coincide en que la conducta de pica es una manifestación médica de estrés ambiental severo, hacinamiento o hambre secundaria.

Pero esta historia abre una pregunta más amplia: qué significa conservar una especie amenazada cuando los riesgos no solo están afuera, sino también dentro de los espacios destinados a protegerla.

En esta edición de Juego Limpio revisamos historias donde la relación entre sociedad, tecnología y naturaleza vuelve a estar en el centro:

  • El recinto de “los pingüinos pobres”: la crisis sanitaria detrás de nueve muertes en el Zoo Metropolitano. Reconstruimos, a partir de documentos oficiales, cómo una colonia de pingüinos de Humboldt pasó de ser preparada para un intercambio internacional a enfrentar una crisis sanitaria que terminó con nueve ejemplares muertos, incluyendo antecedentes sobre la ausencia de protocolos específicos frente a la ingesta de materiales no alimentarios.
  • Del Refugio Marino de Guadei a una nueva forma de proteger el océano. Pescadores artesanales y comunidades indígenas de Huiro impulsan un área de protección marina donde conservación y actividad productiva buscan convivir, recuperando especies y fortaleciendo el rol de las comunidades costeras como guardianas de sus propios territorios.
  • El océano entra en zona desconocida: temperaturas récord y la llegada de El Niño. Analizamos el calentamiento excepcional de los océanos, la diferencia entre el aumento de temperatura provocado por el cambio climático y la influencia que puede tener El Niño sobre un sistema marino que ya acumula niveles históricos de calor.
  • La ciencia escolar que dejamos de mirar. En nuestra columna de esta semana, Paul Gómez reflexiona sobre cómo una nueva generación de estudiantes está pasando del experimento del poroto a desarrollar prototipos, buscar soluciones a problemas reales y utilizar herramientas como la inteligencia artificial para hacer ciencia desde las aulas.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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El recinto de “los pingüinos pobres”: la crisis sanitaria detrás de nueve muertes en el zoo del Parque Metropolitano

Por Fernando Caro y Héctor Cossio

Durante semanas, en un rincón poco visible del Zoológico Nacional, un grupo de pingüinos de Humboldt era observado con especial atención. Estaban en el sector denominado internamente por trabajadores como el recinto de “los pingüinos pobres”, un espacio ubicado a un costado de la gran jaula de cóndores que en el pasado albergó al histórico oso polar. Allí, entre piscinas, rocas artificiales y zonas de descanso, el equipo veterinario realizaba un operativo de selección: algunos ejemplares serían enviados a Indonesia como parte de un intercambio internacional.

Uno de ellos llamaba especialmente la atención del personal. Era conocido como “el enamorado”, un individuo cuyo comportamiento había cambiado y que despertaba preocupación entre quienes seguían diariamente a la colonia. Mientras se preparaba el traslado, dentro del recinto comenzaban a aparecer señales que anticipaban una crisis mayor: animales con pérdida de condición corporal, alteraciones digestivas y, posteriormente, una cadena de muertes que terminaría con nueve pingüinos fallecidos durante el primer semestre de 2026.

Los antecedentes entregados por el Parque Metropolitano de Santiago (Parquemet), a través de una solicitud de acceso a la información, confirman que los decesos ocurrieron entre el 25 de enero y el 26 de junio de 2026.

En total fueron nueve ejemplares, con diagnósticos post mortem que incluyen perforación intestinal, obstrucción gástrica, impactación gastrointestinal, aerosaculitis y aspergilosis. Una mortandad silenciosa sin precedentes en su programa de conservación.

El episodio más crítico se concentró en abril. En apenas ocho días murieron seis ejemplares: una hembra de 13 años por obstrucción gástrica; dos hembras, de nueve y cinco años, por cuadros asociados a impactación gastrointestinal; otra hembra de nueve años por aerosaculitis; y dos machos, uno de cinco años, por perforación intestinal, y otro de nueve años por aspergilosis.

Pero las necropsias revelaron un elemento que atraviesa varios de los casos: la presencia de materiales extraños en el sistema digestivo de los animales.

En uno de los ejemplares fallecidos por obstrucción gástrica, identificado como 0750-D8CA, la necropsia describe la presencia de material vegetal, paja y pasto en el estómago. En otro caso, correspondiente al macho 900113002706838, el protocolo registra restos de paja, alteraciones intestinales y una perforación con extravasación de contenido.

Se habían comido sus propios nidos.

En la práctica, la escena que emerge de los registros es la de animales que comenzaron a ingerir elementos de su propio ambiente artificial. Una conducta conocida como pica –la ingesta de objetos o materiales no alimentarios– puede aparecer asociada a distintos factores de estrés, manejo o condiciones ambientales, y en animales bajo cuidado humano requiere mecanismos específicos de prevención y monitoreo.

Precisamente sobre ese punto aparece uno de los antecedentes más relevantes de esta investigación. Consultado Parquemet por la existencia de protocolos para la selección y uso de sustratos, prevención de pica y respuesta frente a sospechas de impactación gastrointestinal, el Zoológico Nacional respondió que “no cuenta con protocolos formales previos asociados específicamente a las materias de selección y uso de sustratos, prevención de pica o respuesta ante sospecha de impactación gastrointestinal”.

La institución señala, al mismo tiempo, que cuenta con equipos profesionales dedicados al manejo y cuidado de fauna silvestre y que las decisiones clínicas se toman sobre la base de evidencia científica y evaluaciones permanentes de los animales bajo cuidado humano.

La crisis ocurrió mientras el zoológico preparaba un intercambio internacional que abriría otra dimensión de esta historia: el destino de los animales seleccionados.

Del programa de conservación al espectáculo

El traslado de pingüinos de Humboldt a Indonesia fue presentado como parte de una cooperación internacional. Sin embargo, los recintos donde fueron enviados no corresponden únicamente a centros dedicados a la conservación de poblaciones silvestres.

Uno de los destinos fue Taman Safari Indonesia, institución que promociona experiencias interactivas donde los visitantes pueden alimentar directamente a pingüinos de Humboldt. La propia organización presenta estas actividades como una experiencia educativa para el público.

Algo similar ocurre en Jakarta Aquarium & Safari, otro recinto del mismo circuito, donde se promociona el “Penguin Feeding Show”, una actividad en la que los visitantes pueden alimentar a los pingüinos, además de la llamada “Penguin Parade”, donde los animales se acercan al público. La experiencia incluso se desarrolla algunos días en Ciao Gio Pizzeria, un restaurante asociado al recinto.

No se trata de una interpretación sobre la actividad: son experiencias que las propias instituciones promocionan como parte de su oferta al público. La diferencia es relevante. Un programa de conservación ex situ puede incluir exhibición con objetivos educativos o científicos; otra cosa es cuando la interacción directa con animales –como alimentarlos– forma parte central de una experiencia comercial.

La pregunta que queda abierta es qué estándar debe aplicarse cuando una especie amenazada sale de un país bajo un programa de intercambio y termina en recintos donde la exhibición y el contacto con visitantes forman parte del modelo de funcionamiento.

La paradoja de una especie “En Peligro”

La historia de estos nueve pingüinos ocurre en un momento especialmente delicado para la especie. El pingüino de Humboldt, que habita las costas de Chile y Perú, enfrenta una disminución asociada a múltiples factores: cambios en la disponibilidad de alimento, pesca incidental, contaminación y variabilidad climática.

En Chile, la situación se ha vuelto más crítica. Monitoreos recientes en colonias reproductivas han registrado una fuerte disminución de ejemplares reproductivos respecto de años anteriores, y la especie fue reclasificada oficialmente como “En Peligro”.

La paradoja es evidente: mientras científicos y comunidades buscan proteger al pingüino de Humboldt en su ambiente natural, nueve ejemplares murieron dentro de una instalación destinada precisamente a su cuidado.

Los documentos obtenidos por Transparencia permiten reconstruir una historia que va más allá de un episodio veterinario: una colonia donde varios animales presentaron problemas digestivos asociados a la ingesta de materiales extraños; una institución que reconoce la ausencia de protocolos específicos para prevenir esa conducta; y un proceso de traslado internacional que avanzó mientras ocurría una crisis sanitaria dentro del recinto.

La conservación no termina cuando un animal entra en un zoológico. En realidad, ahí comienza otra responsabilidad: garantizar que el espacio creado para proteger una especie no termine convirtiéndose en una nueva fuente de riesgo para animales que, en libertad, ya enfrentan una lucha cada vez más difícil por sobrevivir.

La respuesta del zoológico

El Zoológico Nacional confirmó a Juego Limpio que instruyó un sumario administrativo para establecer responsabilidades por la crisis que terminó con la muerte de nueve pingüinos de Humboldt durante el primer semestre de 2026. Paralelamente, una revisión interna detectó “errores en el proceso de alimentación”.

Tras detectar estas falencias, la persona encargada del área de nutrición dejó de prestar funciones en el Zoo Nacional, se adoptaron medidas respecto de otros funcionarios vinculados a distintas responsabilidades y se multó a la empresa proveedora involucrada. Además, la institución resolvió entregar los antecedentes al Ministerio Público para que evalúe la existencia de responsabilidades penales.

Respecto del intercambio internacional, el zoológico precisó que los ejemplares fueron destinados a Taman Safari Indonesia, institución que participa en la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WAZA) y en la Asociación de Zoológicos y Acuarios del Sudeste Asiático (SEAZA). Sin embargo, reconoció que los pingüinos enviados desde Chile “no forman parte actualmente de un programa específico de conservación del pingüino de Humboldt” en el recinto receptor.

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Futuro verde en marcha

Cuando las decisiones impactan positivamente el entorno

Guadei: el refugio marino donde pescadores artesanales e indígenas toman la custodia del océano

Buenas noticias llegan de la costa de Huiro, en la comuna de Corral, Región de Los Ríos. En este lugar una comunidad de pescadores artesanales decidió transformar una parte de su propio territorio marino en un espacio de recuperación para la biodiversidad.

  • Se trata del Refugio Marino de Guadei, una zona de protección no extractiva de 15 hectáreas inserta dentro del Área de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB Guadei), impulsada por la Asociación Indígena de Pescadores de Huiro, junto a The Nature Conservancy (TNC) Chile y Fundación Capital Azul.

La iniciativa nace desde la experiencia de una comunidad que ha visto cómo algunas especies comenzaron a disminuir con el paso de los años y que decidió establecer una zona de resguardo para favorecer su recuperación. El refugio busca proteger especies como la sierra, el loco y las viejas, pero también fortalecer una relación histórica entre la pesca artesanal y el cuidado del mar. “La pesca artesanal también es guardiana de su maritorio”, señaló Horacio Antillanca, secretario de la Asociación Indígena de Pescadores de Huiro, al explicar la motivación detrás del proyecto.

El modelo de Guadei se basa en la idea de que conservación y actividad productiva no necesariamente son opuestas. Al estar dentro de una AMERB, el refugio permite que una parte del ecosistema quede protegida de la extracción para favorecer la recuperación de poblaciones marinas, generando beneficios que pueden extenderse hacia zonas vecinas donde continúa la actividad pesquera. Desde TNC Chile explican que experiencias de este tipo han mostrado mayores niveles de abundancia y biomasa de especies de interés pesquero dentro de áreas protegidas que en sectores abiertos a la extracción.

  • La experiencia también busca convertirse en un espacio de aprendizaje comunitario. Como parte de su implementación, estudiantes de la escuela de Corral participan en recorridos educativos intermareales junto a pescadores de Huiro y equipos de conservación, combinando conocimientos locales y científicos para conocer la biodiversidad que se intenta proteger. Además, el refugio contará con un panel interpretativo instalado en la costa para acercar la información del ecosistema marino a residentes y visitantes.

Para las organizaciones que participan del proyecto, Guadei representa una oportunidad de ampliar un modelo de conservación comunitaria que hasta ahora había tenido mayor desarrollo en la zona central del país. La apuesta es que las comunidades costeras puedan asumir un papel activo en la protección de los ecosistemas marinos frente a amenazas como la presión sobre los recursos y el cambio climático, demostrando que la protección del océano también puede construirse desde quienes dependen diariamente de él.

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Señales de alerta
Los cambios en el clima, el agua y los ecosistemas que conviene mirar de cerca

El océano entra en zona desconocida

En las últimas semanas han aparecido muchas publicaciones que vinculan las temperaturas récord que se han registrado durante 100 días consecutivos, como consecuencia del fenómeno de El Niño. En este punto cabe hacer distinciones y aclaraciones a través de la revisión de las fuentes meteorológicas más serias.

De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S), durante más de tres meses amplias zonas del océano Pacífico tropical han registrado temperaturas superficiales del mar que se ubican entre las más altas observadas desde que existen registros satelitales. El fenómeno ha llevado a algunos centros de monitoreo a advertir que el océano está entrando en un escenario sin precedentes, con valores diarios que han superado registros anteriores para la misma época del año desde 1981.

Y aquí viene una precisión clave: el calentamiento excepcional del océano no es provocado por El Niño; el fenómeno climático se desarrolla sobre un océano que ya está más cálido por el cambio climático y puede intensificar sus efectos.

Los datos del programa europeo Copernicus, basado en el sistema de reanálisis climático ERA5 del Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF), muestran que las temperaturas superficiales del océano global han alcanzado valores extraordinariamente altos durante 2026. Estos registros son parte de una tendencia observada en los últimos años: océanos más cálidos, olas de calor marinas más frecuentes y una mayor acumulación de energía en el sistema climático.

El océano absorbe cerca del 90% del exceso de calor generado por el aumento de gases de efecto invernadero, por lo que sus temperaturas funcionan como uno de los principales indicadores del calentamiento global. Esto de acuerdo con el registro global que realiza el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo.

Es sobre este escenario oceánico más cálido que comenzó a fortalecerse un nuevo episodio de El Niño, el patrón climático natural asociado a un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial central y oriental.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) monitorea este fenómeno a través de la región Niño 3.4, donde las anomalías de temperatura superficial del mar alcanzaron valores cercanos a los umbrales utilizados para clasificar episodios intensos. La intensidad de El Niño, sin embargo, no depende únicamente de la temperatura del océano: también considera la respuesta atmosférica y la persistencia del fenómeno.

La diferencia entre ambos fenómenos es fundamental para entender lo que está ocurriendo. El Niño no es la causa del calentamiento récord del océano global, sino una oscilación natural que redistribuye el calor acumulado en el Pacífico y que puede elevar temporalmente la temperatura media del planeta.

  • En otras palabras, El Niño actúa sobre un océano que ya parte desde niveles excepcionalmente altos debido al calentamiento provocado por las emisiones humanas. Por eso, la comunidad científica analiza estos eventos como una combinación entre variabilidad natural y una tendencia de fondo impulsada por el cambio climático.

La Organización Meteorológica Mundial advierte que los episodios intensos de El Niño suelen modificar los patrones de lluvia y temperatura a escala global, aumentando la probabilidad de eventos extremos en distintas regiones. Sus efectos pueden sentirse en forma de sequías, lluvias intensas, olas de calor y cambios en ecosistemas marinos. En Chile, el fenómeno puede influir en las precipitaciones y temperaturas, aunque sus efectos dependen de otros factores atmosféricos y oceánicos que determinan cómo se manifiesta en cada zona del país.

La pregunta que enfrenta la ciencia climática es cómo responderá un fenómeno conocido –El Niño– en un planeta con un océano cada vez más cálido. Los próximos meses permitirán determinar la evolución del evento y sus impactos, pero los registros actuales ya muestran una señal clara: el océano está acumulando más calor y alcanzando condiciones que no tienen equivalente cercano en los registros modernos. Más que un episodio aislado, los científicos observan un cambio en el estado de fondo del sistema climático.

Para Chile, la evolución del fenómeno será especialmente relevante, porque El Niño puede modificar la distribución de las lluvias y temperaturas, aunque sus efectos no son automáticos ni iguales en todo el territorio. La interacción con otros patrones atmosféricos –como la Oscilación Antártica, la temperatura del Pacífico frente a Sudamérica y las condiciones locales– determina finalmente cómo se manifiesta en cada región.

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Del poroto al prototipo: la ciencia escolar que estamos subestimando

Columna de Paul Gómez-Canchong. Coordinador Educación y Divulgación Científica en Centro COPAS Coastal, Universidad de Concepción.

Cuando yo era escolar, el taller de ciencia consistía, casi siempre, en hacer crecer un poroto en un vaso con algodón húmedo. A mí me creció y durante años lo consideré mi primer éxito científico. Mirado con distancia, era un logro bastante modesto: con agua, luz y algo de paciencia, el poroto tenía buenas probabilidades de crecer. No había demasiado que diseñar, decidir o resolver. Había, principalmente, que esperar. Y aun así, a varios no les crecía.

Pensé bastante en ese poroto este 24 de agosto, durante la primera edición nacional del Chile Brilliant Blue Challenge. Ocho equipos y treinta estudiantes de entre 12 y 18 años, la mitad mujeres y la mitad varones, provenientes de distintas regiones del país, presentaron proyectos desarrollados para enfrentar problemas reales relacionados con el océano.

Tuve la oportunidad de acompañar el proceso durante varios meses, observando cómo las ideas iniciales se transformaban, poco a poco, en prototipos funcionales. Y lo que vi no fue una versión tecnológicamente más sofisticada del poroto. Fue otra cosa.

Vi estudiantes liderando equipos con una soltura que muchas veces cuesta encontrar incluso entre adultos. Vi jóvenes de 15, 16 o 17 años utilizando las redes sociales con estrategia para conseguir apoyo y financiamiento para sus propios proyectos, sin que nadie les hubiera indicado que debían hacerlo. Vi a una joven armando un equipo multicolegios para desarrollar su idea de proyecto. Vi equipos incorporando herramientas de inteligencia artificial, con criterio, como apoyo para investigar, diseñar y mejorar sus soluciones. Nada de eso estaba en el manual del poroto.

Y no se trata de una experiencia aislada.

He participado en numerosas ocasiones como evaluador o asesor de proyectos del Congreso de Investigación e Innovación Escolar del Programa Explora, incluso cuando este se encontraba bajo el alero del Ministerio de Educación. Allí he visto una y otra vez el mismo fenómeno: niñas, niños y adolescentes capaces de observar su entorno, identificar un problema, hacerse preguntas y trabajar rigurosamente para buscar una solución.

Lo que ha cambiado durante estos años no es el talento. Ese siempre estuvo.

Lo que cambió son las herramientas disponibles para desplegarlo.

Antes, muchas buenas ideas chocaban rápidamente contra un techo de recursos. Sin financiamiento, contactos, equipamiento o acceso suficiente a información, podían terminar inevitablemente en una cartulina expuesta en una feria científica. Hoy, un estudiante lleva en el bolsillo acceso a información, herramientas digitales, redes para contactar especialistas o buscar financiamiento y modelos de inteligencia artificial capaces de acelerar parte de su proceso de investigación y diseño.

El techo se movió. Y se movió rápido.

Pero que se haya movido no significa que haya desaparecido.

Los tres equipos ganadores del Chile Brilliant Blue Challenge clasificaron a la final mundial de la competencia, que se realizará entre el 16 y el 18 de octubre en Dartmouth, Canadá. Son estudiantes que ya demostraron tener las capacidades, la disciplina y el liderazgo necesarios para representar a Chile. Sin embargo, a pocas semanas de esa final, todavía estamos buscando los recursos que permitan que todos puedan viajar.

La anécdota de los pasajes de avión parece pequeña frente a los grandes debates sobre educación, innovación o desarrollo científico. Pero es, precisamente, una buena representación del problema.

La brecha ya no está necesariamente en las capacidades de nuestros jóvenes. Muchas veces está en las oportunidades que los adultos somos capaces de ofrecerles.

Chile posee una tradición de investigación marina reconocida internacionalmente y un territorio cuyo desarrollo económico, ambiental y cultural está profundamente ligado al océano. Si ese conocimiento acumulado logra encontrarse con una generación que creció utilizando herramientas que muchos adultos todavía estamos aprendiendo a manejar, tenemos una combinación extraordinariamente poderosa.

Pero ese encuentro no ocurre por sí solo.

Requiere investigadores dispuestos a compartir conocimiento; universidades capaces de abrir sus laboratorios; instituciones que generen oportunidades; empresas que comprendan que apoyar talento joven no es beneficencia, sino inversión; y adultos capaces de acompañar sin apropiarse de las ideas ni decirles de antemano hasta dónde pueden llegar.

Quizás también requiere cambiar nuestra propia idea sobre lo que significa hacer ciencia en la escuela.

A mi generación le bastaba con que creciera el poroto. A esta le estamos pidiendo que diseñe prototipos, trabaje colaborativamente, comunique sus ideas, consiga recursos y proponga soluciones a problemas reales antes siquiera de terminar el colegio.

Y algunos ya lo están haciendo.

Lo mínimo que podemos hacer quienes llegamos antes es dejar de subestimarlos y empezar a construir las condiciones para que puedan avanzar.

Porque después de haber movido tan lejos el techo de lo que nuestros estudiantes son capaces de imaginar y construir, sería bastante absurdo que el límite terminara siendo algo tan sencillo como no tener un pasaje de avión.


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