En lugar de jugar golf, en los países ricos los jubilados están robando bancos
Los periódicos británicos estaban enardecidos después de un reciente atraco espectacular en el distrito de diamantes Hatton Garden en Londres, en el que los ladrones se llevaron más de 10 millones de libras (US$15,5 millones) en efectivo y piedras preciosas de una bóveda de seguridad sumamente custodiada. Según una teoría, la banda utilizó a un contorsionista que se deslizó dentro de la bóveda. Otros dijeron que un genio criminal de unos treinta y tantos años conocido como el “Rey de los Diamantes” había pergeñado el asalto.
Sin embargo, cuando la policía arrestó a nueve sospechosos, lo más sorprendente sobre la banda no era su destreza física o su genialidad malvada. Era la edad. El sospechoso más joven en la causa tiene 42 años y la mayoría tiene muchos más años, inclusive dos hombres que tienen más de 70. En una audiencia preliminar el 21 de mayo, un sospechoso de 74 años dijo que no podía entender las preguntas de un empleado porque no oía bien. Un segundo sospechoso, de 59 años, entró con una cojera pronunciada.
Hombres jóvenes siguen cometiendo un porcentaje desproporcionado de delitos en la mayoría de los países. Pero las tasas de delincuencia entre la gente mayor están en aumento en Gran Bretaña y otros países europeos y asiáticos, lo que suma una nueva dimensión preocupante al problema de las poblaciones que envejecen.
Corea del Sur informó este mes que los delitos cometidos por personas de 65 años o más aumentaron 12,2 por ciento entre 2011 y 2013 –esto incluye un incremento del 40 por ciento en delitos violentos-. Esta cifra supera el incremento del 9,6 por ciento de la población de edad avanzada del país durante el mismo período. En Japón, los delitos cometidos por personas de más de 65 años cuando menos se duplicaron entre 2003 y 2013: hay muchas más personas mayores que roban en tiendas que adolescentes. En Holanda, un estudio de 2010 determinó un marcado incremento en los arrestos y encarcelaciones de gente mayor. Y en Londres, la policía dice que los arrestos de personas de 65 años o más aumentaron 10 por ciento entre marzo de 2009 y marzo de 2014, al tiempo que los arrestos de personas de menos de 65 años cayeron 24 por ciento. La cantidad de presos británicos de edad avanzada ha venido aumentando a una tasa tres veces superior a la población carcelaria general durante gran parte de los últimos diez años.
Estados Unidos parece haber esquivado la tendencia: según la Oficina de Estadísticas Judiciales, la tasa de delitos cometidos por gente entre 55 y 65 años declinó desde los años 1980. Si bien la población de presos de edad avanzada ha crecido, eso simplemente refleja sentencias más largas, especialmente para delitos vinculados con las drogas.
La gente mayor en los países desarrollados tiende a ser “más resuelta, menos sumisa y más centrada en las necesidades sociales y económicas individuales” que en generaciones anteriores, dice Bas van Alphen, profesor de psicología en la Free University de Bruselas que estudió el comportamiento criminal entre la gente mayor. “Cuando ven en su grupo de pares que alguien tiene mucho más dinero que ellos, están ansiosos por tener lo mismo”, dice. La gente mayor también puede cometer delitos porque se siente sola. “Yo tenía un paciente que robaba caramelos para entretenerse y combatir la soledad durante el día”, dice Van Alphen.
En algunos países se le echa la culpa a los crecientes niveles de pobreza entre la gente de edad avanzada. Es el caso de Corea del Sur, donde el 45 por ciento de la gente de más de 65 años vive por debajo de la línea de pobreza, la tasa más elevada entre los 30 países desarrollados que pertenecen a la OCDE. “El gobierno debería hacer un esfuerzo de órdago para expandir la red de seguridad social y ofrecer empleos y viviendas para la gente mayor”, dijo un editorial del periódico Korea Times este mes, advirtiendo que para 2026 más del 20 por ciento de la población del país tendrá más de 65 años.
La “Opa Bande” (la “Banda de los Abuelos”), tres hombres alemanes de más de 60 y 70 años que fueron condenados en 2005 por el robo de más de un millón de euros (US$1,09 millón) a 12 bancos, atestiguó en su juicio que intentaban complementar sus beneficios de pensión. Un acusado, Wilfried Ackermann, dijo que utilizó su parte para comprar una granja donde poder vivir porque tenía miedo de que lo echaran del hogar para jubilados donde vivía.
Quienes perpetraron el robo de joyas de Londres, sin embargo, no eran ni personas solitarias ni pobres. Los fiscales dicen que los ladrones inhabilitaron un ascensor y bajaron por el hueco, luego utilizaron un taladro de alta potencia para entrar en la bóveda. Una vez adentro, retiraron los objetos de valor de 72 cajas de seguridad y se los llevaron en bolsos y tachos y los cargaron en una camioneta que los esperaba. Si bien llevaban puestos cascos y gorros para cubrirse el rostro, los diarios le pusieron a cada ladrón un sobrenombre en base a las características distintivas que se veían en la cámara. Dos de ellos, apodados El Alto y El Viejo, “hace esfuerzos para mover un tacho antes de arrastrarlo afuera”, informó el diario Mirror en su análisis de las filmaciones de las cámaras de seguridad. “El Viejo se recuesta sobre el tacho, con dificultades para respirar”.
La mayoría de los nueve hombres acusados en el caso parecían ser tipos normales. El hombre de 74 años con dificultades de audición fue descripto por sus vecinos de Londres como un jubilado afable que ama a los perros; dicen que el hombre de 59 años con una cojera pronunciada había sido chofer de camiones. Otro acusado maneja un negocio de plomería en los suburbios de Londres. Los nueve están en custodia acusados de conspiración para cometer un robo.
Richard Hobbs, un sociólogo en la Universidad de Essex que estudia el crimen en Gran Bretaña, dice que el submundo criminal del país ha cambiado dramáticamente en los últimos años. En lugar de reunirse en pubs o en las esquinas, muchos delincuentes hoy llevan vidas aparentemente normales, crían familias y tienen negocios legítimos. Siguen participando en delitos, pero sólo con socios confiables. “No se ven como delincuentes, se ven como empresarios”, dice Hobbs.
Eso hace que a los delincuentes de edad avanzada les resulte más fácil permanecer en el juego. Los delincuentes de más edad suelen tener redes amplias adonde recurrir en busca de la experiencia necesaria, dice Hobbs. Y algunas habilidades esenciales, como el lavado de dinero, no requieren de vigor físico.
Aun así, la delincuencia geriátrica plantea desafíos especiales. Durante el juicio de la “Banda de los Abuelos” de Alemania, los integrantes de la banda describieron cómo su compañero de 74 años, Rudolf Richter, casi echó a perder un robo a un banco en 2003 al resbalarse en el hielo, lo que los obligó a demorar más tiempo para ayudarlo a subir al auto en el que iban a escapar. Y el hombre de 74 años tenía otro problema, le dijo Ackermann a la corte: “Teníamos que parar constantemente para que pudiera orinar”.